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  <title>Juan Tejero</title>
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  <updated>2013-05-24T11:42:47-04:00</updated>
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    <name>Juan Tejero</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Juan Tejero</subtitle>
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    <title>El último cuplé de Saritísima</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.3040195</id>
    <published>2013-04-09T09:41:57-04:00</published>
    <updated>2013-04-09T07:27:23-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[¿Qué es Sarita a fin de cuentas? ¿Un mito? ¿Una actriz? ¿Un estilo? ¿Una mujer dotada de una personalidad única? Con ella sucede lo que con Brigitte Bardot: hace ya tantos años que fueron aceptadas como iconos culturales que toda nueva aproximación a su leyenda puede parecer impertinente.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Cuando ya todo se ha dicho y se ha escrito sobre Sara Montiel, la cr&oacute;nica de su gloria resultar&iacute;a obsoleta. &iquest;Qu&eacute; es Sarita a fin de cuentas? &iquest;Un mito? &iquest;Una actriz? &iquest;Un estilo? &iquest;Una mujer dotada de una personalidad &uacute;nica? Con ella sucede lo que con Brigitte Bardot: hace ya tantos a&ntilde;os que fueron aceptadas como iconos culturales que toda nueva aproximaci&oacute;n a su leyenda puede parecer impertinente. Cuando nuestra estrella m&aacute;s internacional se retir&oacute; en 1975, a la edad cuarenta y siete a&ntilde;os, su rostro, como el de BB, hab&iacute;a ilustrado la portada de toda suerte de revistas y publicaciones. En una &eacute;poca que se distingu&iacute;a precisamente por la irrupci&oacute;n de una pl&eacute;yade de int&eacute;rpretes destinadas a cambiar el rostro del cine espa&ntilde;ol, ella continu&oacute; intocable en su condici&oacute;n de primera diva. Hoy, m&aacute;s de medio siglo despu&eacute;s de sus grandes &eacute;xitos, contin&uacute;a sintetizando para muchos la esencia y condici&oacute;n del estrellato cinematogr&aacute;fico con acento espa&ntilde;ol.<br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/uTwdpisNXJc" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Muchas y muy hermosas actrices poblaron el cine europeo de los a&ntilde;os cincuenta, y la mayor parte de ellas ten&iacute;an atributos m&aacute;s que suficientes para triunfar en la f&aacute;brica de sue&ntilde;os, pero les faltar&iacute;a ese sello especial, aquel <em>toque extra</em> que forja la inmortalidad de las grandes estrellas y las convierte en reformadoras de costumbres, influenciadoras de modas y, por fin, reflejo de las vivencias y los sue&ntilde;os de una generaci&oacute;n. Entre tantas otras beldades, en Espa&ntilde;a s&oacute;lo Sara Montiel lleg&oacute; a combinar tantos requisitos, s&oacute;lo ella provoc&oacute; el espectacular incendio que prestar&iacute;a al erotismo de la &eacute;poca su estilo inconfundible. Pero el reconocimiento estelar le lleg&oacute; de forma tard&iacute;a: en 1957, cuando acept&oacute; cantar por primera vez en la gran pantalla. <em>El &uacute;ltimo cupl&eacute;</em> trajo al mundo una leyenda, y con ella la exuberante Sara, la mujer que iba a convertirse, a golpe de pel&iacute;culas y melodramas con aromas musicales, en una artista idolatrada por el p&uacute;blico patrio.<br />
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En el recuerdo, <em>Sarit&iacute;sima</em> conserva una aureola deslumbradora que explica sobradamente que, en un tiempo r&eacute;cord, llegase a convertirse en la estrella m&aacute;s amada del cine espa&ntilde;ol. Es adorada, venerada y coleccionada por mit&oacute;manos del ancho mundo. Pero su mito representa mucho m&aacute;s. Era esplendorosa. Fue nuestra <em>diosa del amor</em> por excelencia. Y en ning&uacute;n momento incurri&oacute; en la vulgaridad que amenazaba a muchas damas de parecido estilo. La recordamos sensual, insinuante, c&aacute;lida, voluptuosa y, sobre todo, con una mirada cargada de descaro, a medias entre la iron&iacute;a y la audacia. Era un monumento a la belleza con un trasfondo de impetuosidad, de determinaci&oacute;n, con un barniz de autoridad corregida por mucha ecuanimidad y, sobre todo, por una voluntad de hierro. Las virtudes que le permitieron ascender a la cumbre desde la nada y, proeza m&aacute;s notable todav&iacute;a, mantenerse en ella a lo largo de una carrera extraordinaria.<br />
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Mar&iacute;a Antonia Abad Fern&aacute;ndez, alias Sara Montiel, naci&oacute; el 10 de marzo de 1928, en Campo de Criptana, Ciudad Real. De origen campesino y familia pobre, pero honrada, no pudo frecuentar la es&shy;cue&shy;la, por lo que aprendi&oacute; a leer y a escribir con bastante retraso. Sin recursos, pero magn&iacute;ficamente dotada por la madre naturaleza, a los trece a&ntilde;os gan&oacute; un concurso de canto cuyo premio era un viaje a Madrid, un curso de interpretaci&oacute;n y un papel en una pel&iacute;cula. <br />
S&oacute;lo ten&iacute;a diecis&eacute;is primaveras cuando debut&oacute; en el cine de la mano del h&uacute;ngaro Ladislao Vajda, en <em>Te quiero para m&iacute;</em>, y en cuatro a&ntilde;os rod&oacute; otra decena de filmes. Eran personajes muy secundarios, pero logr&oacute; destacar en <em>Mariona Rebull</em> (1947), en la piel de una cantante, y en <em>Locura de amor</em> (1948), como la mora lasciva que entabla amor&iacute;os con Felipe el Hermoso. En este &uacute;ltimo t&iacute;tulo la actriz manchega ya hab&iacute;a renunciado al color rubio, poco apropiado a su personalidad, y adquirido las dotes de seducci&oacute;n que ya no abandonar&iacute;a nunca.<br />
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Tras una grave y extra&ntilde;a enfermedad, contra&iacute;da al parecer durante el rodaje de <em>Locura de amor</em>, Sarita decidi&oacute; abandonar Espa&ntilde;a para instalarse en M&eacute;xico, la antec&aacute;mara de Hollywood. En el pa&iacute;s azteca rod&oacute; una docena de pel&iacute;culas, siempre con mucho &eacute;xito, entre 1950 y 1954: <em>Furia roja</em> (1951), <em>C&aacute;rcel de mujeres</em> (1951) -donde fue descubierta por el director estadounidense Robert Aldrich-, <em>Ah&iacute; viene Mart&iacute;n Corona</em> (1952), <em>Piel canela</em> (1953), <em>Yo no creo en los hombres</em> (1954)...<br />
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<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/p-3rX9hUlGQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Sin hablar ingl&eacute;s, Sarita fue invitada a unirse al t&aacute;ndem protagonista de <em>Veracruz</em> (1954), Burt Lancaster y Gary Cooper. Despu&eacute;s vinieron <em>Dos pasiones y un amor</em> (Serenade, 1956), de la mano de Anthony Mann, el director que fue su marido durante siete a&ntilde;os (1956-1963), y <em>Yuma</em> (1957), de Samuel Fuller. Pero el desenga&ntilde;o no tard&oacute; en instalarse. Su <em>carrera</em> norteamericana, a pesar de su contrato con la Warner, se hab&iacute;a quedado en agua de borrajas. Y as&iacute;, cuando de Espa&ntilde;a lleg&oacute; una oferta para protagonizar <em>El &uacute;ltimo cupl&eacute;</em>, no lo dud&oacute;. Se trataba de un proyecto en el que nadie cre&iacute;a, y en el que deb&iacute;a cantar por primera vez. Sin embargo, el p&uacute;blico la convirti&oacute; en un triunfo cuando se estren&oacute; en Madrid, el 6 de mayo de 1957. Revelando la sedosa cualidad de su voz, <em>El &uacute;ltimo cupl&eacute;</em> fue la pel&iacute;cula del milagro, y la que proyect&oacute; internacionalmente a Sara. Incluso ante el general Franco, que recibi&oacute; oficialmente a la bella en el palacio de la Granja.<br />
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El &eacute;xito inesperado y sin medida del filme de Juan de Ordu&ntilde;a trastoc&oacute; todos los planes de la actriz manchega, que abandon&oacute; Hollywood para firmar el contrato de su vida: un mill&oacute;n de d&oacute;lares por cuatro pel&iacute;culas, todas las cuales recibieron el benepl&aacute;cito del p&uacute;blico. Destinadas al consumo popular, <em>La violetera</em> (1958), <em>Carmen la de Ronda</em> (1959), <em>Mi &uacute;ltimo tango</em> (1960) y <em>Pecado de amor</em> (1961) son melodramas en estado puro, donde se tejen y destejen pasiones violentas y amores contrariados, en una riada de efluvios musicales. <br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/vAQEnSv4tDw" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Pero la f&oacute;rmula acab&oacute; agot&aacute;ndose. Y ante falta de &eacute;xito de sus &uacute;ltimos trabajos en el celuloide, Sara no insisti&oacute;: abandon&oacute; el cine en 1975. Entre tanto, en paralelo, se hab&iacute;a forjado una s&oacute;lida carrera musical, con m&aacute;s de cincuenta discos publicados y un repertorio de m&aacute;s de setecientas canciones. <br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/FRRlZfX2H6Y" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
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En el d&iacute;a de su muerte, todos los diarios y televisiones le rendir&aacute;n el mejor homenaje posible desempolvando las fotos m&aacute;s hermosas de sus d&iacute;as de gloria, cuando era la mujer so&ntilde;ada por todos los hombres. Esta concesi&oacute;n a la nostalgia servir&aacute; para recordar que, en otro tiempo, el cine espa&ntilde;ol contaba con la magia necesaria para brindar al mundo creaciones tan suntuosas como las que ella encarn&oacute;. Pero lo cierto es que Sara, la Sara eterna, s&iacute;ntesis de las m&aacute;s puras esencias hisp&aacute;nicas, permanece anclada en el tiempo, como si se resistiese a entonar el "&uacute;ltimo cupl&eacute;".]]></content>
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    <title>Alfredo Landa, el Jack Lemmon español</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/juan-tejero/alfredo-landa-el-jack-lem_b_2806390.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2806390</id>
    <published>2013-03-10T04:11:00-04:00</published>
    <updated>2013-05-10T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Hablar de Alfredo Landa, que acaba de cumplir 80, es hablar de un gigante de la interpretación. Nadie se atrevería a negar que es un actor prodigioso.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[<blockquote><strong>Este post se public&oacute; hace dos meses con motivo del cumplea&ntilde;os del actor Alfredo Landa. Lo recuperamos hoy como homenaje al int&eacute;rprete <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/05/09/muere-alfredo-landa_n_3245758.html" target="_hplink">fallecido este 9 de mayo</a>.</strong> </blockquote><br />
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Hablar de Alfredo Landa, que acaba de cumplir ochenta a&ntilde;os, es hablar de un gigante de la interpretaci&oacute;n. Ni m&aacute;s, ni menos. Porque nadie en su sano juicio se atrever&iacute;a a negar que Landa es un actor prodigioso; en realidad, su carrera es un almanaque de papeles inmensos, que s&oacute;lo un genio puede llevar a buen puerto. Fuera de la pantalla, don Alfredo  es un maestro del anonimato, un hombre con una gran habilidad para pasar desapercibido. Su rostro es d&oacute;cil y maleable, perfectamente olvidable, y su apariencia f&iacute;sica tan poco sensacional como los tipos a los que prest&oacute; vida al iniciar su carrera. Es la clase de int&eacute;rprete que desaparece detr&aacute;s de su personaje para convertirlo en una gran creaci&oacute;n. A pesar de eso, o tal vez por eso, hizo el actor gala de una versatilidad asombrosa en sus composiciones, de una riqueza de observaci&oacute;n de la que podr&iacute;an alardear muy pocos compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n.<br />
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Especializado durante una &eacute;poca en personajes t&iacute;picos y t&oacute;picos, enmarcados en un cine falsamente costumbrista, Landa tuvo que esperar un par de d&eacute;cadas para demostrar la versatilidad de su talento. Nadie le pod&iacute;a negar que hac&iacute;a muy bien lo que ten&iacute;a que hacer, pero en una obra maestra titulada <em>Los santos inocentes</em> un director llamado Mario Camus extrajo lo mejor de este actor superdotado, le contuvo y sac&oacute; de &eacute;l una interpretaci&oacute;n memorable. Desde entonces no dej&oacute; de deslumbrarnos con su infinito talento histri&oacute;nico y de sorprendernos con su camaleonismo sin l&iacute;mites, porque cuando el personaje que interpretaba ten&iacute;a inter&eacute;s, complejidad, vida, el arte de este actor entraba en el terreno de lo sublime. Alfredo Landa es como el Jack Lemmon espa&ntilde;ol, o si se prefiere, Lemmon es como el Landa estadounidense. <br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/vNppKxE54rI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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La normalidad de su f&iacute;sico -estatura media, ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco- le vali&oacute; para convertirse en el prototipo del espa&ntilde;ol medio en m&aacute;s de un centenar de pel&iacute;culas. C&aacute;lido, en&eacute;rgico, temperamental y extrovertido, el talento de Landa nunca pareci&oacute; tener l&iacute;mites, incluso a veces era necesario contenerle un poco, ya que la tendencia natural de este actor era el histrionismo. Pero su presencia en la pantalla siempre es poderosa, electrizante, intensa. Es de los pocos actores que han dado nombre a un g&eacute;nero: el "landismo". Y a &eacute;l se recurre cuando quiere definirse el secreto de su &eacute;xito en los a&ntilde;os sesenta y principios de los setenta: carisma, personalidad, t&eacute;cnica y genio interpretativo.<br />
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Su evoluci&oacute;n de actor eminentemente c&oacute;mico a solid&iacute;simo int&eacute;rprete dram&aacute;tico se desarroll&oacute;, a principios de los setenta, sin traumas, con esa aparente naturalidad y sinceridad que esconde el esfuerzo de un actor intuitivo por encima de todo. <br />
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Hijo de un militar y de una ama de casa, Alfredo comenz&oacute; los estudios de Derecho en San Sebasti&aacute;n, al tiempo que fue uno de los miembros fundadores del TEU, donde interpret&oacute; obras de Jardiel Poncela y Alejandro Casona. En 1958 se traslad&oacute; a Madrid y empez&oacute; a trabajar como actor de doblaje, pero al poco tiempo se decant&oacute; por el teatro. Debut&oacute; en el cine en 1962, con <em>Atraco a las tres</em>, de Jos&eacute; Mar&iacute;a Forqu&eacute;. Manuel Summers le dio su primer papel importante en <em>La ni&ntilde;a de luto</em> (1964) y, a partir de ese momento se convirti&oacute; en un actor muy popular gracias a t&iacute;tulos como <em>No somos de piedra</em> (M. Summers, 1967), <em>Los que tocan el piano</em> (J. Aguirre, 1967) o <em>La dinamita est&aacute; servida</em> (F. Merino, 1969). En 1970 protagoniz&oacute; uno de los mayores &eacute;xitos del cine espa&ntilde;ol, <em>No desear&aacute;s al vecino del quinto</em> (R. Fern&aacute;ndez), en la piel de un hombre que se hace pasar por homosexual en una ciudad de provincias. Fue en esa &eacute;poca cuando se manifest&oacute; en todo su esplendor el "landismo", subg&eacute;nero cinematogr&aacute;fico en el que &eacute;l encarnaba al espa&ntilde;olito medio: noblote, ingenuo y reprimido, capaz de ligarse a las mujeres m&aacute;s estupendas. Protagonista de comedias costumbristas, le hemos visto como emigrante en Alemania o Francia, pueblerino que lee la cartilla a los "listos" de la capital, obseso sexual..., reflejo de las inquietudes, sue&ntilde;os y frustraciones de sus compatriotas. <br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/3q0haSef0cA" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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De perseguir suecas en bikini y a lo loco, imit&aacute;ndose constantemente a s&iacute; mismo, dio un salto al futuro en 1976 con su participaci&oacute;n en <em>El puente</em>, de Juan Antonio Bardem, filme que se aprovechaba de su imagen para mostrar la toma de conciencia social de un trabajador y que le vali&oacute; el premio de interpretaci&oacute;n del Festival de Mosc&uacute;. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, inici&oacute; su colaboraci&oacute;n con un director fundamental en su carrera, Jos&eacute; Luis Garci. En su primer trabajo en com&uacute;n, <em>Las verdes praderas</em> (1978), Landa bord&oacute; el retrato ir&oacute;nico de un hombre servil con sus superiores, que vive y trabaja para pagar las facturas y mantener la ilusi&oacute;n de ser propietario de un chalet, s&iacute;mbolo de su status social. Y en el segundo hizo lo propio con un papel que marcar&iacute;a un antes y un despu&eacute;s en su trayectoria cinematogr&aacute;fica, el detective Areta de <em>El crack</em> (1981), un personaje desencantado que dio paso a un int&eacute;rprete austero y subterr&aacute;neo que sugiere m&aacute;s que muestra. Sorprendiendo a todos, con un bigote que otorga una frialdad inesperada a su rostro, Landa apareci&oacute; ante nuestros ojos como una especie de negativo de los mejores int&eacute;rpretes del m&iacute;tico cine negro norteamericano, abriendo con esa actuaci&oacute;n la puerta a una prodigiosa galer&iacute;a de papeles ins&oacute;litos e insospechados. El propio actor asegur&oacute; que encarnar a ese detective signific&oacute; "darle la vuelta al calcet&iacute;n" de su carrera. Pero su gran creaci&oacute;n es la de Paco, el apocado y resignado personaje de <em>Los santos inocentes</em>, por la que recibi&oacute; el Premio de interpretaci&oacute;n del Festival de Cannes. Su eminente composici&oacute;n posee capacidad para colocarnos un nudo en la garganta, hacernos sentir piedad y admiraci&oacute;n hacia el coraje de vivir de los que habitan en el infierno. Ese mismo a&ntilde;o, 1984, rod&oacute; <em>La vaquilla</em> a las &oacute;rdenes de Luis Garc&iacute;a Berlanga, uno de los grandes &eacute;xitos del cine espa&ntilde;ol. Y tres a&ntilde;os despu&eacute;s recibi&oacute; al Goya al Mejor Actor por el bandido Fendetestas de <em>El bosque animado</em>, de Jos&eacute; Luis Cuerda. <br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/QERcWMVP5Rk" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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En la d&eacute;cada de los noventa, y hasta su retirada, Landa se decant&oacute; por el medio televisivo (es imprescindible destacar la recreaci&oacute;n que hace de un personaje hecho a su medida, el Sancho Panza de la serie <em>Don Quijote</em>) y por un tipo de cine m&aacute;s populista, aunque tambi&eacute;n rod&oacute; producciones con m&aacute;s ambiciones art&iacute;sticas como <em>El rey del r&iacute;o</em> (M. Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, 1994) o <em>Canci&oacute;n de cuna</em> (J. L. Garci, 1994), donde aguant&oacute; con audacia y talento la tarea nada f&aacute;cil de sostener un melodrama legendario de nuestra escena de comienzos del siglo XX. Landa, un gran actor, pero sobre todo un hombre, un hombre de verdad. Y por eso le quisieron todos los que le conocieron. Tambi&eacute;n los espectadores.<br />
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    <title>Tarantino en estado puro</title>
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    <published>2013-01-18T01:00:00-05:00</published>
    <updated>2013-03-19T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[En la década pasada algunos pensaron, no sin razón, que Quentin Tarantino había dejado atrás su mejor momento.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[En la d&eacute;cada pasada algunos pensaron, no sin raz&oacute;n, que Quentin Tarantino hab&iacute;a dejado atr&aacute;s su mejor momento. Despu&eacute;s del exhaustivo fest&iacute;n para freaks cin&eacute;fagos que fue el d&iacute;ptico <em>Kill Bill</em>, de la grosera, casi insoportable egolatr&iacute;a de <em>Death Proof</em> y de la entretenida pero err&aacute;tica <em>Malditos bastardos</em>, el mit&oacute;mano adolescente por antonomasia parec&iacute;a haber ca&iacute;do en un terminal declive de autocomplacencia. <br />
<br />
Pues bien, ahora parece que alguien ha agitado el sonajero, porque con <em>Django desencadenado</em>, a pesar de su car&aacute;cter digresivo, epis&oacute;dico, a veces absurdo, Tarantino vuelve a ser el que era. Esta pel&iacute;cula es un sabroso <a href="http://www.huffingtonpost.es/juan-tejero/erase-una-vez-el-spaguett_b_2439185.html" target="_hplink">spaguetti western</a>, con mucha salsa picante y mucho ketchup y sazonado con esa clase de toques que s&oacute;lo le toleramos a Quentin Tarantino. <br />
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<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/wldQdIM7Igw" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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La &uacute;ltima vez, Quentin se meti&oacute; con las altas esferas del partido nazi. Esta vez, el objeto de disecci&oacute;n irreverente es la esclavitud americana, punto de partida de una aventura emocionante, tanto en g&eacute;nero como en estilo, que culmina en una situaci&oacute;n extra&ntilde;a y pesadillesca, situada en una plantaci&oacute;n de esclavos en el a&ntilde;o 1858. Jamie Foxx es Django, un esclavo que recorre Texas encadenado a un grupo de prisioneros. Su amo se encuentra con el cazarrecompensas alem&aacute;n King Schultz, un supuesto dentista itinerante que conduce un extra&ntilde;o carromato coronado por una enorme reproducci&oacute;n de una muela. Schultz compra a Django y le promete la libertad a cambio de un favor: que le ayude a encontrar a tres vigilantes de esclavos con los que tiene negocios pendientes. Django demuestra ser un ayudante h&aacute;bil y un buen pistolero, y a Schultz le entusiasma saber que est&aacute; casado con una mujer (Kerry Washington) cuyos amos alemanes le ense&ntilde;aron a hablar su idioma y la apodaron "Br&uuml;nnhilde", un nombre que sus ignorantes propietarios posteriores entendieron como "Brumhilda". Al final la vendieron por separado, porque siempre estaba escap&aacute;ndose, igual que Django, y ahora, como castigo, le han marcado la cara a fuego y obligado a trabajar como esclava sexual de Calvin Candy (Leonardo DiCaprio), un negrero de Mississippi cuya mala reputaci&oacute;n le precede.<br />
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Lo primero que llama la atenci&oacute;n es que Tarantino dirige su pel&iacute;cula con la espl&eacute;ndida audacia y provocaci&oacute;n que le caracterizan, con su latigazo de crueldad y su desd&eacute;n chulesco. Lo segundo es la abundancia de incidentes. El director de <em>Pulp Fiction</em> no renuncia a su tendencia a la pirotecnia verbal, pero los di&aacute;logos nunca son un fin en s&iacute; mismos: cada momento tiene su porqu&eacute;. Y lo tercero es que <em>Django desencadenado</em> est&aacute; soberbiamente interpretada por Jamie Foxx -que transmite un carisma espont&aacute;neo-, Kerry Washington, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio y, sobre todo, Samuel L. Jackson, que hace una obra maestra con su personaje, el escalofriante Stephen, el encorvado decano de los esclavos del abominable Calvin Candie.<br />
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<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/RvM6KxMXJBA" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Como si quisiera incomodar a todos los progres del mundo, Tarantino y Jackson convierten a Stephen en el T&iacute;o Tom m&aacute;s bellaco de la historia: fidel&iacute;simo a su amo blanco e implacable con la "raza inferior" de la Casa Grande. El temblor del Parkinson -un toque inspirado- hace a&uacute;n m&aacute;s inquietante su mirada mal&eacute;vola y escalofriantemente taimada. A Stephen le repugnan las pol&iacute;ticas raciales arrogantes (aunque &eacute;l no lo expresa de ese modo) y &eacute;l y Quentin arrojan, con s&aacute;dica falta de tacto y mal gusto, la bomba at&oacute;mica de la s&aacute;tira sobre los "vichyanos" colaboradores del hombre blanco en el Viejo Sur. El de los esclavos es un tema con el que Hollywood siempre se ha mostrado inc&oacute;modo y reticente. <br />
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<em>Django desencadenado</em> es una versi&oacute;n libre del <em>Django</em> de Sergio Corbucci, un spaguetti-western de 1966 protagonizado por Franco Nero, que a sus m&aacute;s de setenta a&ntilde;os regresa en un breve cameo. Pero su inspiraci&oacute;n m&aacute;s evidente es <em>Mandingo</em> (1975), un filme de culto de Richard Fleischer sobre un esclavo entrenado para luchar contra otros esclavos, una pel&iacute;cula provocadora que Tarantino ha alabado muchas veces, y m&aacute;s cuando la cr&iacute;tica la ha despreciado. <br />
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Schultz, movido por la relaci&oacute;n que tiene Brumhilda con la madre patria, se compromete a ayudar a Django a encontrar a la chica y descargar una terrible venganza sobre las personas que la maltrataron, una misi&oacute;n que los pone en contacto con un grupo del Ku Klux Klan tan incompetente que parece salido de <em>Sillas de montar calientes</em>, y que acaba llev&aacute;ndolos hasta el coraz&oacute;n de las tinieblas, la plantaci&oacute;n de Candie, un personaje que Di Caprio encarna con dientes podridos y cortes&iacute;a sat&aacute;nica. Pero Django se tiene que tragar su orgullo y fingir que es esa cosa abominable, un "Mandingo", un luchador-entrenador y d&oacute;cil juguete del hombre blanco, una figura demasiado cercana al estado de mansa servidumbre de Stephen. <br />
<br />
Hay momentos de direcci&oacute;n puramente magistrales, y tambi&eacute;n para el disfrute del espectador. Schultz, interpretado por Waltz con excentricidad elegante y refinada,  provoca un esc&aacute;ndalo en un pueblo al que llega cabalgando junto a su socio negro, un privilegio que enfurece a sus racistas habitantes. La tensi&oacute;n culmina en un duelo y un intercambio de disparos que paraliza de asombro a los habitantes del lugar, hasta que una mujer se desmaya en &uacute;ltimo t&eacute;rmino: un toque visual inspirado y totalmente inesperado. Es como si Tarantino hubiera chasqueado alegremente los dedos en nuestras caras. <br />
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<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/t97iGzGFyCI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Django desencadenado tambi&eacute;n irradia esa emoci&oacute;n vibrante y casi vacua que yo hab&iacute;a echado tanto en falta en <em>Malditos bastardos</em>, con su equivocado tropo sobre los spaguetti-nazis y su aburrida trama. S&oacute;lo puedo decir que este brutal western de venganzas produce, y por toneladas, ese placer narc&oacute;tico y delirante que Tarantino a&uacute;n sabe crear en el cine, algo que est&aacute; relacionado con la manipulaci&oacute;n de las superficies. Un placer tan insano, deplorable y delicioso como un cigarrillo prohibido.<br />
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No obstante, hay problemas: <em>Django desencadenado</em>, como todo lo que ha hecho Quentin desde la inesperadamente conmovedora <em>Jackie Brown</em>, parece un poco mim&eacute;tica: el impacto emocional del momento prima sobre la impresi&oacute;n emocional duradera. Del romance entre Django y Broomhilda se habla en t&eacute;rminos &eacute;picos, pero el espectador no siente el v&iacute;nculo entre ambos, y la brutal eliminaci&oacute;n, a &uacute;ltima hora, de algunos personajes clave, est&aacute; ejecutada con fr&iacute;a eficacia, cuando estos merec&iacute;an m&aacute;s. Otro posible lastre es el metraje. Es una pel&iacute;cula larga, indudablemente (dura dos horas y 45 minutos), e incluso es posible que el director se sintiera tentado de dividirla en dos partes, como su d&iacute;ptico <em>Kill Bill</em>. Pero lo cierto es que Tarantino disfruta de su prolijidad, alternando momentos de veneraci&oacute;n por un paisaje esmeradamente fotografiado por Robert Richardson con otros de fren&eacute;tica orquestaci&oacute;n de la tensi&oacute;n y la violencia, salpicados de zooms de impacto sobre los rostros de los protagonistas.<br />
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<em>Django desencadenado</em>, en definitiva, es una pel&iacute;cula repleta de virtudes grandes y peque&ntilde;as: el perfecto trabajo de los actores (aparte del cameo del director, pero eso era de esperar), una colecci&oacute;n de escenas que se sit&uacute;an delicadamente en el l&iacute;mite de lo ofensivo, la majestuosa y cin&eacute;fila banda sonora, la acci&oacute;n incesante... y, lo m&aacute;s importante, no sabe demasiado a pastiche. As&iacute; que, nos alegra tenerte aqu&iacute; de nuevo, Quentin. No todo est&aacute; perdonado, pero sigue as&iacute; y puede que hasta <em>Death Proof</em> desaparezca en el recuerdo.]]></content>
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    <title>Érase una vez el spaguetti western</title>
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    <published>2013-01-12T04:10:25-05:00</published>
    <updated>2013-03-13T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Spaguetti western, de películas violentas, machistas, homófobas, racistas a ratos, divertidas en ocasiones, la mayoría de las veces aburridas y repetitivas. Causaron furor en la época, por su anarquismo ideológico, por su surrealismo, por sus héroes estoicos y sus villanos diabólicos, y por sus muchos asesinatos macabros.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Despu&eacute;s del clamoroso &eacute;xito de <em>Por un pu&ntilde;ado de d&oacute;lares</em> (<em>For a Fistful of Dollars</em>), en 1964, Sergio Leone sol&iacute;a decir: "Hubo una fiebre del oro tremenda, pero basada en arena y no en roca". Una de sus an&eacute;cdotas de sobremesa favoritas era la historia de c&oacute;mo se rodaban los westerns italianos baratos en la gloriosa &eacute;poca que va de mediados a finales de los a&ntilde;os sesenta. En una ocasi&oacute;n, por lo que cuentan, el actor principal dej&oacute; plantado un rodaje, porque no hab&iacute;a cobrado, justo cuando se dispon&iacute;an a filmar la &uacute;ltima escena. "Dadme media hora", dijo el director. "Ya se me ocurrir&aacute; algo". Treinta minutos despu&eacute;s estaba de vuelta. "&iquest;Sab&eacute;is el hombre que friega el estudio? Pues venga, r&aacute;pido, ponedle un traje de cowboy". Cambiaron el gui&oacute;n para que el hombre llegara al campamento indio en una carreta y dijera: "Mi hijo no ha podido venir, as&iacute; que me ha enviado a m&iacute;". Esta an&eacute;cdota corresponde a un momento de la historia cine italiano en el que un actor respond&iacute;a al seud&oacute;nimo de Clint Westwood y un director se hac&iacute;a llamar John Fordson (no para enga&ntilde;ar al p&uacute;blico estadounidense, sino para tranquilizar al transalpino). Eran los a&ntilde;os del spaguetti western, de pel&iacute;culas violentas, machistas, hom&oacute;fobas, racistas a ratos, divertidas en ocasiones, la mayor&iacute;a de las veces aburridas y repetitivas. Como todos los westerns, como las pel&iacute;culas en general. Pero el caso es que causaron furor en la &eacute;poca, por su anarquismo ideol&oacute;gico, por su surrealismo, por sus h&eacute;roes estoicos y sus villanos diab&oacute;licos, y por sus muchos asesinatos macabros. <br />
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<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/MiMZnFg1mbo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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En estas pel&iacute;culas se pon&iacute;a el acento, m&aacute;s que en la dureza americana, en el machismo y el estilo mediterr&aacute;neos. Al h&eacute;roe, que respond&iacute;a a nombres como Django o Ringo, Joe o el Forastero, y que s&oacute;lo aspiraba a explotar las injusticias que ve&iacute;a a su alrededor, se le identificaba por su estilosa vestimenta, su barbita incipiente de dise&ntilde;o y su tabaquismo. Hab&iacute;a un brutal cl&iacute;max cada diez minutos, para mantener la atenci&oacute;n del espectador -el director Sergio Corbucci cont&oacute; una vez que en una ocasi&oacute;n, los espectadores de un cine de Calabria abrieron fuego contra la pantalla porque se sintieron estafados con el final de su pel&iacute;cula <em>El gran silencio</em> (<em>Il grande silenzio</em>, 1968)-; un uso "ret&oacute;rico" de la c&aacute;mara, que insist&iacute;a en los t&oacute;picos visuales del western de Hollywood; y esas polvorientas localizaciones andaluzas que <em>Lawrence de Arabia</em> hab&iacute;a puesto de moda en los &uacute;ltimos tiempos. Los fuegos cruzados iban acompa&ntilde;ados de solemnes trompetas elegiacas, como el deg&uuml;ello de <em>R&iacute;o Bravo</em>, majestuosos boleros o guitarras espa&ntilde;olas pegadas al micr&oacute;fono.<br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/w8Ge2hmSTbo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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El dise&ntilde;o de producci&oacute;n es otra de las grandes cualidades del g&eacute;nero, cuyos productos se rodaban mayoritariamente entre Italia y Espa&ntilde;a. Muchas localizaciones italianas tienen elementos que las delatan, como esos reconocibles cipreses italianos, que pod&iacute;an valer para el p&eacute;plum, pero no para el <em>western</em>, y esos verdes pastos de Lazio, que se parecen m&aacute;s a Gales que al suroeste estadounidense. Pero los &aacute;ridos paisajes espa&ntilde;oles que rodean Madrid y Almer&iacute;a s&iacute; recrean de forma cre&iacute;ble las tierras de la frontera entre Estados Unidos y M&eacute;xico.<br />
<br />
Los spaguetti westerns tambi&eacute;n ten&iacute;an una actitud no revisionista respecto a la mentalidad de g&eacute;nero. Franco Nero, el actor que despu&eacute;s del Hombre sin Nombre de Clint Eastwood encarn&oacute; al segundo h&eacute;roe m&aacute;s popular del western italiano, el Django de Corbucci (cuyo nombre apareci&oacute; vinculado a 16 aventuras m&aacute;s entre 1966 y 1972, la mayor&iacute;a no relacionadas con el original) cre&iacute;a que una de las cosas que les gustaban a los hombres italianos de estos h&eacute;roes fr&iacute;os y reservados era que "ellos quer&iacute;an ir a ver a su jefe en la oficina, ser el h&eacute;roe y decir: Se&ntilde;or, a partir de hoy va a ocurrir algo, y &iexcl;bum, bum!". <br />
<br />
En 1967, el novelista Alberto Moravia terminaba un art&iacute;culo sobre el western a la italiana diciendo: "Despu&eacute;s de todas estas historias, &iquest;qu&eacute;? &iquest;S&oacute;lo un pu&ntilde;ado de d&oacute;lares? &iquest;O hay algo m&aacute;s?". Ahora que el g&eacute;nero del Oeste italiano se ha convertido en un cl&aacute;sico del mercado de DVD, y que los &aacute;lbumes de las bandas sonoras, sobre todo las de Ennio Morricone, est&aacute;n reconocidas como influencias fundamentales en la m&uacute;sica de cine, esta sigue siendo una pregunta razonable. Con los a&ntilde;os, la mayor parte de la cr&iacute;tica ha aceptado los westerns de Sergio Leone como hitos importantes del cine de acci&oacute;n: el h&eacute;roe de acci&oacute;n moderno, no s&oacute;lo los de los filmes de Tarantino y Rodr&iacute;guez, empieza aqu&iacute;. Ahora estos filmes est&aacute;n considerados como parte integrante de esa clase de "cine-cine" (como lo defini&oacute; Leone) de finales de los a&ntilde;os sesenta: pel&iacute;culas populares dirigidas por autores.<br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/71oRqG53cvY" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Algunos de los m&aacute;s de cuatrocientos westerns italianos que se produjeron entre 1962 y 1976 han superado la prueba del tiempo, sobre todo los que se exportaron a gran escala, como los de Corbucci con Nero; los westerns pol&iacute;ticos de Sergio Sollima <em>El halc&oacute;n y la presa</em> (<em>La resa dei conti</em>, 1966) y <em>Cara a cara</em> (<em>Faccia a faccia</em>, 1967); la serie <em>Trinidad</em>, protagonizada por Terence Hill y Bud Spencer -los Laurel y Hardy del Oeste italiano- y dirigida por Enzo Barboni; y la elegiaca <em>Mi nombre es ninguno</em> (<em>Il mio nome &egrave; Nessuno</em>, 1973), de Tonino Valerii. Estos t&iacute;tulos son como Sancho Panza respecto a las anticuadas historias de caballer&iacute;a del western americano de mediados de los a&ntilde;os sesenta; carnavales ruidosos y tonificantes en los que lo m&aacute;s reconocible se nos vuelve extra&ntilde;o. Los toques italianos -y su relaci&oacute;n con Hollywood- son sus elementos m&aacute;s interesantes, originales y entra&ntilde;ables. Otros spaguetti westerns -el feo y el malo, y los sobrecargados de salsa bolo&ntilde;esa- no han envejecido tan bien. Pero hoy ya nadie pone en duda que Sergio Leone fue al western de John Ford lo que Claude Chabrol a la obra de Alfred Hitchcock, Jean-Pierre Melville al cine de gangsters o Bernardo Bertolucci a la serie negra.]]></content>
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    <title>Siempre nos quedará 'Casablanca'</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2190897</id>
    <published>2012-11-27T02:02:02-05:00</published>
    <updated>2013-01-26T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[No confíen en nadie que no ame Casablanca. Todo en su mágica y melodramática combinación de sentimientos patrióticos, refugiados desesperados y amantes predestinados funciona maravillosamente, todas las veces. Es la película de la historia del cine que más se disfruta viendo una y otra vez.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[En papel, quiz&aacute;s no suena demasiado bien: la mujer que rompi&oacute; el coraz&oacute;n de un hombre entra en el bar de &eacute;ste con su marido. Pero "los problemas de tres peque&ntilde;as personas" se ven agravados por una intriga b&eacute;lica en un peligroso y misterioso lugar. Deben recordar esto: no conf&iacute;en en nadie que no ame <em>Casablanca</em>. No importa que los profesores de los talleres de guiones lo utilicen como un modelo de estructura y narrativa, o que ganara los premios de la Academia a la Mejor Pel&iacute;cula, Director y Gui&oacute;n. La cuesti&oacute;n fundamental es que todo en su m&aacute;gica y melodram&aacute;tica combinaci&oacute;n de sentimientos patri&oacute;ticos, refugiados desesperados y amantes predestinados funciona maravillosamente, todas las veces.<br />
<br />
Casablanca es casi con total seguridad -para asombro de aquellos implicados en su ca&oacute;tico rodaje- la pel&iacute;cula de la historia del cine que m&aacute;s se disfruta viendo una y otra vez. En cada ocasi&oacute;n, alguna joya de su cat&aacute;logo de di&aacute;logos ingeniosos e ir&oacute;nicos te golpea como si fuese nueva. Todo en ella roza la genialidad, cuando no la toca a fondo. Y dada su turbulenta historia, hay que reconocer que fue sumamente afortunada a todos los niveles. <br />
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En el primero de muchos giros del destino, la obra lleg&oacute; a Warner Bros. el 8 de diciembre de 1941, el d&iacute;a despu&eacute;s de <em>Pearl Habor.</em> Cuando los Estados Unidos declararon la guerra, los estudios se apresuraron a hacer pel&iacute;culas patri&oacute;ticas. Dos semanas despu&eacute;s, el ejecutivo a cargo de producci&oacute;n de Warner, Hal Wallis, decidi&oacute; hacer el filme, cambiando el t&iacute;tulo para evocar el ex&oacute;tico romanticismo de uno de los <em>hits</em> del estudio, <em>Argel</em>, y lo anunci&oacute; como un trato cerrado antes de que los contratos se hubiesen firmado.<br />
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Contrariamente al mito y a algunos curiosos bulos publicitarios, Humphrey Bogart siempre fue la elecci&oacute;n de Wallis para el papel de Rick, y los hermanos guionistas Julius y Philip Epstein fueron contratados para escribirlo a su medida. Cuando los Epstein se fueron a trabajar en la serie de documentales <em>Why We Fight</em> de Frank Capra, a&uacute;n ten&iacute;an <em>Casablanca</em> a medio hacer, as&iacute; que Howard Koch (que hab&iacute;a escrito la emisi&oacute;n radiof&oacute;nica m&aacute;s famosa de la historia, la adaptaci&oacute;n de <em>La guerra de los mundos</em> para Orson Welles) se incorpor&oacute; al proyecto hasta la vuelta de los hermanos.<br />
<br />
La historia de amor y autosacrificio que es el alma de la pel&iacute;cula fue una aportaci&oacute;n de los Epstein. Como tambi&eacute;n lo fue el inteligente y c&iacute;nico humor que dota de una extraordinaria vida a los personajes secundarios. Sin acreditar, Casey Robinson (guionista de varios &eacute;xitos, incluyendo <em>La extra&ntilde;a pasajera</em>) reescribi&oacute; las secuencias del <em>flashback</em> de Par&iacute;s que revelan el romance de Rick e Ilsa Lund y su separaci&oacute;n. Pero la trama de <em>Casablanca</em> es un <em>thriller</em> pol&iacute;tico, y fue Koch (cuyo liberalismo literario le llev&oacute; despu&eacute;s a ser incluido en la "Lista Negra") quien desarroll&oacute; ese aspecto. &Eacute;l abord&oacute; las preocupaciones de Bogie sobre el pasado de Rick, desarrollando el enigm&aacute;tico, idealista y finalmente her&oacute;ico personaje que Humphrey personific&oacute; con un estilo inmortal. <br />
<br />
Ilsa fue otro problema. Originalmente era una cazafortunas americana que romp&iacute;a el matrimonio de Rick pero le abandonaba por el m&aacute;s rico Victor, del cual era amante, no esposa. Los censores habr&iacute;an montado en c&oacute;lera, y los cineastas quer&iacute;an que el p&uacute;blico se pusiese de su parte, de ah&iacute; el concepto de una vulnerable europea devota de su marido. La bella Hedy Lamarr no estaba disponible, as&iacute; que Wallis negoci&oacute; con David O. Selznick para contratar a Ingrid Bergman (a cambio de la actriz de Warner Olivia de Havilland). Con el gui&oacute;n a&uacute;n incompleto, Ingrid se encontr&oacute; con que no sab&iacute;a con qu&eacute; hombre acabar&iacute;a. Es uno de esos milagrosos accidentes que Bogie y Bergman, aunque &eacute;l se comportaba de forma distante con ella fuera de las c&aacute;maras, est&eacute;n sublimes juntos en la pantalla. <br />
<br />
Paul Henreid no estaba muy emocionado con lo que &eacute;l ve&iacute;a como la ridiculez de interpretar a un l&iacute;der de la Resistencia Checa que escapa de un campo de concentraci&oacute;n para acabar en Marruecos, elegantemente vestido para discutir de modo sofisticado con los oficiales nazis. Sin embargo, se mordi&oacute; la lengua y lo hizo a cambio de una prominente posici&oacute;n en los cr&eacute;ditos y la ayuda de la Warner con su visado. Conrad Veidt, un enemigo declarado del Nazismo que hab&iacute;a escapado por los pelos de Alemania, lejos de lamentarse por quedar encasillado como el Mayor Heinrich Strasser, estableci&oacute; en su contrato que exclusivamente interpretar&iacute;a a villanos, firmemente decidido a que haciendo papeles de nazi ayudar&iacute;a a los esfuerzos b&eacute;licos.<br />
<br />
El director emigrado Michael Curtiz, no tanto un artista como un artesano extraordinariamente h&aacute;bil que logr&oacute; imponerse en varios g&eacute;neros, ten&iacute;a una personalidad perfeccionista -algunos dir&iacute;an que tir&aacute;nica- en el plat&oacute;. Tambi&eacute;n ten&iacute;a un encaprichamiento con Am&eacute;rica y sus sentimientos, lo que unific&oacute; todos los elementos y los talentos creativos de Casablanca en su atmosf&eacute;rico y cautivador conjunto. Las orgullosas aseveraciones de la Warner de que gente de treinta y cuatro nacionalidades colabor&oacute; en la pel&iacute;cula pueden ser una exageraci&oacute;n, pero de todos modos no hay un mejor ejemplo que esta cinta en el crisol de Hollywood. El filme cre&oacute; un mundo en miniatura, en el cual los deseos, pecados e impulsos b&aacute;sicos universales, para bien y para mal, est&aacute;n envueltos en glamour, suspense y estilo.<br />
<br />
<em>Casablanca</em> es amada universalmente porque presenta el m&aacute;s admirable e inspirador mito de Am&eacute;rica en su rom&aacute;ntico idealismo: la redentora renuncia de Rick a Ilsa por un bien mayor, y su marcha para unirse a la lucha. La primera vez que la ves es s&oacute;lo el principio de una bella amistad. Porque, a partir de ese momento, este <em>cult movie</em> ser&aacute; siempre el refugio de quienes creen que el Amor (con may&uacute;scula) es el mejor de los males y el dolor el resultado de la pasi&oacute;n, de quienes necesitan refugiarse en la magia del cine para olvidar durante unos momentos las miserias de la vida cotidiana y so&ntilde;ar con las grandes historias que nunca vivir&aacute;n. <br />
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Tal vez no sea la mejor pel&iacute;cula de la historia del cine, tal vez Humphrey Bogart no sea el mejor actor del mundo, tal vez Ingrid Bergman realiz&oacute; mejores interpretaciones a lo largo de su carrera, pero lo cierto es que setenta a&ntilde;os despu&eacute;s el p&uacute;blico sigue respondiendo a su llamada, recitando de memoria sus di&aacute;logos y tatareando "As Times Goes By". Tal vez s&oacute;lo sea una pel&iacute;cula irrepetible. Tal vez.<br />
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    <title>James Bond sigue desafiando a la gravedad</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2063332</id>
    <published>2012-11-03T04:08:15-04:00</published>
    <updated>2013-01-02T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[En fin... ¡qué subidón de adrenalina! Desde la escena de Estambul hasta el tiroteo final en las Highlands de Escocia, esta película es un espectáculo enormemente entretenido e incluso sentimental, y dotado de un héroe atractivamente humano (aunque nunca humanitario).]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[&iquest;Qu&eacute; mejor que unas bodas de oro para la saga bondiana? Porque es verdad: la franquicia quincuagenaria tiene un brillo decididamente &aacute;ureo: desde Auric "Dedo de Oro" Goldfinger hasta Francisco Scaramanga, el hombre de la pistola &iacute;dem. La imagen de la chica ba&ntilde;ada en oro es uno de los iconos inmortales del celuloide, y la finca donde Ian Fleming escrib&iacute;a sus historias de sangre, sexo y traici&oacute;n se llamaba... ojo dorado: Goldeneye. El oro forma parte de la esencia de James Bond.<br />
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Por eso, la pel&iacute;cula del cincuentenario lleg&oacute; acompa&ntilde;ada de expectativas muy doradas. Adem&aacute;s de devolver a Daniel Craig al servicio activo despu&eacute;s del desigual recibimiento dispensado a <em>Quantum of Solace</em>, una propuesta que algunos describieron como una mala imitaci&oacute;n de las pel&iacute;culas de Jason Bourne, <em>Skyfall</em> tambi&eacute;n llega a las pantallas del mundo con la misi&oacute;n de celebrar cincuenta a&ntilde;os de escapismo triunfal. Medio siglo de guiones descabellados, gadgets de fabricaci&oacute;n p&uacute;blica y mujeres dotadas de nombres rid&iacute;culos. <br />
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Hoy ya nadie duda que Craig fue una elecci&oacute;n inspirada. Tiene una presencia y un aire de amenaza natural. Aporta el talento de un int&eacute;rprete serio a un personaje que en el fondo es liviano; hace aflorar toda su capacidad l&uacute;dica y toda su ridiculez esencial, pero no lo parodia, limit&aacute;ndose a confirmar con rotundidad que el intrigante y carism&aacute;tico personaje al que da vida est&aacute; hecho de una madera diferente a la de sus elegantes predecesores. Es, probablemente, el mejor Bond desde Sean Connery, puede que incluso... Bueno, no nos dejemos llevar por el entusiasmo... Vamos con los hechos. Con su cara de palo y esa rubiez pajiza no del todo inglesa, el actor brit&aacute;nico ha evidenciado cualidades sobradas para encarnar a un icono de la cultura popular: un personaje rebosante de cool, aplomo, magn&eacute;tico atractivo sexual y una mano fatalmente destructiva en su relaci&oacute;n con las mujeres. La clave de su factor X es que no parece menos capacitado para interpretar a un villano bondiano. <br />
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<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/7HKoqNJtMTQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Dicho esto, el cincuenta aniversario de la saga era el momento adecuado para echar el resto. Las pel&iacute;culas de James Bond son astutas urracas que afanan las joyas m&aacute;s nuevas y brillantes del celuloide. La decepcionante <em>Quantum of Solace</em> se resinti&oacute; de su excesivo empe&ntilde;o en poner la mano en la caja de la saga Bourne. Pero <em>Skyfall</em> es mucho m&aacute;s sutil a la hora de inspirarse no s&oacute;lo en la actual oleada de pel&iacute;culas de superh&eacute;roes m&aacute;s oscuros que antes, sino tambi&eacute;n en el mundo que nos rodea. Este filme contiene alusiones a terroristas an&oacute;nimos, robos de datos, pirateo inform&aacute;tico e incluso medi&aacute;ticas investigaciones gubernamentales: pero nada es lo bastante espec&iacute;fico para marcar el desarrollo de la historia. Esta es una pel&iacute;cula de 007: la atm&oacute;sfera lo es todo. No tiene que ser contempor&aacute;nea, sino parecerlo. El resultado es un entretenid&iacute;simo espect&aacute;culo de acci&oacute;n que avanza valientemente hacia delante mientras mira de vez en cuando sobre su hombro, hacia el pasado. Y es que en eso consiste la franquicia Bond: en una mezcla de tradici&oacute;n y progreso, siempre en evoluci&oacute;n y siempre revivificadora. Aqu&iacute; tenemos al director Sam Mendes (<em>American Beauty</em>, <em>Revolutionary Road</em>) dando a la serie una imagen majestuosa, una oscuridad de tono y mucho espacio para respirar, adem&aacute;s de alg&uacute;n que otro gui&ntilde;o para iniciados, un Aston Martin DB5 de <em>Goldfinger</em>, unos cocodrilos a la manera de <em>Vive y deja morir</em>. Y, sobre todo, tenemos a un adversario delicioso: el pintoresco, siniestro y escalofriante Silva (Javier Bardem), una especie de Hannibal Lecter que quiere vengarse del MI6 por no apreciar su talento. Pero, a diferencia de sus predecesores, que viv&iacute;an en mansiones renacentistas y trabajaban en silos dotados de todos los adelantos tecnol&oacute;gicos, Silva es un hombre austero que habita en las polucionadas ruinas de una remota isla.<br />
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&iexcl;Qu&eacute; gran hallazgo este loco carcajeante! Su entrada en escena es antol&oacute;gica. La hace desde la lejan&iacute;a, un punto en el horizonte, emitiendo un sinuoso comentario sobre lo que pasa cuando las ratas se pelean entre s&iacute;. Gradualmente, su perturbador rostro se va perfilando, todo un hallazgo visual por parte de Mendes y su director de fotograf&iacute;a, Roger Deakins. Silva es intensamente rubio, de pelo y de cejas, un efecto "malo n&oacute;rdico" que su acento espa&ntilde;ol complementa o contrarresta de una forma extra&ntilde;a. Tiene la curiosa y siniestra costumbre de estremecerse y chasquear la lengua con desd&eacute;n de esteta cuando 007 insiste en frustrar sus planes. Pero lo importante es que James tiene el mismo color de pelo. As&iacute; que se trata de un duelo de rubio contra rubio, y tanto el Bond de Craig como el villano de Bardem parecen los descendientes modernos del oxigenado Robert Shaw de <em>Desde Rusia con amor</em>. Silva, en muchos sentidos, est&aacute; cortado por el mismo patr&oacute;n que el agente del MI6, y en los dos casos hay mar de fondo emocional con M.<br />
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<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/GFnmF9cr98o" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Mendes sabe que si omite las delicias tradicionales de la saga, se arriesga a que le llamen aguafiestas, y por eso su tratamiento parece calculado para respetar la f&oacute;rmula al tiempo que avanza hacia delante. As&iacute;, la cinta ofrece algunos toques visuales espectaculares: motocicletas recorriendo el tejado del Gran Bazar de Estambul, luces de ne&oacute;n reflejadas en los cristales de un rascacielos de Shanghai; los paisajes de Escocia en el sombr&iacute;o desenlace. En cambio, la intervenci&oacute;n de las chicas Bond (una glamourosa colega del MI6 interpretada por Naomie Harris y una mujer fatal encarnada por B&eacute;r&eacute;nice Marlohe) es meramente simb&oacute;lica. <em>Skyfall</em> tambi&eacute;n adolece de cierta repetici&oacute;n perezosa, parte del humor verbal resulta mec&aacute;nico y Bond, como siempre, es capturado y escapa con demasiada facilidad. El elemento tur&iacute;stico -sobre todo la parte de Macao- tampoco est&aacute; logrado. S&oacute;lo en la segunda parte del filme, que transcurre &iacute;ntegramente en el Reino Unido, se pone Mendes, por fin, a repartir las cartas que todo director de la saga est&aacute; obligado a suministrar. Aqu&iacute; es donde puede confeccionar una mezcla m&aacute;s rabiosa y coherente de acci&oacute;n, emoci&oacute;n e historia, con ese cl&iacute;max apropiadamente apartado y solitario entre 007 y su &uacute;ltimo antagonista. <br />
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En fin... &iexcl;qu&eacute; subid&oacute;n de adrenalina! Desde la escena de Estambul hasta el tiroteo final en las Highlands de Escocia, esta pel&iacute;cula es un espect&aacute;culo enormemente entretenido e incluso sentimental, y dotado de un h&eacute;roe atractivamente humano (aunque nunca humanitario). En conjunto, la puesta en escena es admirable, la imagen adecuadamente tenebrosa y las extra&ntilde;amente conmovedoras &uacute;ltimas escenas tienen esa elegancia elegiaca y esa aura tr&aacute;gica que <em>007 al servicio secreto de Su Majestad brit&aacute;nica</em> s&oacute;lo apunt&oacute;. Craig consigue salir de la sombra de Sean Connery. Es el &uacute;nico Bond que quiz&aacute;s tambi&eacute;n podr&iacute;a haber encarnado a Alec Leamas, el triste h&eacute;roe de la novela de John Le Carr&eacute; <em>El esp&iacute;a que surgi&oacute; del fr&iacute;o</em>. Junto a &eacute;l, Judi Dench demuestra que podr&iacute;a haber interpretado a Smiley, que es m&aacute;s de lo que se puede decir de Stella Rimington. En definitiva, a pesar de su t&iacute;tulo, <em>Ca&iacute;da del cielo</em>, 007 es un h&eacute;roe que sigue desafiando a la gravedad.]]></content>
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    <title>Todos se llaman Bond, James Bond</title>
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    <published>2012-10-05T04:07:32-04:00</published>
    <updated>2012-12-04T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Hace medio siglo que James Bond surgió de las aguas del Caribe para, en compañía de una estupenda rubia, acabar con el malvado Doctor No y salvar al mundo de una catástrofe. Desde entonces, el personaje ha creado moda, escuela y tradición, adaptándose a los tiempos que le ha tocado vivir.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Hace medio siglo que James Bond surgi&oacute; de las aguas del Caribe para, en compa&ntilde;&iacute;a de una estupenda rubia, acabar con el malvado Doctor No y salvar al mundo de una cat&aacute;strofe. Desde entonces, y con el respaldo del &eacute;xito popular, el personaje surgido de la pluma de Ian Fleming ha creado moda, escuela y tradici&oacute;n, adapt&aacute;ndose como si de un camale&oacute;n se tratase a los tiempos que le ha tocado vivir. <br />
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Su llegada al mundo fue todo un acontecimiento. Porque si hay un h&eacute;roe que resuma el esp&iacute;ritu de los a&ntilde;os sesenta, &eacute;se es Bond, el agente con "licencia para matar". Eliminaba a sus enemigos con mucha elegancia y sin vacilar, y hac&iacute;a el amor con hedonismo consumado y sin prejuicios raciales. Y por si eso fuera poco, le gustaba vivir bien, vestir bien y comer bien. En eso 007 fue un espejo de su era. Algo que tal vez se debe menos a las novelas de Fleming que a sus adaptaciones cinematogr&aacute;ficas y, sobre todo, al feliz hallazgo de Sean Connery. <br />
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El mito naci&oacute; en Goldeneye. As&iacute; se llama el paradis&iacute;aco refugio al que Fleming se retir&oacute; tras la Segunda Guerra Mundial para dedicarse a la literatura. En concreto, el autor brit&aacute;nico lleg&oacute; a escribir doce novelas y ocho relatos cortos, desde 1953 hasta su muerte, en 1964. Pero si Ian es el padre literario de Bond, Albert R. Broccoli y Harry Saltzman son sus orgullosos progenitores cinematogr&aacute;ficos. Los dos cineastas proced&iacute;an de ambientes muy distintos. <br />
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El canadiense Saltzman era uno de los fundadores de Woodfall Films, una productora que contribuy&oacute; decisivamente a impulsar la corriente de pel&iacute;culas de los J&oacute;venes Airados de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta (<em>Mirando hacia atr&aacute;s con ira</em>; <em>El animador</em>; <em>S&aacute;bado noche, domingo ma&ntilde;ana</em>). Broccoli era un genuino producto de Hollywood: de auxiliar de rodaje en <em>The Outlaw</em>, de Howard Hughes, hab&iacute;a pasado a ayudante de direcci&oacute;n, agente de artistas -representando a Robert Wagner y Lana Turner- y, finalmente, productor de pel&iacute;culas independientes, de acci&oacute;n la mayor&iacute;a de ellas. La mezcla de coraje brit&aacute;nico de Saltzman y fanfarroner&iacute;a americana de Broccoli tambi&eacute;n forma parte de la esencia de las pel&iacute;culas de James Bond: los rasgos que definen a las aventuras del agente 007 son la dureza, el ingenio taciturno y la inteligencia, todo ello filtrado por el prisma del sentido del espect&aacute;culo y el carisma made in Hollywood. <br />
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El cine y la televisi&oacute;n se interesaron por ellas desde el principio, pero no fue hasta 1961 cuando Saltzman y Broccoli se decidieron a adaptar a la pantalla los libros de Fleming, cuyas ventas eran de muchos millones de ejemplares. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se estren&oacute; <em>Agente 007 contra el Dr. No</em>. <br />
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Por azares del destino, Sean Connery, un escoc&eacute;s recalcitrante, fue quien se adue&ntilde;&oacute; de un papel para el que tambi&eacute;n se barajaron los nombres de Rex Harrison, Richard Burton, David Niven y Cary Grant. El actor que encarnaba al futuro fetiche de la cultura de masas pose&iacute;a elegancia, estilo, humor sard&oacute;nico, un f&iacute;sico desafiante, profesionalidad y hambre de triunfo. La apuesta fue un &eacute;xito. Connery aport&oacute; al superagente una inquietante sofisticaci&oacute;n, maestr&iacute;a en el arte de la seducci&oacute;n directa y un s&aacute;dico refinamiento en el arte de amar y matar. En definitiva, un Bond inimitable e irreprochable, cuya influencia en los a&ntilde;os sesenta lleg&oacute; a convulsionar al mundo. <br />
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Tras el abandono de Connery, el agente 007 naveg&oacute; durante varios a&ntilde;os a la deriva, hasta que los productores lograron encontrarle un nuevo cuerpo en el que reencarnarse: Roger Moore, un veh&iacute;culo bastante aceptable aunque menos lujoso que el anterior. El nuevo agente con "licencia para matar", en su visi&oacute;n del personaje, tir&oacute; en direcci&oacute;n opuesta: dijo que &eacute;l no pod&iacute;a hacer lo que hac&iacute;a Connery, y dio un giro ir&oacute;nico y disparatado al personaje, apostando por un tipo de aventuras a medio camino entre la comedia y la ciencia ficci&oacute;n. <br />
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La versi&oacute;n de Moore era m&aacute;s jocosa que la de Connery, sin duda, pero segu&iacute;a teniendo un lado homicida. Cuando hablamos de la etapa Moore, pensamos en trajes de explorador, agudezas est&uacute;pidas y efectos especiales infantiles, pero sin sus destellos de fr&iacute;a brutalidad, la saga habr&iacute;a naufragado para siempre. Incluso en sus peores momentos -por ejemplo, <em>Octopussy</em> y <em>Panorama para matar</em>-, Roger pod&iacute;a ser convincentemente letal cuando ten&iacute;a que serlo. <br />
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Cuando el cambio de imagen degener&oacute; en una parodia de s&iacute; mismo, los productores decidieron retomar el esp&iacute;ritu de anta&ntilde;o. Le sustituy&oacute; Timothy Dalton, forjado en los escenarios como actor shakesperiano y que ya se hab&iacute;a presentado al casting de <em>007 al servicio secreto de Su Majestad</em>. <br />
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Para Timothy, el problema no fue la capacidad mort&iacute;fera, sino el obligado carisma del personaje. Cuando jubilaron a Moore, las dos entregas que Dalton protagoniz&oacute; en los ochenta intentaron, sin &eacute;xito, modernizar a 007, convertir al monstruo de la bragueta en un hombre con cierta sensibilidad <em>new age</em>, menos invencible y m&aacute;s realista. Dalton ve&iacute;a as&iacute; al personaje: &laquo;Para dejarse llevar por la fantas&iacute;a es muy importante hacerlo cre&iacute;ble. Otra cosa es que a la gente le guste este nuevo Bond&raquo;. No le gust&oacute;, por desgracia. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s de que Dalton colgara su Walter PPK, la producci&oacute;n encontr&oacute; todas estas cualidades resumidas en un actor llamado Pierce Brosnan, y en la pel&iacute;cula de Martin Campbell <em>GoldenEye</em>. Brosnan hab&iacute;a estado a punto de hacerse con el papel, desplazando a Dalton, a mediados de la d&eacute;cada anterior, pero el contrato que lo ataba a la serie de televisi&oacute;n <em>Remington Steele</em> le impidi&oacute; aceptarlo. Para el actor, este fracaso tuvo consecuencias positivas. &laquo;El personaje es para un actor de cuarenta y tantos a&ntilde;os, una edad suficiente para tener el aplomo, el refinamiento y la fuerza necesarias para estar ah&iacute; y dejar reposar el momento&raquo;, afirm&oacute;. &laquo;Bond es un hombre enormemente seguro de s&iacute; mismo. Y para interpretar eso se necesita pr&aacute;ctica&raquo;.<br />
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Tomar el testigo de Brosnan no iba a ser f&aacute;cil. Pierce hab&iacute;a mezclado brutalidad y carisma en las entregas de la saga que mejores resultados de taquilla hab&iacute;an dado hasta el momento. &iquest;Qu&eacute; hacer cuando &eacute;ste abandonara el personaje? &iquest;Ignorar contra-Bonds como el de <em>El caso Bourne</em> e ir a por m&aacute;s de lo mismo? &iquest;O intentar algo diferente? Por una vez, los productores de la saga decidieron lanzarse al vac&iacute;o. <br />
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Volver a los comienzos de la serie (<em>Casino Royale</em>) era un riesgo, pero la verdadera apuesta era el actor elegido: Daniel Craig. Un vistazo a su cara bastaba para darse cuenta de que &eacute;ste era un Bond m&aacute;s duro, menos pulido. &iquest;Sabr&iacute;a hacer suyo el personaje o lo rechazar&iacute;an, como a Timothy Dalton? &laquo;Si voy a ver una pel&iacute;cula de 007, creo que tiene que tener ciertas cosas&raquo;, ha comentado Craig. Y &eacute;ste las tiene. Yo s&oacute;lo quer&iacute;a verlo cometer alg&uacute;n error. Quiero que el espectador crea que todo va a salir mal, y as&iacute; cuando todo sale bien es mucho m&aacute;s emocionante&raquo;. El problema era que eso era lo mismo que hab&iacute;a dicho Dalton. Pero en manos de Craig, dio resultado. Daniel hizo lo que no pudo hacer Timothy, y conect&oacute; con cierta esencia del personaje que no ha cambiado a lo largo de los a&ntilde;os. Es muy sencillo: &laquo;Sean Connery estableci&oacute; y defini&oacute; el personaje&raquo;, afirm&oacute; Craig. &laquo;Era malo, sexy, primario y con estilo, y si hoy yo estoy aqu&iacute; es por &eacute;l&raquo;.<br />
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<blockquote> Juan Tejero es autor del libro <em><strong>Su nombre es Bond, James Bond</strong></em>, que a finales de mes llegar&aacute; a las librer&iacute;as en una edici&oacute;n ampliada de lujo para conmemorar el cincuentenario del personaje.</blockquote><br />
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<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2012-10-04-PortadalibroBond.jpg"><img alt="2012-10-04-PortadalibroBond.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-10-04-PortadalibroBond-thumb.jpg" width="570" height="703" /></a></center><br />
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    <title>Nostalgia de Woody Allen</title>
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    <published>2012-09-21T04:02:33-04:00</published>
    <updated>2012-11-20T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Los seguidores del director de 'Annie Hall' saben de la tensión que supone ver sus últimas películas: el alivio de presenciar un buen gag, la ocasional punzada de tristeza al pensar que algún día no habrá más películas nuevas de Allen. Seamos generosos con él, y mostremos nuestro agradecimiento por lo mucho que nos ha hecho disfrutar durante el último medio siglo.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Ha estado en Londres, en Barcelona y en Par&iacute;s, y ahora Woody Allen hace otra de esas escalas de turista adinerado en una ciudad europea, <a href="http://www.imdb.com/title/tt1859650/" target="_hplink">esta vez en una Roma</a> ba&ntilde;ada en la dulce luz del ocaso y reciclando t&oacute;picos pintorescos del pasado. El cineasta neoyorquino se retrotrae a las pel&iacute;culas de episodios que tan de moda estuvieron en la Italia de hace cincuenta a&ntilde;os, la &eacute;poca en que Allen empez&oacute; a convertirse en un cin&eacute;filo. A este subg&eacute;nero contribuyeron todos los grandes nombres de la direcci&oacute;n, desde Roman Polanski hasta Pier Paolo Pasolini. S&oacute;lo requer&iacute;an una idea, se pod&iacute;an hacer r&aacute;pido, los productores contrataban a actores de renombre y por lo menos dos o tres episodios resultaban rentables. Allen hizo su propia versi&oacute;n en los comienzos de su carrera, con el brillante pastiche del cine de Antonioni de <em>Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo</em> (1972), una pel&iacute;cula que conten&iacute;a, entre otros pasajes, una parodia de Antonioni, y m&aacute;s tarde ayud&oacute; a resucitar el g&eacute;nero en compa&ntilde;&iacute;a de dos directores &iacute;taloamericanos, Scorsese y Coppola, con <em>Historias de Nueva York</em>. Por eso, era natural que recurriera a esta idea cuando surgi&oacute; un proyecto romano. <br />
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Los episodios italianos son los de menos peso. El m&aacute;s sustancioso es una comedia sexual sobre Antonio (Alessandro Tiberi) y Milly (Alessandra Mastronardi), un ingenuo matrimonio de provincias que llega a un hotel de Roma desde Pordenone, una ciudad del noreste del pa&iacute;s (que sin duda fue elegida por su prestigioso festival de cine cl&aacute;sico mudo). Ella sale del hotel para buscar una peluquer&iacute;a, pero se pierde, se encuentra con el rodaje de una pel&iacute;cula y tiene una aventura de tintes fellinianos con su pomposa estrella. Mientras tanto, Anna, una pintoresca y voluptuosa chica de alterne (Pen&eacute;lope Cruz imitando a Sofia Loren) aparece en la habitaci&oacute;n de la pareja, por error, y cuando llegan los parientes se hace pasar por Milly.<br />
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En el otro pasaje italiano, Roberto Benigni es Leopoldo Pisanello, oficinista y hombre de familia an&oacute;nimo que un d&iacute;a se ve aupado a la celebridad, presa de paparazzi y presencia constante en televisi&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo durar&aacute; esto? &iquest;Cu&aacute;ndo se pinchar&aacute; el globo? Este entrem&eacute;s sat&iacute;rico sobre lo absurdo de la fama es un tema recurrente en las pel&iacute;culas de episodios, y Allen deja claro que la historia hunde sus ra&iacute;ces en la d&eacute;cada de los sesenta cuando pone en boca del ch&oacute;fer de Pisanello la frase &laquo;es famoso porque es famoso&raquo;, una definici&oacute;n de la celebridad acu&ntilde;ada por el historiador Daniel Boorstin en su libro de 1961. <br />
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En las pel&iacute;culas-contenedor italianas tradicionales, las historias ten&iacute;an t&iacute;tulos y una presentaci&oacute;n discreta. En <em>A Roma con amor</em> aparecen entrelazadas, y el resultado es un poco surrealista, porque no transcurren en el mismo periodo de tiempo. La historia de la pareja de Pordenone, por ejemplo, ocurre en un periodo de varias horas, la de Benigni de d&iacute;as, por lo menos, y las dos partes protagonizadas por actores americanos se alarga d&iacute;as o meses. De hecho, este elemento surreal es realzado por el episodio en el que John (Alec Baldwin), un arquitecto norteamericano maduro y desencantado, ve en Jack (Jesse Eisenberg) a una versi&oacute;n rejuvenecida y vulnerable de s&iacute; mismo, y se convierte en la voz que resuena en la cabeza del ambicioso estudiante de arquitectura previni&eacute;ndole contra la mujer que ahora ocupa su coraz&oacute;n, Monica (Ellen Page), una egoc&eacute;ntrica aspirante a estrella de cine. Baldwin tiene el aspecto de los parientes cincuentones, &laquo;tan marchitos y tan j&oacute;venes&raquo;, de los que habla T.S. Eliot en <em>The Family Reunion</em>, mientras que Eisenberg es la esencia del idealismo joven y rabioso; y por lo intercambiable de sus nombres y el papel de consejero invisible que asume Baldwin (como el Bogart de <em>Sue&ntilde;os de seductor</em>), inferimos que es la misma persona en edades diferentes. <br />
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Pero el episodio crucial es aqu&eacute;l en el que Woody Allen interpreta el papel de Jerry, un director de &oacute;pera vanguardista (es famoso por un "Tosca" en el que los cantantes iban vestidos de ratones blancos) y su &aacute;cida esposa, Phyllis (Judy Davis), una pareja que llega a Roma para conocer al novio de su hija. Esta historia arroja una mirada tan divertida como conmovedora sobre el matrimonio, la ambici&oacute;n y la muerte, y en ella Allen parodia su imagen de pesimista cascarrabias y Davis le humilla como dicen que hace su mujer, Soon-Yi.<br />
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El problema es que casi todo lo que pasa en esta pel&iacute;cula suena a primer borrador de un gui&oacute;n que un Allen m&aacute;s joven habr&iacute;a refinado considerablemente. No hay erudici&oacute;n exc&eacute;ntrica que valga, no hay lecturas para iniciados, no todos los golpes de humor divierten (hay chistes son de una obviedad apabullante) y algunas situaciones simplemente no funcionan, por no hablar de la presencia de Benigni, cuya gracia depende de lo que uno opine de &eacute;l. En el caso de quien estas l&iacute;neas escribe, verlo en pantalla es como darme un chute de novoca&iacute;na. <br />
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De alguna manera, Allen ha conseguido reunir un reparto estelar con un gui&oacute;n mediocre, y de hecho son los actores los que lo hacen todo m&aacute;s o menos tolerable. Jesse Eisenberg compone un Woody Junior pasable en su papel del estudiante de arquitectura que se enamora de la coqueta y neur&oacute;tica Ellen Page mientras ignora los sabios consejos de un Alec Baldwin robaescenas como asesor imaginario. S&iacute;, toques h&aacute;biles no faltan, y algunos pasajes tienen ciertas dosis de alegr&iacute;a y sentido l&uacute;dico, pero esta cinta est&aacute; lejos de la grandeza de otras &eacute;pocas, de un <em>Sue&ntilde;os de seductor</em> por ejemplo. Y cuando un Woody Allen menor se convierte en el t&iacute;tulo de referencia, sabemos que vamos descendiendo en la escala de calidad. <br />
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Los seguidores del director de <em>Annie Hall</em> saben de la tensi&oacute;n que supone ver sus &uacute;ltimas pel&iacute;culas: el alivio de presenciar un buen gag, la ocasional punzada de tristeza al pensar que alg&uacute;n d&iacute;a no habr&aacute; m&aacute;s pel&iacute;culas nuevas de Allen. Esta certeza proporciona a sus &uacute;ltimos trabajos una emoci&oacute;n que no tienen otros. Pero a&uacute;n hay otra en la rec&aacute;mara, y el inesperado &eacute;xito de <em>Midnight in Paris</em> ha demostrado que este cineasta &uacute;nico puede seguir sorprendi&eacute;ndonos. Y si no, seamos generosos con &eacute;l, y mostremos nuestro agradecimiento por lo mucho que nos ha hecho disfrutar durante el &uacute;ltimo medio siglo.]]></content>
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    <title>Tres décadas sin Ingrid Bergman</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1838724</id>
    <published>2012-08-29T06:43:12-04:00</published>
    <updated>2012-10-29T05:12:04-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Adorada por el público, venerada por la crítica y respetada por todos los aficionados al cine, Ingrid fue la estrella más amada de los años cuarenta. Tenía una mirada dulce y serena, un rostro delicado de incomparable belleza y el porte elegante de una dama.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Hace tres d&eacute;cadas, un 29 de agosto de 1982, precisamente el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os, <a href="http://www.imdb.com/name/nm0000006/" target="_hplink">Ingrid Bergman</a> baj&oacute; definitivamente los brazos en su &uacute;ltimo combate contra la muerte. <br />
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Adorada por el p&uacute;blico, venerada por la cr&iacute;tica y respetada por todos los aficionados al cine, Ingrid fue la estrella m&aacute;s amada de los a&ntilde;os cuarenta. Ten&iacute;a una mirada dulce y serena, un rostro delicado de incomparable belleza y el porte elegante de una dama. Era espont&aacute;nea, sincera y femenina. Y compon&iacute;a sus personajes con una claridad, precisi&oacute;n y profundidad asombrosos. Pero lo m&aacute;s prodigioso era su portentosa naturalidad, su maravillosa ductilidad. Nunca fue una diva glacial, sino una criatura vital y exquisita, e incluso en sus papeles m&aacute;s sofisticados siempre desprend&iacute;a una aureola de autenticidad. El suyo fue el triunfo de la femineidad sin pretensiones. En el terreno interpretativo, nada puede empa&ntilde;ar el recuerdo de su primera etapa en Hollywood, cuando asombr&oacute; al mundo con una inigualada serie de composiciones que marcaron un estilo inconfundible, casi siempre asociadas a un mismo personaje: la mujer enamorada, de belleza perfecta y pasado turbio, siempre dispuesta al sacrificio, aunque tambi&eacute;n supo encarnar la frialdad y el distanciamiento propios de la mujer fatal. Fue una casquivana camarera en <em>El extra&ntilde;o caso del Dr. Jekyll</em> (<em>Dr. Jekyll and Mr. Hyde</em>, 1941), una rom&aacute;ntica miliciana en <em>&iquest;Por qui&eacute;n doblan las campanas?</em> (<em>For Whom the Bell Tolls</em>, 1943), una psiquiatra enamorada en <em>Recuerda </em>(<em>Spellbound</em>, 1945), una monja adorable en <em>Las campanas de Santa Mar&iacute;a</em> (<em>The Bells of St. Mary's</em>, 1945) y una dama turbia elevada a los altares de la santidad en <em>Juana de Arco</em> (<em>Joan of Arc</em>, 1948). Pero no es aqu&iacute; donde hay que buscar las cimas m&aacute;s altas de su arte, sino en tres papeles que representan las perlas m&aacute;s rutilantes de su diadema. Se trata de la dulce hero&iacute;na de <em>Casablanca</em> (1942), la hermosa v&iacute;ctima de <em>Luz que agoniza</em> (<em>Gaslight</em>, 1944) y la esp&iacute;a manipulada de <em>Encadenados</em> (<em>Notorious</em>, 1946). Tres personajes que nos explican como ning&uacute;n otro lo que Bergman era como estrella, como presencia, como actriz y como mito.<br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/63Kw2YzqocE" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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<em>Casablanca</em> fue la pel&iacute;cula que le abri&oacute; de par en par las puertas de la fama. De la mano de Michael Curtiz, Ingrid dio vida a una hero&iacute;na poco convencional en uno de los t&iacute;tulos m&aacute;s legendarios de la historia del cine. En aquella &eacute;poca, las protagonistas de los melodramas cinematogr&aacute;ficos luchaban por su hogar y defend&iacute;an su matrimonio, pero Ilsa, que confund&iacute;a los latidos de su coraz&oacute;n con ca&ntilde;onazos, no dudaba en romper las reglas establecidas, anteponiendo el amor al deber y abandonando a su h&eacute;roe de guerra para recuperar la felicidad. Su interpretaci&oacute;n llev&oacute; a sus futuros directores a descubrir lo que pod&iacute;an hacer con una mujer que parec&iacute;a demasiado &iacute;ntegra para no ocultar alg&uacute;n defecto. Por ejemplo, Alfred Hitchcock, que mir&oacute; a Bergman como Valmont mirar&iacute;a a la virtuosa Madame de Tourvel en <em>Encadenados</em>. Entre la santa y la prostituta, tal vez s&oacute;lo era una cuesti&oacute;n de puntos de vista. As&iacute;, volvi&oacute; a servir con brillantez al <em>star system</em> en <em>Luz que agoniza</em>, de George Cukor, remake de un filme ingl&eacute;s basado en una mediocre pieza teatral sobre una rica heredera a quien su marido, un pianista fracasado (Charles Boyer), trata de hacer enloquecer. Su interpretaci&oacute;n puso a sus pies a la Academia, que no dud&oacute; en darle el primero de los tres Oscar que ganar&iacute;a a lo largo de su carrera.<br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/yjy5WWgoyEE" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Pero bajo sus amables maneras, Ingrid era una estrella que nunca dej&oacute; su carrera en manos del pr&oacute;jimo. Eligi&oacute; el oficio de actriz por pasi&oacute;n, pero tambi&eacute;n para compensar la tristeza de una infancia de ni&ntilde;a hu&eacute;rfana. Se&ntilde;alada desde su llegada a Hollywood como la nueva Greta Garbo, no ten&iacute;a nada del misterio ni de la sofisticaci&oacute;n de su compatriota, y no se correspond&iacute;a con el tipo de mujer europea que hasta entonces hab&iacute;a recalado en Estados Unidos. A diferencia de las flores de invernadero que eran Marlene Dietrich y Greta Garbo, Bergman era una belleza natural, una chica que ol&iacute;a a jab&oacute;n, a pino y a aire fresco. La primera parte de su carrera, de hecho, se construy&oacute; sobre esta imagen de lozan&iacute;a y frescura. Tanto fue as&iacute; que, con ayuda de su ejemplar vida familiar y de los personajes que interpretaba en pantalla, Hollywood la convirti&oacute; muy pronto en Santa Ingrid. Pero pensar que Bergman, como Juana de Arco, hab&iacute;a nacido para el martirio, era no conocerla. El despertar fue tanto m&aacute;s brutal para aquellos que se hab&iacute;an adherido a esta teresiana imagen.<br />
<br />
El golpe de gracia fue infligido, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de su llegada a la f&aacute;brica de sue&ntilde;os, cuando la actriz abandon&oacute; marido e hija para tirarse al cuello del cineasta italiano Roberto Rossellini. La an&eacute;cdota es conocida. Ingrid, fascinada con el talento del cineasta italiano, decidi&oacute; escribirle un famoso telegrama ofreci&eacute;ndo sus servicios incondicionales como actriz: &laquo;Si necesita una int&eacute;rprete sueca que hable perfectamente ingl&eacute;s, que no ha olvidado el alem&aacute;n, a quien apenas se entiende en franc&eacute;s y que del italiano s&oacute;lo sabe decir 'ti amo', estoy dispuesta a hacer una pel&iacute;cula con usted&raquo;. Esa decisi&oacute;n vital y personal le cost&oacute; nada menos que siete a&ntilde;os de ostracismo profesional en un cine que hasta entonces la hab&iacute;a encumbrado. Porque el p&uacute;blico norteamericano se sinti&oacute;, adem&aacute;s de traicionado por la imagen que se hab&iacute;a hecho de ella, abandonado en la preferencia que hab&iacute;a otorgado a una actriz extranjera. Y como un amante despechado reaccion&oacute; con furia, destruyendo con toda la pasi&oacute;n con la que antes hab&iacute;a amado. <br />
<br />
<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/NK7Wnmf8Su8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
<br />
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Siete a&ntilde;os despu&eacute;s, Darryl Zanuck conjur&oacute; la maldici&oacute;n obligando a Ingrid a aceptar el papel de <em>Anastasia</em> (1956), el preludio de su indulto en Hollywood, se&ntilde;alado por la obtenci&oacute;n de un segundo Oscar. Un renacimiento que tambi&eacute;n dio la puntilla a su matrimonio con Rossellini, al que sigui&oacute; una nueva relaci&oacute;n, por fin feliz, con el productor teatral sueco Lars Schmidt. Pero lo cierto es que para entonces Bergman ya hab&iacute;a recuperado el estrellato internacional. Y la actriz siempre procur&oacute; conservar este estatus prodig&aacute;ndose en los teatros de Par&iacute;s, de Estocolmo y de Londres, donde <em>Tea and Sympathy</em> y <em>Hedda Gabler</em> contribuyeron a&uacute;n m&aacute;s a asentar su leyenda. <br />
<br />
En 1978, mientras intentaba, desde hac&iacute;a cuatro a&ntilde;os, domesticar un c&aacute;ncer, el azar, un mismo bagaje cultural y una coincidencia de experiencias la llevaron a cruzarse en el camino de Ingmar Bergman. <em>Sonata de oto&ntilde;o</em> (H&ouml;stsonaten) fue -junto a <em>Una mujer llamada Golda</em> (<em>A Woman Called Golda</em>, 1982)- su canto del cisne. Pero qu&eacute; apoteosis, el papel de esa madre egoc&eacute;ntrica y obsesionada con su propia carrera de pianista, hasta el punto de ahogar la personalidad de su hija. Un bucle perfecto, que hab&iacute;a empezado cuarenta a&ntilde;os atr&aacute;s, con otra virtuosa del piano, la de <em>Intermezzo</em>. <br />
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    <title>Fichajes malditos. Parte I</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/juan-tejero/fichajes-malditos-parte-i_b_1709792.html"/>
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    <published>2012-07-28T04:04:03-04:00</published>
    <updated>2012-09-26T05:12:33-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Decía el técnico argentino Gustavo Alfaro que "en el fútbol no hay recetas que te garanticen el éxito ni hay medidas para prevenir el fracaso". Este axioma sirve para la mayoría de los casos, pero hay algunas raras avis que escapan a esta afirmación.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Dec&iacute;a el t&eacute;cnico argentino Gustavo Alfaro que "en el f&uacute;tbol no hay recetas que te garanticen el &eacute;xito ni hay medidas para prevenir el fracaso". Este axioma sirve para la mayor&iacute;a de los casos, pero hay algunas<em> raras avis </em>que escapan a esta afirmaci&oacute;n. Son los fichajes de verano, la panacea para todos los males futbol&iacute;sticos, sobre todo si vienen de fuera y cuestan una fortuna. Eso s&iacute;, a veces, la soluci&oacute;n acaba convirti&eacute;ndose en un problema. Y si no, que se lo digan al Real Madrid, que no sabe como quitarse de encima a Kak&aacute;, fichado a bombo y platillo como estandarte del segundo mandato de Florentino P&eacute;rez y cuyo resultado s&oacute;lo cabe calificar de decepcionante. Pero Kak&aacute; no es el fiasco m&aacute;s estrepitoso del club merengue. Los ha habido, aunque cueste creerlo, m&aacute;s sangrantes. Hay algunos casos.<br />
<br />
<br />
<strong>EXTRA&Ntilde;OS EN LA CASA BLANCA</strong><br />
<br />
<strong>Jos&eacute; Luis Borbolla</strong><br />
<br />
El primer extranjero que aterriz&oacute; en Espa&ntilde;a despu&eacute;s de la Guerra Civil fue el mexicano Jos&eacute; Luis Borbolla, fichado por el Real Madrid. Su llegada en 1944 despert&oacute; una ola de entusiasmo. Era un delantero extremadamente t&eacute;cnico, con una calidad exquisita y una capacidad innata para ejecutar las jugadas m&aacute;s inveros&iacute;miles. Pero era un poco lento... para M&eacute;xico. Mucho... para Espa&ntilde;a. Las pasiones que levant&oacute; a su llegada apenas duraron un par de semanas. El mexicano arrancaba desde atr&aacute;s y avanzaba a c&aacute;mara lenta, as&iacute; que resultaba presa f&aacute;cil para las defensas rivales. En su primera temporada en Espa&ntilde;a, Borbolla jug&oacute; un partido de Liga y uno de Copa. Con este balance sobrecogedor, el club blanco decidi&oacute; cederlo al Deportivo de La Coru&ntilde;a, pero all&iacute; tampoco le fueron bien las cosas. El Deportivo, a las pocas semanas de tenerlo en sus filas, le despach&oacute; a un equipo de Segunda, la Cultural Leonesa. &iexcl;Y ni siquiera en la categor&iacute;a inferior le pudieron sacar partido!<br />
<br />
<strong>Laurie Cunningham</strong><br />
<br />
Ron Atkinson dijo una vez que Laurie Cunningham pod&iacute;a correr sobre la nieve sin dejar huellas, tal era su elegancia de bailar&iacute;n de ballet, y fue ciertamente uno de los futbolistas menos valorados en Gran Breta&ntilde;a y Espa&ntilde;a. T&eacute;cnicamente bien dotado, con notable cintura e inalcanzable en la carrera, poderoso y &aacute;gil, fue, posiblemente, el futbolista con m&aacute;s talento de su generaci&oacute;n. Simplemente, pocos jugadores ingleses pod&iacute;an igualar su elegancia, instinto atacante o inventiva con el bal&oacute;n en los pies. <br />
<br />
Con &eacute;l como m&aacute;ximo estandarte, el West Bronwich se convirti&oacute; en el equipo m&aacute;s atractivo y ex&oacute;tico de toda Inglaterra a finales de la d&eacute;cada de los setenta, y a punto estuvo de conquistar la Liga en 1979. Ese mismo a&ntilde;o, su prodigiosa actuaci&oacute;n frente al Valencia en la Copa de la UEFA le confirm&oacute; como un talento de clase mundial, haciendo trizas a un equipo que inclu&iacute;a a luminarias como Bonhof y Kempes. Los t&eacute;cnicos del Real Madrid, asombrados, le contrataron por 120 millones de pesetas, la mayor cifra pagada hasta entonces en el f&uacute;tbol espa&ntilde;ol. <br />
<br />
La "Perla Negra" marc&oacute; en su debut, pero su fichaje so&ntilde;ado se convirti&oacute; en una pesadilla al ser sometido a marcajes brutales. Su primera temporada en el club blanco la sald&oacute; con aprobado, gracias, sobre todo, a una m&aacute;gica noche en el Camp Nou. Los aficionados azulgranas a&uacute;n se preguntan c&oacute;mo pudo hacerle semejante roto al Bar&ccedil;a, que cay&oacute; derrotado por 0-2. Al a&ntilde;o siguiente, las lesiones comenzaron a cebarse con &eacute;l. Un plantillazo del b&eacute;tico Bizcocho le deshizo un dedo del pie. A partir de ah&iacute; ya no levant&oacute; cabeza. Durante dos largos a&ntilde;os, los recuerdos futbol&iacute;sticos de Laurie, conocido ya como el "bailar&iacute;n de las piernas de cristal", se redujeron a una breve reaparici&oacute;n en la final de la Copa de Europa perdida frente al Liverpool en 1981, otra en la final de la Copa del Rey, con victoria sobre el Sp&oacute;rting de Gij&oacute;n, y una triste expulsi&oacute;n en Alemania, frente al Kaiserslautern. <br />
<br />
Cunningham fue el gran sue&ntilde;o del Madrid y, tambi&eacute;n, el gran misterio. Algunas exhibiciones primorosas y, el resto, apenas nada. Eso s&iacute;, cuando ten&iacute;a el d&iacute;a era capaz de bordar el f&uacute;tbol: grandes pases, excelentes regates, carreras largas, sprints incontenibles... En 1984, el jugador ingl&eacute;s abandon&oacute; definitivamente el Bernab&eacute;u y, en poco tiempo qued&oacute; reducido a ser un trotamundos. Prob&oacute; suerte brevemente en varios equipos -Sporting de Gij&oacute;n (1983-84), Olympique Marseille (1984-85), Leicester City (1985-86), Rayo Vallecano (1986-87) y Charleroi (1987)- antes de fichar por el Wimbledon en marzo de 1988. Gan&oacute; una Copa FA tras derrotar al Liverpool, e hizo otra tentativa en la liga espa&ntilde;ola, iniciando una segunda etapa en el Rayo Vallecano. Pero justo cuando su carrera volv&iacute;a a levantar el vuelo, se mat&oacute; en un accidente de coche cerca de Madrid, a los treinta y tres a&ntilde;os. Los contempor&aacute;neos de Cunningham le describen como una de las figuras m&aacute;s atl&eacute;ticas del f&uacute;tbol, un talento de clase mundial que pod&iacute;a superar a sus rivales con su sublime habilidad y velocidad. Pero los aficionados espa&ntilde;oles apenas pudieron disfrutar de su l&aacute;mpara m&aacute;gica. Eso s&iacute;, los defensas azulgranas a&uacute;n le andan buscando.<br />
<br />
<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/qLxVOx8BAX0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
</center><br />
<strong>Predag Spasic</strong><br />
<br />
&laquo;Conmigo, o pasa el bal&oacute;n o pasa el jugador, pero nunca los dos&raquo;, dec&iacute;a. El diario "Marca" lo present&oacute; en su portada como "el agente Spasic", procedente del Partiz&aacute;n y mundialista ese mismo verano en Italia 90. Todo lo que se recuerda de &eacute;l en el Real Madrid, aparte de su rigidez y su calvicie prematura, es su gol en propia meta en el Camp Nou. Jug&oacute; tambi&eacute;n en Osasuna.<br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/DhTf7UuQKq0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
<br />
<strong>Elvir Balic</strong><br />
<br />
El Real Madrid pag&oacute; 3.500 millones al Fenerbahce por Elvir Balic, un media punta zurdo que nunca demostr&oacute; por qu&eacute; Toshack hab&iacute;a puesto tanto inter&eacute;s en su fichaje. De hecho, dio pie a especulaciones sobre comisiones. Jug&oacute; tambi&eacute;n en el Rayo Vallecano.<br />
<br />
<strong>Robert Prosinecki</strong><br />
<br />
Prosinecki era, sin duda, una de las grandes figuras del f&uacute;tbol europeo. Hab&iacute;a ganado la Copa de Europa en 1991 con el Estrella Roja y el Real Madrid se adelant&oacute; a todos. Tras vencer la f&eacute;rrea resistencia de las autoridades del f&uacute;tbol yugoslavo, que se negaban a tramitar el transfer (los jugadores j&oacute;venes no pod&iacute;an jugar en el extranjero), Ram&oacute;n Mendoza lo present&oacute; a bombo y platillo en el Bernab&eacute;u. Las cicatrices que hoy observamos en Prosikito no tardaron en llegar. A&uacute;n as&iacute;, jug&oacute; tambi&eacute;n en Oviedo, Barcelona y Sevilla.<br />
<br />
<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/QSIVcMmTOeA" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
<br />
<strong>Claudemir Vitor</strong><br />
<br />
El Real Madrid de Benito Floro quer&iacute;a a Cafu, jugador del Sao Paulo. Pero el club brasile&ntilde;o no estaba por la labor, y mientras acced&iacute;a a negociar su salida le ofreci&oacute; a su otro lateral derecho, Vitor. &iexcl;Menudo gol le colaron al bueno de Floro! Volvi&oacute; a su pa&iacute;s natal de inmediato, y al parecer sigue en activo.<br />
<br />
<strong>Jonathan Woodgate</strong><br />
<br />
La carrera de Woodgate siempre ha estado ligada a las lesiones. Explot&oacute; en la temporada 1999-00, en las filas del Leeds United, como uno de los centrales j&oacute;venes con m&aacute;s futuro de Inglaterra, e incluso Kevin Keegan le dio la titularidad en la selecci&oacute;n. Pero el sue&ntilde;o se desvaneci&oacute; r&aacute;pidamente. La temporada 2001-02 se fue al traste por una combinaci&oacute;n de lesiones y problemas extradeportivos, sobre todo tras el juicio por una presunta agresi&oacute;n a un estudiante en Leeds. La Federaci&oacute;n Inglesa le apart&oacute; de la selecci&oacute;n mientras dur&oacute; el proceso, lo que unido a una lesi&oacute;n le dej&oacute; sin competici&oacute;n desde enero. En abril de 2002, mientras trataba de recuperar el tiempo perdido, se rompi&oacute; la mand&iacute;bula en una pelea en un pub en Middlesbrough. En enero de 2003 lleg&oacute; al Newcastle, donde s&oacute;lo pudo jugar 37 de los 128 partidos que se esperaban de &eacute;l. Una operaci&oacute;n de hernia tuvo buena parte de culpa de su ausencia de los terrenos de juego. Fichado por el Real Madrid en 2004, tard&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o en debutar a causa de una cadena de lesiones. Lo hizo con un gol en propia meta y una expulsi&oacute;n. Luego vinieron m&aacute;s lesiones. Cost&oacute; 22 millones y, en 2007, se march&oacute; cedido al Middlesbrough.<br />
<br />
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    <title>Fichajes malditos. Parte II</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/juan-tejero/fichajes-malditos-parte-i_1_b_1709942.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1709942</id>
    <published>2012-07-04T04:05:00-04:00</published>
    <updated>2012-09-02T05:12:16-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Todos los veranos, la misma historia. Los clubes de fútbol bucean en el mercado en busca de los jugadores que les permitan afrontar la siguiente temporada con las ilusiones renovadas.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Todos los veranos, la misma historia. Los clubes de f&uacute;tbol bucean en el mercado en busca de los jugadores que les permitan afrontar la siguiente temporada con las ilusiones renovadas. En nuestra Liga, tradicionalmente, las "perlas" de ese mercado son los extranjeros, sobre todo si tienen pedigr&iacute; y cuestan una fortuna. Pero no siempre es oro todo lo que reluce. Es cierto que muchos de ellos justifican la inversi&oacute;n, proporcionan d&iacute;as de gloria a sus nuevos equipos y se convierten en los "ni&ntilde;os bonitos" de la grada. Otros, sin embargo, se convierten en un dolor de cabeza para los presidentes y entrenadores que tantas expectativas hab&iacute;an depositado en ellos. Y borrones de este tipo los hay en todas partes. &iquest;Recuerdan cu&aacute;les han sido los batacazos m&aacute;s sonoros del equipo m&aacute;s laureado del siglo XXI? <br />
<br />
<strong>ESTRELLAS ESTRELLADAS EN EL CAMP NOU</strong><br />
<br />
<strong>Fernand Goyvaerts</strong><br />
<br />
El belga Goyvaerts fue el parado mejor pagado del mundo durante cuatro a&ntilde;os. El F.C. Barcelona le hab&iacute;a fichado en 1962 a precio de oro, pero el jugador no lleg&oacute; a prestar servicio. El Real Madrid le hizo una oferta en 1965, pero una lesi&oacute;n le puso fuera de combate. Durante cuatro temporadas vivi&oacute; como un sult&aacute;n.<br />
<br />
<strong>Roberto "Dinamita"</strong><br />
<br />
La ca&iacute;da en desgracia de Krankl en el F.C. Barcelona propici&oacute; la llegada al Camp Nou de Roberto "Dinamita". Ven&iacute;a avalado por un brillante pasado como goleador en el Vasco de Gama. Sin embargo, el delantero centro brasile&ntilde;o lleg&oacute; a Espa&ntilde;a con la p&oacute;lvora mojada y tuvo que tomar el camino de vuelta a Brasil tras unos pocos meses de estancia en Barcelona. Lo curioso del caso es que su regreso al Vasco lo celebr&oacute; con cinco goles en su primer encuentro. Y es que Roberto "Dinamita" necesitaba la inspiraci&oacute;n que le produc&iacute;a la playa de Copacabana.<br />
<br />
<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/CjZ5luU6dfk" frameborder="0" allowfullscreen></iframe> </center><br />
<br />
<br />
<strong>Cleo In&aacute;cio Hickmann</strong><br />
<br />
El rubio Cleo tuvo un paso fugaz por el F.C. Barcelona: tanto como dos meses, tiempo en que ni tan siquiera jug&oacute; un minuto en competici&oacute;n oficial. Por ello, el fichaje del centrocampista gaucho forma parte del imaginario colectivo cul&eacute; como una de las operaciones m&aacute;s peculiares y pintorescas de la primera etapa del nu&ntilde;ismo, la cual dej&oacute; como herencia alguna que otra leyenda urbana. La historia de este incre&iacute;ble fichaje nace el 13 de diciembre de 1981. El Bar&ccedil;a de Udo Lattek empata en San Mam&eacute;s (1-1) y Goikoetxea lesiona de gravedad a Bernd Schuster, que se perder&iacute;a el resto de la temporada. El club se pone manos a la obra para buscar un recambio. Primero intenta incorporar a Toninho Cerezo, pero tras encallarse la operaci&oacute;n, finalmente, se apuesta por otro brasile&ntilde;o, Cleo, un centrocampista de 22 a&ntilde;os, de gran porte f&iacute;sico y apariencia germ&aacute;nica, procedente del Internacional de Porto Alegre. El 4 de febrero, el jugador aterriza en Catalunya para hacer 'dupla' de extranjeros con Allan Simonsen y empieza a entrenar, esperando el tr&aacute;nsfer de Brasil, que nunca llegar&iacute;a. El 25 de febrero juega un amistoso en L'Hospitalet (1-3). Ser&aacute;n sus &uacute;nicos 90 minutos con la camiseta blaugrana. El aplazamiento, jornada a jornada, del debut del brasile&ntilde;o desat&oacute; toda clase de especulaciones y rumores, el que ha quedado en la memoria es que el club no quer&iacute;a hacerlo debutar despu&eacute;s de saberse que era homosexual. <br />
<br />
<strong>Julio C&eacute;sar Romero "Romerito"</strong><br />
<br />
Johan Cruyff acab&oacute; gan&aacute;ndose la veneraci&oacute;n eterna con su Dream Team. Pero antes de que eso ocurriera, y en plena construcci&oacute;n de su equipo de ensue&ntilde;o, el gur&uacute; holand&eacute;s cometi&oacute; alg&uacute;n que otro delirio de grandeza como t&eacute;cnico azulgrana. El m&aacute;s llamativo fue la contrataci&oacute;n de un tal "Romerito", considerado el mejor futbolista de todos los tiempos en Paraguay. Procedente del Fluminense brasile&ntilde;o, donde se hab&iacute;a forjado su leyenda, aterriz&oacute; en el F.C. Barcelona en los d&iacute;as previos al supercl&aacute;sico. La llamada Quinta del Buitre a&uacute;n ten&iacute;a hambre de t&iacute;tulos, y el equipo azulgrana parec&iacute;a la v&iacute;ctima ideal para zanjar su cuarto campeonato consecutivo. El nuevo fichaje lleg&oacute; un mi&eacute;rcoles, entren&oacute; dos veces, y Cruyff le coloc&oacute; en el once titular en detrimento del gran &iacute;dolo del Camp Nou, Gary Lineker. Aquella noche del 1 abril de 1989, Romerito se gan&oacute; la mofa eterna del barcelonismo tras fallar tres goles cantados ante Buyo.<br />
 <br />
Dotado de una gran t&eacute;cnica y verticalidad, los aficionados cul&eacute;s nunca pudieron llegar a disfrutar en plenitud de las evoluciones del centrocampista paraguayo, que no lleg&oacute; a adaptarse al f&uacute;tbol espa&ntilde;ol. S&oacute;lo particip&oacute; en 7 encuentros como azulgrana, y tras seis meses en el club, volvi&oacute; a Am&eacute;rica, donde sigui&oacute; su carrera en clubs mexicanos y de su pa&iacute;s natal. Actualmente se debate entre vivir del rock o hacer carrera en la pol&iacute;tica.<br />
<br />
<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/xebvhFGHllM" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
<br />
<br />
<strong>Jari Litmanen</strong><br />
<br />
A Jari Litmanen, el futbolista de cristal, se le recuerda por su paso por el Ajax de Van Gaal y de los hermanos De Boer, Davids, Kanu, Kluivert, Seedorf, Overmars... Era el emblema de un equipo magn&iacute;fico que conquist&oacute; cuatro t&iacute;tulos Liga y una Copa de Europa. Pero su fichaje por el F.C. Barcelona en 1999 fue decepcionante porque apenas logr&oacute; jugar por sus continuas lesiones. Tras dejar el Camp Nou (2001), tampoco consigui&oacute; resucitar en el Liverpool (26 partidos en tres a&ntilde;os) antes de regresar al Ajax. <br />
<br />
<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/ivk3dyj2WqQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
<br />
<br />
<strong>Geovanni</strong><br />
<br />
Geovanni -no confundir con otro brasile&ntilde;o, Giovanni- lleg&oacute; al F.C. Barcelona en la temporada 2001-02 oliendo a comisiones (cost&oacute; la friolera de 21 millones de euros) y con fama de extremo desequilibrante y muy veloz. Apenas disput&oacute; 800 minutos en partidos ligueros, la mayor&iacute;a como suplente, y s&oacute;lo consigui&oacute; anotar un gol en sus dos a&ntilde;os como cul&eacute;. Tras pasar por el Benfica, volvi&oacute; al Cruzeiro.<br />
<br />
<center><iframe width="570" height="321" src="http://www.youtube.com/embed/1wvSLHAjJvI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center>]]></content>
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    <title>Goles son amores</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1626719</id>
    <published>2012-06-27T04:49:10-04:00</published>
    <updated>2012-08-26T05:12:05-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
En palabras de Eduardo Galeano, «el gol es el orgasmo del fútbol». No hay duda. Es el momento más esperado del espectáculo.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[En la historia del f&uacute;tbol se han marcado todo tipo de goles y muchos de ellos se mantienen vivos en la memoria de los aficionados. Algunos goles pasaron a la historia por su ejecuci&oacute;n; otros, por su importancia en un partido; otros, sencillamente, porque son aut&eacute;nticas obras de arte. En palabras de Eduardo Galeano, &laquo;el gol es el orgasmo del f&uacute;tbol&raquo;. No hay duda. Es el momento m&aacute;s esperado del espect&aacute;culo. El estallido de alegr&iacute;a que justifica la asistencia a un estadio. La turbina que mueve el motor del partido. Es, en definitiva, la salsa del f&uacute;tbol. Una salsa que, en esta Eurocopa, ha alcanzado el grado de delicatessen en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n: el tac&oacute;n imposible de Welbeck, las acrobacias de Ibra y Balotelli, el misil de Kuba, los cabezazos de Cristiano Ronaldo y Xabi Alonso, el penalti a lo Panenka de Pirlo... Pero, &iquest;cu&aacute;l ha sido el mejor gol de la historia del torneo? Ah&iacute; van mis tres propuestas.<br />
<br />
<br />
<strong>Marco Van Basten (Holanda 2 - URSS 0, final Euro 88) </strong><br />
<br />
Ante la mirada del mundo, Van Basten aneg&oacute; el Euro 88 de talento personal y demostr&oacute; a qu&eacute; nivel de excelencia hab&iacute;a llegado. Un estado de gracia que alcanz&oacute; su m&aacute;xima expresi&oacute;n en el partido final, el 25 de junio en M&uacute;nich, donde facilit&oacute; a Gullit el primero de los dos goles y anot&oacute; el segundo... &iexcl;Y de qu&eacute; manera! De volea, a centro de Tiggelen por la banda izquierda, desde un &aacute;ngulo imposible. El gran Rinat Dassaev, el guardameta sovi&eacute;tico, se vio impotente para detener el trallazo. Si esa incre&iacute;ble volea hubiera salido de las botas de cualquier otro futbolista, m&aacute;s de uno habr&iacute;a sugerido que el bal&oacute;n pod&iacute;a haber salido en cualquier direcci&oacute;n, que en parte hab&iacute;a sido un gol de churro. Pero hasta los iconoclastas m&aacute;s duros saben que es in&uacute;til cuestionarse un tanto cercano a la perfecci&oacute;n. Como el de Van Basten, por ejemplo. Tras la diana de su pupilo, el seleccionador holand&eacute;s, Rinus Michels, pareci&oacute; tambalearse y estar a punto de llorar de gratitud y alegr&iacute;a. Ni siquiera &eacute;l sab&iacute;a que se pod&iacute;a jugar tan bien al f&uacute;tbol. Aquel gol ol&iacute;a a Bal&oacute;n de Oro.<br />
<br />
<center><iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/-J_DwsO9bIY" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
<br />
<br />
<strong><br />
Zlatan Ibrahimovic (Italia 1 - Suecia 1, Euro 2004, Grupo C)</strong><br />
<br />
Zlatan Ibrahimovic no es un jugador para todos los gustos. D&iacute;gale a un cul&eacute; que Ibra es un genio y pondr&aacute; la cara de un bulldog en pleno an&aacute;lisis de una paradoja. Pero es que una de las cualidades esenciales de un genio es que haga algo que nadie haya visto antes. El gol con el que Zlatan igual&oacute; el marcador ante Italia en el Euro 2004 pertenece a esta categor&iacute;a.<br />
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Ibrahimovic era cintur&oacute;n negro de taekwondo a los diecisiete a&ntilde;os, y en ocasiones ha puesto esa habilidad al servicio del f&uacute;tbol, convirti&eacute;ndolo en un arte marcial. El ejemplo m&aacute;s puro de lo que decimos es el gol que le hizo a Italia, resultado de su extraordinaria flexibilidad. No se sabe qu&eacute; admirar m&aacute;s: si la imaginaci&oacute;n, la agilidad mental (tuvo medio segundo para planificar la jugada), la precisi&oacute;n --era el &uacute;nico sitio en el que pod&iacute;a marcar-- o el hecho de que no se lesionara todos los ligamentos del pie (siempre hab&iacute;amos pensado que hab&iacute;a sido un taconazo, pero en realidad Ibra cambia la posici&oacute;n del cuerpo para golpear con el exterior, observen lo &aacute;giles que son sus piernas). Sumen todo esto y tendr&aacute;n un gol inconcebible. De esos que s&oacute;lo puede marcar un aut&eacute;ntico genio. <br />
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Antonin Panenka (Checoslovaquia 2 - RFA 2, final Euro 76)</strong><br />
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La joya de la corona. La mayor frivolit&eacute; perpetrada --con &eacute;xito-- en la historia de la Eurocopa. Estamos en 1976, la selecci&oacute;n anfitriona ha llegado a la final del torneo por primera vez en su historia, y se ha adelantado por 2-0. Est&aacute; a un paso de alcanzar el mayor &eacute;xito en la historia del f&uacute;tbol de tu pa&iacute;s. Pero el rival es Alemania, que adem&aacute;s de la campeona vigente es... Alemania. La Mannschaft reduce diferencias y en el &uacute;ltimo minuto empata. Lo que sigue son treinta agotadores e intensos minutos de pr&oacute;rroga. Llega la tanda de penaltis. A Antonin Panenka le toca el &uacute;ltimo de los cinco lanzamientos de su equipo. Incre&iacute;blemente, el jugador que le precede, Uli Hoeness, falla su intento. El suyo es el penalti decisivo. Puede convertirse en un h&eacute;roe nacional. O puede errar el tiro y dar a los germanos otra oportunidad de remontar. <br />
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Bueno, puede que en realidad la presi&oacute;n no sea tanta, que si falla la gente lo entienda. Y m&aacute;s si tenemos en cuenta que su rival directo es Sepp Maier, uno de los mejores porteros de todos los tiempos, y reciente campe&oacute;n de Europa, por tercera vez consecutiva, con el Bayern de M&uacute;nich. Pero es que si falla por ponerle al germano el bal&oacute;n en los brazos en un momento de enajenaci&oacute;n sobrad&iacute;sima, no lo van a entender de ninguna manera. No, en ese caso el &uacute;nico resultado posible es que sea humillado en todo el mundo y condenado al sufrimiento eterno en tu tierra. Y entonces &iquest;qu&eacute; hace? Pues se arriesga, porque, tal y como le defini&oacute; m&aacute;s tarde un asombrado Pel&eacute;, es &laquo;un genio o un loco&raquo;. Tras una carrerilla considerable, desconcierta al portero arrastrando los pies al tomar impulso y luego dispara suave y picadito, por el centro de la porter&iacute;a. Nadie ha visto nunca nada igual. Nadie podr&aacute; olvidarlo. <br />
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    <title>La naranja ya no es mecánica</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1608236</id>
    <published>2012-06-19T07:22:27-04:00</published>
    <updated>2012-08-19T05:12:08-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
Mencionen el término "fútbol total" y al futbolero medio le vendrá a la cabeza la imagen del Mundial de 1974.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Mencionen el t&eacute;rmino "f&uacute;tbol total" y al futbolero medio le vendr&aacute; a la cabeza la imagen del Mundial de 1974, el de la "Naranja Mec&aacute;nica"; el gran Johan Cruyff y todo eso. Desde entonces, a cada nueva generaci&oacute;n <em>oranje</em> le toca lidiar con el recuerdo de ese equipo m&iacute;tico, el m&aacute;s rom&aacute;ntico de la historia del f&uacute;tbol, el &uacute;nico que ha reinado durante una d&eacute;cada sin necesidad de haber levantado un trofeo. Y la liturgia es siempre la misma. Holanda se presenta en cada nuevo torneo como una de las grandes favoritas. Sus mejores jugadores vienen de triunfar en las mejores ligas del continente, y su estilo de juego es fiel al ideario de sus mayores. Pero siempre se quedan a un paso de la gloria. Bueno, siempre no, porque los "tulipanes" del Milan convirtieron a su selecci&oacute;n en campeona de Europa de 1988, gracias a Gullit y a una volea m&iacute;tica de Van Basten. No ha habido m&aacute;s t&iacute;tulos, pero s&iacute; otra final, la del <a href="http://www.elpais.com/deportes/futbol/mundial/" target="_hplink">Mundial de Sud&aacute;frica</a>, que desat&oacute; un nuevo estado de optimismo y euforia en Holanda. La sensaci&oacute;n era que el combinado <em>oranje</em> pod&iacute;a obtener el &eacute;xito en la <a href="http://www.huffingtonpost.es/news/eurocopa-2012" target="_hplink">Eurocopa de 2012</a>. Hab&iacute;a sonado la hora de Robben, Sneijder, Van Persie y compa&ntilde;&iacute;a. Llegaban m&aacute;s maduros, m&aacute;s expertos, y avalados por una gran fase de clasificaci&oacute;n. Pero la historia sigue siendo la misma. Se lanza la moneda al aire y sale cruz. Solo que esta vez ha sido monumental. <a href="http://www.marca.com/2012/06/17/futbol/eurocopa_2012/1339965500.html?a=PROf7e8eac59a8eddc34ae7c9943c7b5b2a&amp;t=1340105521" target="_hplink">Eliminados en la primera fase</a> (hay que remontarse a 1980 para encontrar un caso similar), derrotados en los tres partidos (algo que jam&aacute;s hab&iacute;a sucedido en una fase de grupos de la Eurocopa ni de la Copa del Mundo), y perdidas todas las se&ntilde;as de identidad que alimentan la leyenda holandesa desde 1974. Esa es la fecha clave, la que consagr&oacute; el mito.<br />
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Jongbloed Suurbier Rijsbergen Haan Krol Jansen Neeskens Van Hanegem Rep Cruyff y Rensenbrink. Un once para leer todo seguido, como si fuese un solo ente. En ese equipo, todos los jugadores practicaban el mismo culto al juego ofensivo, sustentado en una capacidad t&eacute;cnica extraordinaria (todos los jugadores se desenvolv&iacute;an con soltura con el bal&oacute;n en los pies, sus pases y movimientos eran exquisitos) y tambi&eacute;n en un &oacute;ptimo estado de forma f&iacute;sica, que permit&iacute;a a los atacantes hacerse cargo de tareas defensivas y a la zaga asumir labores ofensivas cuando las circunstancias lo requer&iacute;an. Frente a un f&uacute;tbol marcado por la divisi&oacute;n de tareas, el combinado <em>oranje</em> -arrimado al &aacute;rbol del &eacute;xito del gran Ajax de &Aacute;msterdam - propon&iacute;a una presi&oacute;n asfixiante sobre el adversario y una absoluta movilidad de posiciones, construida alrededor de un jugador absoluto, de un l&iacute;der de excepci&oacute;n como Johan Cruyff, depositario de los principios de esta nueva forma de practicar el balompi&eacute;. Con todo el talento que ten&iacute;a detr&aacute;s y la fortaleza nervuda de Rensenbrink en la puerta de al lado, Cruyff era la guinda del pastel, el mago de la chistera.<br />
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Las principales herramientas de los neerlandeses eran la velocidad, la habilidad y la intuici&oacute;n t&aacute;ctica, pero tambi&eacute;n sab&iacute;an cuidar de s&iacute; mismos. Hay un detalle que la gente no recuerda: que los holandeses eran tipos duros. Si no consegu&iacute;an avanzar, no ten&iacute;an empacho en retroceder; Krol, Rijsbergen y Haan eran grandes futbolistas, pero no tem&iacute;an alargar el pie cuando la ocasi&oacute;n lo exig&iacute;a. Y cuando a estas cualidades colectivas e individuales se a&ntilde;ad&iacute;an el virtuosismo de un Van Hanegem o la potencia rematadora de un Neeskens, las melenudas filas del bando naranja adquir&iacute;an envergadura de ej&eacute;rcito formidable, capaz de derribarlo todo a su paso. Y eso fue lo que hizo en el Mundial de Alemania. Holanda incendi&oacute; la primera fase del torneo. Luego fue un hurac&aacute;n, todo velocidad, precisi&oacute;n e imaginaci&oacute;n, ante la impotencia de Argentina y Brasil. Y el d&iacute;a de la gran final, los <em>oranje</em> apretaron el acelerador desde el primer momento. &iexcl;Un minuto, un gol, de penalti! Pero los alemanes de Franz Beckenbauer, el mejor l&iacute;bero de todos los tiempos, se transformaron entonces en combatientes, a imagen de sus gloriosos predecesores de 1954. Y arrancaron una porfiada victoria que los neerlandeses hab&iacute;an dado por conquistada antes de tiempo.<br />
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Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, en Argentina, ya sin Cruyff y Van Hanegem, Holanda fue un rival menos convincente, pero todav&iacute;a formidable. Se clasific&oacute; para su segunda final consecutiva por medio de una extraordinaria serie de balones largos. Volvieron a perder, por desgracia, aunque estuvieron a punto de derrotar al pa&iacute;s anfitri&oacute;n en el tiempo reglamentario, pero en la pr&oacute;rroga se vio arrollada por la energ&iacute;a y empuje de Mario Kempes y compa&ntilde;&iacute;a. El equipo que hab&iacute;a iluminado el f&uacute;tbol en los setenta, que probablemente hizo m&aacute;s que ning&uacute;n otro por crear el juego moderno, estaba destinado a terminar la d&eacute;cada sin ning&uacute;n gran galard&oacute;n. Fue la coda de una &oacute;pera formidable: apagada su estrella, la "Naranja Mec&aacute;nica" desapareci&oacute; de la escena mundialista durante las dos ediciones siguientes.]]></content>
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    <title>El Dream Team de la Eurocopa</title>
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    <published>2012-06-16T06:26:51-04:00</published>
    <updated>2012-08-16T05:12:24-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[
Mientras rueda el balón, probemos a seleccionar a los más grandes de la historia de esta competición. Se podrá objetar que Fulano debería ir antes que Mengano.]]></summary>
    <author>
        <name>Juan Tejero</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/juan-tejero/"><![CDATA[Abramos el famoso ba&uacute;l de los recuerdos. La Eurocopa ya est&aacute; aqu&iacute;, y con ella otra monta&ntilde;a de an&eacute;cdotas y emociones. Mientras rueda el bal&oacute;n, probemos a seleccionar a los m&aacute;s grandes de la historia de esta competici&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; escoger, qu&eacute; flor entre flores, d&oacute;nde est&aacute; lo m&aacute;s granado?<br />
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En un hipot&eacute;tico once europeo de todos los tiempos, la porter&iacute;a estar&iacute;a defendida por Lev Yashin. Soberbio en la primera edici&oacute;n del campeonato europeo de selecciones, el de Francia 1960, donde contribuy&oacute; decisivamente a la victoria final de la URSS, la "ara&ntilde;a negra" no tardar&iacute;a en confirmarse como el mejor guardameta del mundo. Alto y fuerte, con brazos descomunales, y siempre vestido de negro, Yashin era el rey de su arco. <br />
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En una defensa de tres, el carril derecho y el centro de la zaga estar&iacute;an ocupados por Carles Puyol. Potencia indomable. Esp&iacute;ritu irreductible. Concentraci&oacute;n m&aacute;xima para desactivar situaciones peligrosas. Una grave lesi&oacute;n en 2007 le hizo pasar por momentos delicados, pero en la Euro 2008 volvi&oacute; a lo m&aacute;s alto y se mostr&oacute; intratable en su contribuci&oacute;n a la coronaci&oacute;n final de La Roja. Como lateral o como central. Imprescindible.<br />
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En el carril izquierdo situar&iacute;amos al que muchos consideran el defensa del mundo de los primeros a&ntilde;os setenta: Paul Breitner. R&aacute;pido, fuerte, h&aacute;bil, dif&iacute;cil de esquivar, y con un gran olfato de gol, el <em>enfant terrible</em> de la RFA ten&iacute;a oro en las piernas; de hecho, se sent&iacute;a tan c&oacute;modo con el bal&oacute;n que en las &uacute;ltimas fases de su carrera se convirti&oacute; en un centrocampista igualmente impresionante. Breitner tuvo un papel prominente en la conquista de la Eurocopa de 1972. <br />
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El puesto de l&iacute;bero s&oacute;lo tiene un due&ntilde;o, Franz Beckenbauer, probablemente el hombre que invent&oacute; el "f&uacute;tbol total" cuando s&oacute;lo era un adolescente, all&aacute; por la &eacute;poca en que, siendo un precoz miembro del Bayern de M&uacute;nich, decidi&oacute; que lo que hac&iacute;a Facchetti, atacar para el Inter y para Italia desde el lado izquierdo de la zaga, tambi&eacute;n pod&iacute;a hacerlo &eacute;l por delante de la retaguardia. Pasaron a&ntilde;os antes de que Helmut Sch&ouml;n le permitiera hacer lo mismo por la selecci&oacute;n alemana, pero fue en calidad de l&iacute;bero y capit&aacute;n como disput&oacute; su espl&eacute;ndida Euro 72. En B&eacute;lgica demostr&oacute; por qu&eacute; le llamaban "el Kaiser": autoritario, dotado de una gran t&eacute;cnica y de una perfecta visi&oacute;n de juego. <br />
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Tampoco surgen muchas dudas a la hora de decidir qui&eacute;n debe manejar la br&uacute;jula. Xavi es el centrocampista ideal, el metr&oacute;nomo capaz de dirigir magistralmente una orquesta. Es muy sencillo: todos los balones pasan por &eacute;l. &iquest;Que el Bar&ccedil;a encabeza el marcador? Pues Xavi temporiza el juego conservando el esf&eacute;rico con su t&eacute;cnica irreprochable. &iquest;Que toca presionar? Pues Xavi acelera el partido y reparte pases de oro entre sus camaradas, apoy&aacute;ndose en su excelente visi&oacute;n de juego. Con La Roja, con la que debut&oacute; el 15 de noviembre de 2000, Xavi gan&oacute; la Eurocopa de 2008. Y adem&aacute;s fue elegido mejor jugador del torneo. <br />
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La banda derecha es para Ruud Gullit. Excepcionalmente dotado f&iacute;sicamente, potente, de zancada explosiva, casi imparable en velocidad con el bal&oacute;n en los pies, Gullit empez&oacute; jugando en la defensa, m&aacute;s tarde fue centrocampista ofensivo, media punta y a veces incluso delantero puro. Dotado de un disparo potente y preciso y de un excepcional juego a&eacute;reo, Ruud represent&oacute; el prototipo de jugador ofensivo moderno, poli&eacute;drico y ecl&eacute;ctico, el jugador a la holandesa, exactamente. <br />
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Pocos futbolistas han ofrecido tantas clases magistrales sobre el arte de jugar con el dorsal n&uacute;mero 10 como G&uuml;nter Netzer. En el terreno de juego, este atl&eacute;tico centrocampista de larga melena rubia saltaba r&aacute;pidamente a la vista, y no s&oacute;lo por sus fluidos cabellos. Sus galopadas furiosas, con el bal&oacute;n en los pies, el control perfecto, que le convert&iacute;a en un regateador diab&oacute;lico, los pases largos y milim&eacute;tricos, los tiros a bal&oacute;n parado, con sus trayectorias picadas e imprevisibles, convert&iacute;an a Netzer en un jugador al margen, dotado de una t&eacute;cnica asombrosa. Su momento de gloria con la Nationalmannschaft lleg&oacute; en 1972, tras convertirse en el protagonista m&aacute;s admirado del triunfo de Alemania Occidental en la Eurocopa de ese a&ntilde;o. En esta ocasi&oacute;n fue el aut&eacute;ntico l&iacute;der del combinado, un equipo tan fuerte que no conoc&iacute;a rivales.<br />
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En la punta del rombo de la medular reinar&iacute;a Michel Platini. Su arte consist&iacute;a en leer el juego antes que los dem&aacute;s, para determinar su curso. Brillante e inteligente, Platini ordenaba la manada, bajaba a defender, espoleaba a los compa&ntilde;eros, daba el &uacute;ltimo pase sin necesidad de levantar la cabeza y casi siempre aparec&iacute;a en posici&oacute;n de rematar la jugada. Armado de una extraordinaria visi&oacute;n de juego y una combatividad a prueba de bomba, s&oacute;lo viv&iacute;a para estirar sus l&iacute;mites cada d&iacute;a un poco m&aacute;s. Lo consegu&iacute;a por medio de un prodigioso talento para la improvisaci&oacute;n y para el cambio de ritmo y una gran habilidad para las diagonales largas. El apogeo de su carrera corresponde a 1984, cuando Francia conquist&oacute; el cetro europeo. Durante todo el torneo, su habilidad ante la porter&iacute;a contraria (nueve goles esenciales en cinco partidos), su sangre fr&iacute;a y su carisma impresionaron. <br />
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Extremo dotado de gran elegancia y t&eacute;cnica, Dragan Dzajic marc&oacute; el gol internacional m&aacute;s importante de su carrera en Florencia, el 5 de junio de 1968, ante la Inglaterra campeona del mundo. Una diana que vali&oacute; una final de Eurocopa, una cita ante Italia que, sin embargo, los yugoslavos acabaron tirando por la ventana. &iquest;Pero qui&eacute;n era el admirado protagonista del Euro? Simplemente, el jugador m&aacute;s completo del f&uacute;tbol balc&aacute;nico. R&aacute;pido como Zebec, listo como Kostic, valiente como Milutinovic, capaz de usar las dos piernas como Bobek, h&aacute;bil en el regate como Vukas. El mejor, &eacute;se era Dzajic para sus compatriotas. Un mito, una leyenda.<br />
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El que no ha visto jugar a Marco Van Basten no sabe lo que es la belleza ofensiva. Nadie lo vio demasiado tiempo, porque puso fin a sus recitales a los veintiocho a&ntilde;os, cuando su tobillo derecho dijo basta. De una elegancia rara, sab&iacute;a despachar, con un quiebro o un recorte, a los defensas m&aacute;s infranqueables. Torso erguido, cabeza levantada, aterraba como delantero y como pasador. Jugador completo, aut&eacute;ntico gentleman, un poco fr&iacute;o a veces, Van Basten puso en pie a las multitudes durante partidos antol&oacute;gicos con Holanda y con el Milan. Pero siempre lo recordaremos por la Eurocopa que gan&oacute; con su selecci&oacute;n en 1988, trofeo en el que inscribi&oacute; uno de los mejores goles de la historia, la m&aacute;gica volea en la final ante la URSS. El &aacute;ngulo era imposible, ning&uacute;n jugador en el mundo pod&iacute;a marcar desde ese punto. Ninguno, salvo Van Basten. El holand&eacute;s enganch&oacute; un incre&iacute;ble derechazo que fue a morir en la escuadra opuesta del inmenso Dasaev. <br />
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Y si hablamos de grandes goleadores, no podemos olvidar a Gerd M&uuml;ller, apodado "Der Bomber" por su impresionante instinto depredador dentro del &aacute;rea. En la Eurocopa 72, M&uuml;ller hizo honor a su fama de gran ca&ntilde;onero: en nueve partidos marc&oacute; doce goles. En la semifinal anot&oacute; uno important&iacute;simo, el del 1-0, disput&aacute;ndose el bal&oacute;n con dos belgas en combate a&eacute;reo, y en la final firm&oacute; el tranquilizador 1-0 y el decisivo 3-0. Asombroso, el modo en el que el peque&ntilde;o b&aacute;varo sorte&oacute; a tres jugadores rivales en el m&aacute;s estrecho de los espacios y con facilidad insolente puso el bal&oacute;n en la red. Fornido, de aspecto pesado y con un centro de gravedad bajo, "Der Bomber" era capaz de chutar a puerta en cualquier posici&oacute;n y desde cualquier &aacute;ngulo, con la pierna izquierda, con la derecha o de cabeza, desde lejos o a bocajarro. Eso s&iacute;, siempre en su entorno natural, el &aacute;rea de castigo, donde encontraba espacios casi por arte de magia.<br />
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Se podr&aacute; objetar que Fulano deber&iacute;a ir antes que Mengano. As&iacute; es el f&uacute;tbol. Pero este equipo de fueras de serie no ver&aacute; nunca la luz. S&oacute;lo vive en nuestros sue&ntilde;os. Ya estamos zambullidos en una nueva edici&oacute;n de la Eurocopa, promesa de jugadas imposibles y goles m&aacute;s imposibles todav&iacute;a. &iexcl;Que siga la fiesta!]]></content>
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