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¿Volun... qué? Voluntariado

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Dado que llegué a Estados Unidos siendo aún un adolescente y me quedé allí bastantes años, la influencia que este país tuvo sobre mí fue significativa. Cuando mi inmadurez era mayor, me dejé sorprender por sus puntos positivos y durante un tiempo, en mi mente, Estados Unidos representaba lo bueno y España lo malo.

Por suerte, mi inmadurez me fue abandonando y con el tiempo me fui dando cuenta de que el conjunto de virtudes de Estados Unidos con respecto a España no era mayor, sino solo diferente. Sin embargo, una que me impactó de manera especial fue la importancia del voluntariado, por su efecto tanto en la persona de forma individual como en el país de forma colectiva. Es una de las principales fuerzas que mueve al país americano y sin embargo en España, aunque creciente, todavía tiene un amplio margen de recorrido.

Hay dos motivos principales por los que el voluntariado es un 'peldaño' del éxito y curiosamente ninguno de ellos es altruista. Son todos positivamente egoístas, si bien de forma indirecta.

El primero es que cuando estás en tu carrera hacia tu éxito personal hay algo sobre lo que piensas casi las veinticuatro horas del día: tú. Es fácil entrar en ese ciclo de ensimismamiento donde tú eres el centro de todo. Si pensásemos en nosotros mismos por espíritu de supervivencia para cubrir unas necesidades básicas esa preocupación sería más legítima, pero lamentablemente lo que nos preocupa de nosotros mismos ya no es sólo responder a un instinto básico de supervivencia, sino también a un cóctel de «necesidades» entre las que se encuentra el ego, la vanidad, el materialismo y el egoísmo; en definitiva, la egolatría. Hasta un punto es constructivo mirar por los intereses propios pero a partir de ahí es necesario ponerse a uno mismo en perspectiva y restringir ese egocentrismo. ¿Cómo?

Hay varias formas pero quizá la más importante sea el voluntariado. Hará algo de cara a tu éxito de un valor incalculable: conseguir que dejes de pensar en ti para pensar en otros. Al principio del 'peldaño' decía que hacer voluntariado representa un 'peldaño' de tu éxito, no por lo que hará por otros sino por lo que hará por ti. A pesar de ser otros los que se beneficien del trabajo voluntario que nosotros hagamos, los mayores beneficiados no son ellos, sino nosotros.

El voluntariado al beneficiado le cambia el día. Al voluntario le cambia la vida.

Su mayor virtud es que te ayuda a cambiar las prioridades de tu escala de valores. La sociedad en la que vivimos es ególatra por naturaleza. Pensamos en nosotros mismos, buscamos objetivos para alimentar nuestro ego, los conseguimos y volvemos a empezar la carrera hacia los siguientes. El voluntariado nos puede hacer salir de ese círculo mediante algo sencillo de decir pero difícil de hacer: poner el foco en otros en lugar de en nosotros mismos. Mientras todo el marketing de nuestro entorno nos seduce día y noche para que nos demos más caprichos, el voluntariado nos pide justo lo contrario: centrarnos en algo que no está entre las cuatro paredes que componen nuestro cuerpo, sino fuera, y esto nos hará valorar infinitamente más lo que tenemos dentro.

Trabajar con ancianos nos hace valorar la juventud, trabajar con discapacitados nos hace apreciar las piernas, trabajar con refugiados nos hace valorar nuestro hogar, trabajar con gente marginada nos hace reconocer lo privilegiados que somos. Lo paradójico es que ningún relato en tercera persona, ningún instructor, ningún libro, ningún documental podría hacernos entender esa misma lección. Sólo la experiencia propia tiene ese poder.

El segundo motivo es la importancia que el voluntariado tiene de cara al éxito colectivo. Pero incluso esto es positivamente egoísta ya que lo consigue a través del éxito individual.

La virtud del voluntariado no está tanto en el beneficio tangible del trabajo del voluntario, sino en la transformación de la mente del que lo realiza. El efecto de ese trabajo no es lo duradero. Lo que sí dura es lo que sucede en tu mente cuando realizas ese trabajo.

Cuando te sumas a un grupo de personas para pasar la mañana de un sábado limpiando un río de vuestra comunidad altruistamente, pasada una semana el río podrá estar limpio o no, pero tu mente no te permitirá tirar ni siquiera una colilla al suelo durante el resto de tu vida. Pensarás no en ti, sino en otros, y serás consciente de que si tú la tiras alguien tendrá que recogerla. Tu mente se transforma y gracias a ello se beneficia toda la sociedad. Pero lo curioso es que estas acciones de sensibilización que te hacen pensar en otros en lugar de en ti tienen un efecto tremendamente positivo en tu propia ruta del éxito, ya que te hacen recordar qué es lo realmente importante en la vida para ti.

#88peldaños
Piensa menos en tu carrera y más en para qué corres.
@ANXO

Igual que de vez en cuando un piano necesita ser afinado, las ruedas del coche alineadas, o los músculos estirados, tu ego necesita un chequeo que lo mantenga cerca de la realidad y le permita sensibilizarse con otros y a ti apreciar qué tienes, por qué lo tienes y si realmente lo valoras. Ésa es la magia del voluntariado.

No te quedes literalmente con la palabra «voluntariado». Estírala todo lo necesario para incluir cualquier acción altruista. Lo increíble del altruismo es que en teoría es algo que hacemos para otros, y sin embargo los máximos beneficiados somos nosotros mismos. Es más, recurre a él si alguna vez te encuentras en un punto de total insatisfacción con tu vida. Haz lo que la gente no suele hacer. En lugar de seguir pensando en cómo ayudarte a ti, decide ayudar a otros y con ello resolverás tu problema inicial. Tanto el voluntariado en concreto como el altruismo en general son el antídoto perfecto para desatascarte de la rutina en la que te encuentres inmerso.

En mi vida he participado en unas veinte o veintidós acciones de trabajo social y voluntariado. Guardo un grato recuerdo de un programa en el que un grupo de universitarios nos reuníamos con reclusos de una prisión local; de un verano que pasé dando de comer, escuchando y conociendo a personas sin techo como miembro de la ONG The Open Door Community, en Atlanta;, de unas jornadas para abolir la pena de muerte llevadas a cabo, en conjunción con el Centro Carter, del expresidente estadounidense Jimmy Carter, que tuvieron lugar en Georgia, su estado natal; y del programa de mentorazgo Big Brothers & Big Sisters, en el que un joven adulto tutela a un niño en riesgo de exclusión y pasa con él un número de días al mes para servir de ejemplo y mentor.

De todas aprendí, pero sin duda, la experiencia que más me marcó fue trabajar con refugiados políticos de Bosnia, con la ONG Jubilee Partners. Sus historias aterradoras de las secuelas de la guerra de los Balcanes, incluso más de una década después de haber tenido lugar, me calaron como pocas. Recuerdo a Riffet, un refugiado bosnio-musulmán al que yo daba clases de inglés. Cada día, llegado a un punto de la clase, contorneaba su cuerpo de una forma muy extraña y acto seguido expresaba un gesto de alivio. La escena se repitió tantas veces que mi curiosidad superó mi cautela. Al ser preguntado por ello me contó que todavía llevaba un pequeño trozo de bala en su cuerpo. A mis 19 años, imposible describir la perplejidad e incapacidad de reacción que me sobrevino al oír esa respuesta.

Cada una de esas historias consiguió hacer de mí un ser más humano y más sensible hacia mi entorno. Vives una experiencia así y quizá ellos no sean iguales gracias a ti, pero sin duda tú no serás lo mismo gracias a ellos.

De todas esas experiencias, algunas me desatascaron en momentos en los que me encontraba perdido y otras simplemente me dieron una perspectiva de la que me beneficié en los años posteriores y de la que todavía hoy me sigo beneficiando, pero de todas puedo decir que me ayudaron a crecer como persona.

Lo importante en la vida es aquello que no te pueden robar: las personas, el conocimiento, las experiencias.

El mayor beneficiado del voluntariado en concreto y del altruismo en general siempre eres tú.