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Manifiesto por una Europa posnacional y federal

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La sala central del viejo edificio de la London School of Economics estaba a rebosar. No había pasado ni una semana desde la visita del ministro De Guindos, que tras soltar un discurso precocinado sobre la potencial buena salud de la economía española, se había marchado entre abucheos de estudiantes cabreados. Esta vez los que venían a hablar también eran políticos. Pero el ambiente era muy distinto. Sorprendentemente, la sala estaba llena, pero el silencio era religioso. Y se respiraba ilusión.

Los visitadores eran Guy Verhofstadt, líder del grupo liberal en el Parlamento Europeo y ex primer ministro belga y Daniel Cohn-Bendit, líder de los verdes en el Parlamento Europeo y acalorado exlíder estudiantil. De hecho, con algo más de acné y unos quilos menos, Dany el Rojo había estado, nos dijo, en las protestas estudiantiles de Londres del verano del 1968, que terminaron en un salvaje y revolucionario concierto de The Doors con The Who. Eran otros tiempos.

Es evidente que ambos líderes hablan desde una posición muy cómoda (y bien remunerada) en el Parlamento Europeo y son criticables por muchas razones. Pero los dos se diferencian del resto de los políticos que estamos acostumbrados a escuchar en una cuestión esencial: hablan genuinamente en términos europeos. Además son de esa raza rara de políticos que miran al futuro, que proponen ideas, que se creen lo que dicen, que generan entusiasmo y que además saben hablar en inglés. Los jóvenes que inundaban la sala se reían, aplaudían y se pelaban por preguntarles por su nuevo manifiesto.

El Manifiesto nace, dijeron, de la frustración. Del enfado ante una Europa que no funciona y que se hunde en debates inútiles y diagnósticos equivocados. La crisis de la Unión Europea no es una crisis financiera, ni tan siquiera una crisis de las finanzas públicas, es, dice el manifiesto, genuinamente una crisis política. Una crisis de método. El sistema de toma de decisiones intergubernamental ha fracasado y no puede dar respuestas a una casa de naciones que empezó a construirse por el tejado.

En Estados Unidos, el proceso federal empezó con una confederación de estados, que luego se volvió una federación y despues construyó un tesoro común y decidió mutualizar sus deudas. Solamente después de todo ese proceso se decidió crear el dólar. En la Eurozona creamos el Euro y nos olvidamos de todo lo demás.

Verhofstadt recordaba que el ratio de Deuda/PIB en la Eurozona (alrededor del 90%) es menor que en Estados Unidos y desde luego que Japón (con un ratio de Deuda/PIB del 200%). Y en cambio los intereses por la deuda que pagamos de media los países de la Eurozona (5%) son mucho más altos. La explicación esencial es que Japón y Estados Unidos están apoyados por un Estado creíble, con un Presupuesto propio y con capacidad de respuesta.

Los mercados saben que el sistema de coordinación (excesivamente dependiente de las decisiones consensuadas del Consejo) no ha servido para mantener la unidad macroeconómica (en términos de competitividad y de cuentas públicas) necesaria para que el Euro funcione y tampoco para ofrecer una respuesta rápida y unitaria a la crisis. El Pacto de Estabilidad y Crecimiento, la Estrategia de Lisboa y ahora la Europa 2020 han fracasado porque se basan en el método equivocado. La coordinación soft sirve para producir documentos pero si los compromisos no son vinculantes, las decisiones y las reuniones terminan siendo en vano.
La alternativa que proponen es una Europa Federal. Una Europa política que recupere la soberanía perdida por los Estados Nación. Una Unión Europea basada en el método comunitario, más democrática y más responsable, con partidos Paneuropeos y con un presidente de la Comisión elegido directamente por los ciudadanos. Una Europa unida en sus derechos y obligaciones, con Eurobonos y más poderes para garantizar la disciplina en las cuentas públicas. Una Europa unida económicamente, con un tesoro común, regulación bancaria y un presupuesto mas fuerte (ahora es del 1% del PIB) que permita responder a los shocks macroeconómicos asimétricos que inevitablemente sufrimos...

Desgraciadamente, todo eso queda todavía lejos, pero ¿se imaginan a algún político español en activo hablando claramente y con convencimiento en esos términos y ante ese foro? Yo, la verdad, no. A España le faltan (también) líderes valientes, que hagan soñar y que sean auténticamente europeístas.