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Nunca pidas disculpas por tu edad: tienes los años que has vivido

11/08/2017 07:33 CEST | Actualizado 11/08/2017 07:33 CEST
Los 88 Peldaños del Éxito

¿Cuántas veces has oído las siguientes frases...?:

Vamos para viejos.

Nos hacemos mayores.

Ya no somos lo que éramos.

El tiempo pasa factura.

Si tuviera veinte años menos...

Seguro que algunas incluso las has empleado. Este Peldaño te va a explicar que eliminar todas ellas de tu vocabulario supone avanzar un paso más en tu ruta hacia el éxito.

En el mundo en que vivimos la sociedad es víctima de una glorificación de la juventud que es falsa, sesgada y peligrosa. Se venden los veinte años como si fueran los propietarios de la felicidad y muchas personas lo compran, pero es incierto. Por cada ventaja de tener veinte años que la gente ve, existe una desventaja que la gente no ve. Los veinte años tienen el mismo número de ventajas y desventajas que los sesenta. La clave está en en qué nos centramos. A los veinte años se tiene un cuerpo joven y bello, pero también muchas inseguridades que hacen que estés perdido en la vida. A los sesenta te falla un poco la vista, pero tienes la experiencia para saber afrontar casi cualquier mala noticia. A los veinte no tienes grandes responsabilidades, pero no dispones de la libertad que da la independencia económica. A los sesenta no sales de fiesta toda la noche (ni lo deseas) y no tienes que luchar por tu sitio en tu grupo de amigos.

Un día mi padre me dijo que mis problemas, siendo niño, no podían ser tan grandes como los suyos, que era un adulto. Yo, que tenía once años, sacudí la cabeza y le pedí que se sentase a mi lado:

—Papá, ¿por qué yo calzo un treinta y tres y tú un cuarenta y tres?

—Porque la talla de tu pie es la de un treinta y tres y la del mío, un cuarenta y tres.

—Pues eso mismo pasa con los problemas. Los míos son igual de grandes para mí que los tuyos para ti. Igual que el tamaño de mi zapato es lo que mi pie puede llevar, la carga de mis problemas es la que mi cuerpo puede soportar. Los míos son igual de pesados para mi edad que los tuyos para la tuya. No los subestimes.

Mi padre sonrió.

Ese mismo error lo cometemos a diario cuando de la juventud sólo vemos y sólo recordamos lo positivo y minimizamos lo negativo. No se tiene una vida más fácil por el mero hecho de ser más joven. Los problemas que teníamos de niños, de adolescentes o simplemente varios años atrás, eran grandes porque nuestra capacidad de resistirlos era pequeña. La edad da sosiego y la tranquilidad de que al final prácticamente todo se acaba resolviendo.

Existen muchísimas personas viejas con veinte años y jóvenes con ochenta. Yo tengo conocidos de ambos grupos. Cuando un chico de veinte años quema un verano tirado en el sofá o en la playa incapaz de vencer la desidia en lugar de hacer voluntariado, buscar algún tipo de trabajo, realizar un cursillo, leer un libro, o generar y poner en práctica una idea que produzca valor, está siendo un veinteañero viejo. Cuando una señora de ochenta años se pone a aprender un nuevo idioma o a abrir un blog (también las conozco), está siendo una octogenaria joven.

La juventud depende poco de la edad y mucho de la mentalidad. Si no lamentas tus años vividos, ¿por qué lamentar tu edad? Si a los treinta años empieza tu edad productiva y a los noventa acabase, a los sesenta aún estás en el principio de tu segunda mitad.

#88peldaños

Tanto si te consideras viejo como si te consideras joven, tendrás razón.

@anxo

Nunca pidas disculpas por tu edad.

Tienes los años que has vivido.