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Mujeres y niños primero: evitando el naufragio

02/07/2015 07:14 CEST | Actualizado 01/07/2016 11:12 CEST

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Hace unos días se conocía un curioso estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, el cual analiza 18 desastres marítimos ocurridos entre 1852 y 2011. Entre sus conclusiones puede leerse que la probabilidad de sobrevivir al naufragio será el doble para los hombres que para las mujeres, y que en el caso de los niños, la tasa de supervivencia fue aún peor que la de las mujeres. La única excepción la arroja el hundimiento del Titanic, en el que se salvaron un 70% de mujeres y niños al parecer por el empeño del propio capitán, que amenazo con disparar a los hombres que incumplieron dicha orden. En conclusión, es todo un mito que las mujeres y los niños sean los primeros en ser rescatados en un naufragio.

Pero qué ocurre en nuestra sociedad. ¿Son realmente las mujeres y los niños los primeros? ¿O se trata de un mito?

Veamos qué ocurre con la situación de los niños, en donde podemos encontrar algunos datos alentadores. A lo largo del siglo pasado, hemos ido generando toda una batería de convenios, leyes, decretos, recomendaciones, de las que nos podemos sentir orgullosos y que no dudan en colocar el interés superior de los niños y las niñas por encima de cualquier otro. La Convención de los Derechos del Niño (CDN) supuso un hito importante para la protección de los derechos de los niños y las niñas, siendo uno de sus cuatro principios inspiradores "el interés superior de los niños en cualquier decisión, ley o política" al que se comprometieron todos los que firmaron y ratificaron posteriormente dicha Convención. Ni más ni menos que 195 Estados, prácticamente todos los del mundo (salvo Somalia y Estados Unidos).

La legislación española, inspirada en los mismos principios, recoge de forma expresa el "interés superior del menor sobre cualquier otro interés legitimo que pueda concurrir" (art. 2 de la Ley 1/1996). Principios en los que vuelve a insistirse en la reforma legislativa del sistema de protección a la infancia que se tramita actualmente en el Parlamento, al igual que toda la legislación autonómica en materia de infancia que se ha publicado en los últimos años.

Podríamos pensar que con toda esta batería de principios recogidos al más alto nivel legal, en esta ocasión los niños deberían ser siempre los primeros, y más aún en situaciones de crisis o de conflicto. Sin embargo parece que la realidad nos acerca más a los resultados de los estudios sobre los naufragios que a los principios inspiradores de nuestras propias leyes.

Desgraciadamente no hay más que echar un ojo a lo que ocurre en muchos países en conflicto para comprobar que los niños y las niñas, no solo no son los primeros en recibir protección, sino en demasiadas ocasiones son los primeros afectados, con episodios tan dramáticos como el asesinato de cientos de niños en la franja de Gaza,el pasado año, sin que se conmoviera prácticamente ningún país occidental o la situación actual de niños, niñas y adolescentes en el conflicto sirio.

En EEUU, un país que gusta mucho a nuestros políticos poner de ejemplo, y que no ratificó en su momento la CDN, la disparidad entre la riqueza del país y la condición en la que sus niños se encuentran no tiene parangón. Cerca de 14,5% de la población estadounidense en general es pobre, pero el 19,9% de los infantes -es decir, unos 15 millones de niños- viven en condiciones de pobreza, como nos recuerda el economista y premio Nobel Stiglitz.

Ya en nuestro país, si comparamos los resultados de la tasa AROPE para la infancia con los registrados para la población total se refleja que los niños presentan claramente una situación de mayor vulnerabilidad, es decir, mayores índices de pobreza en la infancia que en la población adulta, según los datos proporcionados por el INE en la última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV_2014).

En definitiva, nos tememos que también en esta ocasión sea un mito que al menos los niños sean los primeros. No analizamos en este post la situación de las mujeres, pero nos tememos que se puede repetir algo parecido a lo que ocurre en los naufragios, y más aún si se trata de niñas.

También en esta ocasión podemos encontrarnos con algún que otro Titanic, países como Dinamarca o Finlandia que dedican el 12% de sus gastos de protección social a la infancia, y que son capaces de contrarrestar los efectos de la crisis, sin duda también en esta ocasión por el empeño de sus políticos que entendieron que la mejor forma de salir de esta situación es invertir en infancia. Por eso es tan importante recordar día a día a nuestros representantes políticos que pueden hacer mucho tomando decisiones a favor de la infancia y la calidad de vida en los primeros años.