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  <title>Juan Carlos Ortega</title>
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  <updated>2013-05-21T20:14:19-04:00</updated>
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    <name>Juan Carlos Ortega</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Juan Carlos Ortega</subtitle>
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    <title>Debate sobre economía</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2174998</id>
    <published>2012-11-24T04:10:18-05:00</published>
    <updated>2013-01-23T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Los economistas siguen discutiendo siempre, erre que erre, mareándonos a todos. No se ponen de acuerdo nunca. Aportan datos, defienden sus posturas y afirman que sus particulares puntos de vista ya han sido sometidos a prueba en otros países y han funcionado perfectamente.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Carlos Ortega</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/"><![CDATA[Desde que tengo uso de raz&oacute;n me ha interesa todo lo relacionado con la ciencia. Empec&eacute; leyendo libros de Asimov y Sagan y desde entonces adoro a los cient&iacute;ficos y las cosas que son capaces de hacer.<br />
<br />
Anoche estuve escuchando en la radio un debate entre economistas. Como siempre, las posturas eran muy distintas. Argumentaban sus tesis con fluidez absoluta, aportando datos con una precisi&oacute;n sorprendente, y cada vez que uno de ellos hablaba, yo terminaba convencido de que aquello que dec&iacute;a era la verdad. Alternativamente cambiaba de opini&oacute;n, convencido por los argumentos que cada uno de ellos iba esgrimiendo. Hasta que, ligeramente aturdido, me sorprend&iacute; a mi mismo diciendo en voz alta: "&iquest;En qu&eacute; quedamos?"<br />
<br />
Esa disparidad de criterios que observamos entre los economistas no se da en la ciencia. Siempre que he preguntado el motivo de esas discrepancias tan radicales, me han respondido que la econom&iacute;a es una ciencia complicada, que no es del todo exacta, que en ella hay muchas variables. Incluso en ocasiones han llegado a decirme que la econom&iacute;a no es, propiamente, una ciencia.<br />
<br />
Entonces yo, ingenuamente, siempre planteo una duda: &iquest;Si la econom&iacute;a no es una ciencia exacta por estar repleta de infinidad de variables dif&iacute;ciles de precisar, por qu&eacute; los economistas defienden sus posturas con esa rotunda seguridad? &iquest;No ser&iacute;a m&aacute;s l&oacute;gico que reconocieran la incertidumbre y dejaran de pontificar? Y, en el caso de que sea una ciencia rigurosa, &iquest;por qu&eacute; opinan cosas tan distintas? Y aqu&iacute; ya nadie logra darme una explicaci&oacute;n convincente.<br />
<br />
Imaginemos que los f&iacute;sicos te&oacute;ricos estuvieran enfrentados como los economistas. En ese caso, no ser&iacute;a raro escuchar acalorados debates radiof&oacute;nicos en los que un f&iacute;sico afirmara que la luz se mueve a trescientos mil kil&oacute;metros por segundo y otro le replicara que no, que de qu&eacute; narices va, que esa velocidad es tres veces inferior.<br />
<br />
Estas disputas en cuestiones tan b&aacute;sicas no se dan entre los cient&iacute;ficos serios. Van todos a una, porque su inter&eacute;s es el esclarecimiento de la verdad, no la defensa de intereses partidistas. Claro que hubo grandes enfrentamientos cient&iacute;ficos, como el que se produjo entre Einstein y Bohr sobre las implicaciones de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica, o en la actualidad acerca de la teor&iacute;a de cuerdas, pero esas discrepancias se dan siempre en el inicio de las nuevas ideas, cuando estas est&aacute;n naciendo, pero suelen diluirse al pasar por el tamiz de la experimentaci&oacute;n. Y entonces, salvo excepciones muy raras, se produce el consenso en la ciencia.<br />
<br />
En cambio, los economistas siguen discutiendo siempre, erre que erre, mare&aacute;ndonos a todos. No se ponen de acuerdo nunca. Aportan datos, defienden sus posturas y afirman que sus particulares puntos de vista ya han sido sometidos a prueba en otros pa&iacute;ses y han funcionado perfectamente. <br />
<br />
Esto consigue que nosotros, pobres ignorantes econ&oacute;micos, acabemos desconfiando de todos los economistas, y tambi&eacute;n de los pol&iacute;ticos que se basan en sus teor&iacute;as. Se lo tienen merecido.]]></content>
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    <title>A Miliki, ni tocarlo</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/juan-carlos-ortega/a-miliki-ni-tocarlo_b_2158277.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2158277</id>
    <published>2012-11-19T09:07:30-05:00</published>
    <updated>2013-01-19T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Miliki simboliza para todos nosotros cierta luz de bondad que habíamos olvidado, una suerte de placidez blanca, de pureza a la hora de representar la realidad que teníamos aparcada en algún rincón remoto del cerebro. En cierto modo, representa nuestra ingenua pero muy necesaria fe en las cosas.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Carlos Ortega</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/"><![CDATA[Los que ve&iacute;amos a Miliki en la televisi&oacute;n cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os pertenecemos a una generaci&oacute;n un poco despiadada. Normalmente nos acusan de ser humor&iacute;sticamente agresivos, porque en nuestras bromas, generalmente, no solemos cortamos demasiado a la hora de ser crueles con cualquiera. No es maldad, claro est&aacute;. Simplemente experimentamos con los l&iacute;mites de una libertad que hemos podido disfrutar en un grado superior al de nuestros padres, pero a veces nos interpretan err&oacute;neamente como si estuvi&eacute;ramos un poco necesitados de sentimientos bondadosos. El humor de nuestra generaci&oacute;n no se detiene ante nada.<br />
<br />
Pero nos hemos enterado de la <a href="http://www.huffingtonpost.es/2012/11/18/muerte-miliki-uno-de-los-_n_2153553.html?utm_hp_ref=spain" target="_hplink">muerte de Miliki</a> y milagrosamente, como si todos nos hubi&eacute;ramos puesto de acuerdo telep&aacute;ticamente, decidimos no hacer ni una broma cruel con este asunto. Nos hubiera resultado f&aacute;cil, porque tenemos mucha pr&aacute;ctica, pero algo ha provocado que ni siquiera nos lo planteemos.<br />
<br />
Miliki simboliza para todos nosotros cierta luz de bondad que hab&iacute;amos olvidado, una suerte de placidez blanca, de pureza a la hora de representar la realidad que ten&iacute;amos aparcada en alg&uacute;n rinc&oacute;n remoto del cerebro. En cierto modo, representa nuestra ingenua pero muy necesaria fe en las cosas. Por eso, cuando en las redes sociales alguien (curiosamente mayor que nosotros) ha pretendido d&aacute;rselas de gracioso con una broma en la que se le ridiculizaba, todos hemos salido en defensa del payaso. A Miliki, ni tocarlo. Es algo que nos pertenece, es nuestro amigo, nuestro mayor.<br />
<br />
Nos acusan de no tener valores, de re&iacute;rnos de todo, de dinamitar cualquier estructura social, cualquier edificio humano de esos que nuestros mayores todav&iacute;a respetan. La muerte de Miliki y nuestra casi total unanimidad respet&aacute;ndolo demuestra que esas acusaciones son tan t&oacute;picas como falsas. Claro que respetamos. Respetamos todo lo que se gana a pulso ese respeto, como hizo Emilio Arag&oacute;n.<br />
<br />
Despu&eacute;s de este par&eacute;ntesis de luz infantil, volveremos dentro de poco a twitear sarcasmos, a ser c&iacute;nicos e ir&oacute;nicos, a no dejar nada en pie, golpeando a diestro y siniestro. Pero al menos hemos demostrado algo que muchos parec&iacute;an no saber de nosotros: que tenemos nuestro corazoncito, que detr&aacute;s de nuestra agresividad c&oacute;mica brilla un &aacute;tomo de esa bondad blanqu&iacute;sima que Miliki pose&iacute;a a toneladas.<br />
<br />
Esta ma&ntilde;ana, en la Cadena Ser, <a href="http://www.cadenaser.com/cultura/audios/juan-carlos-ortega-homenajea-miliki/csrcsrpor/20121119csrcsrcul_3/Aes/" target="_hplink">he querido hacerle un homenaje a Emilio Arag&oacute;n</a>, pero quedaba cojo sin este otro que acabo de escribir aqu&iacute; para &eacute;l y para todos nosotros.<br />
<br />
<br />
<center><HH--236SLIDEEXPAND--264068--HH><br />
<br />
<HH--236SLIDEEXPAND--264069--HH></center>]]></content>
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    <title>Dividiendo indignados</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/juan-carlos-ortega/dividiendo-indignados_b_1964715.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1964715</id>
    <published>2012-10-15T04:11:39-04:00</published>
    <updated>2012-12-14T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Si El Sistema tuviera una sucursal en España, el modo de dividir indignados no le resultaría excesivamente complejo. Al Sistema podría ocurrírsele que no sería una idea descabellada alentar cierto sentimiento catalanista que fuera, además, antiespañolista. De esa manera, la fuerza del colectivo se vería disminuida al quedar dividida en dos.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Carlos Ortega</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/"><![CDATA[Si realmente existiera El Sistema, si fuera algo real, medible y localizable en alg&uacute;n lugar secreto desde el que pudiera mover los invisibles hilos del mundo, sin duda estar&iacute;a inquieto por la existencia de los indignados. Con toda seguridad, se devanar&iacute;a los sesos para idear el modo de quit&aacute;rselos de en medio, o al menos de disminuir la fuerza con la pretenden derribarlo sin su permiso.<br />
<br />
Una de las primeras ideas que se le ocurrir&iacute;an al Sistema ser&iacute;a la viej&iacute;sima f&oacute;rmula de dividir para vencer. La historia ha demostrado que esta estrategia tiene una eficacia tremenda, con la a&ntilde;adida ventaja de culpabilizar siempre a aquellos a los que quiere combatir.<br />
<br />
Adem&aacute;s, si El Sistema tuviera una sucursal en Espa&ntilde;a, el modo de dividir indignados no le resultar&iacute;a excesivamente complejo. Bastar&iacute;a con que echara mano a las estad&iacute;sticas para saber que hay dos ciudades en las que este colectivo es especialmente numeroso. Al instante, comprobar&iacute;a que se trata de Madrid y Barcelona.<br />
<br />
La cuesti&oacute;n ser&iacute;a c&oacute;mo dividirlos. Y la respuesta, totalmente tautol&oacute;gica, ser&iacute;a la siguiente: activemos algo que divida sin piedad a indignados de Madrid e indignados de Barcelona.<br />
<br />
Entonces, al Sistema podr&iacute;a ocurr&iacute;rsele que no ser&iacute;a una idea descabellada alentar cierto sentimiento catalanista que fuera, adem&aacute;s, antiespa&ntilde;olista. De esa manera, la fuerza del colectivo se ver&iacute;a disminuida al quedar dividida en dos, enfrentando a los indignados con <em>els indignats</em>.<br />
<br />
Bien pudiera pensarse que esta estrategia no tendr&iacute;a ning&uacute;n efecto, porque los ideales de los antisistema est&aacute;n muy por encima de la cuestiones identitaria, pero mi humilde experiencia con amigos de Madrid y amigos de Barcelona, en ambos casos fervientes indignados, me demuestra que este tema, por desgracia, divide sin piedad y crea enfrentamientos que hacen que se olviden al instante los antiguos lazos que un&iacute;an en las plazas.<br />
<br />
Esta actuaci&oacute;n ser&iacute;a una obra maestra del Sistema para disminuir la fuerza dividiendo, y el &uacute;nico modo de contrarrestarla ser&iacute;a no hacer el m&aacute;s m&iacute;nimo caso, neg&aacute;ndose al enfrentamiento, para que los indignados y <em>els indignats</em> procuraran entenderse, ya que el resto de ciudadanos y pol&iacute;ticos parecen no tener previsto hacerlo en absoluto.<br />
<br />
Pero no seamos paranoicos ni caigamos en la trampa de tener ideas conspirativas, tan pasadas ya de moda, porque probablemente El Sistema no existe y nadie ha dise&ntilde;ado nada para dividir los bandos. Se trataba solo de una idea de ficci&oacute;n sociol&oacute;gica para escribir este brev&iacute;simo art&iacute;culo.]]></content>
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    <title>Ferran Adrià supera a Woody Allen</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1775283</id>
    <published>2012-08-16T01:00:00-04:00</published>
    <updated>2012-10-15T05:12:02-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Cuando yo leí la vida de ese conde de Sandwich, adoré inmediatamente a Woody Allen. Pero Ferran Adrià ha dado un paso más. Allen se inventó una vida, pero Adrià la ha encarnado. Y eso tiene muchísimo más mérito.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Carlos Ortega</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/"><![CDATA[Probablemente pensar&aacute;n que he perdido el juicio si les confieso que, para m&iacute;, el mejor humorista del mundo es Ferran Adri&agrave;. &iquest;Han le&iacute;do sus textos de humor o han visto sus desternillantes filmaciones c&oacute;micas? Seguro que s&iacute;, porque su obra humor&iacute;stica es ampl&iacute;sima, una de las m&aacute;s prol&iacute;ficas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La han disfrutado y aplaudido en much&iacute;simas ocasiones, pero sin sospechar que &eacute;l era el creador, porque nunca firma su trabajo. Adri&agrave; jam&aacute;s muestra su obra en primera persona, sino que lo hace, muy inteligentemente, a trav&eacute;s de los comentarios que los dem&aacute;s hacen acerca de ella. Es una nueva forma de humor, radicalmente novedosa, que podr&iacute;amos bautizar como "humor vicario", realizado a trav&eacute;s de cr&iacute;ticos gastron&oacute;micos y periodistas, sin que estos puedan imaginar que est&aacute;n siendo manejados desde arriba, como marionetas, por todo un genio de la comedia para crear una de las mejores representaciones de humor de todos los tiempos.<br />
<br />
En mi escala de &iacute;dolos humor&iacute;sticos, antes de conocer a Ferran Adri&agrave;, ocupaba la primera posici&oacute;n Woody Allen. Ahora el americano est&aacute; en el segundo lugar, pero a una distancia inmensa, casi metaf&iacute;sica, de nuestro compatriota. Pero, a&uacute;n as&iacute;, hemos de reconocer que el se&ntilde;or Allen tiene puntos divertid&iacute;simos. Pongamos un ejemplo que nos ayudar&aacute; a entender, de paso, c&oacute;mo fue superado por Ferr&aacute;n Adr&iacute;a.<br />
<br />
A principios de los setenta, Woody Allen public&oacute; una de las obras de humor m&aacute;s maravillosas del siglo XX. Se trataba de un libro que recopilaba art&iacute;culos titulado <em><a href="http://www.amazon.com/Getting-Even-Woody-Allen/dp/0394726405" target="_hplink">Getting Even</a></em> (en Espa&ntilde;a el t&iacute;tulo fue <em><a href="http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-como-acabar-de-una-vez-por-todas-con-la-cultura" target="_hplink">C&oacute;mo acabar de una vez por todas con la cultura</a></em>). Sigue siendo una obra radicalmente moderna, y toda la repelente pedanter&iacute;a que ah&iacute; se critica contin&uacute;a teniendo, desgraciadamente, una vigencia aterradora.<br />
<br />
Uno de los cap&iacute;tulos de ese magn&iacute;fico libro est&aacute; dedicado al Conde de Sandwich, inventor del Sandwich. Escribe Woody Allen sobre su biografiado:<br />
<br />
<blockquote>"En la escuela toma contacto por primera vez con los embutidos y muestra especial inter&eacute;s por los cortes muy finos de roast beef y de jam&oacute;n. Para cuando se grad&uacute;a, esto se ha convertido ya en una obsesi&oacute;n (...) su tesis sobre &laquo;El an&aacute;lisis y los fen&oacute;menos concomitantes de la merienda de la tarde&raquo; llama la atenci&oacute;n de los profesores".</blockquote><br />
<br />
L&iacute;neas despu&eacute;s, podemos leer: <br />
<br />
<blockquote>"Fascinado por la gran variedad de sardinas que encuentra, anota en su cuaderno: &laquo;Estoy convencido de que existe una realidad permanente, m&aacute;s all&aacute; de lo que a&uacute;n ha podido lograr el hombre, en la yuxtaposici&oacute;n de los alimentos. Simplifica, simplifica&raquo;".</blockquote><br />
<br />
Nos narra tambi&eacute;n lo dif&iacute;cil que le result&oacute; al conde llegar a inventar el Sandwich: <br />
<br />
<blockquote>"Despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os de fren&eacute;tica labor, est&aacute; convencido de haber alcanzado la antesala del &eacute;xito. Expone ante sus colegas dos trozos de pavo con una rebanada de pan en medio. Todos rechazan su obra salvo David Hume (...) aunque f&iacute;sicamente cansado, todav&iacute;a investiga nuevas formas art&iacute;sticas (...) su sandwich abierto de roast beef caliente provoca un esc&aacute;ndalo por su franqueza".</blockquote><br />
<br />
Woody Allen escribe esta biograf&iacute;a humor&iacute;stica muchos a&ntilde;os antes de que en nuestro planeta se instalara con fuerza la vanguardia gastron&oacute;mica y la visi&oacute;n de la cocina como un arte comparable a la pintura, la m&uacute;sica y la escultura. D&eacute;cadas antes de que <a href="http://www.huffingtonpost.es/falsarius-chef/la-agenda-de-falsarius-oh_b_1771975.html?utm_hp_ref=spain" target="_hplink">esa barbaridad</a> se produjera, el director de cine la utilizaba como elemento c&oacute;mico, porque nadie en su sano juicio pod&iacute;a imaginar que esa locura pudiera llegar a producirse. Pero ha ocurrido. El otro d&iacute;a, en La 2 de TVE, vi un documental sobre el Bulli que parec&iacute;a la biograf&iacute;a del conde de Sandwich le&iacute;da con una voz en off muy seria y adornado todo con imagenes de cocineros de mirada iluminada.<br />
<br />
Cuando yo le&iacute; la vida de ese conde de Sandwich, ador&eacute; inmediatamente a Woody Allen. Pero Ferran Adri&agrave; ha dado un paso m&aacute;s. Allen se invent&oacute; una vida, pero Adri&agrave; la ha encarnado. Y eso tiene much&iacute;simo m&aacute;s m&eacute;rito.]]></content>
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    <title>Rajoy es malo malísimo y yo soy bueno buenísimo</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1723407</id>
    <published>2012-08-03T02:12:03-04:00</published>
    <updated>2012-10-02T05:12:06-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Las redes sociales enseñan a los niños y las niñas que hay malos malísimos y buenos buenísimos. A un lado, los malos mercados y los malos diputados y los malos banqueros y los malos policías. Al otro lado, el bueno buenísimo autor del comentario y sus amigos.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Carlos Ortega</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/"><![CDATA[Antiguamente, en los cuentos infantiles, exist&iacute;an los buenos y los malos. El que era bueno, lo era del todo, sin fisuras, y lo mismo ocurr&iacute;a con el malvado. Alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s, ciertas personas consideraron que no era muy moderno ense&ntilde;ar a los ni&ntilde;os de esa manera, porque en la vida real las personas no son ni absolutamente buenas ni rematadamente malas. En consecuencia, la literatura infantil se llen&oacute; de personajes que, muy modernamente, no eran ni bondadosos ni perversos, sino una extra&ntilde;a mezcla de ambas cualidades.<br />
<br />
Sin embargo, multitud de expertos coinciden en afirmar que esta &uacute;ltima postura es perjudicial para los chavales. Es evidente que en la vida real no existe la bondad perfecta ni la maldad total, pero para que los ni&ntilde;os lleguen a comprender que estas dos cualidades suelen ir mezcladas, es preciso que, previamente, sepan qu&eacute; es la bondad y qu&eacute; es la maldad, por separado. Luego ya comprender&aacute;n que normalmente van unidas. Y en ese aprendizaje inicial, anterior a la fusi&oacute;n, los antiguos cuentos infantiles, con malos del todo y buenos totales, eran realmente &uacute;tiles.<br />
<br />
Esta ma&ntilde;ana he pasado un par de horas delante del ordenador leyendo comentarios en las redes sociales. De manera inesperada, he tenido la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de que ya no son necesarios los cuentos para ni&ntilde;os. De repente, toda la literatura infantil se me ha hecho perfectamente innecesaria. Los hermanos Grimm pueden irse al carajo. Ya no hacen falta. Caperucita roja puede irse a paseo. Las princesitas, los espejos m&aacute;gicos, los sapos simp&aacute;ticos, los &aacute;rboles gigantes con manzanas de oro, los saltamontes parlanchines con smoking, las flores naranjas que razonan, los arbustos oscuros que protegen, los asnos que aconsejan, las narices de madera que crecen, las hadas con buen tipo y los duendes cabreados, todo ese universo paralelo magn&iacute;ficamente construido, esa obra maestra de la cultura, puede lanzarse a la basura, porque facebook y twitter han tomado el relevo. Las redes sociales, mayoritariamente, ense&ntilde;an a los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as que hay malos mal&iacute;simos y buenos buen&iacute;simos, dividiendo el mundo en dos, con un corte de hacha radical. A un lado, los malos mercados y los malos diputados y los malos banqueros y los malos polic&iacute;as. Al otro lado, el bueno buen&iacute;simo autor del comentario y sus amigos. Ya est&aacute;. As&iacute; de simple.<br />
<br />
Si tienes un hijo chiquitito, te recomiendo que, cada noche, cuando est&eacute; en la cama, te sientes a su lado. Apaga la luz y enciende tu tableta. Con voz hipn&oacute;tica vete ley&eacute;ndole los comentarios maniqueos que la gente cuelga en las redes sociales. Hazlo hasta que se quede dormidito. As&iacute; ir&aacute; asimilando qu&eacute; es el bien y qu&eacute; es el mal. Y luego, cuando crezca, ya aprender&aacute; que esas dos cualidades suelen ir mezcladas, que la realidad es mucho m&aacute;s rica e infinitamente m&aacute;s compleja que lo que suele decirse en Internet. Pero bueno, de momento, como cuento para ni&ntilde;os, twitter es magn&iacute;fico.]]></content>
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    <title>La crisis es un repollo</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/juan-carlos-ortega/la-crisis-es-un-repollo_b_1679375.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1679375</id>
    <published>2012-07-23T01:00:00-04:00</published>
    <updated>2012-09-21T05:12:13-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Chesterton cuenta que una muchacha de campo, al ver el mar por primera vez, le dijo que a ella eso no le recordaba a la inmensidad, sino a una coliflor. Quedó maravillado. Por fin alguien hablaba sin prejuicios de esa masa líquida.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Carlos Ortega</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-carlos-ortega/"><![CDATA[Chesterton, uno de los m&aacute;s grandes escritores de la historia, reflexionaba en cierta ocasi&oacute;n sobre el mar. Le sorprend&iacute;a que todo el mundo coincidiera en calificarlo de inmenso, cuando lo cierto es que a &eacute;l no se lo parec&iacute;a en absoluto. Cada vez que lo contemplaba desde la orilla, tan solo ve&iacute;a una l&iacute;nea horizontal no muy lejana, algo que claramente delimita y contradice el concepto mismo de inmensidad. Si lo miras sin prejuicios, el mar parece simplemente un lago algo grandote.<br />
<br />
A <a href="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/chesterton.htm" target="_hplink"> Chesterton</a> le fastidiaba bastante la repetici&oacute;n de lugares comunes. El mar es inmenso, decimos siempre, y nos quedamos tan anchos. Si encarg&aacute;ramos una narraci&oacute;n sobre el mar a cien mil personas, es bastante probable que el concepto de inmensidad apareciera en unas noventa mil novecientas noventa y nueve. Alguien debi&oacute; soltarlo por primera vez y luego todos hemos ido repiti&eacute;ndolo sin descanso.<br />
<br />
Hoy hablamos de la crisis reproduciendo lo que se dijo de ella al principio: que la han generado los se&ntilde;ores malos de los mercados. Los mercados son a la crisis lo que la inmensidad al mar; algo que se empez&oacute; diciendo y que hemos terminado asimilando como la &uacute;nica realidad posible. Pero tal vez estemos equivocados.<br />
<br />
Chesterton cuenta que una muchacha de campo, al ver el mar por primera vez, le dijo que a ella eso no le recordaba a la inmensidad, sino a una coliflor.<br />
<br />
Chesterton qued&oacute; maravillado. Por fin alguien hablaba sin prejuicios de esa masa l&iacute;quida. La chica, llena de inocencia, supo ver en los reflejos del agua algo distinto a lo que todos repet&iacute;an sin descanso.<br />
<br />
El autor de los cuentos del padre Brown confes&oacute; que a &eacute;l siempre le hab&iacute;a pasado algo similar. Si a la desprejuiciada muchacha el mar le recordaba a una coliflor, a Chesterton le recordaba a un repollo. Lo atribu&iacute;a a las entremezcladas vetas verdes y violetas que tienen las curvas del repollo y que tanto se parecen a las olas cuando las contemplamos desde la orilla.<br />
<br />
Para escapar de los t&oacute;picos y de las palabras vac&iacute;as de contenido de la mayor parte de los analistas de la actualidad, todos necesitar&iacute;amos estar cerca de una muchacha de campo como la que conoci&oacute; Chesterton, o incluso mejor: necesitar&iacute;amos tener a mano al mism&iacute;simo Chesterton, uno de los hombres m&aacute;s inteligentes que han existido, para que nos dijera a todos lo equivocados que estamos, porque la crisis -estoy seguro- no es m&aacute;s que un gigantesco repollo.]]></content>
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