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  <title>Antonio Ramírez</title>
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  <updated>2013-06-20T01:41:57-04:00</updated>
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    <name>Antonio Ramírez</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Antonio Ramírez</subtitle>
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    <title>Imaginar la librería futura</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1889292</id>
    <published>2012-09-18T02:05:46-04:00</published>
    <updated>2012-11-17T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Nuestro futuro está ligado a la pervivencia del sistema de mediaciones soportado por el libro impreso sobre papel y esta pervivencia dependerá a su vez del resultado de una disputa por el tiempo y la atención de los lectores.]]></summary>
    <author>
        <name>Antonio Ramírez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/antonio-ramirez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/antonio-ramirez/"><![CDATA[&iquest;Es posible imaginar una nueva librer&iacute;a en los tiempos que corren?<br />
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Parece una tarea ingenua y no menos que imposible. Todos los indicadores parecen se&ntilde;alar en una direcci&oacute;n contraria: los lectores, incluso los muy buenos lectores, dedican cada vez m&aacute;s tiempo y atenci&oacute;n a lo digital -no s&oacute;lo a la lectura de ebooks, sino sobretodo de Twitters, p&aacute;ginas de Facebook, blogs, webs, etc-; el comercio electr&oacute;nico se ha impuesto como el paradigma contempor&aacute;neo del acceso inmediato a un universo de mercanc&iacute;as sin l&iacute;mites; la circulaci&oacute;n de contenidos culturales se afianza sobre unos vectores del todo ajenos a la edici&oacute;n en papel -desmaterializaci&oacute;n, desintermediaci&oacute;n, inmediatez, deslocalizaci&oacute;n y gratuidad. &iquest;Podemos encontrar un lugar para la librer&iacute;a futura? <br />
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Tal vez s&oacute;lo sea posible si precisamente nos situamos en su dimensi&oacute;n irremplazable: la densidad cultural que encierra la materialidad del libro de papel; mejor dicho, pensando la librer&iacute;a como el espacio real para el encuentro efectivo de personas de carne y hueso con objetos materiales dotados de un aspecto singular, de un peso y una forma &uacute;nica, en un momento preciso. <br />
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As&iacute; planteada, la pregunta se convierte en c&oacute;mo expandir tanto como sea posible la densidad cultural y social de este "cot&eacute;" f&iacute;sico irremplazable. En nuestro caso, hemos intentado responder trazando una doble estrategia que comprende, por una parte, el dise&ntilde;o del espacio y el tratamiento f&iacute;sico de los libros, por otra, el aspecto social, la acogida y la interacci&oacute;n con el p&uacute;blico lector; destacamos algunas ideas fundamentales:<br />
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<ol><li><strong>Una arquitectura para el placer y la emoci&oacute;n</strong>. Antes que una necesidad, hoy comprar un libro es sobre todo un placer; la librer&iacute;a no es ya una ventana para acceder a la informaci&oacute;n sino m&aacute;s bien una caja de resonancia para la evocaci&oacute;n, no es tanto un espacio de conocimiento propiamente dicho como de re-conocimiento y re-creaci&oacute;n; elegir una nueva lectura es un instante placentero en el que el lector deja actuar a la memoria y a la imaginaci&oacute;n. La arquitectura y el dise&ntilde;o del espacio en el que este instante transcurre deben estar completamente a su servicio. El lector debe poder construir de manera espont&aacute;nea y no dirigida una relaci&oacute;n afectiva con la librer&iacute;a como entorno f&iacute;sico. Si el libro no es un mero contenedor de textos, sino sobre todo una forma viva, debemos pensar la librer&iacute;a como un gran escenario y entender el trabajo del librero como el de un core&oacute;grafo volcado en la organizaci&oacute;n de formas que fluyen, una danza capaz de provocar emociones.</li><br />
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<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-17-callaopatio.jpg"><img alt="2012-09-17-callaopatio.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-17-callaopatio-thumb.jpg" width="570" height="427" /></a><br><small>Patio de La Central Callado</small>.</center><br />
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<li><strong>El libro como objeto simb&oacute;lico</strong>. Las mesas, estanter&iacute;as y expositores deben estar al servicio de los aspectos formales del libro; deben desaparecer y, como pedestales mudos, permitir el despliegue de la ret&oacute;rica formal inscrita en el libro. Cualquier obst&aacute;culo debe ser suprimido, cualquier "ruido" ambiental eliminado: s&oacute;lo debe escucharse la voz tranquila del libro que se explica a s&iacute; mismo vali&eacute;ndose de su portada, su tipograf&iacute;a, sus ilustraciones. </li><br />
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<li><strong>Las buenas vecindades</strong>. La selecci&oacute;n es la primera arma del librero. Y ello no s&oacute;lo significa saber elegir algunas novedades en detrimento de otras; sobre todo significa: jerarquizar, ordenar, hacer visible un criterio, mostrar sin tampoco decir, sin obligarse a hacer expl&iacute;citas las razones de una determinada selecci&oacute;n. La composici&oacute;n de las mesas es la herramienta principal para el librero que se propone propiciar el encuentro no con el libro que el lector buscaba antes de entrar en la librer&iacute;a sino justamente con su vecino inesperado.  </li><br />
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<li><strong>La ciudad</strong>. La organizaci&oacute;n de los espacios de una librer&iacute;a debe estar guiada por una coherencia muy especial: como celdas de una colmena, cada zona debe albergar temas y &aacute;mbitos, dispuestos en una secuencia l&oacute;gica, respetando la gram&aacute;tica expositiva propia de cada g&eacute;nero, para que el lector pueda moverse entre ellas de una manera natural, dej&aacute;ndose guiar por su curiosidad. Pero m&aacute;s que a un casillero de clasificaci&oacute;n, una librer&iacute;a debe parecerse a una ciudad con sus plazas, cruces de avenidas, parques, callejuelas y bulevares; tanto mejor si se parece m&aacute;s a una ciudad mediterr&aacute;nea -irregular y asim&eacute;trica, algo descuidada y azarosa- que a un "nuevo" barrio sovi&eacute;tico -uniforme, funcional y previsible. En todo caso una ciudad que no precise un mapa, que invite al visitante a perderse en ella; el librero no ser&aacute; el gu&iacute;a que le se&ntilde;ale el camino m&aacute;s corto, sino justo todo lo contrario, el alcahueta que le induce al extrav&iacute;o.</li><br />
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<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-17-callaoplanta01.jpg"><img alt="2012-09-17-callaoplanta01.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-17-callaoplanta01-thumb.jpg" width="570" height="427" /></a><br><small>Primer planta de La Central Callado</small>.</center><br />
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<li><strong>Meteorolog&iacute;a</strong>. Si los l&iacute;mites entre los &aacute;mbitos de inter&eacute;s de un lector tienen la estabilidad de las nubes, un librero debe ser como un metere&oacute;logo: capaz de anticiparse y reconocer cuando las nubes se juntan y forman cumulonimbos, debe identificar as&iacute; las posibles "unidades tem&aacute;ticas de inter&eacute;s", relativamente estables y predecibles, adivinar sus contornos a&uacute;n asumiendo el riesgo de equivocarse, y en cuanto se ha reconocido una figura, comenzar a adivinar sus mutaciones.    </li><br />
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<li><strong>El mediador</strong>. A nuestro juicio, el librero debe ser ante todo un "hiper-lector"; "hiper" (del sufijo griego "uper", que siginifica tanto "m&aacute;s all&aacute; de" como "en relaci&oacute;n a"), no en el sentido de cantidad, no nos referimos tanto a que deba ser alguien que lea "mucho", sino ante todo alguien capaz de crear v&iacute;nculos y de establecer relaciones; la suya no es una lectura hermen&eacute;utica, nunca emitir&aacute; juicios a la manera de los cr&iacute;ticos literarios o los profesores universitarios; lejos de ser un constructor de c&aacute;nones, lo propio del librero es su capacidad para asociar lecturas, para proponer la continuidad entre textos en apariencia distantes, para crear familiaridades entre t&iacute;tulos que no pueden ser formuladas de otra manera, para mostrar jerarqu&iacute;as que s&oacute;lo pueden sugerirse. La materia prima de su trabajo est&aacute; compuesta de una peculiar s&iacute;ntesis entre su personal experiencia lectora y su sensibilidad respecto a la materialidad del libro: su tarea es moldear una paisaje, contar una historia a partir de los nombres, los t&iacute;tulos, los formatos, las ilustraciones, los colores y los s&iacute;mbolos editoriales; debe hacer todo ello comprensible para los lectores atentos usando como lenguaje, m&aacute;s que la palabra, las peculiaridades de la forma del libro.  </li><br />
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<li><strong>La convivialidad</strong>. Si la librer&iacute;a debe ser un lugar de encuentro no puede escatimar recursos para intentar situarse en el centro del flujo de voces m&uacute;ltiples que siempre acompa&ntilde;a a la lectura, justo en el medio del conjunto de rituales ef&iacute;meros que los lectores comparten entre s&iacute;. Un restaurante, una cafeter&iacute;a siempre resulta un complemento ideal para lograr que los lectores tengan la certeza de que, m&aacute;s all&aacute; de la simple venta de libros, en la librer&iacute;a ocurren muchas otras cosas que le conciernen.  </li></ol><br />
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<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-17-Infantil.JPG"><img alt="2012-09-17-Infantil.JPG" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-17-Infantil-thumb.JPG" width="570" height="425" /></a><br><small>Secci&oacute;n infantil en La Central Callao</small>.</center><br />
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Decimos que la estrategia para la librer&iacute;a que viene debe apoyarse sobre la condici&oacute;n material del libro de papel; pero esto no significa que preveamos un futuro di&aacute;fano. Nuestro futuro est&aacute; ligado a la pervivencia del sistema de mediaciones soportado por el libro impreso sobre papel y esta pervivencia depender&aacute; a su vez del resultado de una disputa por el tiempo y la atenci&oacute;n de los lectores. No debemos escatimar esfuerzos all&iacute; donde a&uacute;n somos fuertes: en el entramado de v&iacute;nculos sociales y simb&oacute;licos que a&uacute;n hoy se concentran en torno al libro de papel.<br />
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Antonio Ram&iacute;rez<br />
Barcelona, septiembre de 2012]]></content>
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