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  <title>Alberto Ruiz-Gallardón</title>
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  <updated>2013-05-23T23:34:54-04:00</updated>
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    <name>Alberto Ruiz-Gallardón</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Alberto Ruiz-Gallardón</subtitle>
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    <title>Cada cual a su manera</title>
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    <published>2012-06-20T01:28:31-04:00</published>
    <updated>2012-08-19T05:12:08-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[La custodia compartida requiere una serie de circunstancias muy exigentes, y en consecuencia, inhabituales. Precisa de un cierto grado de estabilidad -pedir cordialidad quizá sea excesivo- en la relación de las partes en litigio.]]></summary>
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        <name>Alberto Ruiz-Gallardón</name>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/alberto-ruiz-gallardon/"><![CDATA[Hay frases que no por mil veces citadas dejan de preservar intacto su sentido. E ideas cl&aacute;sicas cuya vigencia salta fuertes y fronteras. Es el caso del arranque de <em>Ana Karenina</em>, cuyo comienzo record&aacute;bamos hace unos d&iacute;as en el Congreso. Muy lejos de Y&aacute;snaya Poliana, las palabras de Tolstoi manten&iacute;an todo su significado en la carrera de San Jer&oacute;nimo. Era a prop&oacute;sito de una interpelaci&oacute;n sobre la custodia compartida. "Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera". Y en esa l&iacute;nea c&eacute;lebre de la mejor literatura rusa -que es tanto como decir de lo m&aacute;s hondo del humanismo contempor&aacute;neo- se resum&iacute;a el meollo del delicado asunto que debat&iacute;amos en este otro extremo del conf&iacute;n europeo Sus Se&ntilde;or&iacute;as y yo.<br />
<br />
Admitamos, para empezar, que la custodia compartida de los hijos menores en un proceso de separaci&oacute;n o divorcio constituye un asunto que divide a la sociedad. No hay una versi&oacute;n un&iacute;voca. En esta materia las opiniones no se acomodan f&aacute;cilmente al patr&oacute;n ideol&oacute;gico de turno. Hay tantos conservadores contrarios a la iniciativa como partidarios de la misma, y otro tanto cabe decir de los progresistas, dondequiera que se encuentren unos y otros. La experiencia personal, la idea que se tenga de la educaci&oacute;n de los hijos, las leg&iacute;timas convicciones, certidumbres y temores de cada quien, tienen su argumento que aportar en este debate. Su naturaleza refractaria a la ideolog&iacute;a da idea, seguramente, de la profundidad de las fibras que toca.<br />
<br />
Nada ser&iacute;a m&aacute;s contraproducente, por tanto, que imponer un clich&eacute; r&iacute;gido. Y tampoco la b&uacute;squeda de un punto medio para contentar a todos -si algo me ha ense&ntilde;ado la pol&iacute;tica, es que esa es tarea imposible-, tampoco eso ser&iacute;a, <em>per se</em>, suficiente. Es necesario ser mucho m&aacute;s ambiciosos. Es preciso escuchar a Tolstoi, y dar una soluci&oacute;n a cada caso, porque, en efecto, en materia de desdicha no hay dos iguales, aun cuando la separaci&oacute;n y el divorcio sean, llegado un punto de no retorno, el camino para poner fin a esa infelicidad.<br />
<br />
Lo cierto es que la respuesta que actualmente ofrece nuestro ordenamiento acusa una rigidez -no dir&eacute; que ideol&oacute;gica, pero desde luego s&iacute; sociol&oacute;gica-, como consecuencia quiz&aacute; de un modelo de familia patriarcal en el que los roles se asignaban separadamente, y donde uno de los c&oacute;nyuges asum&iacute;a a menudo un papel secundario en la educaci&oacute;n y el cuidado de los hijos. El art&iacute;culo 92 del C&oacute;digo Civil hace de la custodia monoparental la m&aacute;s frecuente y solo contempla la compartida como mecanismo excepcional. Frente a esta situaci&oacute;n, hab&iacute;a voces que reclamaban la f&oacute;rmula inversa: que de modo preferente la custodia sea asignada a ambos progenitores.<br />
<br />
El camino que a este ministro le ha parecido m&aacute;s prudente es otro distinto. Es el de superar cualquier apriorismo y apostar claramente por el inter&eacute;s superior del menor. Se tratar&iacute;a as&iacute; de renunciar a un r&eacute;gimen preestablecido, ver caso por caso y proporcionarle al juez todos los elementos de juicio para que pueda adoptar una soluci&oacute;n <em>ad hoc</em>.<br />
<br />
Los beneficios que la custodia compartida puede tener para el ni&ntilde;o son numerosos. Es un sistema que favorece la continuidad de su vida familiar, reduce el fracaso escolar y mitiga el posible sentimiento de culpabilidad que en ocasiones, y del modo m&aacute;s injusto, puede causar en los hijos la separaci&oacute;n o el divorcio de los padres. Pero debemos ser tambi&eacute;n realistas: la custodia compartida requiere una serie de circunstancias muy exigentes, y en consecuencia, inhabituales. Para que funcione con eficacia, cumpliendo su finalidad de reforzar el bienestar e inter&eacute;s del menor, precisa de un cierto grado de estabilidad -pedir cordialidad quiz&aacute; sea excesivo- en la relaci&oacute;n de las partes en litigio, algo que no siempre vamos a encontrar. De manera que la reforma del Gobierno est&aacute; encaminada a hacer posible la custodia compartida, no a imponerla -solo el juez, a la vista de las peculiaridades del caso puede decidir- si no se dan las condiciones necesarias para que los hijos salgan ganando.<br />
<br />
No podemos olvidar que, en &uacute;ltima instancia, lo que ha de importarnos es el inter&eacute;s superior del menor, y que es este el que tiene derecho a disfrutar y disponer de la presencia de sus progenitores, pudiendo acceder a ellos sin trabas y del modo que m&aacute;s beneficioso le resulte. Tanto es as&iacute;, que habr&iacute;a que ir pensando en renovar la terminolog&iacute;a, porque m&aacute;s que de <em>custodia</em> -que entra&ntilde;a una idea caduca de posesi&oacute;n- tendr&iacute;amos que hablar de<em> convivencia</em>. Porque, sin necesidad de caer en el pensamiento m&aacute;gico, lo cierto es que el lenguaje funda realidad, y m&aacute;s a&uacute;n en las relaciones humanas.<br />
<br />
Tolstoi lo sab&iacute;a.]]></content>
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    <title>En el país-mundo</title>
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    <published>2012-06-08T09:45:02-04:00</published>
    <updated>2012-08-08T05:12:10-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Israel, que nace de una tradición milenaria, no es un país hecho únicamente de atavismos. Ilustra también el mestizaje de la sociedad global, o, cuando el conflicto impide que este llegue a producirse, la posibilidad de una convivencia.]]></summary>
    <author>
        <name>Alberto Ruiz-Gallardón</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/alberto-ruiz-gallardon/</uri>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/alberto-ruiz-gallardon/"><![CDATA[Hay pa&iacute;ses-mundo, como hay novelas-r&iacute;o. Son aquellos/as en los que el caudal de experiencia, de cultura/s y de perspectivas resulta tan rico, tan abrumador, que al visitarlos uno tiene conciencia de situarse en el centro mismo de su tiempo, adem&aacute;s de en todos los anteriores.<br />
<br />
Israel es uno de esos Estados-Aleph, si queremos decirlo a la manera de Borges, no solo porque contiene buena parte de nuestras propias ra&iacute;ces, sino porque ilustra tambi&eacute;n el mestizaje de la sociedad global, o, cuando el conflicto impide que este llegue a producirse, la posibilidad de una convivencia entre aquellos que se saben distintos, dentro de su coincidencia esencial. Askenaz&iacute;es y sefard&iacute;es, hijos del kibutz y partidarios de la iniciativa individual, descendientes de los jud&iacute;os de Rusia o de los de Etiop&iacute;a, jaredim de negro riguroso y laicos de aspecto occidental, y tambi&eacute;n &aacute;rabes y cristianos... el repertorio es extenso, y describe una sociedad que, aunque volcada en s&iacute; misma, quiere a la vez mantener y desarrollar su relaci&oacute;n con el mundo.<br />
<br />
Acabo de regresar de all&iacute; para recibir un doctorado honoris causa por la Universidad de Haifa, motivado por mi declarada y sincera amistad con el pueblo jud&iacute;o y con el Estado de Israel. Fue un inmenso honor que quise aceptar no tanto a t&iacute;tulo particular como en nombre de un pa&iacute;s que hoy es consciente de la p&eacute;rdida que supuso la expulsi&oacute;n de 1492, que en el siglo XIX redescubri&oacute; la huella sefard&iacute; m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras, y que en el XX tuvo a su servicio a un pu&ntilde;ado de diplom&aacute;ticos heroicos que durante la Segunda Guerra Mundial corrieron graves riesgos personales para salvar a miles de jud&iacute;os de un destino fatal... y como ministro, obviamente, de la democracia que por fin, en 1986, estableci&oacute; relaciones con un pa&iacute;s amigo por historia y por naturaleza.<br />
<br />
La ceremonia misma fue testimonio de esa variedad de identidades que es capaz de convocar la pluralidad israel&iacute;. Junto a m&iacute; recib&iacute;an su propio doctorado, entre otras personalidades, el premio Nobel de Qu&iacute;mica del a&ntilde;o pasado, un respetado cantautor, un inventor con m&aacute;s de setecientas patentes en el mundo, o la interesante figura que constituye el juez Salim Joubran, quien, nacido en la colonia alemana de Haifa, se convirti&oacute; en 2004 en el primer magistrado &aacute;rabe del Tribunal Supremo de Israel, y no ha dejado desde entonces de introducir en sus sentencias la defensa de los Derechos Humanos y la protecci&oacute;n a los m&aacute;s desfavorecidos.<br />
<br />
Asistir a este acto de escenograf&iacute;a y tono modernos en una universidad a la vanguardia de la vida israel&iacute;, horas despu&eacute;s de haber visitado la vieja Jerusal&eacute;n, supone un contraste solo equiparable a los que se experimentan en el interior de esta &uacute;ltima, aut&eacute;ntico prisma hist&oacute;rico y cultural que descompone la luz de la fe en tres credos distintos, y cuyos barrios respectivos he recorrido, al igual que he guardado silencio ante el Muro de las Lamentaciones, he caminado por las calles cristianas y he admirado las mezquitas con las que los restos del segundo templo comparten la Explanada de ese nombre. Hombres de honda sabidur&iacute;a me han acompa&ntilde;ado en ese itinerario: mi viejo amigo el padre Artemio, el doctor Abraham Haim, o el jeque Abdul Azen Falhab, due&ntilde;os cada uno de ellos de una parte de la verdad. Y junto a ellos, el m&aacute;s experto y entregado de los embajadores que nuestro pa&iacute;s pod&iacute;a imaginar en ese pa&iacute;s, &Aacute;lvaro Iranzo.<br />
<br />
Pero Israel, que nace de una tradici&oacute;n milenaria, no es un pa&iacute;s hecho &uacute;nicamente de atavismos. En las reuniones que he mantenido con varios de sus ministros he palpado el inter&eacute;s por reforzar las relaciones comerciales con Espa&ntilde;a, a la que ofrecen el mejor de sus productos, del que tan necesitado est&aacute;n nuestras empresas para mejorar su competitividad: la tecnolog&iacute;a. Y, por lo que he podido percibir, Israel constata que estamos atravesando un periodo econ&oacute;mico semejante al que ellos conocieron hace treinta a&ntilde;os, cuando tuvieron que aplicar una fuerte reducci&oacute;n presupuestaria que termin&oacute; d&aacute;ndoles buen resultado, y que hace que aprueben nuestra pol&iacute;tica actual.<br />
<br />
Estando en la patria de Itzhak Perlman o de Pinchas Zukerman -por no salir del viol&iacute;n-, era inevitable que alguna de estas conversaciones no terminara con una apasionada charla sobre m&uacute;sica... tema que da mucho m&aacute;s de s&iacute; que la pol&eacute;mica sobre la interpretaci&oacute;n de las obras de Wagner, que mi buen amigo Barenboim se atrevi&oacute; a suscitar hace ya algunos a&ntilde;os.]]></content>
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