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'El club de los mejores': buscando a Arthur

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2016-09-28-1475079708-8276341-elclub.JPGHace un tiempo me reencontré con un amigo de la infancia. No lo veía desde que teníamos ocho años, esa edad en que la vida se dividía entre las cosas para niños y para adultos, en que todos teníamos tanta prisa por crecer. Contando viejas batallitas y anécdotas de patio de colegio, me di cuenta de algo aterrador: mi amigo sabía cosas que yo había olvidado. Y no me refiero a un descuido, a un "ah, sí, es cierto", sino a sucesos completamente borrados de mi memoria. En ese instante me invadió una sensación de vértigo. ¿Cómo era posible que hubiera eliminado fragmentos de mi propia vida?

En esas reuniones aburridas donde nadie sabe qué contar siempre surge la típica pregunta: ¿Cuál es tu primer recuerdo? El mío es una situación en la guardería, donde miraba a otro niño y él me miraba a mí. Ambos sin entendernos, tan extraños y tan parecidos a la vez. Así que, desde mi punto de vista, yo era alguien que tenía recuerdos muy vivos de la infancia. Creía, desde mi ignorancia, que mi memoria era infalible, que me acordaba de todo.
Hasta que mi amigo empezó a hablar.

Es curioso observar tu vida desde los ojos de otra persona. Pocas veces es como tú crees que sucedió. En las palabras de mi amigo yo era siempre el amigo pequeño, dado que él era un año mayor. Las aventuras que me narró aquella noche le dieron una nueva perspectiva a mi niñez y, al mismo tiempo, me hicieron replantearme algunas cosas. Porque, si había desterrado de mi mente todo aquello, ¿qué más había olvidado? ¿Y si en esos recuerdos se escondía algo terrible?
La respuesta a esa pregunta se titula El club de los mejores, que ha editado Ediciones B. Su protagonista, Walter, debe realizar un viaje interior para resolver un misterio que comenzó cuando él también tenía ocho años y que, por desgracia, ha olvidado. Y debe darse prisa, ya que si no lo consigue en un plazo indicado, toda su vida, todo lo que ha conseguido, todo por lo que ha peleado, saltará por los aires. Acompañando a Walter por los parajes de Minnesota realmente estamos realizando un viaje similar al suyo, tratando de descubrir a ese niño que fuimos y que tanto nos hemos esforzado por olvidar ahora que somos adultos.

Sin embargo, al escribir una historia con tanto bagaje personal, surgía un nuevo problema. Yo soy un escritor de ficción. Me gusta viajar a lugares lejanos, ponerme en la piel de personajes muy distintos a mí, vivir una aventura que jamás me sucederá. Pero en esta ocasión era distinto. La historia de Walter tiene mucho de mí, y eso me aterraba. Los escritores somos muy valientes cuando hay que crear una trama de asesinatos, pero nadie mostraría en público su diario. Así que necesitaba una barrera, una armadura que me protegiera, algo que despistase al lector que buscase a Claudio Cerdán entre las páginas de El club de los mejores. No iba a ocultarme del todo, por supuesto, pero sí me apetecía jugar un poco al despiste.

Así surgió Arthur Gunn. Era la única forma que tenía de contar esta historia tan personal. Alejarme lo más posible para narrar algo muy cercano. Desde siempre he leído y admirado a autores de novela negra americana, así que el toque anglosajón era obligado. Y, pensando en el buen gusto que tuvo John Banville en llamarse Benjamin Black, decidí poner de apellido ese Gunn que suena tanto a novela negra. El Arthur del principio es un homenaje a mi hijo Arturo, quien algún día leerá esta novela y me preguntará si de verdad pasó lo que cuento entre sus páginas.

Por supuesto, lo negaré todo. Walter es inventado, su viejo amigo Cormac no es real y jamás, jamás, existió una pandilla llamada El club de los mejores.

Aunque, si le pregunta a Arthur Gunn, tal vez la respuesta sea diferente.