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España: cambio climático 'off'

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Mientras seguimos sin Gobierno, y no parece probable que Rajoy consiga apoyos suficientes para su investidura en primera vuelta, se echa de menos entre nuestra clase política un debate con ideas innovadoras para relanzar nuestra economía o reducir el desempleo, más allá del mantra de los recortes que sigue llegando desde Bruselas.

Las viejas recetas para salir de la crisis, lejos de tener efecto sobre la creación de empleo y la recuperación económica que nos siguen vendiendo de manera machacona todos los dirigentes del PP, solo han generado los recortes sociales y de derechos más brutales de nuestra democracia: un mayor aumento de la desigualdad, casi 700.000 hogares sin ingresos, situar a España como segundo país de la UE en pobreza infantil...

¿Las mentes pensantes del Congreso no se han parado a reflexionar que es necesaria una revisión urgente sobre nuestro caduco modelo de producción y consumo? Mientras negocian con el aire acondicionado a tope no se habrán percatado de que en Madrid hemos tenido el mes de julio más cálido desde que hay registros. El reconocido climatólogo Jonathan Gómez Cantero ya advirtió en un informe que elaboró para Equo el año pasado que nuestro país podría tener el clima de Marruecos en solo 35 años.

Precisamente, Marrakech acogerá en noviembre la próxima Cumbre del Clima (COP 22) a la que España acudirá sin los deberes hechos: las emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país aumentaron en 2015 un 4,23% respecto al año anterior según los datos avanzados por el Gobierno español a la Comisión Europea, convirtiéndonos así en el país de la Unión Europea que más ha aumentado sus emisiones. Lo más preocupante es que el presupuesto destinado al Fondo de Carbono, creado para ayudar al cumplimiento de los objetivos internacionales que asumimos en materia de reducción de gases de efecto invernadero, ha disminuido un 62,1% (15 millones de euros) respecto a 2015. España sigue en off en la lucha contra el cambio climático.

Sequías, pérdidas de cultivos, migraciones.

Las recurrentes olas de calor suelen abrir los informativos veraniegos pero sin conexión alguna con su principal causa, el cambio climático, ni con las consecuencias que ya tiene y tendrá para nuestro país, uno de los más afectados a nivel europeo: aumento de las sequías, graves consecuencias para nuestra salud y, por supuesto, para sectores como la agricultura, la ganadería, la pesca y el turismo, la joya de la corona de nuestro crecimiento. También deberíamos tomar conciencia de que nuestros malos humos hacen más pobres a las poblaciones más vulnerables de los países en desarrollo, especialmente en África, abocándolas al hambre por el agotamiento de sus cultivos, sufriendo las consecuencias de un problema al que no han contribuido.

¡El tiempo apremia! Es necesario cambiar leyes (una ley de cambio climático y transición energética son prioritarias), hábitos de consumo, la manera en la que nos desplazamos... A pesar de la presión de las más de 400 organizaciones integradas en la plataforma Alianza por el Clima para pedir a nuestros políticos un cambio a un modelo de desarrollo que deje atrás los combustibles fósiles y apueste por las renovables -podrían crearse dos millones de empleos verdes en España de aquí a 2020-, falta una mayor implicación por parte de la ciudadanía que por un lado entienda la magnitud del problema y por otro presione a nuestros gobernantes para que actúen de manera urgente. Sin presión ciudadana ni mediática, el próximo gobierno cuenta con la excusa perfecta para seguir desentendiéndose del medio ambiente.

Hay que recuperar la ilusión para construir un nuevo modelo de convivencia sin dar la espalda a nuestro planeta y trasladar esa ilusión a los despachos del Congreso: ¡no hay planeta B!

El reconocido sociólogo y economista Jeremy Rifkin hablaba en una reciente entrevista en El País de un futuro muy próximo de energía gratuita que cambiará por completo el modelo de producción y por supuesto la sociedad: apostar por la generación de energía a partir del sol, el aire, la basura o la fuerza del mar y por una gestión distributiva es el único escenario viable. Poco se oye todavía hablar del concepto de 'desinversión' -divestment- que consiste en retirar capitales invertidos en combustibles fósiles y reinvertirlos en energías no contaminantes.

Es algo que debemos exigir a gobiernos, bancos y grandes multinacionales, pero que también puede estar en nuestra mano. Cada vez son más las iniciativas ciudadanas colaborativas y la conciencia de que podemos invertir en empresas que no contaminen o especulen. ¿Estimulante, no? Recuperar la ilusión para construir un nuevo modelo de convivencia sin dar la espalda a nuestro planeta. La ilusión ya está en muchos barrios, cooperativas, empresas de economía social, iniciativas de consumo colaborativo, incluso en algunos municipios... Ahora solo queda trasladar esa ilusión a los despachos del Congreso para que hagan propuestas innovadoras: ¡no hay planeta B!