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Los (muy) ricos y el resto

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En su último discurso sobre el Estado de la Unión, Barak Obama dijo que "el reto principal de nuestro tiempo" es la lucha contra las desigualdades. En las próximas semanas Joseph Stiglitz publicará su último libro: El precio de la desigualdad. No es casual que se esté reabriendo este viejo debate. Recientes estudios han puesto el foco en las crecientes desigualdades como posible causa de la crisis. ¿Por qué crece la desigualdad en los países ricos? ¿Qué relación tuvieron las desigualdades con la crisis? ¿Se está cerrando la brecha con la crisis?

Una de las grandes contradicciones de la globalización es el persistente aumento de las desigualdades económicas en los países ricos. Desde que se desmoronara el sistema de Bretton Woods en el año 1971, las desigualdades no han dejado de aumentar en los Estados Unidos. La apertura a la competición global y el rápido desarrollo del sistema financiero permitieron que el pastel aumentara para todos, pero las porciones de los que más tenían crecieron mucho más rápido que las del resto. En Estados Unidos, el 1 % más rico en 1976 tenía el 8.9% de la renta generada mientras que en 2007, el año en que estalló la crisis, tenían el 23.5%.

No es extraño que al estallar la crisis, exitosos gestores de Hedge Funds como John Paulson, que se embolsó 3,7 mil millones de dólares en 2007 --unas 74.000 veces más de lo que gana un estadounidense medi-- causaran el enfado de muchos. El Movimiento Ocupa Wall Street plasmó claramente en su lema la locura del sistema: "Somos el 99%".

Divergencias tan grandes de renta son difíciles de justificar desde un punto de vista ético, pero también desde un punto de vista económico. Según Raghuram G. Rajan, ex economista jefe del FMI, en su libro Fault Lines (2010), existe una relación directa entre el incremento de las desigualdades y la gestación de la crisis financiera en Estados Unidos.

Desde el estallido de la burbuja dotcom en 2000, los Estados Unidos mantuvieron una política monetaria deliberadamente expansiva. El crédito barato fue utilizado por los responsables políticos "para compensar las crecientes desigualdades económicas". Se hizo creer a los ciudadanos que lo importante era el consumo y no la renta. Los bajos tipos permitieron a las familias tomar prestado por encima de sus posibilidades. El sueño de tener una casa en propiedad se hizo realidad. Y el resultado fue que mientras el 1% amasaba más riqueza que nunca, el 20% más pobre (con la ayuda de Fannie Mae y Freddy Mac) se ahogaba en deuda. Varios estudios han encontrado tendencias parecidas en los años previos a la Gran Depresión.

Crecientes desigualdades terminaron en colapsos sistémicos en ambos casos. Los responsables de la política económica no aprendieron de los errores de la primera gran crisis e inflaron el crédito, alterando los incentivos económicos y perjudicando, en último caso, a los que decían que querían ayudar, el 99%. En España y Europa la historia no fue demasiado diferente.

¿Cuál ha sido el efecto de la crisis en la desigualdad? Pues que los ricos vuelven a ganar. En 2010, según EUROSTAT la desigualdad entre los ingresos de los españoles (según el ratio 80/20 y el coeficiente Gini) fue la más alta desde el año 1995. En un país con más de 5 millones de parados en el que 1,5 millones de hogares viven del sustento público, la situación será cada vez más complicada. Uno de cada cinco españoles ya se encuentra bajo el umbral de la pobreza.

En Estados Unidos, según el profesor Saez de la Universidad de Berkeley, tras una mejora inicial (debida al batacazo de Wall Street), la recuperación vuelve a concentrarse en las rentas más ricas. De 2009 a 2010, el top 1% vio que su renta mejoraba un 12% mientras que la del resto se quedaba prácticamente igual.

¿Qué puede hacerse para virar esa tendencia? Según el semanario The Economist entre 1932 y 1944 los impuestos sobre las rentas más altas pasaron del 25% al 94%. La propuesta de Fraçoise Hollande (75%) para Francia no se aleja demasiado. Pero la solución no va a llegar cortando por arriba. Generar empleo es la mejor arma contra la desigualdad y para ello tener mercados laborales más flexibles es inevitable.

No obstante, el Estado es el único que puede, a través de políticas fiscales y prestaciones sociales, asegurar las garantías básicas de los ciudadanos, particularmente en momentos tan difíciles como el que vivimos. En la reciente visita de Obama a la Universidad de Columbia, alguien le preguntó por las maravillas del modelo nórdico, a lo que éste respondió con un sugerente comentario: "La diferencia es que ellos viven como una sociedad y nosotros como un conjunto de individuos".

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