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Por cada situación que lamentar (siempre), hay mil que celebrar

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Las palabras «sí, pero» vienen a ser algo así como el descansillo de las escaleras. Imagínate un largo pasillo horizontal dentro de un edificio. Al final de él se encuentra una puerta que tras cruzarla te sitúa en el descansillo de una escalera. Te estabas moviendo de manera horizontal y al llegar hasta él ahora tienes dos opciones. O subir o bajar. Funciona como una plataforma para cambiar de sentido. «Sí, pero» funciona igual.

Es la frase que se usa para modificar la trayectoria de la conversación y cambiar de dirección. Lo que he visto a lo largo de los años es que hay un grupo de personas que siempre la usa para ascender y otro para descender. Al primer grupo yo los denomino el grupo RH+ y al segundo, el RH- (erre hache positivo y negativo). Por supuesto no tiene nada que ver con su grupo sanguíneo real, pero es igual que si lo fuera, ya que el primero parece llevar siempre la positividad en la sangre, y el segundo parece no llevarla, por más «transfusiones» que reciba.

Una conversación con los RH- sería algo así:

Tú: Qué sol más bonito hace hoy.
RH-: Sí, pero hace mucho frío. Además es posible que llueva.
Tú: ¿Qué tal tu casa? Me dijeron que te has mudado a un ático con una terraza enorme.
RH-: Sí, pero con este tiempo no hay quien la aproveche.
Tú: Bueno, la tienes para el verano...
RH-: Sí, pero a saber donde estaré para entonces.

Fíjate en la diferencia con un RH+:

Tú: Cómo lo siento. Me he enterado de que perdiste el trabajo.
RH+: Sí, pero ya tengo un par de ideas en mente para establecerme por mi cuenta.
Tú: ¿En este momento? Mira que está todo muy mal...
RH+: Sí, pero siempre hay oportunidades.
Tú: Igual te cuesta encontrar financiación.
RH+: Sí, pero el proyecto es bueno y sé que conseguiré que los inversores vean su valor.

En el camino hacia el éxito, ser positivo no es una opción, sino una necesidad. Es la energía que provoca el triunfo; una corriente que te arrastra hacia la cima. La negatividad es la energía del fracaso. También te arrastra, pero en la dirección contraria. Son como dos ríos divididos por un sendero muy estrecho. A ambos los mueven dos fuertes corrientes en direcciones opuestas. Uno de ellos tiene la capacidad de atraer la flora y la fauna porque su agua es clara y prístina, y la fuerza de la corriente usa sus aguas para purificarlo todavía más. Se pueden ver peces y algas a través de sus aguas transparentes, y flores en sus orillas. El otro es oscuro, maloliente, sucio y está contaminado, por lo que en él no habitan seres vivos. Es inhóspito y hostil la vida. La misma fuerza de la corriente que en uno genera más vida, en el otro la destruye.

Así funciona la relación entre positivismo y negativismo. El positivismo genera más positivismo. Atrae a nuestro entorno. Genera crecimiento y alimenta la vida. El negativismo, apaga la vida y destruye el crecimiento. Aleja a la gente de nosotros. Es un imán para lo malo y se interpone en tu camino al éxito, amenazando tus posibilidades de alcanzarlo. Ambos se multiplican por sí mismos. El positivismo genera más positivismo y la negatividad engendra más negatividad.

La corriente del positivismo pone en marcha la cadena del positivismo. Al ser positivo piensas en positivo y ves en positivo. Esto te hará actuar en positivo y al final verás que con ello el mundo cambia a positivo. La fuerza y la energía que generan siempre están ahí. Tú eres el que decide aprovecharlas o ignorarlas.

#88peldaños
Por cada situación que lamentar hay mil que celebrar.
@ANXO