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En busca de asilo en Europa

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Cientos de miles de niños refugiados y migrantes han viajado a Europa. En 2016, más de 95.000 solicitaron asilo. No obstante, y tras haber desafiado numerosos peligros y obstáculos en su camino hacia el continente europeo, muchos terminan enfrentándose a nuevos problemas que les bloquean el acceso al asilo en el país que han elegido como destino.

  • © UNICEF/UN026304/Gilbertson VII Photo
    Jannat Raslan (a la izquierda), de siete años y su madre Amira, de una familia de cinco personas, llegaron a Alemania en diciembre de 2015. Los Raslans, de la ciudad siria de Homs, viven en un centro para refugiados del vecindario de Prenzlauer Berg de Berlín. “Nuestro objetivo era llegar hasta aquí para sentirnos seguros y en paz”, decía Raslan.
  • ©UNICEF/UN026300/Gilbertson VII Photo
    Khaled Raslan juega al fútbol con sus hijos Karam, de cuatro años y Amr, de siete, en un parque cercano al refugio. El padre pasa mucho tiempo siguiendo el estado de la solicitud de asilo de su familia. “El proceso es mucho más lento de lo que esperábamos”, asegura. “Paso mucho tiempo en distintas oficinas”.
  • ©UNICEF/UN026360/Gilbertson VII Photo
    La señora Raslan (en primer plano, a la izquierda), con amigos y familiares en el parque, cuenta: “Vinimos aquí en familia para vivir una vida nueva y aprender cosas sobre la cultura alemana”. En la actualidad gana algo de dinero enseñando inglés a los refugiados y sus gemelos Jannat y Amr ya van a la escuela.
  • ©UNICEF/UN026335/Gilbertson VII Photo
    El señor y la señora Raslan hacen la compra en el supermercado del barrio con Amr, su hijo menor. Las familias no pueden cocinar en el refugio. Sin embargo, la señora Raslan sostiene: “No les damos importancia a los problemas que tenemos ahora, porque la acción de traer [aceptar] a los refugiados ya es enorme”.
  • ©UNICEF/UN026364/Gilbertson VII Photo
    El señor Raslan (a la derecha), sus hijos y otra persona refugiada se lavan los dientes en un baño común del centro. Los Raslan se unieron a otros cientos de refugiados de este centro en junio de 2016, después de haber vivido en el gimnasio de una escuela desde diciembre. “Aquello fue muy difícil”, asegura Raslan.
  • ©UNICEF/UN026365/Gilbertson VII Photo
    “Ya no vivimos en situación de emergencia, hemos recuperado algo de normalidad. Además, dos de nuestros hijos van a la escuela”, dice. “Estamos mejor que antes y el próximo paso será estar aún mejor”. Sus hijos se duermen mientras él les cuenta un cuento.
  • ©UNICEF/UN021772/Gilbertson VII Photo
    Sajad Al-Faraji, de 15 años, y su familia, todos de Basra, Iraq, llegaron a Austria en noviembre de 2015. Paralítico de nacimiento desde la cintura hacia abajo, Sajad está intentando entrar en la escuela. Perdió la oportunidad de asistir a una escuela para niños discapacitados hace unos meses, cuando se cayó y se rompió una pierna.
  • ©UNICEF/UN021721/Gilbertson VII Photo
    Sajad y su familia, que viven en un hospital abandonado de Viena, están empezando a formar parte de una nueva comunidad. Ya no son extraños en la ciudad, ahora se mueven por ella fácilmente y con seguridad. Sajad y su madre, Mona Al-Hammoudi, toman el tranvía para ir a un evento benéfico para refugiados que buscan asilo.
  • ©UNICEF/UN021725/Gilbertson VII Photo
    Sajad (en el centro, en silla de ruedas), su madre (con un velo beis) y su hermana, Houda Al-Malek (detrás de él, bebiendo café) disfrutan de la comida y de la diversión del evento anual, que se celebra en el estadio de la capital. “Cuando veo a Sajad sonreír, soy feliz”, asegura Houda.
  • ©UNICEF/UN021762/Gilbertson VII Photo
    Toda la familia quiere aprender alemán para integrarse mejor. Uno de los hermanos, Zein Alabdien, de 14 años, se dirige a la escuela donde da clases de idiomas cinco días a la semana. “Durante cuatro meses, estuve yendo cada día a la oficina [de administración] para pedirles poder ir a la escuela”, contó Zein.
  • ©UNICEF/UN021768/Gilbertson VII Photo
    “Es lo mejor que me ha pasado desde que estoy aquí, y alguien de la familia tiene que aprender alemán para poder traducir”, añade. El adolescente, que se ha convertido en el embajador de facto de la familia desde que comenzó a ir a la escuela, estira junto a sus compañeros en un descanso.
  • ©UNICEF/UN021737/Gilbertson VII Photo
    Sajad, con un amigo en el exterior del estadio. Ahora está tratando de que la administración del centro le permita ir a la escuela como su hermano. “Quiero aprender el idioma y encontrar una solución médica para mis piernas. Sueño con poder andar”. La familia cree que su solicitud de asilo está en trámite.
  • ©UNICEF/UN026235/Gilbertson VII Photo
    Ali Abdul-Halim, de dieciocho años, y su hermano Ahmad, de dieciséis, de Baalbek, en el Líbano, estaban entre los 96.000 menores no acompañados que llegaron a Alemania y solicitaron asilo en 2015. Ali, en la ciudad de Peine, en Baja Sajonia, se dirige al restaurante de un amigo libanés.
  • ©UNICEF/UN026242/Gilbertson VII Photo
    Ali hace unas prácticas no remuneradas en una peluquería de Peine, y él y Ahmad viven en un refugio infantil de la ciudad. Aunque Ali ya tiene 18 años y el Estado lo considera adulto, le permiten seguir viviendo en el centro para que él y Ahmad puedan permanecer juntos.
  • ©UNICEF/UN026259/Gilbertson VII Photo
    “No puedo cometer errores porque estoy a cargo de él”, sostiene Ali, que sigue haciendo el papel de padre de su hermano menor, al igual que durante el peligroso viaje. Ahmad va a una escuela integral con otros niños refugiados y alemanes de la ciudad, y le va bien.
  • ©UNICEF/UN026251/Gilbertson VII Photo
    “Claro que me gustaría ser adolescente y dedicarme a disfrutar de la vida en Alemania”, asegura, “pero si lo hiciera, pondría en peligro no solo el futuro de mi hermano, sino también el mío”. Desahoga el estrés que siente cada día levantando pesas en un gimnasio cercano.
  • ©UNICEF/UN026279/Gilbertson VII Photo
    Los hermanos sirven la comida en el refugio. “La mejor parte de este viaje ha sido llegar aquí. La parte más difícil es esperar a que tramiten nuestra solicitud”, afirma. “Tenemos muchos problemas en el Líbano. Espero conseguir mis papeles de asilo y que no me hagan regresar”, dice Ahmad.
  • ©UNICEF/UN026271/Gilbertson VII Photo
    “Alemania es muy bonita: es segura, está bien organizada”, explica Ali. “Me alegra haber dejado el Líbano y haber llegado hasta aquí sanos y salvos”. Tiempo después, los hermanos supieron que su solicitud de asilo había sido denegada, obligándolos a enfrentarse a un futuro incierto. Ali, en el refugio.