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8 de marzo: atadas a un sistema que sostenemos

07/03/2017 14:06 CET | Actualizado 08/03/2017 07:24 CET

SOLE OTERO

Nos matan. Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras. Millones de mujeres en todo el mundo nos sumamos hoy al paro en el empleo productivo y las tareas de cuidados para seguir reivindicando que la desigualdad persiste: la brecha salarial, el techo de cristal, la falta de corresponsabilidad en las tareas de cuidados, las múltiples violencias que seguimos padeciendo...

Que pare el mundo porque no funciona sin nosotras. Si el trabajo de cuidados realizado mayoritariamente por las mujeres dejara de realizarse, el sistema económico capitalista colapsaría. ¿Cómo brotarían esos trabajadores champiñón que la economista Amaia Pérez Orozco define como aquellos que aparecen a diario plenamente disponibles para el mercado, sin que a las empresas les importe dónde solucionan sus necesidades ni quién se hace cargo de sus responsabilidades (cuidado de menores o mayores dependientes, tareas y gestión del hogar...)?

Estamos atadas a un sistema que sostenemos. Un sistema que perpetúa el papel de las mujeres como cuidadoras sin permitir que los hombres se incorporen al espacio privado. Para avanzar hacia una igualdad real, son necesarias políticas urgentes: permisos iguales e intransferibles para madres y padres pagados al 100% para que el mercado deje de penalizar a las mujeres, universalización de los servicios públicos de atención a la dependencia y de educación infantil...

Las mujeres seguiremos en las trincheras de la resistencia hasta que consigamos hacer de este mundo un lugar donde la vida merezca la pena ser vivida, sin excluir a la mitad de la población.

Pero este aumento del gasto público, imprescindible para no seguir excluyendo a la mitad de la población, no entra en los planes de Montoro, De Guindos y Rajoy. Saben que a menor recaudación e inversión del Estado, nosotras seguimos asumiendo el trabajo derivado de los recortes en los servicios públicos y se frotan las manos. Barra libre para seguir defendiendo las bajadas de impuestos...

Como la desigualdad de género lo impregna todo, sus tentáculos también se extienden a las políticas fiscales de nuestro país. Por ejemplo, la ayuda de cien euros para mujeres trabajadoras, lejos de ser un incentivo para la incorporación de la mujer al mercado laboral, contribuye a perpetuar la imagen de que los hijos son una carga exclusiva de las mujeres. Tampoco debería seguir existiendo la tributación conjunta en la que el hombre desgrava cuando su pareja no tiene ingresos, algo que desincentiva el empleo femenino.

Los impuestos también están diseñados con sesgos de género. Justicia fiscal para acabar con la desigualdad es el grito que también lanzan hoy miles de activistas de la Alianza global por la Justicia Fiscal para que los ministros de Economía y Hacienda no olviden las gafas moradas a la hora de diseñar reformas fiscales.

También el IVA mantiene elementos de desigualdad. En España, los tampones y las compresas siguen sin considerarse bienes de primera necesidad con un tipo del 10%, en lugar del 4% que sí tienen los alimentos básicos o los medicamentos. El pasado mes de enero, las mujeres colombianas se movilizaron para parar la reforma tributaria del Gobierno de Santos, que buscaba incrementar hasta un 19% el impuesto sobre tampones y toallitas higiénicas, como si fueran artículos de lujo. La victoria de la campaña "Menstruación libre de impuestos" fue rotunda al conseguir reducir el IVA al 5%.

Decía Galeano que el conformismo nos destruye, aceptar la realidad como un destino y no como un desafío que nos invita al cambio, a resistir, a rebelarnos, a imaginar en lugar de vivir el futuro como una penitencia inevitable. Las mujeres seguiremos en las trincheras de la resistencia hasta que consigamos hacer de este mundo un lugar donde la vida merezca la pena ser vivida, sin excluir a la mitad de la población.

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