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  <title>Eduardo Verdú</title>
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  <updated>2013-05-19T01:28:34-04:00</updated>
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    <name>Eduardo Verdú</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Eduardo Verdú</subtitle>
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    <title>¡Qué cucada!</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2660976</id>
    <published>2013-02-16T04:10:10-05:00</published>
    <updated>2013-04-17T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Nos invade un ejército de mujeres blandiendo el estandarte de lo "mono". Cientos de páginas webs y blogs confeccionados en colores lavados y con una dulce caligrafía venden productos y ofrecen talleres para ingresar dentro del universo de lo cute.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Nos invade un ej&eacute;rcito de mujeres blandiendo el estandarte de lo "mono". Cientos de p&aacute;ginas webs y blogs confeccionados en colores lavados y con una dulce caligraf&iacute;a venden productos y ofrecen talleres para ingresar dentro del universo de lo <em>cute</em>.<br />
<br />
Gran parte de las chicas j&oacute;venes padece una imparable fiebre por las frases bonitas. Los muros de Facebook son empapelados con esl&oacute;ganes de autoayuda, de afirmaci&oacute;n o de optimismo escritos con armoniosos caracteres: "Si puedes so&ntilde;arlo, puedes hacerlo", "Hoy es un buen d&iacute;a para sonre&iacute;r", "Lo &uacute;nico imposible es aquello que no intentas", "Hoy voy a conseguir todo lo que me proponga", "Para alcanzar algo que nunca has tenido, tendr&aacute;s que hacer algo que nunca hiciste". <br />
<br />
Encontrar en dos l&iacute;neas una bocanada de confort, de aliento o de fuerza es la ambici&oacute;n de muchas mujeres. Estas simples aseveraciones se estampan en tazas de desayuno, en l&aacute;minas enmarcadas, en bolsas de papel o de tela a la venta en p&aacute;ginas como <a href="http://mrwonderfulshop.bigcartel.com/" target="_hplink">Mr. Wonderful Shop</a> o <a href="http://deli-papel.blogspot.com.es/" target="_hplink">Delipapel</a> (un escaparate de lindas manualidades). Espacios en Internet abanderados de un movimiento creciente basado en la sencillez, la creatividad y la fantas&iacute;a, es decir, en el perdido mundo infantil que, al parecer, muchas chicas ans&iacute;an recobrar al entrar en la treintena y, especialmente, en la maternidad. <br />
<br />
Quiz&aacute; el suplemento de responsabilidades adquirido con un ni&ntilde;o, y con ello la renuncia a muchas aspiraciones profesionales y vitales, lanza a numerosas chicas a este para&iacute;so de romanticismo e invenci&oacute;n. Pero a esa desasosegante sensaci&oacute;n de ingreso irrevocable en la madurez se suma al mismo tiempo la inauguraci&oacute;n de un territorio de sue&ntilde;o y gozo, de figuraci&oacute;n e ilusionismo representado en el hijo peque&ntilde;o. Y es posible que atra&iacute;das por esa puerta filial a una dimensi&oacute;n de ternura y suavidad, una nutrida porci&oacute;n de mujeres se entregue a los proliferantes cursos de "Iniciaci&oacute;n al fieltro", de macram&eacute;, a talleres para aprender a elaborar guirnaldas o tarjetas "chulas" de invitaci&oacute;n a cumplea&ntilde;os, <em>baby showers</em> o bautizos. <br />
<br />
Est&aacute;n en boga las manualidades. Cobra un inmenso valor la originalidad, la manofactura, el ingrediente de cari&ntilde;o otorgado a los objetos confeccionados por una misma como macetas o manteles. Siempre bajo la premisa de crear algo cuco y especial. La exclusividad y ese car&aacute;cter casi sobrenatural de la unicidad es claramente propio de un para&iacute;so infantil donde muchas mujeres creen que reside la felicidad perdida. A&uacute;n conf&iacute;an en refugiarse, en ocasiones a trav&eacute;s del <em>medium</em> de sus ni&ntilde;os peque&ntilde;os, en un oasis de ingenuidad y verdad, de armon&iacute;a y paz que no encuentran en el mundo real manchado por la rutina, las convenciones, las obligaciones y, por qu&eacute; no, los hombres.<br />
<br />
El lenguaje que emplean esas chicas para comunicarse en los blogs o para presentar sus p&aacute;ginas web delatan esa complicidad pueril: "Libreta con superpoderes para que las recetas salgan igual que las de mi madre" reza la portada de un block en venta en Mr. Wonderful. "Ya termina la semana y mi beb&eacute; cumple una semana m&aacute;s en mi tripota (....&iexcl;&iexcl;&iexcl;&iexcl;Bien!!!! Lo vamos consiguiendo!!!!)", dice el blog de Delipapel, web que vende cajas, sellos y tarjetas en forma de coraz&oacute;n (entre muchas otras moner&iacute;as) y que recibe de este modo al visitante: "Bienvenidos a nuestro blog, donde encontrar&aacute;s un poco de todo: manualidades, sorteos, punto, telas, detalles, tutoriales, flores, recetas, decoraci&oacute;n,... todo hecho con much&iacute;simo cari&ntilde;o para que con pocas cositas cada d&iacute;a sea un poco m&aacute;s especial... &uacute;nico". El blog <a href="http://sweetcottonthreads.blogspot.com.es/" target="_hplink">Sweet Cotton</a>, que explica c&oacute;mo hacer diferentes tipos de trenza, dice as&iacute; en su &uacute;ltimo post: "El invierno nos ha llegado casi de 'sopet&oacute;n' este fin de semana. Yo ya he sacado mi s&uacute;perabrigo calentito preferido, que aqu&iacute; en el norte el fr&iacute;o es muy fr&iacute;o". <br />
<br />
Alma, la chica de 28 a&ntilde;os que ha creado el sitio web <a href="http://www.objetivocupcake.com/" target="_hplink">Objetivo: cupcake perfectos</a>, a parte de confesar que se pas&oacute; toda la infancia queriendo ser Ana de las Tejas Verdes y que sus animales preferidos son las ardillas, explica: "Me gustan todas las cosas bonitas y sin funcionalidad aparente como los papeles de colores o con estampados, el <em>washi tape</em>, las cajitas de cart&oacute;n, las pincitas, los lazos...". El (&iquest;la?) <em>washitape</em> es uno de los objetos de moda dentro de esta "pocho comunidad". Se trata, simplemente, de un celo decorado con infinidad de motivos que estas chicas utilizan, a su vez, para decorar otras cosas que, muchas veces, decoran unas terceras.<br />
<br />
En general, treinta&ntilde;eras que utilizan adjetivos infantiles como "s&uacute;per" y "preferido", un arsenal de diminutivos, alg&uacute;n aumentativo c&oacute;mplice y una redacci&oacute;n &iquest;deliberadamente? c&aacute;ndida. Se ha desatado una imparable pasi&oacute;n por los objetos bellos, por el ornamento, por la personalizaci&oacute;n, por rodearse de un planeta de tonos pastel con los que est&aacute;n pintadas las p&aacute;ginas web de, por ejemplo, <a href="http://blog.studiocuatro.es/" target="_hplink">Studio Cuatro</a> (tienda de chapas, calendarios o cajitas cursis), <a href="http://www.thecraftcakemama.com/web/" target="_hplink">The craftcake mama</a> (quien tiene en su secci&oacute;n "Top Venta" botellitas de leche vintage, blonda blanca de 10 cm y bolsita para galletas autoadhesiva) o <a href="http://www.wikimums.com/" target="_hplink">Wikimums</a>, un espacio virtual que ofrece, entre otras cosas, "planes diferentes y divertidos para hacer con los peques".<br />
<br />
Mientras los hombres hemos sido acusados de inmadurez por nuestra incurable adicci&oacute;n adolescente al f&uacute;tbol, a la cerveza, al porno o a la Play Station; muchas mujeres, sin embargo, tras alcanzar una s&oacute;lida y admirable madurez est&aacute;n regresando de manera visible a una etapa mucho m&aacute;s primaria. Se zambullen hoy en una infancia de merengue y pompones sin reprobaci&oacute;n ni complejos. Nosotros observamos at&oacute;nitos y silenciosos. Dicen, adem&aacute;s, que calladitos estamos m&aacute;s monos.]]></content>
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    <title>No escuches al GPS</title>
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    <published>2013-01-18T04:11:02-05:00</published>
    <updated>2013-03-19T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Lo ideal sería surcar el porvenir sin ninguna voz aleccionándonos desde el salpicadero, desde el púlpito, desde un despacho o desde el otro lado de la mesa del comedor. Pero todos sabemos que es imposible. Tanto como ir a por un amigo a la estación y acabar en Croacia.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[La semana pasada en un pueblecito de B&eacute;lgica, una se&ntilde;ora program&oacute; el GPS para ir a recoger a un amigo a la estaci&oacute;n de Bruselas y <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/01/14/sabine-moreau-la-belga-de_n_2472078.html" target="_hplink">apareci&oacute; sin darse cuenta en Zagreb</a>. Asegura que no se percat&oacute; del fallo del aparato. Confiesa que su intenci&oacute;n era recorrer 150 kil&oacute;metros pero que acab&oacute;, involuntariamente, atravesando Europa. "Estaba distra&iacute;da, as&iacute; que continu&eacute; pisando el acelerador", cont&oacute; la mujer de 67 a&ntilde;os a la polic&iacute;a, quien hab&iacute;a sido alertada de la desaparici&oacute;n por su hijo.<br />
<br />
El caso roza la inverosimilitud. M&aacute;s propio de <a href="http://www.elmundotoday.com/" target="_hplink">El Mundo Today</a> que de <em>El Mundo</em>, donde le&iacute; <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/14/internacional/1358166102.html" target="_hplink">la noticia</a>. Sin embargo, es mucho m&aacute;s real y m&aacute;s grave comprobar c&oacute;mo m&aacute;s de uno transita por la vida guiado por un desliz en el c&aacute;lculo de ruta. Trazamos hace tiempo un objetivo que se ha revelado err&oacute;neo seg&uacute;n se aproximaba. Lo dram&aacute;tico no es haber concebido obtusamente esa meta, sino detectar tarde la desviaci&oacute;n del rumbo. La se&ntilde;ora belga asegura que vio se&ntilde;ales primero en franc&eacute;s y luego en alem&aacute;n y finalmente en croata, pero ignor&oacute; la misteriosa poliglot&iacute;a de los carteles. <br />
<br />
Cu&aacute;ntas veces deso&iacute;mos los consejos de los amigos o los familiares al tomar decisiones, al confeccionar los desaf&iacute;os profesionales, familiares o amorosos. Y no son s&oacute;lo palabras las que deber&iacute;an alertarnos del precipicio, sino las propias muestras de equivocaci&oacute;n salt&aacute;ndonos a la vista como letreros en una autopista. Sin embargo, en ocasiones, tal cual le ocurri&oacute; a la se&ntilde;ora belga, vamos ofuscados. Absortos en los giros m&aacute;s inmediatos, sin levantar la mirada. Ciegos de perspectiva, escuchando la voz aut&oacute;mata de nuestro interior dando &oacute;rdenes como la grabaci&oacute;n del GPS. Por pereza o por un miedo inconfesable a descubrirnos en un p&aacute;ramo vital con dif&iacute;cil retorno o salida, continuamos pisando el acelerador de los d&iacute;as. Dej&aacute;ndonos llevar por la inercia de la rutina, viendo pasar los meses como estaciones de servicio, los a&ntilde;os como alamedas. <br />
<br />
Quiz&aacute; la vida es s&oacute;lo la llama sobre la mecha, no importa a d&oacute;nde se dirija la liebre de fuego. Eso queremos creer. Presintiendo la desorientaci&oacute;n o incapaces de lidiar con la punzante certeza de habernos extraviado en aquel mapa de ilusiones y desaf&iacute;os dibujado en la juventud, seguimos en el mismo trabajo, junto a la misma pareja, esperando otro ni&ntilde;o. <br />
<br />
Aunque es posible que nuestra incapacidad para frenar y replantearnos el trayecto no se deba al pavor o a la inoperancia. Existen casos de hombres y mujeres dirigi&eacute;ndose inexorablemente al Zagreb de sus vidas de una manera subconscientemente intencionada. Sabiendo, en el fondo, que la l&oacute;gica de su rutina debe acercarles a Bruselas y ser simp&aacute;ticos con el primo de la estaci&oacute;n e insistirle en que se quede en casa y no en un hotel. Pero el dedo, como el vaso sobre la <em>ouija</em>, a veces marca solo los nombres en el Tom-Tom. Es el esp&iacute;ritu del coraz&oacute;n o de la demencia quien nos gu&iacute;a a trav&eacute;s de un continente helado. Y no cuentan los r&oacute;tulos luminosos, ni las recomendaciones de los gasolineros, ni siquiera la voz ronca de la raz&oacute;n. Continuamos conduciendo por la autov&iacute;a fallida convirti&eacute;ndola en acertada a cada kil&oacute;metro, la id&oacute;nea por ser la &uacute;nica, por ser la nuestra. <br />
<br />
<center><img alt="la gazette" src="http://i.huffpost.com/gen/940420/thumbs/o-LA-GAZETTE-570.jpg?6" /><br><small>La belga Sabine Moreau. Foto: LAGAZZETTE.BE</small></center><br />
<br />
<br />
La se&ntilde;ora se llama Sabine Moreau y en la foto del <em>Daily Mail</em> aparece con una boina ladeada y un pa&ntilde;uelo colorido rode&aacute;ndole el cuello. Pero son las gafas, la mirada imprecisa y sobre todo el horroroso chaleco impermeable naranja con forro caqui lo que dan a entender que no est&aacute; en plena posesi&oacute;n de sus facultades. Condujo 1.450 kil&oacute;metros durante casi dos d&iacute;as. Par&oacute; en dos ocasiones a repostar y en una a dormir durante unas horas dentro del veh&iacute;culo. Quiz&aacute; aquel sue&ntilde;o nunca se pareci&oacute; al de su cama. Involuntariamente (o tal vez no tanto) vivi&oacute; una aventura. Normalmente las br&uacute;julas y los mapas restan excitaci&oacute;n e improvisi&oacute;n al camino. Ella, sin embargo, hizo un gran viaje porque "alguien" la capitaneaba. <br />
<br />
Nos falta, en ocasiones, determinaci&oacute;n y arrojo para salirnos del carril. S&oacute;lo se descubren nuevos confines si se explora, si se arriesga. La novedad enriquece. La sorpresa escalofr&iacute;a. Ya hay algo ganado cuando apostamos por la ruptura, por la primicia. Si no estamos del todo contentos con nuestro sabido circuito del autocross diario, intentemos un desv&iacute;o. <br />
<br />
No s&oacute;lo deber&iacute;amos, pues, revisar el destino de nuestros GPS vitales, sino desprendernos de ellos. Lo ideal ser&iacute;a surcar el porvenir sin ninguna voz aleccion&aacute;ndonos desde el salpicadero, desde el p&uacute;lpito, desde un despacho o desde el otro lado de la mesa del comedor. Pero todos sabemos que es imposible. Tanto como ir a por un amigo a la estaci&oacute;n y acabar en Croacia.]]></content>
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    <title>¡No quiero más!</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2409324</id>
    <published>2013-01-08T02:01:52-05:00</published>
    <updated>2013-03-09T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Hemos llegado al límite. Ahora estamos sobredoseados. Es insoportable una ración añadida de bífidus activos, de escalofríos, de promesas de crecimiento vital. Muchos estamos desbordados, incapaces de gestionar los SMS de regalo, los muñecos del happy meal y las bondades interminables de los tampax.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[&iquest;Por qu&eacute; querr&iacute;a sentir m&aacute;s, tener m&aacute;s, ser m&aacute;s? No ans&iacute;o m&aacute;s fruta en el yogurt, m&aacute;s aroma en el caf&eacute;, ni un tono m&aacute;s blanco; y cuando compro un coche no quiero m&aacute;s que un coche y cuando compro una crema no quiero m&aacute;s que una crema y ni nada m&aacute;s que un helado si me compro un Magnum. <br />
<br />
En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos sido abrumados por el reclamo publicitario del "m&aacute;s". Las compa&ntilde;&iacute;as utilizan esta palabra para ofertarnos todo tipo de productos, para multiplicar sus cualidades o, simplemente, la raci&oacute;n de &eacute;stos. El incremento de la dosis se ha convertido en una efectiva estrategia de marketing en estos tiempos de crisis.<br />
<br />
Atr&aacute;s qued&oacute; el t&eacute;rmino "nuevo" en los esl&oacute;ganes. En los a&ntilde;os setenta y ochenta, e incluso a principios de los noventa, la primicia vend&iacute;a. En una Espa&ntilde;a recientemente abierta a Europa y al mundo, moderniz&aacute;ndose y poni&eacute;ndose al d&iacute;a tanto en cosm&eacute;tica como en planes de inversi&oacute;n, la vanguardia resultaba un cebo indiscutible. Ansiosos de modernizaci&oacute;n, viajando como nunca al extranjero, asom&aacute;ndonos a otros mercados a trav&eacute;s de la televisi&oacute;n parab&oacute;lica, dese&aacute;bamos incorporarnos a una in&eacute;dita y globalizada dimensi&oacute;n abierta definitivamente, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, gracias a Internet.<br />
<br />
Y esa saturaci&oacute;n de estrenos produjo un efecto rebote. El consumidor empez&oacute; a sentir anhelo por lo tradicional, por lo conocido, por los objetos y las sensaciones de un mundo no tan lejano pero pr&aacute;cticamente perdido en una flamante y esp&iacute;dica realidad de pantallas planas y artefactos silenciosos. Fue entonces cuando despert&oacute; el gusto por el <em>revival</em>, por lo <em>vintage</em>. Y las marcas incorporaron la palabra "aut&eacute;ntico", "cl&aacute;sico" y "real" a sus <em>jingles</em> y esl&oacute;ganes. La primera d&eacute;cada del siglo XXI se ha caracterizado por la querencia hacia formas obsoletas pero amadas como los discos de vinilo, las c&aacute;maras Polaroid, las motos de &eacute;poca o el sombrero. <br />
<br />
Pero lleg&oacute; la crisis. Arreciaron las bajadas salariales, los despidos y la desaparici&oacute;n de subvenciones, ayudas y becas entre muchos otros cataclismos. Es decir, todo ha ido a menos. Hemos perdido calidad de vida, seguridad, esperanza. Nos sentimos estafados, robados por los pol&iacute;ticos, por los bancos, por las petroleras. Y en este momento de penurias, padeciendo este desfalco econ&oacute;mico y emocional, las marcas pretenden atraernos ofreci&eacute;ndonos "m&aacute;s". Mientas el mundo nos da menos, Nestl&eacute;, Citro&euml;n o Canon hacen todo lo contrario.<br />
<br />
En el &uacute;ltimo a&ntilde;o y medio, seg&uacute;n la revista alemana <em>SZ Magazin</em>, "M&aacute;s" ha sido la tercera palabra m&aacute;s usada en esl&oacute;ganes publicitarios por detr&aacute;s de "Nosotros" y "Vida". En 2011 Skip nos vend&iacute;a "M&aacute;s agentes activos. Mayor poder de limpieza". Listerine dec&iacute;a: "Limpieza m&aacute;s explosiva en tu boca", Orange rezaba: "Disfruta de m&aacute;s por menos" y Nestl&eacute;: "M&aacute;s copos de chocolate en Fitness chocolate". Tambi&eacute;n le&iacute;amos que "Cuando vienes a McDonald's, te llevas mucho m&aacute;s". Marcas volcadas en ofrecer un extra de producto como se&ntilde;uelo. Aumentar la dosis parec&iacute;a la mejor f&oacute;rmula para seducir a un consumidor econ&oacute;micamente mermado. Pero algunas empresas no se contentaban con multiplicar la cantidad, sino que aseguraban que su producto no era s&oacute;lo un producto en s&iacute;: "Arranca algo m&aacute;s que un coche" (Ford Focus); "M&aacute;s que una galleta" (Chiquil&iacute;n) y "T&eacute; y mucho m&aacute;s" (Lipton). Pero... &iquest;Qu&eacute; nos estaban ofreciendo a parte de un coche, un desayuno y una infusi&oacute;n? En realidad no importaba, s&oacute;lo contaba nuestra ansia por recibir un suplemento en tiempos de recortes.<br />
<br />
Pero existe una tercera dimensi&oacute;n, no s&oacute;lo se puede ofertar m&aacute;s cantidad y un producto que es m&aacute;s que un producto, sino hacer que el comprador sea m&aacute;s: "Ning&uacute;n chocolate te har&aacute; sentir m&aacute;s" (Nestl&eacute; Gold), "Disfruta m&aacute;s de la vida" (Renault Clio) y "Compartida, la vida es m&aacute;s" (MoviStar). Estos son s&oacute;lo esl&oacute;ganes de 2011 pero el a&ntilde;o pasado se repiti&oacute; la misma f&oacute;rmula: "M&aacute;s cuerpo, m&aacute;s crema" (L'Ar&ocirc;me Espresso), "M&aacute;s sobre, m&aacute;s sopa" (Gallina Blanca), "El poder para acercarte m&aacute;s" (Canon), "M&aacute;s que un caf&eacute;" (Capuccino), "Simply more" (Fiat), "Atr&eacute;vete a sentir m&aacute;s" (Nestl&eacute;) y "La vida puede ser mucho m&aacute;s divertida" (Citro&euml;n C3).<br />
<br />
Hemos llegado al l&iacute;mite. Ahora estamos sobredoseados. Es insoportable una raci&oacute;n a&ntilde;adida de b&iacute;fidus activos, de escalofr&iacute;os, de promesas de crecimiento vital. Muchos estamos desbordados, incapaces de gestionar los SMS de regalo, los mu&ntilde;ecos del happy meal y las bondades interminables de los tampax. Est&aacute; dejando de funcionar la t&aacute;ctica del extra. Por eso estas navidades cuando el Ayuntamiento de Madrid ha escogido como lema: "Madrid es m&aacute;s Navidad" para promocionar la agenda cultural y de ocio de la ciudad, algunos hemos explotado. En realidad s&oacute;lo buscamos la dosis justa de Navidad y de blanqueador dent&iacute;frico y de emoci&oacute;n al hacer la colada. Ya no se trata &uacute;nicamente de sentirnos estafados al descubrir que dentro del cart&oacute;n de cereales o de la oferta de una aerol&iacute;nea no se esconde una erupci&oacute;n de placer, sino que ya ni siquiera deseamos que se produzca. <br />
<br />
S&oacute;lo pedimos nuestra peque&ntilde;a parcela de felicidad, la de siempre. &Uacute;nicamente suspiramos por recuperar el pasado y el futuro robados. Anhelamos volver a identificarnos con nuestras vidas, solventar esta sensaci&oacute;n de provisionalidad, de estado de sitio, reestablecer el rumbo o dibujar definitivamente uno nuevo. No pretendemos un alud de optimismo, ni siquiera un suplemento puntual de entusiasmo escondido en el rosc&oacute;n. No queremos m&aacute;s, pero tampoco tener cada vez menos. S&oacute;lo queremos volver a ser nosotros mismos. Ese es nuestro eslogan.]]></content>
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    <title>Súbete a la cuerda floja</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/eduardo-verdu/subete-a-la-cuerda-floja_b_1957620.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1957620</id>
    <published>2012-10-18T04:04:55-04:00</published>
    <updated>2012-12-17T05:12:02-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[La economía de medios y la posibilidad de practicar la cinta elástica casi en cualquier lugar al aire libre lo que convierten al slackline en el perfecto deporte anticrisis. Para empezar, sus practicantes aseguran que el secreto está en la concentración.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Acostumbrados a vivir en la cuerda floja, hemos hecho de ese v&eacute;rtigo un deporte. Est&aacute; imponi&eacute;ndose en Espa&ntilde;a la moda del <em>slackline</em>, consistente en hacer equilibrio y piruetas sobre una cinta de nylon semi el&aacute;stica tensada a poca distancia del suelo. En los parques, en las playas, incluso sobre las piscinas, bastan dos anclajes s&oacute;lidos desde los que trazar una l&iacute;nea que actuar&aacute; como trampol&iacute;n para descorchar saltos, piruetas y escorzos siempre evitando una ca&iacute;da que no es tal pues la tierra aguarda a apenas un metro.<br />
<br />
Los practicantes de este nuevo juego suelen ser j&oacute;venes que disfrutan de una actividad barata e imaginativa. Un flamante deporte en Espa&ntilde;a que, sin embargo, ya cuenta con una federaci&oacute;n mundial desde hace dos a&ntilde;os. Su popularidad es tal en Estados Unidos que en el descanso de la &uacute;ltima <em>Super Bowl</em> y <a href="http://youtu.be/W795W63n7mA?t=4m21s" target="_hplink">durante la actuaci&oacute;n de Madonna, un tal Andy Lewis realiz&oacute; sus acrobacias sobre la slackline ante una audiencia mundial de 114 millones de personas.</a><br />
<br />
Pero no es s&oacute;lo la econom&iacute;a de medios y la posibilidad de practicar la cinta el&aacute;stica casi en cualquier lugar al aire libre lo que convierten al <em>slackline</em> en el perfecto deporte anticrisis. Para empezar, sus practicantes aseguran que el secreto est&aacute; en la concentraci&oacute;n. "Si vienes al parque desde casa o desde el trabajo y traes contigo alg&uacute;n problema el rendimiento no ser&aacute; el mismo, &eacute;ste es un deporte que conjuga muy bien el binomio cuerpo-mente", explica Pau, un chico de 22 a&ntilde;os de Tarragona que desaf&iacute;a a la gravedad y al equilibrio en el Parc de la Ciutat de Tarragona. <br />
<br />
Hoy no hay una actividad m&aacute;s codiciada que aquella que fulmina las preocupaciones, los miedos, que ahuyenta los demonios. Un deporte que act&uacute;a como narc&oacute;tico, como una droga evasiva de la realidad, de la penosa rutina hachada por los despidos, las hipotecas y el gas de la depresi&oacute;n. Ese es el h&aacute;bito triunfante y demandado. Los chavales hostigados por trabajos infrarremunerados, por pr&aacute;cticas gratuitas y, por su puesto, por el paro, hayan su cloroformo vital sobre una cuerda en suspensi&oacute;n. <br />
<br />
Sin embargo, a la vez sienten que su vida real est&aacute; relacionada con esa otra dimensi&oacute;n equilibrista, porque su d&iacute;a a d&iacute;a se balancea precisamente all&iacute;, en la cuerda floja, al l&iacute;mite, flotando en la incertidumbre. No saben qu&eacute; ser&aacute; de ellos ma&ntilde;ana, a d&oacute;nde virar&aacute; su destino. Sobre el slackline se sienten a gusto porque, de una parte, se perciben en un clima de precariedad conocido, pisando un terrero fr&aacute;gil y traicionero. Los adolescentes y veintea&ntilde;eros no conocen aquello que se persegu&iacute;a en la &eacute;poca precrisis: La estabilidad. Su mundo est&aacute; en el aire, han de hacer equilibrio con el dinero y con las ilusiones, son aut&eacute;nticos funambulistas de la vida. <br />
<br />
Por otro lado, sobre la cuerda vencida como un gr&aacute;fico del <em>Dow Jones</em> se desprenden de sus pesares reales para inaugurar un nuevo mundo, una nueva realidad que precisa de toda su atenci&oacute;n, de su total entrega f&iacute;sica y psicol&oacute;gica. All&iacute; se sienten con control, totalmente dependientes de s&iacute; mismos, responsables de sus propias acciones, merecedores de las recompensas obtenidas y de las consecuencias de sus errores. Ellos son los verdaderos due&ntilde;os de su actuaci&oacute;n, sin obedecer &oacute;rdenes de ning&uacute;n jefe ni ning&uacute;n ERE. En la cuerda los chavales son los aut&eacute;nticos protagonistas de un planeta donde precisamente tambi&eacute;n se vive al l&iacute;mite, donde prima la imaginaci&oacute;n y el riesgo, la improvisaci&oacute;n y el asombro. Quiz&aacute; los j&oacute;venes no tienen argumentos, recuerdos o anhelos para so&ntilde;ar con un estado mental y de bienestar s&oacute;lido y calmo.<br />
<br />
El <em>slackline</em> se ha diversificado en muchas modalidades desde que lo crearon dos aficionados a la escalada en una universidad de Washington en 1979. Una de las m&aacute;s llamativas es el <em>YogaSlacking</em> o <em>Slacksana</em>. Se trata de reproducir las posturas tradicionales del yoga sobre la cinta en suspensi&oacute;n. As&iacute; se desarrolla la concentraci&oacute;n, el equilibrio, la fuerza, la respiraci&oacute;n, la flexibilidad y la confianza en uno mismo. Hace ya siete a&ntilde;os que miles de personas en todo el mundo se apuntan a esta modalidad de yoga, como otras tantas han optado por la tambi&eacute;n pujante versi&oacute;n del bikram yoga (b&aacute;sicamente, yoga en salas a 40 grados).<br />
<br />
Pero con el <em>slackline yoga</em> ya no se trata s&oacute;lo de liberar la mente. El desaf&iacute;o no consiste &uacute;nicamente en viajar a un lugar blanco y perfecto, silencioso y en paz. El reto es aprender a vivir en relajaci&oacute;n sobre el alambre, a hallar la serenidad en el caos, la descanso en el siroco, la confortabilidad en la trinchera. El slackline no es realmente un ejercicio de hu&iacute;da sino de aprendizaje, no potencia la evasi&oacute;n sino la superaci&oacute;n de las adversidades convirtiendo los obst&aacute;culos en una met&aacute;fora, en un juego. En el peor de los casos, cuando practicas slackline y pierdes la concentraci&oacute;n y el equilibrio, s&oacute;lo te estrellas contra la dura realidad.]]></content>
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    <title>¿Y no vas al gimnasio?</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/eduardo-verdu/y-no-vas-al-gimnasio_b_1909507.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1909507</id>
    <published>2012-09-25T02:06:59-04:00</published>
    <updated>2012-11-24T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[El no-deportista se ha convertido en un espécimen extraño, anticuado, un hombre o una mujer casi despreciables, afeados no sólo por su cuerpo laxo sino por su propia falta de autoestima. El ejercicio ya no es un excéntrico suplemento homeopático o estético.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[&iquest;Qu&eacute; clase de persona eres que no practicas ning&uacute;n deporte? &iquest;no sales a correr? &iquest;no vas a ning&uacute;n gimnasio? El no-deportista se ha convertido en un esp&eacute;cimen extra&ntilde;o, anticuado, un hombre o una mujer casi despreciables, afeados no s&oacute;lo por su cuerpo laxo sino por su propia falta de autoestima. El ejercicio ya no es un exc&eacute;ntrico suplemento homeop&aacute;tico o est&eacute;tico, el <em>fitness</em> no resulta una actividad reservada a vigor&eacute;xicos, metrosexuales o desocupadas amas de casa, sino un ejercicio de higiene muscular y mental. <br />
<br />
El otro d&iacute;a quise visitar una de las sucursales madrile&ntilde;as de la cadena de gimnasios GoFit. En recepci&oacute;n me explicaron que acababa de perder la visita guiada de las ocho y media. Tal es hoy la afluencia a los gimnasios. "Por las tardes aqu&iacute; hay m&aacute;s gente que en el Corte Ingl&eacute;s en rebajas, aunque contamos con tres p&aacute;rquines y aparcacoches" me explic&oacute; la chica del <em>gym</em> cuando, en un impropio arrebato de motivaci&oacute;n, regres&eacute; al d&iacute;a siguiente puntual al tour. <br />
<br />
Seg&uacute;n <a href="http://www.csd.gob.es/" target="_hplink">un estudio del Consejo Superior de Deportes</a>, pr&aacute;cticamente todos los espa&ntilde;oles que hacen ejercicio notan una mejor&iacute;a en su salud y condici&oacute;n f&iacute;sica, se socializan con mayor fluidez, est&aacute;n m&aacute;s motivados en el trabajo y han aumentado su satisfacci&oacute;n personal. La mitad incluso asegura haber reducido el consumo de medicamentos. Pero ahora el IVA en los gimnasios ha subido del 8% al 21%. El a&ntilde;o pasado Portugal increment&oacute; este impuesto siete puntos m&aacute;s que Espa&ntilde;a, restando 100.000 inquilinos los centros de <em>fitness</em>. Queda ahora por ver el impacto en nuestro pa&iacute;s.<br />
<br />
La crisis, sin embargo, ha incentivado el deporte. Los ciclistas son ya un enjambre en aumento, as&iacute; como los <em>runners</em>. Hay f&oacute;rmulas baratas de quemar calor&iacute;as, de vivificar la mente. Los parados disponen de mucho tiempo y libre y, adem&aacute;s, est&aacute;n faltos de la confianza proporcionada por el deporte. Por otro lado, est&aacute;n dispuestos a hacer lo que sea para superar a la competencia en los procesos de selecci&oacute;n de las empresas. Todo el mundo es consciente de que un buen aspecto f&iacute;sico, atractivo y saludable, es un punto a favor en una entrevista de trabajo y ahora no es escatimable ning&uacute;n plus.<br />
<br />
Los gimnasios rondan los 70 euros de media mensual, sin embargo en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os han proliferado nuevas f&oacute;rmulas de negocio para combatir la crisis, como los centros <em>low cost</em>. Estos gimnasios reducen o eliminan la atenci&oacute;n individualizada (el n&uacute;mero de monitores y personal de recepci&oacute;n y a veces hasta de limpieza), algunos no cuentan con clases dirigidas y nada de alquilar toallas. Pero cuestan unos 20 euros al mes. <br />
<br />
El entrenador personal, que tanto se puso de moda en la &eacute;poca pre-Madoff, es hoy un lujo. El <em>personal trainer</em> se suele compartir ahora entre tres o cuatro personas que incluso quedan con &eacute;l a trav&eacute;s de Internet para acudir a alg&uacute;n parque a hacer ejercicios. Los grandes espacios verdes de las ciudades o las playas est&aacute;n poco a poco siendo tomados por escuadrones de deportistas uniformados de Decathlon. La exclusividad, sin embargo, contin&uacute;a siendo una opci&oacute;n en algunos lugares como el gimnasio Performa de Valencia, que dedica enteramente las instalaciones a un solo cliente durante una hora.<br />
<br />
Lo innegable es la multiplicaci&oacute;n de gente prepar&aacute;ndose para maratones o incluso triatlones. Hoy en las oficinas son recurrentes las conversaciones sobre modelos de puls&oacute;metros, sobre tiempos de carrera, sobre marcas de zapatillas o circuitos donde batirse con uno mismo. Porque el deporte es un duelo personal. La satisfacci&oacute;n que proporciona salir de una clase de <em>spinning</em> o parar el crono despu&eacute;s de cuarenta y cinco minutos de footing no est&aacute; relacionada con vencer a ning&uacute;n rival externo, sino al mayor de nuestros enemigos: nosotros mismos. Nos retamos con esa parte de nuestra persona odiosa, con el yo abandonado y vago, con un superyo agrandado por las grasas. <br />
 <br />
Al acudir a un gimnasio o regularizar las salidas a correr, a nadar o a montar en bici, inauguramos una nueva dimensi&oacute;n vital. Una etapa marcada por un novedoso objetivo. El propio ejercicio, basado casi siempre en el sufrimiento, se transforma en una reconfortante batalla interior que se gana cada d&iacute;a, el final de cada entrenamiento y cuya recompensa interior se siente ya en la ducha. No hay nada m&aacute;s desalentador que la deriva. Flotar por los d&iacute;as, por las estaciones, sin motivaciones o faros, sin los peque&ntilde;os desaf&iacute;os diarios, semanales o mensuales que act&uacute;an como balizas dirigi&eacute;ndonos hacia delante. <br />
<br />
Un partido de Champions el mi&eacute;rcoles, una cita con un amor el viernes o un aperitivo con los amigos el domingo por la ma&ntilde;ana son peque&ntilde;as zanahorias que nos mantienen activos desde el lunes. La vida es m&aacute;s grata sintiendo la satisfacci&oacute;n de cumplir prop&oacute;sitos, nos deslizamos por la rutina con menos fricci&oacute;n si somos propulsados por peque&ntilde;as ilusiones establecidas en el calendario como los puntos grandes en las esquinas del laberinto del comecocos. <br />
<br />
El ejercicio nos pone ante un espejo, sobre una b&aacute;scula. Nos encara con nuestra figura, pero tambi&eacute;n con el resto de la gente del gimnasio. No s&oacute;lo se sufre cierto complejo cuando debemos reducir el peso de la m&aacute;quina que acaba de abandonar alguien m&aacute;s gordo o m&aacute;s viejo, sino en los vestuarios. En el &uacute;ltimo a&ntilde;o se ha disparado la demanda de cirug&iacute;a genital, un fen&oacute;meno que los m&eacute;dicos atribuyen a "la cultura del gimnasio". A no ser que seamos aficionados a los locales de <em>swingers</em>, lo l&oacute;gico es que no estemos acostumbrados a desnudarnos ante varios extra&ntilde;os a la vez. Es desconcertante y en ocasiones desalentadora la experiencia de comparar los cuerpos y, especialmente, los sexos. <br />
<br />
El boom de los gimnasios ha llevado a muchos hombres a realizarse un alargamiento o engrosamiento de pene. Pero, sobre todo, han sido las mujeres de entre 25 y 35 a&ntilde;os quienes est&aacute;n pasando por el quir&oacute;fano para remodelarse los labios menores de la vagina, especialmente cuando sobresalen en exceso resultando poco est&eacute;ticos. <br />
<br />
Este es un mes copado de valerosos prop&oacute;sitos, de planes de mejor&iacute;a y superaci&oacute;n. Y aunque no vayamos a hacernos un lifting sexual, aunque no logremos un ascenso ni dejar del todo de fumar, a pesar de que haya un mont&oacute;n de aspiraciones que nunca alcanzaremos, s&iacute; podemos empezar a correr detr&aacute;s de nosotros mismos.]]></content>
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    <title>España para toda la familia</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/eduardo-verdu/espana-para-toda-la-famil_b_1648495.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1648495</id>
    <published>2012-07-04T05:21:44-04:00</published>
    <updated>2012-09-03T05:12:07-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
Es fácil despertar el patriotismo y hacer equipo al lado de los hombres de Del Bosque.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Espa&ntilde;a venci&oacute; en una batalla &eacute;pica por la supremac&iacute;a del continente. En <a href="http://www.huffingtonpost.es/2012/07/01/en-directo-espana-italia_n_1641311.html?utm_hp_ref=es-deportes" target="_hplink">un duelo</a> donde dos jugadores italianos cayeron lesionados, en una contienda a gloria o desolaci&oacute;n, Espa&ntilde;a se qued&oacute; con el metal y su rival con el mar de las l&aacute;grimas. Casillas y sus 22 escuderos ara&ntilde;ados de cicatrices de barro y sangre gritaron finalmente euf&oacute;ricos al cielo de Kiev. Los azules, desde abajo, contemplaban abatidos el espejo de su derrota. Al instante siguiente el campo se llen&oacute; de ni&ntilde;os rubios jugando con confeti.<br />
<br />
La grandeza heroica de una gran final, el simulacro de guerra que escenifican los equipos sobre el campo de batalla, la musculatura del choque, los ejercicios de estrategia t&aacute;ctica, los miedos, los orgullos, la leyenda en liza, se transform&oacute; s&uacute;bitamente en otra pel&iacute;cula. Los duros combatientes con cintas en el pelo, clavos en los pies y aroma a sudor y linimento se convirtieron, nada m&aacute;s bajar del palco, en tiernos padres de familia acariciando a hijos y sobrinos vestidos con sus propias indumentarias b&eacute;licas. Quedaban atr&aacute;s las miradas afiladas y las p&eacute;treas determinaciones. Los soldados hab&iacute;an vuelto a casa (o, mejor dicho, el hogar hab&iacute;a ido a ellos) y, a partir de ese momento, ya s&oacute;lo ver&iacute;amos un espect&aacute;culo para toda la familia.<br />
<br />
La Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola suscita una fluida adhesi&oacute;n. Basta ser espa&ntilde;ol, o ni siquiera, es suficiente ser un inmigrante en Espa&ntilde;a con voluntad de integraci&oacute;n para apoyar a La Roja. Es f&aacute;cil despertar el patriotismo y hacer equipo al lado de los hombres de Del Bosque. En realidad, no es necesario que te guste mucho el f&uacute;tbol. Al fin y al cabo, se trata de una disputa entre Espa&ntilde;a y un desconocido, &iquest;C&oacute;mo no tomar parte en este choque? Sin embargo no funciona igual con los clubes. La pasi&oacute;n por cualquier conjunto de la Liga parece reservada a un tipo de hincha m&aacute;s determinado, m&aacute;s exclusivo. Para empezar, es principalmente hombre. Cuando el Real Madrid o el Barcelona recorren las calles c&eacute;ntricas de sus ciudades portando un trofeo, es complicado ver a miles de ni&ntilde;as peque&ntilde;as o adolescentes, a se&ntilde;oras jubiladas con la cara pintada como las que contemplamos el lunes en Cibeles. <br />
<br />
La mayor&iacute;a del publico que jale&oacute; al autob&uacute;s descapotable de la Selecci&oacute;n no conecta cada domingo el transistor con el coraz&oacute;n acelerado, no va al campo a ver un partido de f&uacute;tbol sobre un c&eacute;sped escarchado. Durante la <a href="http://www.huffingtonpost.es/news/eurocopa-2012" target="_hplink">Eurocopa</a>, frente a la pantalla gigante del Bernab&eacute;u se congregaban sobretodo adolescentes, chicos y much&iacute;simas chicas. La Liga, sin embargo, parece un torneo excesivamente largo y cansino, creado para verdaderos fervorosos del f&uacute;tbol, para fan&aacute;ticos. Aunque quiz&aacute; devotos precisamente de eso, de un deporte, no exclusivamente de un equipo. &iquest;De que es entonces tan fan todo el p&uacute;blico at&iacute;pico que estos d&iacute;as ha alentado a la Selecci&oacute;n? Imagino que, en primer lugar, de la victoria. Los ni&ntilde;os y los muy j&oacute;venes apenas deben de tener memoria de una Espa&ntilde;a sucumbiendo en cuartos. No saben qui&eacute;n es Carde&ntilde;osa, ni qu&eacute; "gol" es el de Michel frente a Brasil, no recuerdan a Eloy tomando carrerilla desde los once metros, ni les viene n&iacute;tidamente la imagen de una axila maldita al o&iacute;r el nombre de Arconada. No les suena de nada un &aacute;rbitro egipcio llamado Al-Ghandour, ni un tal Julio Salinas ante Pagliuca, ni pueden rememorar el viaje sobre el larguero de aquel bal&oacute;n lanzado desde el punto de penalti por Ra&uacute;l. <br />
<br />
La apuesta por la Selecci&oacute;n es natural, es c&oacute;moda la afiliaci&oacute;n a un conjunto de la tierra que se mide contra extranjeros cada dos a&ntilde;os, a una escuadra que parece levantar cada trofeo que le ponen delante. <a href="http://www.huffingtonpost.es/2012/07/01/miles-de-personas-celebra_n_1641835.html?utm_hp_ref=es-deportes" target="_hplink">Esta fiesta roja</a> es para todos los sexos y edades, para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, para ancianos y amas de casa, para el tipo con puro que paga el abono del Racing y para aquel otro que piensa que el central juega en el medio del campo pero que durante el &uacute;ltimo mes colg&oacute; en el balc&oacute;n una bandera roji-gualda. Detr&aacute;s de la Selecci&oacute;n no hay politiqueos, no hay zafios regionalismos, no hay un Mourinho ni un Laporta, no hay un Cristiano o un Alves. En el fondo hay un grupo de buenos chavales comandados por el tipo m&aacute;s entra&ntilde;able de Espa&ntilde;a. La Roja juega y gana para la familia y los clubes lo suelen hacer s&oacute;lo para una parte de ella. As&iacute; que celebremos en compa&ntilde;&iacute;a este triunfo hist&oacute;rico, aprovechemos para cantar, vestirnos de colorado, abrazarnos y brindar todos juntos. Porque luego llegar&aacute; el invierno y los jugadores y los aficionados al f&uacute;tbol nos quedaremos mucho m&aacute;s solos.]]></content>
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    <title>El jaguar contra el escorpión</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1640315</id>
    <published>2012-07-01T03:01:56-04:00</published>
    <updated>2012-08-30T05:12:15-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
A muchos Italia nos parece un conjunto temible pero no admirable, efectivo pero no envidiable, como resultan los verdaderos villanos.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Italia es el rival perfecto, porque es el mal. Si nos hubiese tocado <a href="https://www.google.com/url?q=http://www.huffingtonpost.es/2012/06/28/alemania-italia-la-histor_n_1635505.html&amp;sa=U&amp;ei=A13vT53BCKjF0QWgtqkT&amp;ved=0CAcQFjAB&amp;client=internal-uds-cse&amp;usg=AFQjCNE0iIm7qfFaie8R79upMLxTI6a_tQ" target="_hplink">Alemania</a> en la final habr&iacute;amos concebido ese duelo como un combate entre las dos mejores selecciones del campeonato. En un principio ser&iacute;a una noble liza midiendo a los equipos m&aacute;s s&oacute;lidos y elegantes. El choque, adem&aacute;s, tendr&iacute;a la grandeza de ser una l&iacute;cita revancha de la final de la &uacute;ltima Eurocopa e incluso una posibilidad de vendetta para los teutones tras haberles fulminando del Mundial.<br />
<br />
Sin embargo, a muchos Italia nos parece un conjunto temible pero no admirable, efectivo pero no envidiable, como resultan los verdaderos villanos. El aut&eacute;ntico contendiente ha de ser el opuesto al h&eacute;roe. Espa&ntilde;a es una selecci&oacute;n limpia, ordenada, equilibrada, modestamente campeona. Italia, sin embargo, es ca&oacute;tica y algo cicatera, luchadora y poco est&eacute;tica. La Roja es un jaguar. Italia, un escorpi&oacute;n. <br />
<br />
Sus sospechas de que ama&ntilde;ar&iacute;amos el partido contra Croacia para dejarles fuera de la <a href="http://www.huffingtonpost.es/news/eurocopa-2012" target="_hplink">Eurocopa</a> fue una manera de herirnos pero, quiz&aacute;, tambi&eacute;n de expresar lo que ellos hubieran hecho. O a lo mejor no, no importa, lo trascendente es que gracias a sus declaraciones y a su juego pegajoso, a su fama de ultradefensivos y a las acusaciones de comprar partidos que a&uacute;n sombrean a alguno de sus jugadores, Italia se presenta como el enemigo ideal. Un adversario rencoroso por aquella tanda de penaltis en Viena, un silencioso quebrador de tabiques nasales. <br />
<br />
Espa&ntilde;a no tiene un l&iacute;der claro como, por ejemplo, Portugal. El rostro de nuestra selecci&oacute;n es poli&eacute;drico. Quiz&aacute; Casillas, por ser el m&aacute;s veterano y el capit&aacute;n, es la figura representativa. Pero los porteros no intimidan. Lo hacen los delanteros. En caso de medirnos contra Mario G&oacute;mez en la final, nos estar&iacute;amos retando con el tipo m&aacute;s guapo de la Eurocopa. Es complicado concebir al alem&aacute;n como el malo. Sus antecedentes espa&ntilde;oles reflejados en su nombre lo familiarizan y su flequillo de llama, su quijada altiva y sus ojos claros recuerdan m&aacute;s a un Clark Kent sin gafas que a un Lex Luthor. Pero Italia s&iacute; cuenta con la encarnaci&oacute;n protot&iacute;pica del malvado: Balotelli.<br />
<br />
El italiano se despoj&oacute; de la camiseta tras marcar su segundo gol contra Alemania tensando los m&uacute;sculos del torso y los brazos. La mirada criogenizada. Se qued&oacute; clavado en el c&eacute;sped, hier&aacute;tico y desafiante como un superh&eacute;roe del lado oscuro, imponente y silencioso con su cresta de gremlin perverso. El enemigo tiene que dar miedo. Balotelli daba miedo. Su fama de inestabilidad, su historial de patadas e insultos proferidos a rivales y &aacute;rbitros configuran su perfil de ni&ntilde;o conflictivo y suburbial, de hombre f&iacute;sica y futbol&iacute;sticamente despiadado. El antagonista preciso al que condenar.<br />
<br />
El rival no puede ser tu opuesto, sino tu ant&iacute;tesis. Italia lo es de Espa&ntilde;a, Balotelli lo es de Cesc, de Silva o de Iniesta. A Espa&ntilde;a, que hoy no cuenta con la extra motivaci&oacute;n de la revancha ni con la de conquistar lo jam&aacute;s alcanzado, le puede beneficiar concebir a Italia y a su delantero fieramente loco como al enemigo que gran parte de Europa espera ver por tierra. La <em>azzurra</em> es el p&uacute;gil antip&aacute;tico de esta final. Ni siquiera es aquella Grecia pobre y solidaria, peleona y afortunada que se llev&oacute; la Euro en 2004.<br />
<br />
El f&uacute;tbol es un juego de colores, de estereotipos, es el simulacro de una batalla &eacute;pica, es una met&aacute;fora, la representaci&oacute;n deportiva de ancestrales relatos de luchas entre ideales, de nuevos sue&ntilde;os frente a viejos orgullos. Por eso nada es del todo verdad. Porque si conocemos la historia personal de Balotelli encontramos a un ni&ntilde;o de padres inmigrantes ghaneses que, incapaces de hacerse cargo de un hijo con una importante enfermedad intestinal, tuvieron que darlo en adopci&oacute;n a los tres a&ntilde;os. As&iacute; que Balotelli es, en todo caso, m&aacute;s un Anakin que un Hannibal Lecter. Y la Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola, supongo, es m&aacute;s un Gran H&eacute;roe Americano, incr&eacute;dulo y buscando su estabilidad en el firmamento, que un Superman. Pero lo que s&iacute; ser&aacute;n reales al t&eacute;rmino del partido ser&aacute;n las l&aacute;grimas. Las de plata y las de kriptonita.]]></content>
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    <title>Xabi Alonso, pies de sombra</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1623473</id>
    <published>2012-06-25T05:43:32-04:00</published>
    <updated>2012-08-25T05:12:04-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
El miércoles viviremos un duelo entre la tradición y la modernidad, entre la sobriedad y el glamour.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Xabi Alonso lleva las botas negras. Mientras el resto de la plantilla del Real Madrid y la Selecci&oacute;n calza voluntariamente u obligado por contratos publicitarios zapatillas fluorescentes, el pelirrojo envuelve los pies en sombra. El cuero umbroso y mudo recuerda a la propia piel del animal que una vez past&oacute; por el mismo verde donde campa Xabi.<br />
<br />
Probablemente Alonso vio ese tipo de calzado en su padre Periko y en su hermano mayor Mikel, ambos futbolistas. Las botas cl&aacute;sicas, oscuras, solamente iluminadas por alguna raya blanca y por las briznas de c&eacute;sped prendidas en los tacos y en los cordones como pavesas. El f&uacute;tbol conserva un primitivismo agradecidamente incivilizable. Se juega al aire libre (a excepci&oacute;n de esta <a href="http://www.huffingtonpost.es/news/eurocopa-2012" target="_hplink">Eurocopa</a>, que ha permitido capotar sin raz&oacute;n alg&uacute;n estadio), entre l&iacute;mites de cal y madera. Veintid&oacute;s hombres compiten sin la ayuda de ning&uacute;n artilugio t&eacute;cnicamente sofisticable. Incluso la FIFA a&uacute;n se resiste a introducir la tecnolog&iacute;a para arbitrar ciertas jugadas conflictivas como el gol fantasma.<br />
<br />
La indumentarias se adaptan a la moda y a la evoluci&oacute;n de los tejidos, el bal&oacute;n pas&oacute; de ser de cuero cosido a transformarse en una esfera blanca y negra soldada t&eacute;rmicamente. Pero los futbolistas todav&iacute;a batallan cuerpo a cuerpo, corriendo a la intemperie, luchando durante noventa minutos por ondear una red.<br />
<br />
Xabi Alonso conserva la ra&iacute;z de este deporte. Hoy contin&uacute;a jugando el partido que imagin&oacute; de peque&ntilde;o corriendo por La Concha, viendo en la tele a sus mayores defender los colores de su ciudad. Sigue persiguiendo el sue&ntilde;o de ser futbolista, una fantas&iacute;a gestada en los a&ntilde;os ochenta, cuando jugaban hombres no tan millonarios, no tan famosos, no tan guapos. Por eso Xabi no explota excesivamente su elegante f&iacute;sico de polista (aunque haya cedido a alg&uacute;n anuncio), por eso desatiende los artificios est&eacute;ticos como los tatuajes o los pendientes, como un Bugatti o una novia vedette. <br />
<br />
Y ese amor y respeto por la esencia futbol&iacute;stica, por los tiempos de un deporte m&aacute;s embrutecido pero m&aacute;s sincero, se observa tambi&eacute;n en su f&uacute;tbol. Xabi Alonso mueve el bal&oacute;n con la diligencia ferroviaria con la que transitaba el juego en los a&ntilde;os gloriosos (los sesenta, setenta y ochenta). Sin efectismos comanda al mejor equipo del Siglo XX y a la mejor selecci&oacute;n del XXI. Procurando la practicidad, la soluci&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cil, r&aacute;pida y resolutiva. Huyendo de frivolidades traza l&iacute;neas blancas sobre verde.<br />
<br />
Tanto en el Real Madrid como en la Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola porta el n&uacute;mero 14. Otro homenaje al f&uacute;tbol puro, a Johan Cruyff. El holand&eacute;s luci&oacute; ese dorsal en el Ajax y con su combinado nacional. Desde entonces se ha convertido en una cifra fetiche para muchos jugadores con gusto y memoria como Henry, Guti o Modric (quien adem&aacute;s guarda un asombroso parecido f&iacute;sico con Cruyff). Sin embargo el holand&eacute;s s&iacute; que se entreg&oacute; a la tentaci&oacute;n publicitaria. El viejo Johan fue realmente el primer futbolista en convertirse en una estrella medi&aacute;tica en los setenta. Rod&oacute; numerosos anuncios, estren&oacute; el concepto de imagen de marca hasta el punto de vestir la camiseta de Holanda con dos &uacute;nicas rayas negras en las mangas para no hacer publicidad de Adidas, competencia de Puma, con quien ten&iacute;a un contrato en exclusiva. <br />
<br />
Pero el exclusivo protagonista del <a href="http://www.huffingtonpost.es/2012/06/23/en-directo-espana-francia_n_1621235.html?1340472878" target="_hplink">&uacute;ltimo encuentro de la Selecci&oacute;n</a> fue Xabi Alonso. Anot&oacute; los dos &uacute;nicos tantos, fue nombrado mejor jugador de la contienda y, lo m&aacute;s importante, marc&oacute; los tiempos de un choque sin prisas ni estridencias, sin sensacionalismos ni clarines. Fue el partido de Xabi Alonso, fue un partido como Xabi Alonso. Una cita significativa para el tolosarra por cumplir las cien internacionalidades. Ingresaba as&iacute; en un selecto club de "centenarios" donde, hasta el momento, s&oacute;lo resid&iacute;an cuatro hombres: Casillas (135 veces internacional), Zubizarreta (126), Xavi Hern&aacute;ndez (113) y Ra&uacute;l (102). <br />
<br />
Ahora nos espera Portugal en semifinales, una selecci&oacute;n liderada por un hombre totalmente opuesto a Xabi Alonso, <a href="http://www.huffingtonpost.es/jose-david-lopez/portugal-cristiano-ronaldo-euro-balon_b_1590294.html" target="_hplink">Cristiano Ronaldo</a>. El de Madeira no s&oacute;lo luce los peinados m&aacute;s en boga, protagoniza los anuncios m&aacute;s variados y sale con la modelo m&aacute;s cotizada, sino que su nombre es una marca: CR7. El mi&eacute;rcoles, pues, viviremos un duelo entre la tradici&oacute;n y la modernidad, entre la sobriedad y el glamour, entre un hombre con zapatillas siderales y otro con las botas de su padre.]]></content>
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    <title>Una selección con bigote</title>
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    <published>2012-06-18T10:38:03-04:00</published>
    <updated>2012-08-18T05:12:12-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
Del Bosque por fin es íntegramente de los nuestros, no sólo hasta el final de esta batalla. Ahora, psicológicamente, somos más fuertes.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Pausado, confiado, paciente, ordenado, controlado, sereno, generoso, cuidadoso pero impredeciblemente sonriente. As&iacute; es Vicente Del Bosque, as&iacute; es el juego de Espa&ntilde;a. Se dice que La Roja se asemeja al Bar&ccedil;a, algo que acaba de desmentir Mourinho recordando que militan cinco madridistas en el equipo. Desde luego, los espa&ntilde;oles tampoco tienen el perfil afilado de los merengues. En realidad, el combinado nacional se parece al seleccionador, que acaba de renovar hasta el t&eacute;rmino del pr&oacute;ximo Mundial.<br />
<br />
Conoc&iacute; m&aacute;s de cerca a Del Bosque cuando dirig&iacute;a al Real Madrid. Acud&iacute; a varios entrenamientos y ruedas de prensa donde me sac&oacute; de quicio su ecuanimidad, sus contestaciones protocolarias y predecibles, su tono monocorde y l&aacute;nguido. Cuando fue relevado de mala manera del banquillo blanco en favor de Queiroz, no critiqu&eacute; su salida. Aguard&eacute; expectante las consecuencias del cambio. Florentino quit&oacute; a un tipo con bigote para poner a otro con el nudo de la corbata m&aacute;s elegante de la historia del f&uacute;tbol. El tiempo demostr&oacute; el fatal error. El se&ntilde;or de Salamanca, que acababa de darle dos Copas de Europa al Real Madrid, era mucho mejor mister que aquel portugu&eacute;s con el que se cruz&oacute; hace dos a&ntilde;os en Ciudad del Cabo en octavos de final. Ya saben el desenlace.<br />
<br />
Sin embargo, en la Selecci&oacute;n, Del Bosque encontr&oacute; su sitio. Quiz&aacute; parte de los aficionados blancos a&ntilde;or&aacute;bamos un t&eacute;cnico y, en consecuencia, un equipo m&aacute;s agresivo, m&aacute;s el&eacute;ctrico, un juego esp&iacute;dico y voraz, con un dibujo en flecha y no aquel cul&oacute;n con tres centrales. Pero a Vicente, cuando aterriz&oacute; en la Federaci&oacute;n, s&oacute;lo se le pod&iacute;a pedir que mantuviese un bloque, un juego por fin reconocible, bonito y, sobre todo, efectivo. Aunque es cierto que el reto de heredar una selecci&oacute;n campeona de Europa era traicionero. Hab&iacute;a mucho que perder y ya no tanto que ganar. Luis Aragon&eacute;s era un mito dif&iacute;cilmente alcanzable. Pero Del Bosque hizo suyo aquel grupo. Lo sane&oacute;, lo puli&oacute;, lo lac&oacute; con alguna nueva incorporaci&oacute;n y tras un verano en Sud&aacute;frica dej&oacute; a su predecesor como aquel entrenador que logr&oacute; un metal seminoble.<br />
<br />
Mientras que en los clubes, salvo con los jugadores de la cantera, siempre se sospecha de la implicaci&oacute;n sentimental de los futbolistas, en la Selecci&oacute;n se presupone una devoci&oacute;n sin fisuras. "Para cualquier jugador es un sue&ntilde;o defender a Espa&ntilde;a" dicen hipn&oacute;ticamente todos los hombres que son llamados por primera vez a La Roja o est&aacute;n al borde de su convocatoria. La &uacute;nica persona en la Selecci&oacute;n propensa a abandonar el puesto por una mejorada oferta econ&oacute;mica, por discrepancias con los directivos o por falta de motivaci&oacute;n es el seleccionador.<br />
<br />
Ahora, sin embargo, Vicente del Bosque ha firmado un acuerdo verbal de continuidad apalabrado en septiembre del a&ntilde;o pasado. Ya es oficial su compromiso, no s&oacute;lo contractual, sino emocional con Espa&ntilde;a. Del Bosque por fin es &iacute;ntegramente de los nuestros, no s&oacute;lo hasta el final de esta batalla. Alcemos el trofeo destellante tras las l&iacute;neas enemigas o caigamos en la pr&oacute;xima batalla, no desertar&aacute;. Ahora, psicol&oacute;gicamente, somos m&aacute;s fuertes, nos hemos convertido en un bloque bru&ntilde;ido y compacto. Su promesa de futuro certifica y realza su implicaci&oacute;n en el pasado pero, sobre todo, le afinca en el presente con la &eacute;pica de un estandarte. Espa&ntilde;a se parece a Del Bosque y hoy Vicente, m&aacute;s que nunca, sonr&iacute;e como el juego de la Selecci&oacute;n.]]></content>
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    <title>No quiero odiar a Torres</title>
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    <published>2012-06-12T07:39:32-04:00</published>
    <updated>2012-08-12T05:12:06-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
Un gol, o dos, o tres puede alzarle a la gloria, pero una mala actuación puede despeñarle al abismo.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Los objetos amados se guardan con mimo, se precintan en lugares casi sagrados. Detenidos en la vitrina de cristal o de la memoria se los venera ilesos de la profanaci&oacute;n del presente. Eso ocurre, por ejemplo, con un reloj heredado, con la flor dormida un verano entre las p&aacute;ginas de un libro, con un amuleto. Pero tambi&eacute;n con un jugador querido. Esto pasa con Torres.<br />
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No deseamos necesariamente que El Ni&ntilde;o descanse en el ba&uacute;l de la historia ni en el cofre de un banquillo. Sin embargo muchos espa&ntilde;oles no podemos remediar el p&aacute;nico a su alineaci&oacute;n en esta <a href="http://www.huffingtonpost.es/news/eurocopa-2012" target="_hplink">Eurocopa</a>. El rubio es capaz de lo mejor y lo peor, como durante toda su carrera. A veces resolutivo y m&aacute;gico, en otras ocasiones desesperantemente ingenuo y predecible. <br />
<br />
Lleg&oacute; al pasado Mundial reci&eacute;n salido de una lesi&oacute;n. Con los pistones fr&iacute;os y la pizarra de la mente h&iacute;per lavada aterriz&oacute; en Sud&aacute;frica para compenetrar o incluso suplir a Villa en determinados partidos. Del Bosque crey&oacute; en &eacute;l y la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles, como es l&oacute;gico, cre&iacute;mos en Del Bosque. As&iacute; que cabalgamos con Torres por los campos de Durban, Johannesburgo, Ciudad del Cabo o Pretoria, nos reencarnamos en sus deseos de mecer la red, sufrimos sus frustraciones y sus patadas. Y, poco a poco, a medida que sus remates sal&iacute;an altos y sus tiros excesivamente cruzados, empezamos a maldecirle. Nos dol&iacute;a casi tanto su incapacidad para aumentar el casillero espa&ntilde;ol como esa sensaci&oacute;n &iacute;ntima invadi&eacute;ndonos venenosamente. <br />
<br />
Le insult&aacute;bamos cuando golpeaba el bal&oacute;n mordido, cuando hac&iacute;a un regate de m&aacute;s. Y as&iacute; nos odiamos un poco m&aacute;s a nosotros mismos. Porque descubrimos que nuestra fe en &eacute;l no estaba a la altura de la del seleccionador, porque est&aacute;bamos matando nuestra pasi&oacute;n por un hombre al que hab&iacute;amos aprendido a querer a lo largo de muchos a&ntilde;os y, a excepci&oacute;n de los atl&eacute;ticos, con una estima exenta de forofismos, con la destilada devoci&oacute;n por el buen f&uacute;tbol. Por el buen jugador. <br />
<br />
Torres emergi&oacute; en 2001 en un Atl&eacute;tico de Madrid que luchaba in extremis por salvarse de las llamas de la segunda divisi&oacute;n. Llevaba casi un temporada penando en ese infierno cuando el entrenador dio entrada desde la cantera a un chaval delgado y pecoso de 17 a&ntilde;os. Ya a esa edad reca&iacute;a sobre &eacute;l la responsabilidad de, en un pu&ntilde;ado de partidos, exonerar a los mayores de otro a&ntilde;o de condena. Fernando no pudo obrar el milagro, pero Torres, por fin, se nos apareci&oacute;.<br />
<br />
Durante el segundo a&ntilde;o en la divisi&oacute;n de plata acud&iacute; pr&aacute;cticamente todos los d&iacute;as al entrenamiento del Atl&eacute;tico. Cubr&iacute;a la informaci&oacute;n diaria de los rojiblancos para Canal Plus. Ve&iacute;a a Torres bromear con los compa&ntilde;eros, sortear conos, blandir abdominales, disparar a la escuadra, hacerse mayor. Y segu&iacute; mir&aacute;ndole desde mi mont&iacute;culo para la prensa en el Cerro del Espino durante unos cuantos a&ntilde;os m&aacute;s. En las entrevistas que me concedi&oacute; siempre habl&oacute; con sinceridad y educaci&oacute;n, confes&aacute;ndome lo dif&iacute;cil que le resultaba acudir a un cine para, a la salida, encontrar a una multitud de seguidores alertada por un mensaje de texto enviado por el hincha de la butaca de al lado. <br />
<br />
Yo viv&iacute; de cerca la evoluci&oacute;n de Torres, pero cualquier aficionado al f&uacute;tbol ha tenido numerosas ocasiones para establecer un v&iacute;nculo afectivo con el delantero. Su admirable devoci&oacute;n por el Atl&eacute;tico le hizo aguantar en el club hasta que result&oacute; inveros&iacute;mil y, m&aacute;s tarde, fich&oacute; por un <em>Spanish Liverpool</em> f&aacute;cilmente adorable. Qu&eacute; espa&ntilde;ol no apoy&oacute; a aquel equipo en la apote&oacute;sica final ganada ante el Milan tres a&ntilde;os antes de que se presentara El Ni&ntilde;o. Torres entonces complet&oacute; un equipo que supon&iacute;a una filial espa&ntilde;ola en el extranjero, un ins&oacute;lito oasis &iacute;bero en la Premier.<br />
<br />
Por supuesto, luego lleg&oacute; la Eurocopa de 2008. Y Torres se chup&oacute; el dedo y un segundo despu&eacute;s se desliz&oacute; de rodillas por el c&eacute;sped del Ernst Happel y en esa foto de alegr&iacute;a sal&iacute;amos todos. Por eso en Sud&aacute;frica nos doli&oacute; su dolor de goleador fatuo y, especialmente, no poder contener las cr&iacute;ticas que probablemente aumentaron su pesar.<br />
<br />
As&iacute; que ahora nos sucede casi lo mismo. Llega a <a href="http://www.huffingtonpost.es/2012/06/10/en-directo-espana-italia_n_1584526.html?ref=es-eurocopa-2012" target="_hplink">Gdansk</a> tras una temporada personalmente mala (al margen de haber ganado la Copa de Europa). Y Del Bosque, aunque no lo aline&oacute; de inicio contra Italia, sigue confiando en &eacute;l. Y millones de aficionados a La Roja sufrimos al verle partir al terreno de juego desde la banda como el padre que ve marchar al frente a un hijo. Quiz&aacute; lo perdamos para siempre, quiz&aacute; regrese convertido en un h&eacute;roe pero... &iquest;Deseamos someterle a ese veredicto? Torres tiene 28 a&ntilde;os. Un gol en la semifinal de Champions contra el Bar&ccedil;a le dio el empuj&oacute;n hacia esta Eurocopa. Un gol, o dos, o tres en este torneo puede alzarle a la gloria, pero una mala actuaci&oacute;n puede despe&ntilde;arle al abismo. Quiz&aacute; no a los infiernos futbol&iacute;sticos, pero s&iacute; al vac&iacute;o de nuestros corazones. Y entonces, probablemente, no habremos perdido s&oacute;lo una Eurocopa, sino un viejo amor.]]></content>
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    <title>Miedo a no sentir lo mismo</title>
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    <published>2012-06-06T18:01:00-04:00</published>
    <updated>2012-08-06T05:12:10-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
Hace cuatro años dudábamos si seríamos capaces de superar la derrota, hoy nos preguntamos si estaremos a la altura del triunfo.]]></summary>
    <author>
        <name>Eduardo Verdú</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/eduardo-verdu/"><![CDATA[Hace cuatro a&ntilde;os dud&aacute;bamos si ser&iacute;amos capaces de superar el desaf&iacute;o de la derrota, hoy nos preguntamos si estaremos a la altura del triunfo. Por primera vez en la historia la Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola encara un gran campeonato sin posibilidad de superaci&oacute;n. <br />
<br />
Es cierto que conquistamos el torneo continental en 1964 pero aquel gol en blanco y negro de Marcelino quedaba demasiado lejos como para sentirlo como propio. Era la decepci&oacute;n de la final del 84 en el Parque de los Pr&iacute;ncipes el recuerdo m&aacute;s vivo y doloroso de una Eurocopa. As&iacute; que hace cuatro a&ntilde;os afrontamos la cita de Austria y Suiza con la sensaci&oacute;n de tener el casillero a cero. No hab&iacute;a nada que perder, doler&iacute;a una eliminaci&oacute;n, por supuesto, se nos clavar&iacute;a en el orgullo y la ilusi&oacute;n, recibir&iacute;amos de nuevo la punzada de la frustraci&oacute;n y, minutos despu&eacute;s, nos comer&iacute;amos un kiwi y la vida seguir&iacute;a. Una vez m&aacute;s.<br />
<br />
Sin embargo Torres corri&oacute; m&aacute;s que Lahm, y Lehmann resbal&oacute; por el c&eacute;sped del Prater para pasar por debajo de El Ni&ntilde;o mientras el bal&oacute;n plateado buscaba asustado el cobijo de la madera y la red. Y algo cambi&oacute;. Gan&oacute; la Roja y ganamos los espa&ntilde;oles una copa que albergaba un c&oacute;ctel de justicia, venganza, euforia y revoluci&oacute;n. Y dos a&ntilde;os despu&eacute;s cogimos un avi&oacute;n al precipicio del mundo donde una noche de junio un estadio que parec&iacute;a una calabaza se transform&oacute; en la carroza a la gloria. Y el zapato de cristal era una bota plateada del 39 y el pr&iacute;ncipe azul era un albacete&ntilde;o m&aacute;s bien azul claro y la princesa era de oro macizo. S&iacute;. La Copa del Mundo no tiene abertura, no est&aacute; hueca como la de Europa, porque es el trofeo supremo del f&uacute;tbol, no cabe nada m&aacute;s, no existe complemento posible, es la condecoraci&oacute;n total.<br />
<br />
&iquest;Y ahora qu&eacute;? Est&aacute; bien, luchar por una segunda Eurocopa, nunca una selecci&oacute;n ha encadenado esta colecci&oacute;n capic&uacute;a de trofeos: Eurocopa-Mundial-Eurocopa. Podemos encontrar motivaci&oacute;n en afirmar nuestra hegemon&iacute;a, en subirnos de por tercera vez consecutiva al podio del planeta f&uacute;tbol y, desde all&iacute;, hacerle una muesca in&eacute;dita a la Historia. Pero &iquest;qu&eacute; clase de impronta dejaremos en nuestro interior?<br />
<br />
El coraz&oacute;n no carbura con el combustible de la perfecci&oacute;n, es la superaci&oacute;n del desastre un fuel de mucho mayor octanaje que la b&uacute;squeda repetida de la sublimaci&oacute;n. Porque el cielo no admite una segunda visita. El recuerdo m&aacute;s placentero se aquilata y cristaliza y entonces es imposible revisitarlo con la misma emoci&oacute;n que la primera vez. El propio &eacute;xito adultera el ansia de m&aacute;s &eacute;xitos. Una incestuosa mezcla de voluntad vencedora nos debilita ante este nuevo torneo en Centroeuropa. <br />
<br />
Ahora la Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola est&aacute; hu&eacute;rfana de maldiciones y cataclismos. El Mundial supon&iacute;a un reto a&uacute;n mayor que la Eurocopa, quedaba espacio para edificar otra gesta. Hoy, sin embargo, hay demasiada cimentaci&oacute;n portentosa a nuestras espaldas, excesivo bot&iacute;n para experimentar una sed incontenible. As&iacute; que, jugadores y aficionados, tendremos que hallar el est&iacute;mulo en un nuevo recipiente. Ya no se trata de una cuenta pendiente, de una vendetta, del v&eacute;rtigo por explorar un territorio sentimental virgen. &iquest;Es posible, pues, que ganar esta Eurocopa nos llegue a emocionar tanto como la de 2008, como la conquista del Mundial de Sud&aacute;frica? <br />
<br />
Probablemente no. Pero lo que s&iacute; podemos intuir es que una eliminaci&oacute;n o incluso una derrota en la final nos abrasar&aacute; como nunca. Es, quiz&aacute;, la hu&iacute;da de un dolor sin precedentes donde reside la renovada energ&iacute;a para competir. Mientras que hasta hace cuatro a&ntilde;os jug&aacute;bamos para ganar hoy lo hacemos para no perder. Porque hiere m&aacute;s la ca&iacute;da que la imposibilidad del ascenso. Ahora no se trata &uacute;nicamente de seguir poblando la vitrina de trofeos sino de evitar la evaporaci&oacute;n de un aura adquirida. Ya nadie nos quitar&aacute; la estrella sobre el escudo pero ese astro nos compromete doblemente: a no abandonarlo como a una vieja supernova y a convertirlo, poco a poco, en una constelaci&oacute;n.]]></content>
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