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Carta abierta al hombre que me hizo una foto sin permiso

30/05/2017 07:27 CEST | Actualizado 30/05/2017 07:27 CEST

Anoche me hiciste una foto sin pedirme permiso.

Estabas a menos de dos metros de mí en un pub abarrotado y yo estaba viendo un partido de baloncesto. Pensaste que pasarías desapercibido con tu teléfono móvil, pero una amiga mía te vio y me avisó.

Fingiste que no me oías cuando te dije: "Oye, ¿acabas de hacerme una foto?".

Así que te volví a preguntar: "Perdona, ¿acabas de intentar hacerme una foto?".

"No lo he intentado. Lo he hecho". Me dijiste, devolviéndome la mirada. Como desafiándome a decir algo.

"Enséñame la foto y bórrala".

Sacaste el móvil y ahí estaba. Una foto en la que aparecía yo viendo el partido, ajena al hombre de cincuenta años ataviado con una camisa hawaiana que me había hecho la foto. En la siguiente fotografía aparecía el culo de mi amiga.

"Bórrala".

La borraste. Sin disculparte. Sin preocuparte de verdad. E intentaste volver a meterte el móvil en el bolsillo.

"No. Borra también la otra". Exigí refiriéndome a la foto de mi amiga.

La borraste.

"Lo que has hecho ha estado mal. Si te veo haciéndolo otra vez, te denuncio", dije.

Me miraste y me dedicaste una mueca de desprecio. No recuerdo lo que dijiste textualmente, pero fue algo tipo "¿a quién se lo vas a decir?". En ese momento, prácticamente me hiciste sentir indefensa. Como si pudieras estar a dos metros de mí y hacernos a mí y a mi amiga tantas fotos como quisieras y encima hacernos sentir tan incómodas como fuera posible sin que nosotras pudiéramos hacer nada al respecto.

En ese momento, prácticamente me hiciste sentir indefensa.

Pero siempre se puede hacer algo al respecto. Siempre.

Así que le dije al camarero que avisara al portero para que te echara del pub. Vi por el rabillo del ojo cómo te sacaban a la fuerza y cómo intentaste pegarle un puñetazo al portero.

Más adelante, los porteros vinieron a comprobar que todo iba bien. Me contaron que les habías dedicado insultos racistas y que te habías puesto agresivo. Llamaron a la policía y tu mujer se presentó allí.

Todos declaramos. Yo lo hice a dos metros de tu mujer. Le pedí a uno de los policías que me cambiara el sitio para no mantener contacto visual con ella mientras contaba lo que había pasado.

Todo fue muy incómodo. Me sentía como si estuviera en una película cutre. Me sentía bloqueada.

Los policías me preguntaron si quería presentar cargos. Dije que no.

El policía fue muy agradable conmigo y el dueño del local también. Me preguntaron qué quería de esa situación. Contesté que solo quería ver el partido sin que un tío grimoso nos hiciera fotos a mí y a mis amigas. No me tomaron en serio, pero vi los últimos 57 agonizantes segundos del partido.

Si soy totalmente sincera, no me importa lo que te pase. No sientes ningún remordimiento y probablemente disfrutaste cuando te pillamos. Pero me alegro de haberme enfrentado a ti. Me alegro de que no tengas fotos mías o de mis amigas en el móvil.

Si soy totalmente sincera, no me importa lo que te pase.

Es nuestro deber pararle los pies a la gente que se comporta así. Sí, habría sido más fácil ignorarte, alejarme de ti y seguir viendo el partido. Pero si no te hubiéramos pillado, ¿hasta dónde habrías llegado? ¿Quién habría sido la siguiente? Es responsabilidad tanto de los hombres como de las mujeres plantar cara en estas situaciones en público. Sí, es incómodo. Sí, es un asco. Pero el acoso sexual no está bien. Nunca lo estará.

Nota de la autora: lo que más me sorprendió no fue el acosador. Fue el hecho de que no me di cuenta de que alguien me estaba sacando una foto sin mi permiso. Estaba en pleno uso de mis facultades, sobria y viendo un partido. La falta de remordimientos y la actitud de este hombre no me sorprendieron en absoluto, pero me han servido de recordatorio de que todos los móviles tienen cámara y de que es más fácil que nunca hacerle a cualquiera una foto de forma discreta, sin que se entere.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The HuffPost' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.