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  <title>José María Lassalle</title>
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  <updated>2013-05-25T15:55:01-04:00</updated>
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    <name>José María Lassalle</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for José María Lassalle</subtitle>
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    <title>Surcos en la oscuridad</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1607979</id>
    <published>2012-06-19T04:49:09-04:00</published>
    <updated>2012-08-18T05:12:12-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Se equivocan quienes reprochan a los griegos haber condicionado la estabilidad de la quebradiza arquitectura institucional de Bruselas. Nuestros vecinos han sido el espejo en el que todos los europeos hemos reflejado la 'hybris' de una hipermodernidad capitalista.]]></summary>
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        <name>José María Lassalle</name>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/jose-maria-lassalle/"><![CDATA[La Grecia de la que naci&oacute; Europa no habita fosilizada en los museos ni tampoco subsiste recreada en las metopas y columnas de nuestros edificios oficiales. Aquella Grecia que todav&iacute;a nos seduce sigue viva en los griegos de hoy. La helenidad cl&aacute;sica no es un trampantojo. Est&aacute; en la piel del pa&iacute;s real, en su lengua, costumbres y cultura. Patrick Leigh Fermor vivi&oacute; muchos a&ntilde;os atrapado por la susurrante ondulaci&oacute;n del Egeo, al sur del m&iacute;tico Peloponeso, y no dud&oacute; en afirmar en <em>Mani</em> que: "Lo m&aacute;s impresionante y revelador de los rostros helenos... son los ojos. Detr&aacute;s de ellos parece hallarse, enroscada, toda la historia griega". Pues bien, esa historia que se enreda en los pliegues de la mirada hel&eacute;nica es tambi&eacute;n nuestra historia, la historia de Europa. Esta "verdad viva", de la que hablaba Seferis, sigue firme y en&eacute;rgica en la identidad actual de una naci&oacute;n esencialmente europea ya que conecta milagrosamente la tradici&oacute;n hel&eacute;nica y la modernidad.<br />
<br />
A pesar de los avatares sufridos despu&eacute;s de m&aacute;s de dos milenios de agitada historia, Grecia sigue siendo la Grecia hablaba y escrita por boca y pluma de Hesiodo, P&iacute;ndaro o S&oacute;crates. Es posible que esta circunstancia no impresione a quienes otorgan carnets de europeidad de acuerdo con el abecedario de las agencias de calificaci&oacute;n. Pero es indudable tambi&eacute;n que, por mucho &eacute;nfasis contable que pongan los llamados "hombres de negro" al dictaminar qui&eacute;nes son dignos de Europa y qui&eacute;nes no, lo que nadie puede discutir - al menos desde hace dos milenios y medio- es que fue un europeo llamado Esquilo quien proclam&oacute; que: "Aun en medio de los mayores males, conceded a vuestra alma el goce que a diario se os ofrece en la vida; entre los muertos las riquezas no sirven de nada".<br />
<br />
Que Europa no puede serlo sin Grecia, lo explica Odysseas Elytis cuando dice: "Soy griego no s&oacute;lo por casualidad sino tambi&eacute;n org&aacute;nicamente, desde la perspectiva de que habito el mismo paisaje inalterable hom&eacute;rico y llevo en mi sangre a Plat&oacute;n". De ah&iacute; que no pueda entenderse nuestro continente sin contar con la Grecia de hoy, que es la actualizaci&oacute;n de la que fertiliz&oacute; Occidente cuando puso en marcha una <em>paideia</em> que sigue nutriendo los fundamentos de lo que somos como europeos. Se equivocan quienes reprochan a los griegos haber condicionado la estabilidad de la quebradiza arquitectura institucional de Bruselas. Nuestros vecinos han sido el espejo en el que todos los europeos hemos reflejado pl&aacute;sticamente la <em>hybris</em> de una hipermodernidad capitalista que ha sacado a la luz el abismo que se esconde cuando se renuncian a los l&iacute;mites.<br />
<br />
Un consejo final para los navegantes de la literatura que comparten, con Borges, que leer es siempre una de las actividad m&aacute;s resignadas, civiles e intelectuales que est&eacute;n al alcance de cualquiera. Ciudades a la deriva, de Strat&iacute;s Tsircas, una fascinante trilog&iacute;a escrita en los a&ntilde;os 60 por uno de los &uacute;ltimos griegos alejandrinos que, como Kavafis, despidi&oacute; la milenaria helenidad egipcia. Y es que entre la oscuridad de los relatos que se solapan como una anticipaci&oacute;n de nuestro devenir, se trazan tambi&eacute;n los surcos de una d&eacute;bil esperanza.]]></content>
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    <title>La tiranía del instante</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1564807</id>
    <published>2012-06-12T04:05:00-04:00</published>
    <updated>2012-08-11T05:12:07-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[El miedo se ha convertido en la estructura del mundo. El mayor peligro que se insinúa en el horizonte es que propicie la aparición de un nuevo Hobbes que teorice sobre la necesidad de edificar el Leviatán del siglo XXI.]]></summary>
    <author>
        <name>José María Lassalle</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/jose-maria-lassalle/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/jose-maria-lassalle/"><![CDATA[Hay quien afirma que el miedo es el peor de los asesinos porque no mata, pero no deja vivir... Si asumimos esta reflexi&oacute;n, entonces, no cabe duda de que m&aacute;s de uno pensar&aacute; que tenemos por delante un paisaje de pesadilla. De hecho, &iquest;acaso hay alguien que no crea ya que el miedo se ha convertido en la estructura del mundo despu&eacute;s de que la despiadada crisis irrumpi&oacute; en nuestras vidas? Un fantasma recorre Europa y no es aquella revoluci&oacute;n de la que hablaba Marx. El estremecimiento lo produce ahora el miedo. O, para ser m&aacute;s exactos, ese miedo al miedo frente al que Franklin D. Roosevelt preven&iacute;a en su discurso presidencial de 1933, cuando la Gran Depresi&oacute;n aplastaba como una losa el sue&ntilde;o americano. <br />
 <br />
Pues bien, <em>La administraci&oacute;n del miedo</em> (2012), de Paul Virilio, trata de desmenuzar las teselas del mosaico de este "aqu&iacute; y ahora" atemorizante que padecemos debido a la implosi&oacute;n de la seguridad que generaba la percepci&oacute;n lineal del progreso y la capacidad de previsi&oacute;n que se ten&iacute;a sobre la misma. En ello ha influido la crisis pero tambi&eacute;n una mentalidad que ha sido f&aacute;cil v&iacute;ctima de ella al sustituir lo real por lo virtual, los hechos por los deseos y la acumulaci&oacute;n por la aceleraci&oacute;n como referente del bienestar. Una mentalidad deslocalizada e hiperactiva que sustituye los ojos del otro por la pantalla, la caricia por la pulsaci&oacute;n de la tecla y la policrom&iacute;a de la voz por el intercambio de mensajes.<br />
<br />
Ge&oacute;grafo de la velocidad y psic&oacute;logo de la tecnolog&iacute;a, Virilio hiende en <em>La administraci&oacute;n del miedo</em> el escalpelo de la sutileza sobre los abultados pliegues de una realidad multiplicada y acelerada que no nos da tregua. Vivimos la tiran&iacute;a del instante y el barullo ag&oacute;nico de un tiempo real que impide reflexionar desde la distancia confiada de dejar pasar las cosas para verlas decantarse y decidir sobre ellas. Nuestro campo de visi&oacute;n sobre el mundo se ha reducido por un exceso de hiperconexi&oacute;n. "Todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire", como en <em>La tempestad</em> de Shakespeare y al perder el suelo bajo nuestros pies, el abismo abre sus fauces y elimina nuestra capacidad de an&aacute;lisis ante lo inesperado. Fundidos en el parabrisas de un presente virtual acelerado, hemos perdido el sentido de lo lateral al prestar nuestra atenci&oacute;n tan s&oacute;lo a lo que tenemos delante. La inercia del instante se ha hecho totalitaria y anula nuestra identidad al incapacitarnos para pensar y evaluar con templanza lo que sucede a nuestro alrededor. Con todo, el mayor peligro que proyecta la emergente estructura de miedo que se insin&uacute;a en el horizonte es que propicie la aparici&oacute;n de un nuevo Hobbes que teorice sobre la necesidad de edificar el <em>Leviat&aacute;n</em> del siglo XXI.]]></content>
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