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El presidente nos pide empuje: aquí una lista de qué podemos hacer para empezar

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Gran parte del debate mantenido desde las elecciones se ha centrado en qué problemas tienen los republicanos: por qué interpretaron mal los datos, como van a reorganizarse, el hecho de que, a largo plazo, la demografía actúa cada vez más en su contra. Sin embargo, la cuestión más inmediata es que el 21 de enero empezará un nuevo mandato presidencial, con una multitud de problemas acuciantes. ¿En qué se va a diferenciar este segundo periodo del presidente Obama? Parece claro que, aunque haya resultado reelegido, no ha sido con el encargo de mantener el status quo. El pueblo votó para reelegir al presidente que estaba pero, al mismo tiempo, para que haya cambios.

Obama hizo campaña apelando a la necesidad de que le permitiéramos terminar su tarea. Y desde luego, hay muchas cosas que terminar, así como un enorme potencial que no se ha hecho realidad. Todavía tiene la oportunidad de ser un presidente trascendental. O, mejor dicho, tiene la posibilidad de ejercer una presidencia trascendental, porque, como ha dicho en repetidas ocasiones, para llevar a cabo los cambios que necesitamos tendrá que contar con la participación activa de todos nosotros. Es algo que dejó claro en su discurso de aceptación de la candidatura durante la Convención Demócrata celebrada este año. Esto es lo que dijo en Charlotte:

"... El camino que propongo... exigirá un esfuerzo común, una responsabilidad compartida... Ayudadme a reclutar a 100.000 profesores de matemáticas y ciencias durante los próximos 10 años... Ayudadme a dar a dos millones de trabajadores la oportunidad de aprender en sus colegios universitarios locales unas aptitudes que les lleven directamente a un puesto de trabajo. Ayudadnos a colaborar con las universidades para reducir a la mitad el aumento de los costes de matrícula de aquí a 10 años. Juntos, podemos alcanzar ese objetivo... Los votos de hace cuatro años no me eligieron solo a mí. Os eligieron a vosotros. Queridos conciudadanos, vosotros fuisteis el cambio... Solo vosotros tenéis el poder de impulsarnos hacia adelante".

Y volvió a hablar de ello la noche de las elecciones.

Una forma de interpretar estos llamamientos es como un eco a la respuesta de F. D. Roosevelt a un grupo de dirigentes sindicales que le presionaban para que hiciera reformas: "Estoy de acuerdo con vosotros, quiero hacerlo, obligadme a hacerlo". Y en los últimos meses hemos visto la eficacia de este tipo de presión. Como la Casa Blanca iba por detrás del sentimiento de la población, los grupos defensores de los derechos de los homosexuales presionaron a la Administración para que acabara con la política del "No preguntes y no lo digas" y apoyara el matrimonio gay (o por lo menos no se opusiera a él). Y lo consiguieron. Los defensores de la reforma de la inmigración y los derechos de los hispanos también insistieron ante el Gobierno, que en junio emitió un decreto por el que se suspendía de forma provisional las deportaciones de un millón de niños y jóvenes sin papeles. (por supuesto, la necesidad de ganarse a los votantes hispanos también ayudó).

El silencio y el apoyo incondicional de sus partidarios no habrían hecho posibles estos cambios de estrategia, unos cambios que, por cierto, contribuyeron a la reelección de Obama. El presidente nos ha dado la hoja de ruta. No ha dicho "Seguidme". Ha dicho "Empujadme".

En el monólogo que representó el fin de semana pasado en Nueva York, Bill Maher criticó a los progresistas que estaban tan decepcionados con Obama que habían querido no acudir a las elecciones. "Es como decir que tenemos problemas con la niñera así que vamos a dejar a los niños en medio de la calle". Pues bien, los progresistas no se abstuvieron, y vamos a tener la misma niñera cuatro años más. Nuestro deber es ayudar a que la niñera sea lo mejor posible.

Durante la campaña, algunos demócratas se tomaron hasta la más mínima crítica constructiva del Gobierno como algo que solo servía para fortalecer al otro bando. Independientemente de que uno estuviera de acuerdo con esa línea de razonamiento o no -y yo no lo estoy-, ya da igual. Las elecciones ya pasaron. Poner en tela de juicio las políticas de Obama y alzar la voz no va a servir para que Romney llegue a la presidencia. Pero sí puede contribuir a que la presidencia de Obama sea todo lo trascendental que todavía tiene posibilidades de ser.

De hecho, están pendientes varias cuestiones que, si el que estuviera en el Despacho Oval fuera el presidente Bush y no el presidente Obama, tendrían a diversos sectores de la coalición demócrata en armas. Ahora que ya no existe peligro de que el despacho tenga un nuevo inquilino, no hay absolutamente ninguna excusa para no hacer lo que el propio presidente nos ha pedido; cumplir nuestras obligaciones de ciudadanos y emprender "la difícil y necesaria labor del autogobierno". He aquí una lista parcial:

Ejecuciones hipotecarias

En 2009, para hacer frente a la crisis de la vivienda, el presidente anunció a bombo y platillo el Programa de Modificación Hipotecaria Asequible (en inglés, HAMP). Con un presupuesto de 50.000 millones de dólares, el programa debía ayudar a nueve millones de personas a evitar las ejecuciones hipotecarias mediante la reducción de los pagos de sus hipotecas. Hasta junio de 2012, solo habían recibido ayuda 2,3 millones y solo se habían gastado 4.000 millones de los 50.000 millones de dólares asignados. Mientras tanto, aproximadamente el 20% de las hipotecas de Estados Unidos sigue teniendo un valor de mercado inferior al de sus hipotecas; en concreto, 13 millones de propietarios deben en hipotecas un total de 650.000 millones más de lo que valen sus casas. Como consecuencia, millones de ciudadanos siguen en peligro de sufrir una ejecución hipotecaria.

Es evidente que el programa HAMP ha sido insuficiente. Como escribió Paul Kiel en ProPublica: "El Gobierno ha supervisado poco y no ha aplicado ninguna sanción, mientras que los encargados de revisar las solicitudes de modificación vieron 2,7 millones de ellas y rechazaron los dos tercios". El Departamento del Tesoro "fue permisivo con los administradores que no cumplían las normas del programa". O, como dice Ben Hallman en el HuffPost, "la decisión de entregar la Administración de los programas a unas compañías hipotecarias con personal escaso y poco motivado fue un desastre táctico".

Muchas críticas se han centrado en el director en funciones de la Agencia Federal de Financiación Inmobiliaria, Edward DeMarco, que se opone a las reducciones del capital y se ha convertido en un obstáculo humano para la reforma. El presidente debe apartarle del puesto lo antes posible. Sin embargo, algunos ponen en duda el cambio de opinión del Gobierno sobre las reducciones del capital y creen que el hecho de que el secretario del Tesoro, Geithner, haya decidido ahora adoptar esa política es, como dice el ex inspector general del programa TARP, Neil Barofsky, "mera pose política".

La economía no despegará hasta que no se aborde del todo -y en serio- la crisis de la vivienda.

Aviones no tripulados

El miércoles pasado por la mañana, mientras decenas de millones de estadounidenses celebraban los resultados de las elecciones, los habitantes de una aldea yemení rebuscaban entre los escombros de lo que al parecer había sido otro ataque de un avión no tripulado. ¿Murieron civiles además de militantes? ¿Y los militantes eran verdaderamente militantes? No lo sabemos, porque el Gobierno apenas reconoce la existencia del programa de aviones no tripulados. Pero como escribe Josh Hersh en el HuffPost: "En la situación actual, el Gobierno de Obama, que ha incrementado enormemente el uso de aviones no tripulados y asesinatos selectivos durante los cuatro últimos años, se ha molestado muy poco en aliviar las inquietudes de los demás sobre la legalidad y la utilidad del programa".

Gregory Johnsen, autor de The Last Refuge: Yemen, al-Qaeda, and America's War in Arabia, dice: "No está nada claro qué hace Estados Unidos en Yemen aparte de saber que llevan a cabo bombardeos y que la gente está muriendo. No sabemos quién muere ni si son o no miembros de Al Qaeda".

Y Micah Zemko, experto en aviones no tripulados en el Consejo de Relaciones Exteriores, dice que el marco legal de la administración para decidir quién muere (llamado "base para la eliminación") se reduce, en definitiva, a "fíate de nosotros".

De hecho, el presidente Obama aumentó el uso de aviones no tripulados durante su primer mandato, y permitir que mantenga esa estrategia durante el segundo, sin que nadie diga nada, tendrá consecuencias graves. "Los Gobiernos de George W. Bush y Obama abandonaron hace tiempo la idea de crear un marco legal y ético", dice Johnsen. "Será un auténtico problema para los Gobiernos futuros durante años". Y también nos hará sentirnos menos seguros durante años, porque ha enardecido las pasiones antiamericanas y les ha hecho el juego a nuestros enemigos.

Un estudio realizado por investigadores en NYU y Stanford revela algunas de esas consecuencias para quienes viven y mueren en función de la política actual. La Oficina de Periodismo de Investigación calcula que, entre 2004 y 2012, hasta 881 civiles murieron por disparos de aviones no tripulados, entre ellos 176 niños. El número de blancos de máxima importancia fallecidos, como porcentaje del número total de muertes, es de entorno al 2%.

Los autores del estudio escriben:

"Los aviones no tripulados sobre vuelan las 24 horas del día las comunidades del noroeste de Pakistán, y atacan hogares, vehículos y espacios públicos sin previo aviso. Su presencia aterroriza a hombres, mujeres y niños, y provoca angustia y traumas psicológicos en comunidades civiles. Quienes viven bajo la amenaza de los aviones no tripulados sienten la preocupación constante de que en cualquier momento puede producirse un ataque mortal, y son conscientes de que no pueden protegerse... Algunos padres prefieren retener a sus hijos en casa, y los niños que han sufrido heridas o están traumatizados por los ataques abandonan la escuela".

No es una cuestión de izquierdas y derechas. El escritor conservador Ramesh Ponnuru destaca que "el aspecto moral de esta política" exige mucho más debate. "Los grupos progresistas que habrían podido sentirse inclinados a protestar no lo han hecho porque fue Obama quien lo puso en marcha", dice. "La falta de debate sobre nuestra utilización de los aviones no tripulados es una vergüenza, porque existen objeciones prácticas y morales".

Esas objeciones sí se han oído en el ámbito internacional, sin duda. De 20 países en los que el Pew Research Center llevó a cabo una encuesta, en 17 la mayoría criticaba el uso de aviones no tripulados por parte de Estados Unidos. Y en septiembre, cuando preguntaron a la ministra de Exteriores de Pakistán, Hina Rabbani, por qué su país estaba volviéndose antiamericano, se limitó a contestar: "Los aviones no tripulados".

Además, más allá de la cuestión moral, están los aspectos prácticos. "Llevamos casi tres años de incursiones, y en esos tres años, Al Qaeda en la Península Arábiga ha pasado de tener 200-300 miembros a tener más de mil, según casi todos los cálculos", dice Johnsen. "Es decir, la organización se ha triplicado, por lo menos".

Por desgracia, da la impresión de que dentro de la Casa Blanca hay tan poco debate como fuera. "Hubo un par de disidentes que estaban presentes en las reuniones", explica Greg Miller, de The Washington Post. "Y dejaron de estar presentes".

Esos huecos deben llenarse. Si no los llena la Casa Blanca, tendrán que hacerlo los ciudadanos.

Prisiones

"La existencia de una población carcelaria de una dimensión casi sin precedentes en la historia de la humanidad es un dato fundamental de nuestro país en la actualidad, tal vez el dato más fundamental, igual que la esclavitud lo era a mediados del siglo XIX", escribe Adam Gopnik en un artículo de lectura imprescindible en The New Yorker. "En realidad, hay más hombres negros atrapados hoy en el sistema de justicia penal -en prisión, en libertad condicional o libertad vigilada- que entonces como esclavos".

Como indica Gopnik, los seis millones de personas bajo "supervisión penitenciaria" en Estados Unidos son más de los que había en pleno apogeo del sistema de los Gulag con Stalin. Desde 1980, el porcentaje de estadounidenses entre rejas se ha multiplicado por más de tres. "Ningún otro país se aproxima ni de lejos", dice Gopnik. "En las dos últimas décadas, el dinero que dedican los estados a las prisiones ha aumentado a seis veces el ritmo del dinero asignado a la educación".

Su conclusión es que "la dimensión y la brutalidad de nuestras prisiones son el escándalo moral de la vida americana".

La guerra contra las drogas

Una de las principales razones por las que Estados Unidos se ha convertido en un Estado carcelario es nuestra desastrosa, mortal y destructiva guerra contra las drogas, un guerra que no tuvo ni una mención durante la campaña presidencial. Claro que, aunque la hubiera tenido, no habría suscitado un gran debate. "Elegir entre Obama y Romney, para quienes nos preocupamos por la guerra contra las drogas", escribió el director ejecutivo de la organización Drug Policy Alliance, Ethan Nedelmann, "es elegir entre una decepción y un desastre".

O ambas cosas, puesto que, en los últimos 40 años, esta guerra nos ha costado alrededor de un billón de dólares. Solo en 2010, 850.000 estadounidenses fueron detenidos por infracciones relacionadas con la marihuana. Por supuesto, Obama no fue el único gran vencedor en los comicios del 6 de noviembre. En Colorado y Washington se aprobaron iniciativas para legalizar el uso de la marihuana, y en Massachusetts para utilizarla con fines médicos.

A escala nacional, el apoyo a la legalización de la hierba alcanzó el 50% por primera vez el año pasado. Y el apoyo a poner fin a la guerra contra las drogas se encuentra en todo el espectro político, desde Pat Robertson ("Creo sinceramente que deberíamos tratar la marihuana como tratamos el alcohol... Esta guerra contra las drogas no ha conseguido nada" hasta el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie ("La guerra contra las drogas, aunque bienintencionada, ha sido un fracaso"). "La derecha y la izquierda están empezando a tener posturas igualmente contrarias a la guerra contra las drogas", dice Eugene Jarecki, director del documental sobre el tema The House I Live In. "Sus días están contados. La cuestión es cómo vamos a emprender un camino de reformas bien orientadas".

Más en concreto, la cuestión es: ¿Emprenderá el Gobierno federal un camino de reformas? Como en el caso del matrimonio homosexual, nadie está pidiendo a Obama que tome la iniciativa en este asunto. Demasiado tarde. Ya la ha tomado el país. Lo que le pedimos que haga es que se sume al resto del país y dirija la elaboración y plasmación de una política más sensata respecto a las drogas. "Lo que necesitamos es una declaración inequívoca de la Casa Blanca de que las autoridades federales van a respetar las normas sensatas que implanten los estados", dice Nedelmann.

Ahora bien, si juzgamos por lo que sucedió antes de las elecciones -el Gobierno cerró dispensarios en California-, quizá eso sea mucho pedir. "Cuando esos estados intenten poner en práctica las nuevas leyes" predice Kevin Saber, antiguo asesor de Obama en la Oficina de Política Nacional para el Control de las Drogas, "veremos que los federales tratarán de impedirlo".

Entre tanto, si quieren averiguar qué pueden hacer para ejercer "la necesaria labor del autogobierno" a propósito de los problemas penitenciarios y de drogas en su comunidad, entren en la página web de Jarecki.

Cambio climático

Como escribió en HuffPost Tom Zeller, esta ha sido la primera campaña desde 1980 en la que no se preguntó a ningún candidato sobre el cambio climático ni tampoco lo plantearon ellos. "Creo que es una irresponsabilidad de nuestros líderes que no hablaran de uno de los mayores desafíos que afronta nuestra generación", dice el director ejecutivo de Greenpeace USA, Phil Radford. "Es una de las mayores amenazas contra nuestra seguridad, un peligro para la agricultura y para nuestra economía. No hablar de ello es uno de los mayores fallos de nuestros dirigentes".

Es evidente que, aunque ninguno de los candidatos ni los medios de comunicación quisieran hablar del cambio climático, la naturaleza impuso el tema con el huracán Sandy. Y, a diferencia de una pregunta en un debate, no hubo manera de ignorarlo. "Después de Sandy, tenemos que ponernos las pilas", escribió el congresista Ed Markey. "El cambio climático ha dejado de ser una cuestión lejana. La tenemos en nuestra propia puerta. Debemos reflexionar sobre cómo resolver los factores de base que favorecen estos hechos meteorológicos tan extremos". O, como dijo el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, "Cualquiera que diga que las pautas meteorológicas no han cambiado radicalmente está negando la realidad".

Pero, como demostró el terrible coste humano y económico de Sandy, no bastará con reconocer que el cambio climático es una realidad. A buena hora. Debemos hacer algo al respecto.

En su discurso después de la victoria, el presidente Obama habló de que quiere que nuestros hijos vivan en un país "que no esté amenazado por la capacidad destructiva de un planeta que se calienta". Sin embargo, la política energética que con más frecuencia articuló durante la campaña parecía más un concurso con Romney para obtener el Premio del año al Mayor defensor de los combustibles fósiles. "La administración ha tenido demasiado miedo a enfrentarse a los grupos de intereses", dice Wenona Hautner, del grupo Food & Water Watch.

Es cierto que Obama menciona las tecnologías verdes y las fuentes de energías renovables, pero una estrategia que incluya "todo lo anterior" ya no es suficiente. "Mi conclusión", dice Hautner, "es que, si queremos que se haga algo, vamos a tener que obligarle a hacerlo".

Exacto. Los votantes tienen que obligarle a hacerlo. Aunque es muy probable que contemos con la ayuda de la Madre Naturaleza, que ya ha creado una posición no negociable.

El voto

¿No sería fantástico que las elecciones de 2012 fueran nuestras últimas elecciones tercermundistas? En realidad, estoy siendo injusta; hay muchos países del Tercer Mundo que celebran elecciones mucho mejor organizadas que las nuestras. Cada cuatro años acudimos a votar y nos asombramos de lo vergonzoso que es nuestro sistema de votación. Este año, una vez más, hubo máquinas que no funcionaban, votos perdidos, colegios que cerraron cuando no debían, un mosaico de reglas confusas y, por supuesto, colas: tres horas en el D. C., cinco horas en Virginia, nueve horas en Florida.

"En ningún otro país, ni siquiera en otros sistemas federales como los de Alemania, Canadá y Australia", escribe David Frum, "la posibilidad del ciudadano de votar depende tanto de la afluencia y la competencia de sus autoridades locales".

Cada cuatro años, puntual como un reloj, el presidente vencedor asegura que va a trabajar para mejorar el sistema de voto. Pero, como informa Dan Froomkin, "Para Obama, mejorar el proceso de votación no ha sido precisamente una prioridad durante su primer mandato".

En su discurso sí mencionó los problemas en los colegios, cuando dio las gracias a todos los que habían votado, "tanto a los que votaban por primera vez como a los que habían tenido que guardar cola durante mucho tiempo". Y después improvisó: " "Por cierto, eso es algo que tenemos que arreglar".

Y ese es el problema. Todo nuestro sistema de votación es una serie de improvisaciones. Ahora bien, para arreglarlo de verdad, hace falta mucho más que un comentario superficial cada cuatro años.

Brad Plummer dice que hay muchas cosas que el presidente podría hacer, y enumera cinco de ellas aquí, como modernizar el sistema de inscripción de votantes y hacerse con el control de los sistemas estatales en las consideradas "zonas de catástrofe electoral". Obama podría también extender el voto por adelantado, o hacer que el día de las elecciones sea festivo, ambas, opciones que defiende el grupo "Why Tuesday?" El presentador de HuffPost Live Jacob Soboroff, que pertenece a la junta directiva de dicho grupo, explica: "Si [Obama] toma la iniciativa, Estados Unidos puede pasar de ser uno de los países con menor participación electoral del mundo a tener la mayor. ¿Lo va a hacer? Espero que sí, pero no estoy tan seguro".

Ninguno puede estar seguro. Y por eso necesitamos seguir presionando para impulsar todas estas cuestiones. Un sistema bipartidista necesita una oposición leal, pero una oposición leal que se base en los hechos y la realidad. A falta de ella, la crítica constructiva tendrá que surgir del seno del propio Partido Demócrata, junto con los independientes y los republicanos que empiezan a salir de la burbuja en la que han estado viviendo (hace unos días, el senador Ron Paul dio unos pasos en esa dirección). No quito importancia a los obstáculos que nos vamos a encontrar por el camino. Pero eso no significa que debamos apartar de la vista unas preocupaciones tan importantes, ni que lo haga el presidente.

En su discurso tras la victoria, Obama dijo: "Tanto si me habéis dado vuestro voto como si no, os he escuchado, he aprendido cosas de vosotros, y habéis hecho que sea mejor presidente".
Somos los ciudadanos quienes no solo debemos elegir a los presidentes sino hacer que sean mejores.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.