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El coste real de Grexit

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"Con Grecia fuera de la eurozona, todos los ojos miran a España. Alemania declara que hará lo necesario para evitar una huída de depósitos del país. El Gobierno anuncia recortes y reformas estructurales adicionales (...). Pero la economía española continúa deteriorándose y la tasa de desempleo apunta al 30%. Protestas violentas obligan al gobierno a convocar un referéndum, que el Gobierno pierde y el país entra en el caos político. Merkel corta las ayudas a España, argumentado que los contribuyentes alemanes ya han hecho suficiente. En poco tiempo se sucede huída de depósitos, colapso financiero y salida repentina de España del euro".

La historia continúa con la salida forzada de Italia y después con el fin de la Europa que conocemos. Este escenario, que dibuja dramáticamente Dani Rodrik, el profesor de economía de Harvard, es poco probable, pero ha dejado de ser un escenario remoto.

La probabilidad de que Grecia salga del Euro en los próximos meses podría estar alrededor del 50% -punto intermedio entre las estimaciones Citibank, 25%, y Roubini Global Economics, 75%. Los alemanes son todavía más escépticos: 3 de cada 4 piensan que Grecia acabará saliendo. ¿Cuáles serían los costes para Europa si ese escenario no tan remoto se hiciera realidad?

Algunos observadores ponen énfasis en los costes directos de la salida de Grecia, obviando o minimizando los costes indirectos, potencialmente mucho más grandes. Nouriel Roubini y otros creen que la salida de Grecia es lo mejor para todos. Aunque reconocen que podría tener "efectos desestabilizadores" para la unión monetaria en el corto plazo, dibujan el proceso como un trámite inevitable en el que los acreedores públicos y privados aceptan unas (cuantiosas) pérdidas directas (preferiblemente pronto) y el problema se resuelve vía devaluación. Después de todo Grecia no es más que el 2,3% del PIB de la eurozona.

Para Grecia, argumentan, la deuda con el exterior es demasiado abultada y el gap de competitividad demasiado grande como para recuperarse dentro del euro sin fracturarse socialmente. Además, es probable que aunque se evitara por un tiempo, el desmoronamiento del sistema bancario y el caos político del país obligaran a una salida forzada en el futuro, que sería todavía más costosa.

Al salir del euro Grecia se declararía inevitablemente en quiebra. El nuevo Draghma se devaluaría alrededor de un 50% por lo que el PIB griego pasaría a valer menos de 100 mil millones de euros (hoy está alrededor de 200 mil millones). Los ingresos fiscales del Gobierno pasarían también a valer la mitad de 85 millones a alrededor de 40. Teniendo en cuenta que el Gobierno griego debe 300 mil millones de euros al extranjero, es evidente que la mayor parte de la deuda debería declararse inasumible.

¿Quién asumiría esas pérdidas? Los países más expuestos a Grecia son Francia y Alemania. Pero todos sufrirían, por vía privada (la exposición de la banca europea a Grecia sigue siendo alta) o por su participación en el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y Banco Central Europeo (BCE). Según el Centre for European Studies (CEPS), el coste total directo de la salida sería de alrededor de un 4% del PIB de la Eurozona. Ese sería un golpe duro pero asumible para la eurozona y Grecia, vía exportaciones podría recuperar su nivel de PIB anterior a la crisis en 10 ó 15 años.

No obstante, estas estimaciones ignoran una dinámica fundamental: la centralidad de los "animal spirits" en el desarrollo de los acontecimientos en la eurozona. Este es el capítulo de los costes indirectos. Una salida de Grecia causaría un contagio automático al resto de países vulnerables. Si la salida de Grecia es posible, ¿por qué no la de España? pensarían los inversores.

El miedo a esa posibilidad causaría dos efectos inmediatos. En primer lugar, los tenedores de bonos de países como Italia o España, optarían por vender antes de asumir eventuales pérdidas futuras, provocando que la prima de riesgo se dispare y haciendo realidad sus malos presagios. A cierta tasa de interés cualquier país es insolvente... y si España e Italia (que representan el 30% de la Eurozona) son insolventes, la ruptura del Euro es inevitable.

Por otro lado, el miedo a la salida del Euro causaría una huída de depósitos bancarios que llevaría de nuevo al (ya rescatado) sistema bancario español al borde del abismo. Puesto que el fondo de rescate permanente que acaba de entrar en funcionamiento no está dotado de recursos suficientes (ver post anterior), para frenar esas dinámicas en España e Italia, se requeriría una nueva intervención muy fuerte del BCE. Es imposible ofrecer una cifra, pero los costes indirectos de la salida de Grecia serían sin lugar a dudas mucho más abultados que los calculados previamente.

Pero, más allá de los cálculos económicos, abrir la puerta de salida del euro abriría una brecha política muy difícil de curar para la Unión Europea. La quiebra definitiva del principio de solidaridad que impregna la letra de los tratados, significaría un ataque al corazón de la compleja arquitectura política lograda tras años de grandes esfuerzos.

La salida de Grecia precipitaría la ruptura de Europa en dos bloques, uno alrededor del Deutche Mark y otro grupo balcanizado de monedas débiles, llevándose por delante probablemente el mercado común y los sueños kantianos de paz y unión política. El verdadero coste de la salida de Grecia sería, por tanto, una Europa rota, enormemente endeudada, entregada al proteccionismo, al populismo y condenada a la irrelevancia internacional.

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