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  <title>Luis Alegre</title>
  <link href="http://huffingtonpost.es/author/index.php?author=luis-alegre"/>
  <updated>2013-05-20T08:08:24-04:00</updated>
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    <name>Luis Alegre</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Luis Alegre</subtitle>
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    <title>Alfredo Landa y lo mejor del mundo</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.3248321</id>
    <published>2013-05-10T02:02:57-04:00</published>
    <updated>2013-05-11T04:02:43-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Alfredo fue el hijo único de un capitán de la Guardia Civil. Su padre murió y, al concluir el bachillerato, Alfredo le confesó a su madre que él quería ser actor. Su madre le advirtió que eso lo tenía que consultar con los parientes.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Conoc&iacute; a Alfredo Landa encima de un tejado, mientras se echaba la siesta. Fue en Sos del Rey Cat&oacute;lico, el pueblo zaragozano en el que se rod&oacute; <em>La vaquilla</em> en el verano de 1984. Yo ten&iacute;a 22 a&ntilde;os y nunca hab&iacute;a estado en un rodaje. Fui a hacer una entrevista a Berlanga quien, al acabar la charla, me propuso quedarme all&iacute;, como figurante de la pel&iacute;cula. No tuve m&aacute;s remedio que aceptar: unos d&iacute;as hice de soldado republicano y otros de soldado nacional. El primer d&iacute;a el ayudante de direcci&oacute;n me env&iacute;o subir a un tejado. Y all&iacute; me encontr&eacute; a Alfredo Landa. Acababa de comer y se hab&iacute;a quedado frito. <br />
<br />
El Alfredo de <em>La vaquilla</em> estaba exultante. Hac&iacute;a unos meses que el Festival de Cine de Cannes les hab&iacute;a concedido a &eacute;l y a Paco Rabal el premio a la mejor interpretaci&oacute;n por <em>Los santos inocentes</em>. Alfredo se sent&iacute;a respetado como nunca en su vida y se le notaba mucho la alegr&iacute;a. Durante el rodaje en Sos pude disfrutarle en muchas tertulias. Alfredo ten&iacute;a una memoria fabulosa y era un gran narrador de an&eacute;cdotas. Sobre todo, las de su propia vida. <br />
<br />
A nadie como a &eacute;l le he escuchado tantas veces repetir la fecha de su nacimiento: "Nac&iacute; en Pamplona el 3 del 3 del 33". Le hac&iacute;a mucha gracia subrayar la coincidencia de los treses y a&uacute;n le divert&iacute;a m&aacute;s a&ntilde;adir que su debut en el cine fue en <em>Atraco a las tres</em> y que viv&iacute;a en el n&uacute;mero 3 de la calle Comandante Franco. El tres era, c&oacute;mo no, su n&uacute;mero talism&aacute;n. &Eacute;l siempre dec&iacute;a que hab&iacute;a tenido muy buena estrella.<br />
<br />
De alg&uacute;n modo, &eacute;l tuvo tres vidas, fue tres actores en uno. El primero fue el actor de las comedias de los &uacute;ltimos a&ntilde;os del franquismo, cuyo techo popular marc&oacute; <em>No desear&aacute;s al vecino del quinto</em>. Eso que se conoce como "el espa&ntilde;olito de a pie" -curiosa expresi&oacute;n, por cierto- se sinti&oacute; brutalmente identificado con los personajes de Alfredo, que absorb&iacute;an buena parte de los anhelos, traumas y fantasmas de la Espa&ntilde;a de la &eacute;poca. La imagen de Alfredo Landa en calzoncillos o suspirando por las suecas ya han pasado al imaginario colectivo. Ese grupo de pel&iacute;culas se conoci&oacute; como <em>landismo</em>. Es la &uacute;nica vez en la historia del cine que un actor ha dado nombre a un <em>movimiento</em> cinematogr&aacute;fico. A Alfredo tambi&eacute;n le gustaba presumir de eso. <br />
<br />
El segundo Alfredo Landa naci&oacute; gracias al cineasta antifranquista por excelencia, Juan Antonio Bardem, que le dirigi&oacute; en <em>El puente</em> (1977). Por ese personaje -un espa&ntilde;olito que adquiere conciencia de clase- Alfredo recibi&oacute; en el Festival de Cine de Mosc&uacute; el primer premio de su carrera. Fue un momento clave: hasta entonces Alfredo era un actor muy gracioso y popular pero a nadie se le hab&iacute;a pasado por la cabeza darle un premio. Luego, vinieron sus pel&iacute;culas con Jos&eacute; Luis Garci, <em>Las verdes praderas</em> y, sobre todo, <em>El crack</em> (1981), una notable muestra de cine negro en la que Alfredo encarnaba con impresionante convicci&oacute;n a Areta, un detective muy peculiar. Cuando en esa pel&iacute;cula le escuch&eacute; decir "Baretta, dame el mechero o te quemo los huevos", con esa entonaci&oacute;n, con aquella mirada, supe que el protagonista de <em>Cateto a babor</em> era un primera clase. <br />
<br />
El Paco <em>El bajo</em> de <em>Los santos inocentes</em> descubri&oacute; el tercer Alfredo Landa, el sublime int&eacute;rprete de prestigio internacional al que se rindieron directores como Luis Berlanga, Jos&eacute; Luis Cuerda, Francisco Betriu, Pedro Olea, Basilio Mart&iacute;n Patino, Jos&eacute; Luis Borau, Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n o Luigi Comencini. En el Fendetestas de <em>El bosque animado</em> y el Sancho Panza de la serie <em>Don Quijote</em> Alfredo estuvo especialmente memorable. Alfredo Landa logr&oacute; lo que cualquier actor sue&ntilde;a: que el p&uacute;blico le considerara uno de los suyos, que los aficionados m&aacute;s exigentes reconocieran su talento y que los m&aacute;s grandes quisieran trabajar con &eacute;l. <br />
<br />
Alfredo fue el hijo &uacute;nico de un capit&aacute;n de la Guardia Civil. De ni&ntilde;o se fue a vivir con su familia a San Sebasti&aacute;n. Su padre muri&oacute; y, al concluir el bachillerato, Alfredo le confes&oacute; a su madre que &eacute;l quer&iacute;a ser actor. Su madre le advirti&oacute; que eso lo ten&iacute;a que consultar con los parientes. Cogi&oacute; un autob&uacute;s de La Roncalesa y se fue a comunicarles la noticia a los t&iacute;os de Alfredo que resid&iacute;an en Pamplona. Celebraron una asamblea familiar y la madre lo anunci&oacute;: "Que el Alfredico quiere ser c&oacute;mico". Las palabras cayeron como una bomba. Los t&iacute;os de Alfredo fueron implacables: "Ni hablar. No podemos consentir ese bald&oacute;n en la familia". Su madre volvi&oacute; a casa y le comunic&oacute; la sentencia: "Oye, que han dicho que no". <br />
<br />
Alfredo se vio empujado a seguir caminos m&aacute;s convencionales. Se matricul&oacute; en Derecho y estudi&oacute; tres cursos. Mientras, desahogaba la vocaci&oacute;n en el Teatro Universitario de San Sebasti&aacute;n que &eacute;l contribuy&oacute; a fundar. Pero un d&iacute;a no pudo m&aacute;s y, a bocajarro, le lanz&oacute; a la madre una frase definitiva: "Mam&aacute;, si t&uacute; quieres, acabar&eacute; Derecho. Pero si a los 40 a&ntilde;os no soy feliz, te voy a echar la culpa a ti". Entonces, su madre, le dijo: "Vete, hijo, vete".<br />
<br />
Una semana despu&eacute;s, Alfredo Landa se encontraba en el and&eacute;n de la estaci&oacute;n Pr&iacute;ncipe P&iacute;o de Madrid, con siete mil pesetas, una maleta de cart&oacute;n y sin la menor idea de qu&eacute; hacer ni d&oacute;nde ir. Era el ocho de octubre de 1958. Pero Alfredo arrastraba una ilusi&oacute;n que le animar&iacute;a de manera obsesiva toda la vida: no decepcionar a su madre y llegar a ser feliz.<br />
<br />
Lo primero que pens&oacute;, all&iacute; en el and&eacute;n, fue en comprar el diario <em>Ya</em>. En los anuncios por palabras busc&oacute; una casa que alquilara habitaciones y tuvo la suerte de encontrar una familia encantadora que lo adopt&oacute; como un hijo. En esa casa coincidi&oacute; con dos amigos donostiarras, El&iacute;as Querejeta y Maiki Mar&iacute;n, "la chica m&aacute;s guapa de San Sebasti&aacute;n". A la ma&ntilde;ana siguiente llam&oacute; a &Aacute;ngel Mar&iacute;a Baltan&aacute;s, un actor de doblaje que conoc&iacute;a de San Sebasti&aacute;n. Landa recordaba que pasaron 15 d&iacute;as hasta que ese amigo le avis&oacute; para unas pruebas de doblaje. Las super&oacute; sin dificultad. Hasta entonces &eacute;l cre&iacute;a que los actores de las pel&iacute;culas americanas hablaban en castellano. Al primer actor que dobl&oacute; fue a Richard Widmark. M&aacute;s de una vez le escuch&eacute; a Alfredo recitar de corrido los di&aacute;logos que coloc&oacute; en los labios de Widmark en su d&iacute;a n&uacute;mero uno de trabajo.<br />
<br />
En 1962 Jos&eacute; Mar&iacute;a Forqu&eacute; buscaba un actor para interpretar al pusil&aacute;nime Castrillo de <em>Atraco a las tres</em>. De repente, se acord&oacute; de un actor bajito y con mucha gracia que hab&iacute;a visto en el Teatro Mar&iacute;a Guerrero en una obra de Jardiel Poncela. No recordaba su nombre pero enseguida lo identificaron. Se llamaba Alfredo Landa. Ah&iacute; comenz&oacute; su explosi&oacute;n.<br />
<br />
<center><img alt="2013-05-09-alegre_berlanga_landa.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-05-09-alegre_berlanga_landa.jpg" width="442" height="222" /><br><small>De izquierda a derecha, Luis Alegre, Luis Berlanga y Alfredo Landa.</small></center><br />
<br />
<br />
Uno de los d&iacute;as que no creo que olvide nunca es uno que viv&iacute; con Alfredo en La Almunia de Do&ntilde;a Godina, el pueblo zaragozano de Flori&aacute;n Rey. Luis Berlanga recib&iacute;a un homenaje y Alfredo y yo fuimos a pasar el d&iacute;a con &eacute;l. Era s&aacute;bado y, todos los s&aacute;bados por la tarde, Luis colaboraba en Radio Nacional, en el programa de Beatriz P&eacute;cker. Despu&eacute;s de la comida, Luis nos pidi&oacute; que le acompa&ntilde;&aacute;ramos al cuarto de su hotel, desde el que, por tel&eacute;fono, iba a intervenir en el programa. La intenci&oacute;n de Luis era que Alfredo tambi&eacute;n hablara en la radio. Era mayo de 1999 y a&uacute;n no ten&iacute;amos m&oacute;vil. Cuando entramos en el cuarto de Luis, Alfredo se abalanz&oacute; sobre la cama y se tumb&oacute; boca arriba. Con una naturalidad hilarante Berlanga, sin siquiera pedirle que le hiciera sitio, se acost&oacute; a su lado y se pusieron a charlar mirando el techo. Jos&eacute; Mar&iacute;a Pem&aacute;n -el director de las Jornadas de Cine de La Almunia- hizo una foto de aquella imagen. Al rato, los de la radio llamaron por tel&eacute;fono. Luis y Alfredo se incorporaron y se sentaron al borde de la cama para hablar con mayor comodidad. Entonces yo, que soy un fan&aacute;tico de la siesta, me tumb&eacute; en la cama y ocup&eacute; el hueco dejado por los dos genios. Mientras ellos hablaban en Radio Nacional, me qued&eacute; dormido como un ni&ntilde;o.<br />
<br />
Alfredo Landa dej&oacute; de fumar a los 55 a&ntilde;os con la intenci&oacute;n de volver a los 75, cuando "ya le daba igual lo que le pod&iacute;a pasar". En un restaurante de Zaragoza &eacute;l y yo comimos canguro por primera vez en nuestra vida. Alfredo presum&iacute;a de ser el mejor jugador de mus del mundo, de preparar los mejores dry martinis del mundo y de tener la mejor memoria del mundo. <br />
<br />
Alfredo siempre respond&iacute;a a las llamadas si le dejabas un mensaje en el buz&oacute;n de voz de su contestador. Antonio Resines y yo siempre nos record&aacute;bamos el llamarle todos los tres de marzo, el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os. Pero, desde hace tres a&ntilde;os, ya no respond&iacute;a las llamadas. Alfredo perdi&oacute; su memoria y los amigos perdimos a Alfredo.<br />
<br />
La &uacute;ltima vez que lo vi fue en Tudela, en la muestra de cine en la que le brindamos un homenaje. Le record&eacute; entonces la frase con la que convenci&oacute; a su madre para que le dejara marcharse a Madrid.  Y me dijo: "Es que yo, chaval, tuve la mejor madre del mundo".]]></content>
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    <title>Niña Mamá</title>
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    <published>2013-05-05T04:14:51-04:00</published>
    <updated>2013-05-05T04:00:53-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Mi madre cumplió 14 años en junio de 1939. Hasta ese momento vivió la dictadura de Primo de Rivera, el reinado de Alfonso XIII, la II República, la Guerra Civil y un poquito de Franco y la posguerra. Menuda generación la suya... A menudo me preguntan cómo es que tengo tantos amigos, cómo es que me gusta tanto cantar, por qué doy tantos besos. Mamá es la que me ha pegado todos esos vicios.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Tengo un amigo que, en las biograf&iacute;as y libros de memorias, se salta la parte de la infancia y la adolescencia. &Eacute;l sostiene que todas las infancias y adolescencias se parecen demasiado y le aburre leer los mismos traumas, complejos, conflictos y amores contrariados. A m&iacute;, en cambio, me sucede al rev&eacute;s. En esos a&ntilde;os en los que uno se abre al mundo, recibe los primeros est&iacute;mulos, crece y se empapa de toda clase de vivencias y personas suelen residir las claves m&aacute;s decisivas para conocer a alguien. Y si comparo mi infancia con la que vivieron mis padres o con la que acaban de vivir mis sobrinos, veo tres mundos que no se parecen en casi nada. <br />
<br />
La ni&ntilde;ez de mi madre Felicitas, por ejemplo, qued&oacute; muy lejos de la ni&ntilde;ez so&ntilde;ada. Naci&oacute; en Lechago, nuestro pueblecito de Teruel, en 1925. El 18 de junio de 1939 cumpli&oacute; 14 a&ntilde;os. Hasta ese momento vivi&oacute; la dictadura de Primo de Rivera, el reinado de Alfonso XIII, la II Rep&uacute;blica, la Guerra Civil y un poquito de Franco y la posguerra. Menuda generaci&oacute;n la suya. <br />
<br />
Los padres de mi mam&aacute;, Pedro y Carmen, tuvieron cinco hijas y dos hijos. Mi mam&aacute; era la m&aacute;s joven de las chicas. La mayor, Francisca, muri&oacute; a los siete a&ntilde;os y el peque&ntilde;o de los hijos, Salvador, muri&oacute; a los 23. Eso fue algo muy com&uacute;n en la Espa&ntilde;a de mis abuelos: tener muchos hijos y sufrir la p&eacute;rdida de alguno de ellos. Entonces, la ropa negra que se&ntilde;alaba el luto se llevaba durante a&ntilde;os. En las fotos de mi familia de aquel tiempo, siempre hay alguien que viste de negro. Mi madre era una de las ni&ntilde;as m&aacute;s queridas de Lechago. Cada vez que hab&iacute;a un funeral, iba a la Iglesia y lideraba el rezo del rosario. Eso lo agradec&iacute;an mucho las familias de los difuntos. <br />
<br />
En Lechago los m&aacute;s pudientes ten&iacute;an un pastor en exclusiva para sus ovejas. Pero los de medio pelo se ten&iacute;an que asociar con otros para permitirse un pastor. Mi abuelo Pedro lleg&oacute; a un acuerdo con otros dos amigos para que un pastor cuidara de las ovejas de los tres. As&iacute; hizo mi madre sus dos primeras amigas, Mar&iacute;a y Josefina, las hijas de esos dos amigos de mi abuelo. Las tres ni&ntilde;as se dijeron que mientras sus ovejas siguieran juntas, ellas ser&iacute;an amigas. Las ovejas se separaron pero Mar&iacute;a, Josefina y mi madre continuaron su relaci&oacute;n toda la vida. Mi madre se distingue por su espectacular facilidad para la amistad. Despu&eacute;s de Mar&iacute;a y Josefina, sus siguientes amigas &iacute;ntimas fueron Rosario y Agustina. Mar&iacute;a muri&oacute; hace unos a&ntilde;os pero Josefina y Rosario y Agustina -que son hermanas-, siguen ah&iacute;. Todo el rato est&aacute;n pendientes unas de otras. Uno de los grandes momentos del verano en Lechago es cuando ahora se reencuentran esas amigas eternas. Al verlas juntas las visualizo, juntas tambi&eacute;n, en el Lechago de los primeros a&ntilde;os 30 y me sacude una alegr&iacute;a inmediata. Mi madre me ha ense&ntilde;ado que la amistad es un sentimiento capaz de resistir los golpes del paso del tiempo durante 80, 90 o los a&ntilde;os que haga falta. Mam&aacute; nunca ha dejado de hacer amigas. Paquita, Gonzalina y Pilar son otros de sus imprescindibles apoyos cotidianos. A algunas amigas las encuentra en las iglesias o en las habitaciones de los hospitales. Un d&iacute;a, en el hospital Miguel Servet, me present&oacute; a su compa&ntilde;era de cuarto, otra Paquita. Se hab&iacute;an conocido esa misma ma&ntilde;ana pero ya la consideraba su amiga. Han pasado diez a&ntilde;os y a&uacute;n se llaman. Mi madre, si se cruza con alguien por la calle, siempre sonr&iacute;e, mira a los ojos y saluda, aunque no le conozca.<br />
<br />
A mam&aacute; le gustaba tanto fregar los platos que, si sus hermanas mayores no le dejaban, se echaba a llorar. Tambi&eacute;n le encantaba ir a la escuela. Los maestros pegaban duro a los chicos y chicas de Lechago pero mi madre asegura que a ella jam&aacute;s le ha pegado nadie. Otra cosa que le perd&iacute;a era cantar jotas. Mi abuelo Pedro tocaba la guitarra y ella le acompa&ntilde;aba. Cantaba mientras fregaba o en la era, durante la trilla. A&uacute;n hay gente de Lechago que recuerda c&oacute;mo, al salir a la calle, escuchaban a mi madre cantar. <br />
<br />
Mi madre ten&iacute;a once a&ntilde;os cuando estall&oacute; la Guerra Civil y, desde entonces, ya fue muy poco a la escuela. Lechago fue un lugar de retaguardia. En la casa de mam&aacute; se alojaron soldados gallegos y, tambi&eacute;n, algunos italianos, que le descubrieron el caf&eacute; y los macarrones. Uno de esos chicos, el zapatero, cantaba tonadas italianas y le escrib&iacute;a una carta diaria a su mujer. Mi madre cuenta, orgullosa, c&oacute;mo su padre, alcalde de Lechago durante la guerra, se neg&oacute; a delatar a los rojos del pueblo cuando los franquistas le presionaron para que lo hiciera. "En Lechago no hay nadie malo", dijo mi abuelo. Mi madre recuerda muy bien el fr&iacute;o del invierno de 1938: los burros se ca&iacute;an al resbalar en el hielo que cubr&iacute;a las calles. Y, sobre todo, mi madre recuerda el miedo de cada uno de aquellos d&iacute;as y c&oacute;mo ella temblaba cuando se o&iacute;a el ruido de los aviones y alguien gritaba "&iexcl;Que vienen los rojos"&iexcl;. Un d&iacute;a mi mam&aacute; tropez&oacute; con una mula mientras corr&iacute;a hacia el campo de su padre para avisar de eso, de que ven&iacute;an los rojos. Su hermano mayor, Crist&oacute;bal, estaba en el frente y, hasta que no regres&oacute; al final de la guerra, en su casa no respiraron tranquilos. Mam&aacute; odia la palabra "guerra".<br />
<br />
Mi abuela Carmen y otras madres con hijos en el frente hicieron una promesa: si al acabar la guerra sus hijos hab&iacute;an salvado el pellejo, ellas caminar&iacute;an desde Lechago hasta la Bas&iacute;lica del Pilar para darle las gracias a la Virgen. Poco despu&eacute;s del uno de abril de 1939 se organiz&oacute; la expedici&oacute;n. Pero mi abuela se puso enferma y, en su lugar, fue mi madre, con 13 a&ntilde;os. El grupo lo formaban unas 20 personas, de Lechago y Navarrete. Tardaron tres d&iacute;as en recorrer los 112 kil&oacute;metros, m&aacute;s o menos, que hay entre Lechago y la Plaza del Pilar. La primera noche durmieron en Daroca, la segunda en Longares y la tercera en Mar&iacute;a de Huerva. La gente sal&iacute;a a recibirles y les ofrec&iacute;an sus casas para dormir y sus botijos para beber. Mam&aacute; evoca esa experiencia -una <em>road movie</em>- como una gran aventura. <br />
<br />
A menudo me preguntan c&oacute;mo es que tengo tantos amigos, c&oacute;mo es que me gusta tanto cantar, por qu&eacute; doy tantos besos. Mam&aacute; es la que me ha pegado todos esos vicios. Cuando su padre ya hab&iacute;a salido de casa para ir al campo, mi madre corr&iacute;a tras &eacute;l, para darle dos besos m&aacute;s, una costumbre que han heredado mis sobrinos Pablo y Mar&iacute;a. Ahora, a sus casi 88 a&ntilde;os, al despertar, lo primero que hace es besar las fotos de los seres queridos y las estampas de sus santos favoritos que tiene colocadas por toda la casa. Somos besucones hasta m&aacute;s all&aacute; del empalago. Si alguien me demostrara que mi madre y yo, de momento, nos hemos dado un mill&oacute;n de besos no me extra&ntilde;ar&iacute;a nada. <br />
<br />
Felicidades, mam&aacute;.]]></content>
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    <title>La silla de Juan Diego</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.3175068</id>
    <published>2013-05-01T05:48:39-04:00</published>
    <updated>2013-05-01T03:50:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Se cumplen 50 años de Juan Diego como actor profesional. En 'La lengua madre', un monólogo de Juan José Millás, realiza una memorable exhibición de su talento. Las palabras de Millás andan sobradas de lucidez, coraje, gracia y hondura. Durante la función pienso que es de lo mejor que he visto y he oído en un teatro.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Viernes 5 de abril. Teatro de las Esquinas de Delicias. Juan Diego estrena en Zaragoza <em>La lengua madre</em>, un mon&oacute;logo escrito por Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s. En el teatro ya no cabe nadie m&aacute;s. A mi lado, Eli L&oacute;pez Orduna y Javier Delgado. En el escenario solo hay una mesita y una silla. Sale Juan Diego y, durante unos 80 minutos, brinda un recital que los espectadores no vamos a olvidar. Las palabras de Mill&aacute;s andan sobradas de lucidez, coraje, gracia y hondura. Entre ellas se cuela un limpio retrato de estos tiempos tan sucios. Juan hace suyas esas palabras y, en su personaje, vuelca algo m&aacute;s que su talento. Durante la funci&oacute;n pienso que es de lo mejor que he visto y he o&iacute;do en un teatro. Luego compruebo que no soy el &uacute;nico que ha tenido esa misma impresi&oacute;n. Javier Delgado me dice: "Estoy sudando de emoci&oacute;n". Hac&iacute;a siglos que Juan Diego no hac&iacute;a teatro en Zaragoza. En general, hac&iacute;a siglos que no estaba por aqu&iacute;, tal vez desde que rod&oacute; en Los Monegros <em>Jam&oacute;n, jam&oacute;n</em>, en el oto&ntilde;o de 1991, con <a href="http://www.huffingtonpost.es/luis-alegre/la-fiesta-de-la-vida_b_3032043.html" target="_hplink">nuestro Bigas Luna</a>.<br />
<br />
En 2013 se cumplen 50 a&ntilde;os de Juan Diego como actor profesional. En 1959, con 17 a&ntilde;os, se la jug&oacute;: dej&oacute; Bormujos, su pueblo de Sevilla, y se instal&oacute; en Madrid. Comenz&oacute; a hacer papeles de extra en dram&aacute;ticos de TVE. Cobraba 25 pesetas. Le cost&oacute; convencer a su madre de que estaba metiendo cabeza: sus apariciones en la tele eran tan fugaces que a su madre le pasaban inadvertidas: "Hijo, pues yo no te veo". Un d&iacute;a volvi&oacute; a su pueblo en un Seat 600 descapotable alquilado, como se&ntilde;al de que las cosas iban bien. Pero hablaba una mezcla tan rara de andaluz y de "estupendo" castellano que su t&iacute;o Francisco le dijo a su padre: "&iquest;Te has fijao en lo bien que habla tu hijo el ingl&eacute;s? No se le entiende nada". Pero Juan pronto les dio razones a sus padres para que se sintieran orgullosos: a mediados de los 60 ya era una figura de los <em>Estudios 1</em> de TVE. La primera imagen que conservo de Juan es en <em>El ni&ntilde;o de la bola</em>, una serie del 72 que protagoniz&oacute; con Maribel Mart&iacute;n, en la &eacute;poca en la que yo memorizaba todos los repartos y me enamoraba de todas las actrices. <br />
<br />
En esos primeros 70 vivi&oacute; una gran historia de amor con Concha Velasco. El romance resultaba muy llamativo: la anterior pareja de Concha hab&iacute;a sido Jos&eacute; Luis S&aacute;enz de Heredia. Juan Diego, militante del PCE, era uno de los iconos de la lucha intelectual antifranquista y S&aacute;enz de Heredia, primo hermano de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera, era una de los iconos culturales del franquismo. Concha admite que Juan fue un ser esencial en su evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica y personal. <br />
<br />
En realidad, Juan es un ser esencial para mucha gente y para muchas cosas, desde siempre. Ha sido mentor, c&oacute;mplice o referente -a menudo inconsciente- de actores como Imanol Arias, Antonio Banderas, Juan Echanove, Javier Bardem, Jordi Moll&aacute;, Pen&eacute;lope Cruz, Antonio de la Torre, Hugo Silva, Michelle Jenner o Mario Casas, int&eacute;rpretes muy relevantes de sucesivas generaciones. Todos ellos le se&ntilde;alan cuando evocan las primeras personas claves de su carrera. Juan se distingue por su capacidad para ofrecer calor a los dem&aacute;s y por su empe&ntilde;o en que la gente d&eacute; lo mejor de s&iacute; misma.<br />
<br />
Yo le conoc&iacute; en los 80, en unos a&ntilde;os muy bohemios de Juan, cuando su hogar no figuraba entre sus refugios favoritos. Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez cuenta a menudo, partido de risa, c&oacute;mo un d&iacute;a fue a ver a Juan a su nueva casa y se dio cuenta de que Juan a&uacute;n no hab&iacute;a reparado en que en esa casa hab&iacute;a una terraza. <br />
<br />
Entre los grandes personajes de Juan se encuentran algunos antag&oacute;nicos de su personalidad y de sus ideas: el se&ntilde;orito de <em>Los santos inocentes</em>, el Francisco Franco de <em>Drag&oacute;n Rapide</em> o el general Armada de <em>23-F: la pel&iacute;cula</em>. En el 23-F Juan Diego ten&iacute;a todos los n&uacute;meros para ser eliminado si el golpe hubiera triunfado: rojo, actor y popular. &Eacute;l vivi&oacute; el 23-F en Zaragoza. Esa tarde viaj&oacute; en coche con Rosa Le&oacute;n para participar en un homenaje al poeta &Aacute;ngel Guinda que se hab&iacute;a organizado en el m&iacute;tico Oasis de Enrique V&aacute;zquez. Cuando llegaron a Zaragoza encontraron la ciudad extra&ntilde;a. Luego supieron por qu&eacute;. El acto se suspendi&oacute;. Juan recuerda que en el cartel del Oasis pon&iacute;a algo as&iacute;: "Homenaje a &Aacute;ngel Guinda. 23 de febrero: la bomba". Esa noche, Juan y Rosa durmieron en casa del suegro de &Aacute;ngel Guinda: ese hombre era general.<br />
<br />
Juan Diego tambi&eacute;n es un ser esencial para m&iacute;. En la Nochevieja de 1991 lo fue de una manera muy concreta. Despu&eacute;s de las uvas, David Trueba y yo nos reunimos con &eacute;l y con Maribel Verd&uacute; en casa de unos amigos. Hacia las tres y media de la madrugada, con el coche de David, dejamos a Maribel en su casa. Un tipo que crey&oacute; reconocer a Juan le grit&oacute; por la calle: "&iexcl;&iexcl;Feliz a&ntilde;o Juan Pardo!!" Luego, Juan dijo: "Vamos a casa de Fern&aacute;n-G&oacute;mez". La propuesta era irresistible y no nos resistimos. Llegamos hacia las cuatro de la madrugada. El aspecto del sal&oacute;n de Fern&aacute;n-G&oacute;mez era impactante: Francisco Umbral, Haro Tecglen o Charo L&oacute;pez estaban all&iacute;. Juan nos present&oacute; como dos cantantes callejeros de Zaragoza que no ten&iacute;an d&oacute;nde pasar la noche. Nos anim&oacute; a cantar y, luego, hizo una colecta entre los presentes. Unas 10.000 pesetas recaudamos. Y Juan dijo: "Yo, como representante, me quedo el 75%. Con el resto ten&eacute;is para la pensi&oacute;n". Fern&aacute;n-G&oacute;mez observaba la escena muy divertido. Eran esas horas de las nocheviejas en las que puede pasar cualquier cosa y todo parece normal. Luego, Fernando se puso a hablar y nosotros ca&iacute;mos totalmente rendidos ante un conversador &uacute;nico. A&ntilde;os despu&eacute;s David y yo rodamos con Fern&aacute;n-G&oacute;mez <em>La silla de Fernando</em>, donde procuramos capturar aquel milagro. Siempre nos apetece insistir en que el remoto responsable de esa pel&iacute;cula fueron Juan Diego y sus ganas de que sus amigos compartan sus horas felices. <br />
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<em>Este art&iacute;culo se public&oacute; originalmente en el diario '<a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a>'</em>.]]></content>
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    <title>Inmortal y rosa</title>
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    <published>2013-04-14T04:12:06-04:00</published>
    <updated>2013-04-14T04:03:56-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Existen algunos modos de vengarse de la muerte. Uno es reírse de ella. Otro es obviarla, hacer como si no existiera. Otro es encararla sin ambages. La hora violeta también es la gran venganza de Sergio del Molino contra la muerte de su hijo. Los lectores acabamos enamorados de Pablo, garantía de que nunca se irá.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Hay tragedias &iacute;ntimas que revolucionan la cabeza y provocan un vuelco en la manera de recibir la vida y estar en el mundo. Yo no he tenido hijos pero, por desgracia, s&eacute; muy bien hasta qu&eacute; punto la tragedia &iacute;ntima m&aacute;s absurda y devastadora es la p&eacute;rdida de un hijo. Demasiados seres queridos -siempre son demasiados- han sufrido la explosi&oacute;n de esa bomba at&oacute;mica en sus vidas.<br />
<br />
Cuando alguien pierde un hijo cualquier reacci&oacute;n es respetable. Nadie deber&iacute;a juzgar a nadie, haga lo que haga. Hay algunos que optan por comerse a solas su dolor y otros que sienten la necesidad de compartirlo. Puede resultar llamativo que casi todos los escritores que han perdido un hijo hayan recreado en su obra ese calvario. Pero es de lo m&aacute;s natural: los escritores se suelen alimentar de sus vivencias m&aacute;s impactantes y retratar esa tristeza inveros&iacute;mil es un intento, in&uacute;til pero inevitable, de aceptar lo inaceptable. Francisco Umbral fue uno de ellos. Su hijo Pincho muri&oacute; de leucemia a los cinco a&ntilde;os y, poco despu&eacute;s, en 1975, public&oacute; <em>Mortal y rosa</em>, un libro que le persigui&oacute; siempre. Hasta los que no soportan a Umbral confiesan que <em>Mortal y rosa</em> les parece una maravilla. <br />
<br />
En septiembre de 2010 se le diagnostic&oacute; leucemia a Pablo, el primer hijo de Sergio del Molino y de Cristina Delgado, a los que los lectores de <em>Heraldo</em> conocen bien. En agosto de 2011, con menos de dos a&ntilde;os, Pablo muri&oacute;. El pasado 19 de marzo Sergio present&oacute; en el Teatro Principal de Zaragoza <em>La hora violeta</em> que, a sus 33 a&ntilde;os, le ha confirmado como el gran escritor que ya sab&iacute;amos que era. <em>La hora violeta</em> es el <em>Mortal y rosa</em> de Sergio, un deslumbrante ejercicio literario a partir de su experiencia m&aacute;s extrema y desestabilizadora. En este mismo teatro, hace dos meses, Miguel Mena present&oacute; su excelente novela <em>Todas las miradas del mundo</em>. El d&iacute;a del padre Miguel arrop&oacute; a Sergio y defini&oacute; su libro con un adjetivo que le sienta muy bien: hipn&oacute;tico. Miguel record&oacute; el sms que le envi&oacute; a Sergio al concluir la lectura: "He le&iacute;do <em>La hora violeta</em> en un d&iacute;a pero lo masticar&eacute; durante a&ntilde;os".<br />
<br />
Perder a Pablo ha puesto a prueba a Sergio como ser humano pero tambi&eacute;n como escritor. Es la clase de reto que saca lo peor de los peores escritores y lo mejor de los mejores. Es muy f&aacute;cil resultar devorado por una materia prima tan sensible y esencialmente conmovedora y hundirse en la literatura m&aacute;s rid&iacute;cula y llorona. Pero Sergio ha dado una lecci&oacute;n de c&oacute;mo huir de la infecci&oacute;n sentimental y la pornograf&iacute;a emocional. <em>La hora violeta</em> es profundamente conmovedor pero tambi&eacute;n es, y de qu&eacute; manera, alta literatura. <br />
<br />
Hace unos ocho a&ntilde;os F&eacute;lix Romeo, buen detector de talentos, me dijo: "No te pierdas lo que escribe en <em>Heraldo</em> Sergio del Molino". Hice caso a F&eacute;lix y disfrut&eacute; mucho con los art&iacute;culos y reportajes que Sergio publicaba en estas p&aacute;ginas. Cuando Pablo enferm&oacute;, Sergio y yo nos conoc&iacute;amos poco pero la noticia me golpe&oacute; duro. Nunca se sabe bien c&oacute;mo acertar pero el cuerpo me pidi&oacute; escribirle alg&uacute;n email c&oacute;mplice. Sergio me respondi&oacute; muy amable pero prefer&iacute; no molestarle m&aacute;s y preguntarle de vez en cuando a Picos Laguna, directora de este suplemento en el que Sergio y yo somos compa&ntilde;eros. Picos me mantuvo al corriente de la evoluci&oacute;n de Pablo durante aquellos ciclot&iacute;micos y desesperantes meses. Al morir Pablo le escrib&iacute; un email a Sergio en el que le hablaba de mis charlas con Umbral a prop&oacute;sito de <em>Mortal y rosa</em> y de c&oacute;mo ese libro le hab&iacute;a marcado. Mi objetivo subterr&aacute;neo era sugerirle que &eacute;l era un escritor perfecto para dejar un testimonio de esa naturaleza. Lo que yo entonces ignoraba es que Sergio ten&iacute;a a Umbral en un pedestal y que ya hab&iacute;a pensado <em>La hora violeta</em>. En los meses siguientes conoc&iacute; a la adorable Cristina, la madre de Pablo, y comenc&eacute; a frecuentar m&aacute;s a Sergio. Cuando public&oacute; su tercer libro, <em>El restaurante favorito de Nina Hagen</em>,-una antolog&iacute;a de su estilazo como escritor-periodista- Sergio me brind&oacute; la oportunidad de charlar con &eacute;l en un club de lectura en el FNAC. Ese d&iacute;a dije que, por muy bueno que fuera lo que Sergio hab&iacute;a escrito, lo mejor estaba por llegar. Desde hace m&aacute;s de un a&ntilde;o coincidimos a menudo en <em>Buenos d&iacute;as Arag&oacute;n</em>, el programa de Arag&oacute;n TV que dirige Pablo Carreras. Al salir de la tele, Sergio siempre me acerca a casa con su coche. Sergio es un caso l&iacute;mite de adicci&oacute;n literaria. Sin la literatura, su vida cojear&iacute;a de las dos patas. <br />
<br />
<em>La hora violeta</em> est&aacute; escrita con un desparpajo elegante y brutal. Sergio logra que nos sumerjamos con &eacute;l en sus d&iacute;as de dolor y que los hagamos nuestros. Nos conf&iacute;a sus reflexiones m&aacute;s hondas y sus observaciones sobre todo lo que se mueve a su alrededor, que se mueve de forma distinta cuando se mira con los ojos de un padre destrozado. Pero tambi&eacute;n nos invita a acompa&ntilde;arle en sus fugas del horror, cuando se deja acariciar por el humor, las canciones, los libros y los amigos que le impiden olvidar que la vida tambi&eacute;n puede ser formidable. Yo he le&iacute;do <em>La hora violeta</em> con un nudo en la garganta pero, a ratos, al reparar en mi placer como lector, no consegu&iacute;a escapar de una extra&ntilde;a mala conciencia.<br />
<br />
Existen algunos modos de vengarse de la muerte. Uno es re&iacute;rse de ella. Otro es obviarla, hacer como si no existiera. Otro es encararla sin ambages. <em>La hora violeta</em> tambi&eacute;n es la gran venganza de Sergio contra la muerte de su hijo. Los lectores acabamos enamorados de Pablo y ese amor es la mejor garant&iacute;a de que Pablo nunca se ir&aacute;. El a&ntilde;o pasado Sergio y Cristina fueron padres de Daniel. Cuando Daniel pueda leer <em>La hora violeta</em> sabr&aacute; por qu&eacute; su hermano se ha convertido en un ser inmortal.  <br />
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<em>Este art&iacute;culo se public&oacute; originalmente en el diario '<a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a>'.</em>]]></content>
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    <title>La fiesta de la vida</title>
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    <published>2013-04-07T07:55:01-04:00</published>
    <updated>2013-04-07T08:04:12-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[La mirada de Bigas Luna no se parecía a la de nadie. Eso es lo que distingue a los grandes creadores y él sobresalió como uno de los más imaginativos y estimulantes de nuestro cine.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[La mirada de Bigas Luna no se parec&iacute;a a la de nadie. <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/04/06/reacciones-a-la-muerte-de_n_3028390.html?utm_hp_ref=spain" target="_hplink">Eso es lo que distingue a los grandes</a> creadores y &eacute;l sobresali&oacute; como uno de los m&aacute;s imaginativos y estimulantes de nuestro cine. Desde <em>Bilbao</em> (1977) qued&oacute; muy clara su atracci&oacute;n por los tipos obsesivos, las relaciones ins&oacute;litas y las historias pasionales y fronterizas marcadas por un fuerte erotismo. Entre sus pel&iacute;culas se encuentran adaptaciones literarias, evocaciones hist&oacute;ricas, pel&iacute;culas intensamente claustrof&oacute;bicas, pel&iacute;culas luminosas, cine l&iacute;rico y rom&aacute;ntico o, incluso, cine de terror (<em>Angustia</em>). Pero, por encima de esa variedad, sobrevuela en todo su cine un mundo, un estilo muy personal y arrebatador. Nos descubri&oacute; a Ariadna Gil en <em>Lola</em>, a Pen&eacute;lope Cruz, Jordi Moll&aacute; y Javier Bardem en <em>Jam&oacute;n, jam&oacute;n</em>, a Miguel Poveda en <em>La teta y la luna</em> o a Ver&oacute;nica Echegui en <em>Yo soy la Juani </em> y dispar&oacute; la carrera de Leonor Watling en <em>Son de mar.</em> Son muchas las cosas que le tendremos que agradecer siempre.<br />
<br />
Bigas me hizo sentir bien desde el primer instante. Tal vez porque, al conocernos, me salud&oacute; con una gran sonrisa y, luego, me dijo: "Mi pel&iacute;cula favorita es <em>La edad de oro</em>, de Luis Bu&ntilde;uel". Fue en Zaragoza, en la presentaci&oacute;n del rodaje de<em> Jam&oacute;n, jam&oacute;n</em>, en el oto&ntilde;o de 1991. La &uacute;ltima vez que lo vi fue tambi&eacute;n en Zaragoza, el pasado 30 de noviembre. Yo esperaba en la estaci&oacute;n de Delicias a &Aacute;ngela Molina. En el mismo AVE, casualmente, ven&iacute;an Bigas y su mujer Celia Or&oacute;s, zaragozana militante. Bigas me lanz&oacute; la gran sonrisa de siempre y me cont&oacute;, muy ilusionado, que estaba a punto de rodar <em>Segundo origen</em>. Desde ese d&iacute;a lo visualizaba en esa pel&iacute;cula, disfrutando como solo &eacute;l sab&iacute;a. Nunca me enter&eacute; de que hab&iacute;a ca&iacute;do enfermo. <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/04/06/muerte-de-bigas-luna_n_3027627.html?utm_hp_ref=spain" target="_hplink">&Eacute;l pidi&oacute; que, cuando muriera, no se celebrara ning&uacute;n funeral o acto p&uacute;blico de homenaje.</a> Bigas era demasiado elegante como para molestar con algo tan vulgar como la enfermedad y la muerte.<br />
<br />
A Bigas le volv&iacute;a loco la vida y era un experto en gozar de ella. Su af&aacute;n por convertir cada rato en una fiesta divertida y excitante hac&iacute;a de &eacute;l una compa&ntilde;&iacute;a extremadamente confortable. Era imposible sentirse mal si &eacute;l se encontraba cerca. Durante estos 22 a&ntilde;os tuve la suerte de comprobarlo cientos de veces. &Eacute;l me cogi&oacute; de la mano muy a menudo y me empuj&oacute; a ese extra&ntilde;o y fascinante planeta que &eacute;l hab&iacute;a creado para sus seres queridos. Meti&oacute; en mi vida a Javier Bardem, Pen&eacute;lope Cruz, Jordi Moll&aacute;, Anna Galiena, Stefan&iacute;a Sandrelli, Rosa Verg&eacute;s, Leopoldo Pom&eacute;s o Ver&oacute;nica Echegui; me encarg&oacute; hacer lo imposible para que Jorge Perugorr&iacute;a se empapara del acento aragon&eacute;s antes de interpretar a Goya en <em>Volaverunt</em>; me llev&oacute; a sus casas de Barcelona y Torredembarra y me ense&ntilde;&oacute; su huerto ecol&oacute;gico; me regal&oacute; una comida excelsa alrededor de unos calsots en un restaurante de pueblo; me convoc&oacute; a cenas con amigos que &eacute;l preparaba como un rito sagrado. Bigas sosten&iacute;a que lo que mejor sab&iacute;a hacer era colocar a cada comensal en el lugar perfecto de la mesa.<br />
<br />
&Eacute;l tambi&eacute;n quiso acercarse con frecuencia a mis amigos y a mis cosas. Tuve el placer, por ejemplo, de presentarle a Mar&iacute;a Dolores Pradera y Leonor Watling. Una Semana Santa Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal y Ana Marques&aacute;n nos invitaron a su casa de H&iacute;jar y, vestidos de nazarenos,<br />
participamos en La Rompida de la Hora. Bigas estaba entusiasmado. Pero la ceremonia le absorbi&oacute; de tal manera que, de madrugada, durante la procesi&oacute;n posterior a la rompida, entr&oacute; en trance y se perdi&oacute; tocando el tambor, solo, por las calles de H&iacute;jar. A las cuatro de la ma&ntilde;ana nadie sab&iacute;a d&oacute;nde estaba. Al rato apareci&oacute;, levitando y feliz. En otra ocasi&oacute;n, me acompa&ntilde;&oacute; a mis pueblos, Lechago y Calamocha. Jos&eacute; Luis Campos tuvo una idea fant&aacute;stica, que tal vez alg&uacute;n d&iacute;a se concrete: bautizar con el nombre de Bigas Luna la avenida cercana al Museo del Jam&oacute;n de Calamocha, como un modo de reconocer la promoci&oacute;n internacional que Bigas hab&iacute;a hecho del producto estrella de la comarca. Recuerdo que Bigas dijo: "Qu&eacute; ilusi&oacute;n. Cuando alguien pille un taxi para ir al museo le dir&aacute; al taxista: &acute;Al Museo del Jam&oacute;n. Por la Avenida Bigas Luna".<br />
<br />
Bigas era uno de esos no aragoneses a los que les encanta ser aragoneses. Sus antepasados maternos eran de Arag&oacute;n y, despu&eacute;s de enamorarse de su mujer, acab&oacute; prendado de nuestra tierra, nuestro car&aacute;cter y nuestra gente. Celia le contagi&oacute; su pasi&oacute;n por la Virgen del Pilar y la Ofrenda de Flores. Una tarde me desliz&oacute; algo: la Ofrenda a&uacute;n pod&iacute;a resultar m&aacute;s espectacular, fluida, brillante y poderosa si se cambiaba el lugar de ubicaci&oacute;n de la Virgen. De inmediato, se lo solt&eacute; a Pilar Soria y Juan Bolea, entonces Concejal de Cultura. Juan enseguida comprendi&oacute; el alcance de la idea y, con una ins&oacute;lita rapidez, logr&oacute; que todo el mundo, y nunca mejor dicho, la bendijera.<br />
<br />
A m&iacute; siempre me ha hecho mucha gracia que Bigas, en Arag&oacute;n, revolucionara el icono religioso por excelencia y, tambi&eacute;n, el icono er&oacute;tico- festivo que representa el cabar&eacute; El Plata, ese templo pagano. Dentro de Bigas conviv&iacute;an un m&iacute;stico, un erot&oacute;mano, un surrealista, un transgresor, un iconoclasta, un provocador, un fetichista, un hedonista radical, un vanguardista, un amante de los s&iacute;mbolos, ritos y tradiciones y, sobre todo, uno de los seres m&aacute;s c&aacute;lidos y cari&ntilde;osos que he conocido en mi vida. Escribo estas palabras al rato de conocer su muerte, sin tiempo para<br />
digerirla, cuando a&uacute;n me siento dentro de una pesadilla.]]></content>
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    <title>Dos tardes con Savater</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2906753</id>
    <published>2013-03-30T05:12:39-04:00</published>
    <updated>2013-03-30T05:01:39-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Savater siempre me parece honesto cuando habla o escribe y nunca da la impresión de ser rehén de lo que se espera de él, de lo que sus seguidores desearían oír o de lo que él mismo ha sostenido en el pasado. Esa actitud, tan saludable, le ha convertido a veces en alguien sospechoso, incorrecto, incómodo.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[En muy poco tiempo he pasado dos tardes con Fernando Savater. En La T&eacute;rmica de M&aacute;laga compart&iacute; con &eacute;l una tertulia sobre nuestra &eacute;poca infame y, en Zaragoza, otra sobre educaci&oacute;n organizada por IberCaja. Eso me ha permitido comer, hablar y re&iacute;r con uno de los seres de referencia de mi vida. Le conoc&iacute; en los primeros 90, entre Madrid y San Sebasti&aacute;n, alrededor de Javier Gurruchaga y Vicente Molina Foix, charlando de cine, tebeos y <em>La isla del tesoro</em>. Al recibirle en la estaci&oacute;n de M&aacute;laga lo primero que hizo fue tenderme su &uacute;ltimo libro, <em>El traspi&eacute;. Una tarde con Schopenhauer</em>. Cuando lo fui a buscar a la estaci&oacute;n de Delicias de Zaragoza me meti&oacute; en el bolsillo <em>Democracia</em>, de Paolo Flores d'Arcais. Fernando es uno de esos que te regala un libro casi siempre que te ve. F&eacute;lix Romeo tambi&eacute;n pertenec&iacute;a a ese maravilloso club. En M&aacute;laga, con Salom&oacute;n Castiel, y en Zaragoza, con Genoveva Crespo, C&eacute;sar P&eacute;rez Gracia y Teresa Fern&aacute;ndez -directora de la Obra Social de IberCaja-, he procurado estirar las horas con Savater. <br />
<br />
Algunas de las lecturas m&aacute;s impactantes de mi primera juventud fueron libros de Savater: <em>Nihilismo y acci&oacute;n</em>, <em>La tarea del h&eacute;roe</em> o <em>La infancia recuperada</em>. Segu&iacute;a con devoci&oacute;n <a href="http://elpais.com/autor/fernando_savater/a/" target="_hplink">sus art&iacute;culos en <em>El Pa&iacute;s</em></a> y en la revista de cine <em>Casablanca</em> cofundada por Fernando Trueba. Me recuerdo con Trueba y Gabino Diego hablando de Savater cenas enteras. Savater escribi&oacute; <em>Nihilismo y acci&oacute;n</em> en 15 d&iacute;as a la incre&iacute;ble edad de 22 a&ntilde;os. Fernando me abri&oacute; los ojos a muchas cosas y personas y me hizo disfrutarlas o entenderlas de una manera m&aacute;s enriquecedora: las pel&iacute;culas, los libros, Cioran, Borges, Voltaire, Bertrand Russell, Nietzsche, la religi&oacute;n, la pol&iacute;tica, la moral, la violencia, el anarquismo o las patrias. Desde esos a&ntilde;os Savater represent&oacute; para m&iacute; un techo muy refinado de lo que significaba ser un intelectual. Fernando no solo arrojaba luz sino que exhib&iacute;a un compromiso inagotable con su tiempo, desde un coraje y una libertad de pensamiento realmente extraordinarios. Savater siempre me parece honesto cuando habla o escribe y nunca da la impresi&oacute;n de ser reh&eacute;n de lo que se espera de &eacute;l, de lo que sus seguidores desear&iacute;an o&iacute;r o de lo que &eacute;l mismo ha sostenido en el pasado. Esa actitud, tan saludable, le ha convertido a veces en alguien sospechoso, incorrecto, inc&oacute;modo. Pero a m&iacute; Savater me resulta estimulante incluso, o sobre todo, cuando no participo demasiado de sus puntos de vista. Uno de los integrismos m&aacute;s antip&aacute;ticos es el de quien se muestra incapaz de relajar sus convicciones. Y yo siempre estoy dispuesto a que mis convicciones se agrieten, sobre todo cuando sobre ellas dispara un tipo como Savater. Por descontado, tampoco soy un integrista de Savater pero le respeto tanto que cuando difiero de &eacute;l no puedo evitar pensar que el equivocado, o el idiota, tal vez sea yo. <br />
<br />
Savater no para de hablar, de lanzar ideas, observaciones, recuerdos, iron&iacute;as, ocurrencias, an&eacute;cdotas. Un d&iacute;a, cuando estaba con su maestro Cioran, el colmo del pesimismo, Fernando aspiraba a demostrarle que &eacute;l tambi&eacute;n era bastante pesimista. Pero Cioran no hac&iacute;a m&aacute;s que desacreditarle como cenizo y, al dedicarle un libro suyo, le escribi&oacute;: "A Fernando Savater, agradeci&eacute;ndole sus esfuerzos por ser pesimista". Fernando es divertido y cari&ntilde;oso, algo que se agradece mucho en un sabio. A sus 65 a&ntilde;os contin&uacute;a militando en la alegr&iacute;a, una de las pocas cosas de la que se considera fundamentalista. &Eacute;l se define como un pesimista activo y quiz&aacute; por eso se empe&ntilde;a en crear alegr&iacute;a, porque sabe que, si bajamos los brazos, nos va a devorar la tristeza. La siesta es otra de esas grandes cosas por las que es capaz de perder el sentido. Le pasa un poco como a m&iacute;, que si un d&iacute;a no me puedo echar la siesta se me estropea la cabeza y ando por la tarde como un zombie. <br />
<br />
Un espanto que ha marcado la vida de Savater es el terrorismo etarra. El otro d&iacute;a Fernando record&oacute; el punto de inflexi&oacute;n en la manera de mirarle aquella banda asesina y mafiosa. El mundo <em>abertzale</em> lo cre&iacute;a uno de los suyos y en 1981 le invitaron a participar en un acto contra la tortura. En su intervenci&oacute;n Savater conden&oacute; la tortura hacia los presos etarras pero, tambi&eacute;n, abomin&oacute; de la tortura a la que estaba sometido el ingeniero Jos&eacute; Mar&iacute;a Ryan, que en esos d&iacute;as permanec&iacute;a secuestrado por ETA y que luego fue ejecutado. Desde entonces, el clima en su adorada Donosti se hizo totalmente irrespirable para Fernando. Se traslad&oacute; a Madrid y hubo de convivir con la amenaza de que cualquier d&iacute;a pod&iacute;a ser asesinado. Sin embargo, Savater no solo no se arrug&oacute; sino que intensific&oacute; su agresividad intelectual contra el terrorismo y el lado m&aacute;s siniestro, absurdo y endiablado de los nacionalismos. Savater no mov&iacute;a una ceja sin los escoltas alrededor. Ese disparate dio un vuelco a sus costumbres cotidianas. Entre otras cosas, dej&oacute; de ir a las salas de cine. Desde aquella &eacute;poca, solo ve cine en DVD.<br />
<br />
Su &uacute;ltimo libro, <em>El traspi&eacute;. Una tarde con Schopenhauer</em> es una deliciosa pieza teatral en la que Savater fabula sobre la relaci&oacute;n de Schopenhauer con Elisabeth Ney, la escultora para la que pos&oacute; durante meses. En un momento dado, Savater pone en boca de Schopenhauer una de esas frases que no tienes m&aacute;s remedio que subrayar: "A los hombres solo nos gusta retener a las mujeres capaces de dejarnos".<br />
<br />
Savater es el fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol m&aacute;s popular y le&iacute;do de las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. Mi madre Felicitas de 87 a&ntilde;os se ha zampado estos d&iacute;as <em>&Eacute;tica para Amador</em> y <em>Pol&iacute;tica para Amador</em>, dos de sus <em>best sellers</em>. Savater ha consagrado buena parte de su vida y obra a exaltar la alegr&iacute;a, la felicidad, la educaci&oacute;n, la cultura, la &eacute;tica, la tolerancia y la dignidad moral e intelectual. Es curioso: a la vista de la basura que nos rodea, parece que hemos le&iacute;do a Savater solo para saber c&oacute;mo llevarle, exactamente, la contraria.<br />
<br />
<br />
<em>Este art&iacute;culo se public&oacute; originalmente en el diario '<a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a>'</em>.]]></content>
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    <title>Bebo y la estrella de Fernando</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2938346</id>
    <published>2013-03-23T05:18:46-04:00</published>
    <updated>2013-03-23T05:32:03-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Hace tres años, en abril de 2010, en Málaga, compartí con Bebo Valdés, Estrella Morente y Fernando Trueba uno de mis grandes días. Fue la última vez que estuve con Bebo. Escribí entonces una crónica que ahora recupero como tributo a un ser muy fuera de lo común.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[<em><strong>Hace tres a&ntilde;os, en abril de 2010, en M&aacute;laga, compart&iacute; con <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/03/22/muerte-bebo-valdes-_n_2934231.html" target="_hplink">Bebo Vald&eacute;s</a>, Estrella Morente y Fernando Trueba uno de mis grandes d&iacute;as. Fue la &uacute;ltima vez que estuve con Bebo. Escrib&iacute; entonces una cr&oacute;nica que ahora recupero como tributo a un ser muy fuera de lo com&uacute;n.</strong></em><br />
<br />
S&aacute;bado 18 de abril. Llueve en M&aacute;laga. Fernando Trueba ha venido al Festival de Cine pero hoy no tiene ning&uacute;n compromiso. Ni yo tampoco. Me dice: "Vamos a comer con Bebo". Bebo es Bebo Vald&eacute;s, la gran leyenda de la m&uacute;sica cubana. Tiene 92 a&ntilde;os y reside en Benalm&aacute;dena junto a Rose Marie, su mujer sueca. Fernando tambi&eacute;n telefonea a otra gran amiga que vive en M&aacute;laga, Estrella Morente. No la encuentra y le deja un recado. <br />
<br />
Entramos en el Restaurante Chinitas, un lugar muy ca&ntilde;&iacute; lleno de fotos de toreros y artistas flamencos. La foto m&aacute;s llamativa es una de Chiquito de la Calzada. En la mesa de al lado est&aacute; &Aacute;ngeles Gonz&aacute;lez Sinde con un grupo de invitados del festival. Al vernos, la entonces ministra de Cultura se levanta, nos saluda y le dice a Bebo que es una gran admiradora suya. <br />
<br />
Durante la comida, Bebo habla y r&iacute;e. La aparici&oacute;n de Fernando Trueba en su vida result&oacute; providencial. Bebo era una leyenda de la m&uacute;sica cubana pero, durante muchos a&ntilde;os, sobrevivi&oacute; en Suecia como pianista de hoteles. Bebo colabor&oacute; con Fernando Trueba en dos pel&iacute;culas documentales (<em>Calle 54</em>, <em>El milagro de Candeal</em>) y un disco (<em>L&aacute;grimas negras</em>) que lo colocaron en lo m&aacute;s alto y le dieron una nueva vida. En los postres, Fernando le deja el iPod a Bebo para que oiga el &uacute;ltimo disco que ha producido, uno de rumbas cubanas donde Pedro Mart&iacute;nez versiona cl&aacute;sicos de Camar&oacute;n. Bebo se pone los auriculares y, encantado, sin dejar de sonre&iacute;r, se mueve al ritmo de lo que escucha. Fernando est&aacute; muy contento con ese disco y con <em>Chico y Rita</em>, la pel&iacute;cula de animaci&oacute;n en la que han colaborado Javier Mariscal e Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, autor del gui&oacute;n. Son las cuatro y media de la tarde. &Aacute;ngeles Gonz&aacute;lez Sinde se despide de nosotros y se hace una foto con Bebo. <br />
<br />
Fernando Trueba no tiene m&oacute;vil. Que &eacute;l y Joaqu&iacute;n Sabina, dos de las personas m&aacute;s inteligentes que conozco, no usen m&oacute;vil me hace dudar de su aut&eacute;ntico valor. Pero que yo lo tenga sirve esta tarde para algo: hacia las cinco, Estrella Morente me llama para comprobar si a&uacute;n seguimos en el restaurante. Hace siglos que no veo a la guap&iacute;sima Estrella, desde un homenaje a Paco Rabal en &Aacute;guilas, cuando ella ten&iacute;a 16 a&ntilde;os y Paco la presentaba como "la ni&ntilde;a de mi hermano Enrique Morente, que canta como los &aacute;ngeles". <br />
<br />
(Cuando David Trueba y yo hicimos <em>La silla de Fernando</em> -una pel&iacute;cula-conversaci&oacute;n con Fern&aacute;n-G&oacute;mez- tuvimos el inmenso honor de que Bebo Vald&eacute;s y Enrique Morente nos regalaran su talento. Cuando Fern&aacute;n-G&oacute;mez vio la pel&iacute;cula en su casa y, durante los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito, escuch&oacute; su tango favorito <em>Caminito</em> en la versi&oacute;n de los dos genios qued&oacute; profundamente conmovido).<br />
<br />
Nos quedamos solos en el Chinitas. Bebo descubre que en el restaurante hay un piano. Se levanta de la mesa, llega hasta el piano, levanta la tapa, se sienta y comienza a tocar <em>El concierto de Aranjuez</em>. Entonces, entra en el restaurante Estrella acompa&ntilde;ada de su hermana Sole&aacute;, su prima Quessiah y su amiga Rosa. Estrella, 29 a&ntilde;os, no quiere interrumpir a Bebo, 92, y lo mira, embobada. Cuando Bebo acaba, Estrella se lo come a besos. <br />
<br />
Volvemos a la mesa. Se incorpora al grupo Curro, hermano de Javier Conde, el torero marido de Estrella. Son las cinco y media de la tarde pero parece que la gente del restaurante est&aacute; dispuesta a aguantarnos un rato m&aacute;s. Estrella se pone a cantar y Sole&aacute; se pone a cantar. Una juerga flamenca en casa de Enrique Morente y su mujer, la bailaora Aurora Carbonell, es una de esas cosas que me gustar&iacute;a vivir antes de irme de este mundo. Estrella venera a Fernando Trueba, al que todo el rato llama "maestro". Fernando se muere de verg&uuml;enza. Se debe sentir muy raro -y muy feliz- sabi&eacute;ndose tan admirado por dos personas, Bebo y Estrella, a las que &eacute;l admira tanto. <br />
<br />
Para m&iacute; tambi&eacute;n Fernando Trueba ha sido alguien esencial. &Eacute;l fue el primer ser humano dedicado al cine que entr&oacute; en mi vida. Fernando ten&iacute;a 25 a&ntilde;os y yo era casi un adolescente. Me fascin&oacute; su personalidad. El d&iacute;a que nos conocimos me dijo: "Si a ti te gusta escribir cartas, nos podemos escribir. Me encantan las cartas". Entonces yo ni siquiera tel&eacute;fono fijo. A lo largo de esas cartas nos hicimos amigos. Fernando es la persona con mejor gusto que he conocido. Tiene un fin&iacute;simo olfato para detectar las cosas y las personas que de verdad merecen la pena. Uno de sus mayores placeres es contagiar su amor por esas cosas y personas a la gente que quiere. <br />
<br />
Una especialidad de Fernando es crear climas confortables a su alrededor. A lo largo de estos 30 a&ntilde;os he vivido con &eacute;l cientos de d&iacute;as magn&iacute;ficos, rodeados de seres deslumbrantes. Y eso, un d&iacute;a magn&iacute;fico con seres deslumbrantes, es lo que estoy viviendo hoy en un castizo restaurante de M&aacute;laga. Son las siete de la tarde y a ninguno de nosotros nos apetece salir del Chinitas. Han coincidido algunas maravillas: que los del restaurante no nos echen a la calle, que haya un piano y que gente con tanto arte tenga tan poca prisa. Llevamos una vida tan disparatada y tan sobrada de marrones que me parece un lujo que, este s&aacute;bado, Fernando Trueba, Bebo Vald&eacute;s y Estrella Morente no tengan absolutamente nada que hacer, m&aacute;s all&aacute; del puro disfrute de la alegr&iacute;a y de la amistad.<br />
<br />
Hacia las ocho, llamamos a la mujer de Bebo para que no se preocupe. Bebo est&aacute; que se sale y vuelve al piano. La m&uacute;sica saca lo mejor de &eacute;l y hace que se olvide de la edad que tiene. En ese momento, un tipo que parece que trabaja en el restaurante grita desde lejos que all&iacute; no se puede tocar el piano. Pero Estrella le susurra qui&eacute;n es el que est&aacute; al piano y el tipo, que conoce a Estrella, se calla de inmediato. Luego comprobaremos que ese tipo es el que todos los d&iacute;as toca el piano en el restaurante. Entonces, Estrella se sienta al lado de Bebo y se pone a cantar. Fernando me anima a que grabe con mi camarita ese momentazo memorable.<br />
<br />
La dulce Quessiah insin&uacute;a que podemos ir a cenar al restaurante de unos amigos pero, cuando llama, le dicen que est&aacute; completo. Decidimos no movernos del Chinitas. Estrella va a su casa para comprobar que sus ni&ntilde;os est&aacute;n bien y vuelve de inmediato. Los clientes entran a cenar. El hombre del piano hace su trabajo. Pedimos la carta otra vez. Estrella vuelve a cantar y nosotros volvemos a celebrar que la escuchamos. Han pasado doce horas desde que entramos aqu&iacute;. La sombra de <em>El &aacute;ngel exterminador</em> nos sobrevuela en este exquisito d&iacute;a de primavera. Son las dos de la madrugada y, de nuevo, nos encontramos solos en el Chinitas. Todav&iacute;a creo que sigo all&iacute;. <br />
<br />
<br />
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<br />
<center><HH--236SLIDEEXPAND--287942--HH></center>]]></content>
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    <title>Carlos López Otín, la excelencia</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/luis-alegre/carlos-lopez-otin-la-exce_b_2806445.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2806445</id>
    <published>2013-03-07T02:02:39-05:00</published>
    <updated>2013-05-06T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[El científico Carlos López Otín se ha consagrado como una eminencia mundial en la investigación del cáncer o el envejecimiento. Él sabe mucho de los miedos que nos obsesionan y es capaz de relatarlo como si fuera un cuento. Algunos barruntan que algún día será premio Nóbel.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Salir a un escenario y agradecer un premio es un arte muy complicado de dominar. La otra noche, en Zaragoza, presenci&eacute; una obra maestra del g&eacute;nero. Su autor fue Carlos L&oacute;pez Ot&iacute;n, el cient&iacute;fico aragon&eacute;s que se ha consagrado como una eminencia mundial en la investigaci&oacute;n del c&aacute;ncer, el envejecimiento o las enfermedades hereditarias. En el restaurante Far&aacute;ndula, L&oacute;pez Ot&iacute;n recib&iacute;a el premio Arag&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Aragonesista 29 J, presidida por Jos&eacute; Luis Soro. Su discurso de agradecimiento nos dej&oacute; tocados. L&aacute;stima que no se nos ocurriera grabarlo. <br />
<br />
Carlos exprimi&oacute; magistralmente los minutos que permaneci&oacute; en el escenario. Sus primeras palabras fueron estas: "Cuando ven&iacute;a esta tarde en el tren a Zaragoza me he recordado en el tren que, hace muchos a&ntilde;os, me trajo desde Sabi&ntilde;&aacute;nigo para estudiar en la universidad". A continuaci&oacute;n, sin ning&uacute;n papel delante, sintetiz&oacute; su vida, el sentido de su trabajo y su relaci&oacute;n con Arag&oacute;n. Con una exquisita naturalidad, integr&oacute; en su relato al resto de los premiados -la coordinadora Biscarru&eacute;s-Mallos de Riglos, Las Mujeres del Carb&oacute;n, la subcampeona ol&iacute;mpica de waterpolo Andrea Blas- y, tambi&eacute;n, a las personas, con su nombre y apellidos, que acababa de conocer esa misma noche. Mientras lo escuchaba, tuve la rotunda impresi&oacute;n de estar ante un cerebro superior. Esa sensaci&oacute;n la hab&iacute;a tenido por primera vez hac&iacute;a tres a&ntilde;os, en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, cuando, en la presentaci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Pr&iacute;ncipe de Girona, pronunci&oacute; la conferencia <em>Juventud, Cultura y otros sue&ntilde;os</em> ante los Pr&iacute;ncipes de Asturias. Y la volv&iacute; a tener hace unas semanas al ver en Arag&oacute;n Televisi&oacute;n la estupenda monograf&iacute;a que le dedicaron en <em>Pura vida</em> las hermanas Ana, &Aacute;ngela y Paula Labordeta. <br />
<br />
Carlos L&oacute;pez Ot&iacute;n naci&oacute; en Sabi&ntilde;&aacute;nigo en 1958 y all&iacute; vivi&oacute; hasta que comenz&oacute; Qu&iacute;micas en la Universidad de Zaragoza. Desde 1987 reside en Oviedo por una raz&oacute;n de bandera: Gloria, su amor, es asturiana y ella le arrastr&oacute; a su tierra. Hace ya a&ntilde;os que Carlos es uno de los grandes orgullos de la Universidad de Oviedo, de la que es Catedr&aacute;tico de Bioqu&iacute;mica y Biolog&iacute;a Molecular. Ha recibido toda clase de reconocimientos, incluidos los Premios Jaime I o el Premio Nacional de Investigaci&oacute;n Ram&oacute;n y Cajal. Algunos barruntan que alg&uacute;n d&iacute;a ser&aacute; Premio Nobel y a m&iacute; no me extra&ntilde;ar&iacute;a en absoluto. <br />
<br />
Yo era muy ni&ntilde;o cuando mi padre Alberto me empuj&oacute; a leer las biograf&iacute;as de Marie y Pierre Curie y de Santiago Ram&oacute;n y Cajal: de ellos pod&iacute;a aprender hasta qu&eacute; punto el esfuerzo y el esp&iacute;ritu de sacrificio y de superaci&oacute;n pod&iacute;an hacer grande una vida. Mi arrobo y mi envidia hacia los cient&iacute;ficos proceden de esa certeza que pude digerir muy temprano. Y L&oacute;pez Ot&iacute;n personaliza de un modo muy preciso el modelo de cient&iacute;fico que mi padre me provoc&oacute; admirar.<br />
El s&aacute;bado del premio las hermanas Labordeta le animaron a sumergirse en el Tubo, la m&iacute;tica zona de bares de la Zaragoza m&aacute;s castiza. Nos apalancamos en Vinos Nicol&aacute;s, envueltos en ese bullicio que solo tienen las noches de los s&aacute;bados. Tambi&eacute;n es una delicia charlar en un bar con Carlos L&oacute;pez Ot&iacute;n. Carlos es primo hermano de Jos&eacute; Antonio Mart&iacute;n Ot&iacute;n, <em>Pet&oacute;n</em>, escritor, periodista, representante de futbolistas y directivo del Huesca, del que fue jugador. Carlos sostiene que <em>Pet&oacute;n</em> es el m&aacute;s listo de la familia.<br />
<br />
Carlos habla de asuntos muy complejos con una transparencia absoluta: gracias a &eacute;l comprendes cosas que jam&aacute;s pensabas que podr&iacute;as entender y eso te hace sentir inteligente. Sus grandes especialidades ya no nos pueden interesar m&aacute;s porque tienen que ver con lo que m&aacute;s nos importa: la enfermedad, el paso del tiempo, la vida, la muerte, por qu&eacute; somos como somos, por qu&eacute; sentimos lo que sentimos. &Eacute;l sabe mucho de los miedos que nos obsesionan y es capaz de relatarlo como si fuera un cuento. Es un genio de la ciencia al que le fascinan nuestros misterios m&aacute;s &iacute;ntimos e insondables. Su toque arrebatadoramente humanista, su calidez y su sentido del humor disparan su atractivo. El otro d&iacute;a, en el bar, algunos que no lo conoc&iacute;an no pod&iacute;an creer que ese tipo era un cient&iacute;fico de prestigio internacional. Los cient&iacute;ficos que ellos ten&iacute;an en la cabeza no sol&iacute;an re&iacute;rse tanto. Juana de Grandes me dijo: "Qu&eacute; l&aacute;stima que Carlos L&oacute;pez Ot&iacute;n solo haya uno". Y Pepe Melero: "Me avisaste de que era un crack. Pero te hab&iacute;as quedado corto".<br />
<br />
Su poder&iacute;o mental le permite algunos alardes. Nunca lleva reloj y no necesita despertador para levantarse a tiempo. Ama tanto su trabajo que no lo considera trabajo. Su ansiedad por saber y por encontrar respuestas no tiene fin. Resulta muy impactante escucharle cuando evoca la emoci&oacute;n que le produce descubrir algo que puede servir para mejorar la vida de la gente. La otra noche hablamos de la felicidad. Yo deslic&eacute; que cuando en esta vida se hace algo impulsado por el instinto de alegr&iacute;a o de felicidad es imposible equivocarse, aunque te equivoques. Para subrayar hasta qu&eacute; punto hab&iacute;a que celebrar los momentos felices, Carlos, en el discurso de agradecimiento, hab&iacute;a aludido con mucha gracia al ser humano que ha pasado a la historia como el m&aacute;s feliz de todos los tiempos: Abderram&aacute;n III, el primer califa omeya de C&oacute;rdoba, que, durante su larga existencia, fue anotando con total diligencia los d&iacute;as de absoluta felicidad que disfrutaba. Al final hizo balance y esos d&iacute;as sumaban 14. Carlos insin&uacute;a que no hay mejor modo de expresar la dificultad de tocar la felicidad que reparar en el n&uacute;mero de d&iacute;as que lo consigui&oacute; el m&aacute;s feliz de todos.<br />
<br />
En las encuestas que detectan los colectivos m&aacute;s respetados por los espa&ntilde;oles, los cient&iacute;ficos ocupan el primer lugar y los pol&iacute;ticos el &uacute;ltimo. No s&eacute; si es por pura envidia por lo que los pol&iacute;ticos maltratan a la investigaci&oacute;n y la ciencia. Y parece muy chocante que a un grupo tan socialmente venerado se le arrincone tanto en los medios de comunicaci&oacute;n de masas y en el imaginario popular. Que Carlos L&oacute;pez Ot&iacute;n ocupe en nuestras vidas un espacio infinitamente menor que la mujer de Borja Thyssen es un buen retrato de nuestra infinita estupidez.<br />
<br />
<br />
<em>Este art&iacute;culo ha sido publicado originalmente en el peri&oacute;dico '<a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a>'. </em>]]></content>
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    <title>Nunca se sabe</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/luis-alegre/nunca-se-sabe_b_2731517.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2731517</id>
    <published>2013-02-23T04:10:35-05:00</published>
    <updated>2013-04-24T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Todo hace pensar que las imágenes del 23-F no se pudieron ver en televisión hasta el 24-F y que sólo fue la radio quien retransmitió en directo uno de los acontecimientos más impactantes de la reciente historia de España. Sin embargo, un buen número de personas -algunas de ilustre memoria- sostienen que lo siguieron en directo, durante unos minutos, por el UHF.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[El recuerdo del 23-F no es un recuerdo cualquiera. Se trata de uno de esos episodios cuyo impacto emocional es tan enorme que solemos recordar con absoluta precisi&oacute;n y sin ning&uacute;n g&eacute;nero de dudas los detalles de c&oacute;mo lo vivimos. Yo fui uno de los que siguieron en directo la irrupci&oacute;n de Tejero en el Congreso gracias a la cadena Ser que, como Radio Nacional, retransmit&iacute;a el debate de investidura de Calvo Sotelo, en uno de los momentos m&aacute;s delicados, confusos e inestables de la historia reciente de Espa&ntilde;a. A las 18.23 de ese lunes de febrero me acababa de despertar de la siesta y me lavaba los dientes con un peque&ntilde;o transistor al lado. Cuando escuch&eacute; aquello, dej&eacute; de cepillarme y mantuve un buen rato el cepillo dentro de la boca, totalmente paralizado. Si hubiera tenido televisi&oacute;n seguro que la hubiese encendido de inmediato para tratar de ver semejante espect&aacute;culo. Pero viv&iacute;a en un piso de estudiantes y all&iacute; no hab&iacute;a televisor. <br />
<br />
Eloy Fern&aacute;ndez Clemente -periodista, fundador y director de <em>Andal&aacute;n</em>, Catedr&aacute;tico de Historia y testigo y protagonista muy atento de los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n- recuerda que &eacute;l lo sigui&oacute; en directo en el peque&ntilde;o televisor del bar de la Facultad de Empresariales de Zaragoza. La profesora Isabel P&eacute;rez Grasa estaba con &eacute;l y ella tambi&eacute;n recuerda con toda claridad c&oacute;mo lo vieron juntos en directo, en el UHF de TVE, un canal entonces muy minoritario que a&uacute;n no llegaba a todos los lugares de Espa&ntilde;a. No fueron muchos minutos. En un momento dado, la retransmisi&oacute;n se interrumpi&oacute;. Pero el caso es que, durante un rato, lo vieron por la tele. Eloy ten&iacute;a entonces 38 a&ntilde;os. <br />
<br />
Muchos otros espa&ntilde;oles recuerdan haberlo visto tambi&eacute;n en directo por la tele. Entre ellos, intelectuales, escritores, catedr&aacute;ticos e historiadores de muy buena memoria y que han dedicado buena parte de su vida a investigar o recrear la memoria individual o colectiva: Juan Pablo Fusi, Fernando Savater, Juan Mars&eacute; o Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal. O el actor Juan Diego, que recuerda muy bien c&oacute;mo lo vio en la tele de un bar de carretera mientras se dirig&iacute;a a Zaragoza a un homenaje al poeta &Aacute;ngel Guinda en la sala Oasis. <br />
<br />
Si yo no tuviera ninguna otra informaci&oacute;n, todos esos testimonios ser&iacute;an suficientes para que yo no dudara de que unos minutos del 23-F se emitieron en directo por la tele. Yo no soy qui&eacute;n para dudar de los recuerdos de gente de tan ilustre memoria, sobre todo cuando evocan c&oacute;mo vivieron un suceso tan inolvidable. <br />
<br />
<center><HH--236SLIDEEXPAND--282458--HH></center><br />
<br />
<br />
Sin embargo, hay muchos m&aacute;s que sostienen -tambi&eacute;n, sin ning&uacute;n g&eacute;nero de dudas- que el 23-F se emiti&oacute; en directo por la cadena Ser y por Radio Nacional pero de ninguna manera por televisi&oacute;n, ni siquiera unos minutos. Seg&uacute;n ellos, las primeras im&aacute;genes de la entrada de Tejero en el Congreso se emitieron en la primera cadena de TVE -el VHF- a partir de las 12.30 del mediod&iacute;a del martes 24-F, despu&eacute;s de que Tejero se entregara a las autoridades.<br />
<br />
Entre los que mantienen esa convicci&oacute;n se encuentran investigadores del 23-F tan rigurosos y fiables como Javier Cercas -autor de la imprescindible <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>- y Javier Fern&aacute;ndez, responsable de una monograf&iacute;a clave sobre el intento de golpe de Estado. Y, tambi&eacute;n, se encuentran dos altos cargos de la televisi&oacute;n p&uacute;blica en febrero de 1981, Fernando Castedo -director de TVE- e I&ntilde;aki Gabilondo, que acababa de ser nombrado director de los servicios informativos. Castedo y Gabilondo son, quiz&aacute;, los dos seres humanos con mayor autoridad para sostener esa tesis. En una entrevista que concedi&oacute; hace cuatro a&ntilde;os a Sara Pulido, Castedo recordaba que el Consejo de Administraci&oacute;n de RTVE decidi&oacute; unos d&iacute;as antes del 23-F no emitir en directo por televisi&oacute;n el debate de investidura de Calvo Sotelo. En otra entrevista Pedro Erquicia, subdirector de los servicios informativos en el 23-F, recordaba que &eacute;l, en Prado del Rey, pudo ver en directo esas im&aacute;genes gracias a la transmisi&oacute;n que, por circuito interno, realizaba TVE.<br />
<br />
Y yo tampoco soy qui&eacute;n para dudar de los recuerdos y las convicciones de testigos tan privilegiados.<br />
<br />
El desacuerdo entre unos y otros es realmente inquietante: tanto unos como otros tienen razones aparentemente imbatibles para no dudar. Pero no todos pueden tener raz&oacute;n.<br />
<br />
Este asunto insin&uacute;a cosas muy interesantes sobre la condici&oacute;n humana y nuestra inutilidad para abdicar de ciertas convicciones o, simplemente, para permitirnos que esas convicciones se tambaleen un poco. Si me pongo en la piel de Castedo, por ejemplo, no habr&iacute;a nadie capaz de persuadirme de que estoy equivocado y me sacar&iacute;a de quicio que alguien se empe&ntilde;ara en que lo hab&iacute;a visto en directo y que fuera incapaz de bajarse de ese burro. Pero si me pongo en la piel de Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, por ejemplo, tambi&eacute;n me quemar&iacute;a un poco por dentro que no se diera cr&eacute;dito a mis recuerdos en un asunto as&iacute;. Porque incluso aunque barajara la remot&iacute;sima posibilidad de que mi memoria me traicionara, me parecer&iacute;a imposible que tambi&eacute;n le enga&ntilde;ara a todos los dem&aacute;s que lo recuerdan como yo, sobre todo a Isabel P&eacute;rez Grasa, que siempre ha recordado c&oacute;mo lo vio conmigo y que, por lo tanto, tambi&eacute;n es una testigo insuperable. Porque esa es otra: los que afirman que lo siguieron en directo por la tele lo llevan recordando as&iacute; desde la misma noche del 23-F. No hablamos de un episodio cualquiera que hab&iacute;an olvidado y que ahora, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, se ven obligados a rescatar. Se trata de una vivencia que han relatado infinitas veces desde el mismo instante en el que se produjo. <br />
<br />
La controversia es apasionante y anda sobrada de detalles muy raros, muy confusos. Sobre ella flota, todo el rato, una endemoniada ambig&uuml;edad que a m&iacute; me resulta totalmente hipn&oacute;tica. <br />
<br />
De entrada, resulta muy llamativo que Castedo se&ntilde;ale que la decisi&oacute;n de no emitir en directo la investidura de Calvo Sotelo requiriera de una reuni&oacute;n del Consejo de Administraci&oacute;n y que se tomara por "unanimidad". Y, desde luego, parece francamente sospechosa la raz&oacute;n aducida: se entend&iacute;a que la sustituci&oacute;n de un presidente del Gobierno dimitido es un acontecimiento que debe considerarse "normal" en un pa&iacute;s democr&aacute;tico. Cualquiera podr&iacute;a pensar que ah&iacute; hab&iacute;a gato encerrado: &iquest;c&oacute;mo es posible que un acto de esa relevancia fuera considerado "normal" e indigno de emitir en directo por televisi&oacute;n -ni siquiera en el UHF- cuando la Ser y RNE -que depend&iacute;a del mismo ente p&uacute;blico que TVE- no hab&iacute;an tenido ninguna duda al respecto?<br />
<br />
En otra <a href="http://www.periodistadigital.com/periodismo/otros-medios/2012/03/28/fernando-castedo-inaki-gabilondo-balbin-rtve-corporacion-ucd-psoe-pp.shtml" target="_hplink">entrevista para Periodista Digital</a> en la que Castedo recuerda los detalles de su vivencia del 23-F comete alg&uacute;n error f&aacute;cilmente detectable. &Eacute;l se&ntilde;ala que cuando le avisaron de lo que suced&iacute;a en el Congreso -poco despu&eacute;s de las 6.23 tuvo que ser- &eacute;l se dirig&iacute;a en coche al diario <em>El Pa&iacute;s</em>, donde se iba a celebrar una reuni&oacute;n de directores de diversos medios informativos. Entonces, decidi&oacute; volver de inmediato a su despacho de TVE al que lleg&oacute;, seg&uacute;n &eacute;l, "entre 6 y 6.30". Es muy raro que Castedo se&ntilde;ale ese intervalo horario cuando &eacute;l deber&iacute;a saber -por haberlo escuchado y le&iacute;do un mill&oacute;n de veces desde entonces y, fundamentalmente, por ser &eacute;l quien era- que la entrada de Tejero en el Congreso se produjo justo a las 6.23. <br />
<br />
Por descontado, los que est&aacute;n seguros de haberlo seguido en directo por televisi&oacute;n s&iacute; que dudan de los recuerdos de Castedo y podr&iacute;an subrayar algo: mientras Castedo no estaba delante del UHF a las 18.23 del 23-F, ellos se recuerdan con todo lujo de detalles viendo esas im&aacute;genes en el UHF. En realidad, todos los que han sostenido p&uacute;blicamente la tesis de Castedo admiten que no estaban viendo el UHF justo en el momento fat&iacute;dico. (Los profesionales de TVE que lo segu&iacute;an en directo lo ve&iacute;an por circuito interno). Es decir, no se trata de que unos recuerden una cosa y otros recuerden otra. El desacuerdo se da entre unos que creen recordar algo con precisi&oacute;n y otros que niegan esos recuerdos no desde su propia memoria sino a partir de evidencias y argumentos, eso s&iacute;, muy poderosos.<br />
<br />
Se ha desarrollado una teor&iacute;a para tratar de aclarar la confusi&oacute;n: los que mantienen que lo vieron en directo son v&iacute;ctimas de una especie de alucinaci&oacute;n mental que les hace estar seguros de que vieron lo que en realidad no vieron. Esas im&aacute;genes las han visto tantas veces desde el 24-F que, de forma equivocada, las han instalado en su memoria en la misma tarde del 23-F. La teor&iacute;a es muy sugerente y seductora: tambi&eacute;n hay otros -como el catedr&aacute;tico de Historia del Arte Gonzalo Borr&aacute;s- que creen haberlo visto en directo pero admiten que no se atreven a asegurarlo. Pero eso no significa necesariamente que esa teor&iacute;a se corresponda a la verdad.<br />
<br />
Entre los testimonios m&aacute;s favorables a los que sostienen que lo vieron en directo, se encuentran algunas declaraciones y cosas encontradas en la prensa de los d&iacute;as siguientes. Carmen Men&eacute;ndez, esposa de Santiago Carrillo, en una entrevista concedida la misma ma&ntilde;ana del 24-F -y que <em>El Pa&iacute;s</em> public&oacute; el d&iacute;a 25- <a href="http://elpais.com/diario/1981/02/25/espana/351903603_850215.html" target="_hplink">recuerda c&oacute;mo se enter&oacute; de la entrada de Tejero</a>: "Supe lo que suced&iacute;a en el mismo momento en que ocurr&iacute;a porque lo estaba siguiendo por la radio y la televisi&oacute;n". Resulta muy veros&iacute;mil que ella -una de las personas m&aacute;s interesadas en los acontecimientos: su marido estaba condenado si el golpe triunfaba- tuviera encendidas al mismo tiempo la radio y la televisi&oacute;n y parece extra&ntilde;o que si s&oacute;lo lo hubiera escuchado en la radio a&ntilde;adiera por su cuenta lo de "y la televisi&oacute;n". Y, desde luego, cuesta creer que solo unas horas despu&eacute;s del intento de golpe la memoria traicionara a la mujer de Carrillo. Por otro lado, en el editorial de <em>El Pa&iacute;s</em> de <a href="http://elpais.com/diario/1981/02/25/espana/" target="_hplink">ese mismo d&iacute;a 25</a> se incluye esta frase: ""Gracias a la radiotelevisi&oacute;n el golpe de estado se pudo seguir en directo". <br />
<br />
Aunque, sin duda, el testimonio m&aacute;s desconcertante que apoya la tesis de que se emiti&oacute; en directo procede de la mism&iacute;sima TVE. Hace unos a&ntilde;os un periodista interesado en aclarar la pol&eacute;mica investig&oacute; en los archivos de TVE, en los que las cintas de los programas aparecen se&ntilde;aladas con una pegatina que indica si el programa que contienen se emiti&oacute; en directo o en diferido. Pues bien, en la cinta del 23-F aparece esta palabra: "Directo". Eloy Fern&aacute;ndez cuenta c&oacute;mo, en efecto, hace unos a&ntilde;os su amigo V&iacute;ctor Juan Borroy logr&oacute; una carta de TVE en la que confirmaban que esas im&aacute;genes se emitieron en directo.<br />
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<center><HH--236SLIDEEXPAND--282526--HH></center><br />
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<br />
Todo es muy raro y cada nuevo dato que se encuentra no hace m&aacute;s que alimentar la confusi&oacute;n y la perplejidad. Y, seg&uacute;n te empe&ntilde;es en tratar de demostrar una u otra postura, puedes apoyarte en grandes argumentos para cuestionar la contraria. Por ejemplo, puedes pensar que la mujer de Carrillo se equivoc&oacute; al decir "por la radio y la televisi&oacute;n" o que el periodista se equivoc&oacute; en la transcripci&oacute;n; y puedes pensar que el que escribi&oacute; el editorial de <em>El Pa&iacute;s</em> err&oacute; al escribir "radiotelevisi&oacute;n"; y puedes pensar que alguien se equivoc&oacute; al escribir "directo" en la cinta del 23-F que permanece en el archivo de TVE o que ese "directo" se refiere a la transmisi&oacute;n por circuito interno; y, por supuesto, puedes pensar que, pese a la potencia del suceso, la memoria les enga&ntilde;a a todos y cada uno de los que sostienen que lo vieron en directo y tambi&eacute;n les enga&ntilde;a en pareja. S&iacute;, puede ser que todo se deba a un monumental equ&iacute;voco. Pero hay que admitir que quiz&aacute; se hayan acumulado demasiados errores a la vez. <br />
<br />
No hay que olvidar algo: en 1981, en las redacciones de las radios y los peri&oacute;dicos, apenas hab&iacute;a televisores, si es que hab&iacute;a alguno. Si los hubiera habido, seguro que habr&iacute;a muchos m&aacute;s periodistas que recordar&iacute;an si la tarde del 23-F se hab&iacute;an emitido o no las im&aacute;genes en directo por el UHF. En las redacciones de los diarios los sucesos se siguieron por la Ser y tambi&eacute;n -aunque a menudo se la ha ninguneado- por RNE.<br />
<br />
La periodista Cristina Marinero, procurando arrojar un poco de luz, aventur&oacute; una hip&oacute;tesis interesante. Los golpistas del 23-F ten&iacute;an muchos c&oacute;mplices civiles. Lo m&aacute;s natural es que dentro de TVE hubiera varios de ellos, incluidos t&eacute;cnicos o realizadores. Cristina sostiene que entre los que urdieron el golpe exist&iacute;a un diferente criterio -tambi&eacute;n- sobre la difusi&oacute;n que hab&iacute;a que realizar de &eacute;l. Unos cre&iacute;an que, para asustar y paralizar al pa&iacute;s, hab&iacute;a que darle la mayor difusi&oacute;n posible y otros, la gran mayor&iacute;a, apostaban por lo contrario. Cristina piensa que uno de esos c&oacute;mplices de los golpistas pudo ser el que activ&oacute; de forma inesperada la retransmisi&oacute;n del golpe por el UHF, hasta que, pasados unos minutos, los partidarios de la discreci&oacute;n la interrumpieran violentamente.<br />
<br />
Esa hip&oacute;tesis adquiere cierto sentido si se repara en el testimonio que encontr&oacute; Guillermo Fat&aacute;s de Joaqu&iacute;n Arozamena, director del informativo diario <em>Redacci&oacute;n de noche</em> que el UHF emit&iacute;a en 1981 entre 19.47 y 20.35. Arozamena recuerda que &eacute;l tambi&eacute;n estaba viendo en directo las im&aacute;genes por circuito interno. Y a&ntilde;ade: "A eso de las 18.55 un guardia civil avanza hacia la &uacute;nica c&aacute;mara que est&aacute; grabando y la rompe y lo &uacute;ltimo que se ve es el control de acceso. Ah&iacute; nace una de las inc&oacute;gnitas que yo he intentado resolver: &iquest;c&oacute;mo supieron los golpistas que esa c&aacute;mara estaba grabando? Porque s&oacute;lo rompieron esa. Lo &uacute;nico que se me ocurre es que alguien de TVE les tuvo que llamar y decirles a los golpistas '&iexcl;So-gilipollas, que os est&aacute; grabando la c&aacute;mara tal'. Por cierto, esas grabaciones se lograron gracias a Jos&eacute; Mar&iacute;n, un hombre ignorado por la historia, cuando fue el que tuvo los reflejos de darle a grabar apagando la lucecita".<br />
<br />
(Hay que recordar que muchos de los cronistas resaltaron que, al seguir grabando, no se cumpli&oacute; la orden dada por Tejero cuando un guardia civil le advirti&oacute; que "estaban saliendo" en televisi&oacute;n: "&iexcl;Que corten esa transmisi&oacute;n!", grit&oacute; Tejero-, y alguien no le hizo caso). <br />
<br />
La hip&oacute;tesis deslizada por Cristina Marinero puede sonar algo "conspiranoica" y absurda. Pero tal vez no es menos absurda que la persistencia de la misma controversia. <br />
<br />
Aunque uno no se lo proponga demasiado, no se puede evitar oler alg&uacute;n gato encerrado.<br />
<br />
La duda es formidable y sugiere mucho m&aacute;s de lo que parece. Fernando Fern&aacute;n-G&oacute;mez dec&iacute;a que muchos libros de historia consisten en demostrar que los libros de historia anteriores estaban equivocados. Y, desde luego, este episodio del 23-F es uno de esos que hacen tambalear la precisi&oacute;n de los hechos hist&oacute;ricos que nos cuentan: si no somos capaces de saber exactamente qu&eacute; pas&oacute; alrededor de algo que sucedi&oacute; en 1981, qu&eacute; ser&aacute; de los hechos localizados hace mucho m&aacute;s tiempo. <br />
<br />
Alfred Hitchcock llam&oacute; "Mcguffin" a esos apoyos narrativos aparentemente irrelevantes que, sin embargo, resultaban fundamentales para, a trav&eacute;s de ellos, contar algo mucho m&aacute;s hondo. Esta pol&eacute;mica del 23-F en apariencia naif - "que m&aacute;s da que se emitiera en directo o diferido"- es un Mcguffin impresionante. La ambig&uuml;edad, la rareza, la confusi&oacute;n y los cabos sueltos que encierra este asunto "intrascendente" es un espejo perfecto de la ambig&uuml;edad, la rareza, la confusi&oacute;n y los cabos sueltos que encierra el mismo 23-F y, en general, la Transici&oacute;n. Son, sin duda, un caso no cerrado.<br />
<br />
Se puede incluso ir m&aacute;s all&aacute;: &iquest;de verdad es verdad todo lo que creemos que es verdad? La vida es esencialmente ambigua y, tal vez por eso, ansiamos detectar certezas. Las certezas nos relajan, nos hacen sentir seguros y nos provocan la ilusi&oacute;n de que la vida y el mundo pueden ser algo ordenado. Pero, como sosten&iacute;a Bu&ntilde;uel, el misterio, la ambig&uuml;edad y los sucesos sin explicaci&oacute;n encierran una fuerza y una poes&iacute;a irresistibles. Por eso, a Bu&ntilde;uel, genial artista de la ambig&uuml;edad, le fascinaban cosas como el milagro de Calanda o, c&oacute;mo no, la existencia de Dios. <br />
<br />
Pero cuando nos enfrentamos a un suceso como este, nos resistimos como gato panza arriba a encontrar alguna gracia en la ambig&uuml;edad. Nos da una rabia enorme: &iquest;Pero c&oacute;mo es posible que no podamos demostrar de forma incontestable si en la tarde del 23-F pudo haber espa&ntilde;oles que siguieran en directo por la tele el intento de hundir la democracia espa&ntilde;ola?<br />
<br />
Cuando a Rafael Azcona le preguntaban si estaba totalmente seguro de algo en esta vida, el guionista evocaba al due&ntilde;o de los hoteles Hilton cuando afirmaba que solo estaba totalmente seguro de una cosa: en el cuarto de aseo, mientras te duchas o te ba&ntilde;as, es mucho mejor que la cortinilla se coloque por dentro de la ba&ntilde;era que por fuera. Una de las frases que m&aacute;s veces le he escuchado a mi madre, desde mi infancia, es esta: "Nunca se sabe". Tal vez por eso yo suelo dudar hasta de mis propias dudas. <br />
<br />
No s&eacute; si alg&uacute;n d&iacute;a se va a superar para siempre la controversia del 23-F. Si se consigue, dudo tambi&eacute;n de que me alegrara. Nos sentir&iacute;amos muy aliviados pero esta historia habr&iacute;a perdido, quiz&aacute;, todo su encanto.<br />
<br />
<br />
<em>Este art&iacute;culo ha sido publicado originalmente en el diario '<a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a>'.</em>]]></content>
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    <title>Humor, emoción y verdad en la noche de 'Blancanieves'</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2710299</id>
    <published>2013-02-18T08:07:58-05:00</published>
    <updated>2013-04-20T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Billy Wilder dijo: "Si vas a decir la verdad, sé divertido o te matarán". En la ceremonia del 2003, la del "No a la guerra", los profesionales del cine español dijeron verdades como puños pero sin ningún humor. Y les mataron. En los Goya de este domingo se escucharon muchas verdades pero arropadas por una mezcla muy afortunada de humor, clase y emoción.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Billy Wilder dijo: "Si vas a decir la verdad, s&eacute; divertido o te matar&aacute;n". En la ceremonia del 2003, la del "No a la guerra", los profesionales del cine espa&ntilde;ol dijeron verdades como pu&ntilde;os pero sin ning&uacute;n humor. Y les mataron. <br />
<br />
La <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/02/17/los-goya-en-directo-2013_n_2707091.html" target="_hplink">gala del 2013</a> coincid&iacute;a con uno de los momentos m&aacute;s delicados de la historia reciente de Espa&ntilde;a, distinguido, entre otras muchas cat&aacute;strofes, por los furiosos disparos del Gobierno al Estado del bienestar y, concretamente, al mundo de la cultura. Algunos interpretaban esos ataques como una venganza por el abierto enfrentamiento entre la gente del cine y la Espa&ntilde;a del PP que se escenific&oacute; como nunca en los Goya del 2003. Muchos tem&iacute;an, escarmentados, que, si se volv&iacute;a a "politizar" la ceremonia, los efectos secundarios pudieran resultar a&uacute;n m&aacute;s terror&iacute;ficos. <br />
<br />
Sin embargo, alguien debi&oacute; invocar a Billy Wilder y dio en el clavo. En los Goya de este domingo se escucharon muchas verdades pero arropadas por una mezcla muy afortunada de humor, clase y emoci&oacute;n. La gala fue un modelo de c&oacute;mo integrar en una fiesta -cuyo principal objetivo es jalear el talento del cine espa&ntilde;ol- la mirada cr&iacute;tica hacia una realidad insoportable.  <br />
<br />
Los guionistas se lucieron y exhibieron inteligencia, finura y gracia para, con la voz y el salero de <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/02/17/eva-hache-goya-hache_n_2707206.html" target="_hplink">Eva Hache</a> -espl&eacute;ndida toda la noche-, ironizar sobre todo lo ironizable sin eludir los asuntos y personajes m&aacute;s espinosos. El discurso de Enrique Gonz&aacute;lez Macho no tuvo humor pero, a cambio, fue muy contundente en su denuncia de los principales problemas que amenazan con asfixiar un cine como el espa&ntilde;ol que, parad&oacute;jicamente, acaba de cerrar uno de sus a&ntilde;os m&aacute;s brillantes desde hace mucho tiempo. Algunos de los entregadores y premiados -Jos&eacute; Corbacho, Javier Bardem, Candela Pe&ntilde;a y una deslumbrante Maribel Verd&uacute;, que no olvid&oacute; a los perdedores ni a los culpables- deslizaron mensajes rotundamente reivindicativos que fueron muy celebrados. <br />
<br />
No hubo ninguna sorpresa en la gran triunfadora de la noche. Desde que se present&oacute; en el Festival de San Sebasti&aacute;n se comenz&oacute; a extender el runr&uacute;n de que <em>Blancanieves</em> era la pel&iacute;cula del a&ntilde;o. Pablo Berger se qued&oacute; sin el premio al mejor director tal vez porque ya hab&iacute;a recibido dos Goyas personales -gui&oacute;n y canci&oacute;n- y porque la Academia no quer&iacute;a dejar de reconocer el extraordinario trabajo de Juan Antonio Bayona en una pel&iacute;cula (<em>Lo imposible</em>) que ha sido la principal responsable de la cuota de mercado m&aacute;s alta del cine espa&ntilde;ol en los &uacute;ltimos 27 a&ntilde;os.<br />
<br />
Yo estaba convencido de que Paco Le&oacute;n iba a lograr el Goya al director novel. <em>Carmina o revienta</em> no solo hab&iacute;a gustado sino que su popular y querido director hab&iacute;a sido pionero en desafiar la ortodoxia en el modo de distribuir y exhibir una pel&iacute;cula. Adem&aacute;s, parec&iacute;a claro que <em>Las aventuras de Tadeo Jones</em> lograr&iacute;a el Goya a la pel&iacute;cula de animaci&oacute;n y pensaba que los profesionales de la Academia considerar&iacute;an que ese premio era suficiente para distinguir a la otra pel&iacute;cula del 2012 que hab&iacute;a cautivado al gran p&uacute;blico. Sin embargo, se prefiri&oacute; subrayar el m&eacute;rito de Enrique Gato, uno de los grandes artistas de la animaci&oacute;n en Europa. Pero la gran sorpresa, para m&iacute;, fue no ver subir al escenario a &Aacute;ngela Molina, una leyenda del cine que a&uacute;n no ten&iacute;a un Goya. Cre&iacute;a que con &Aacute;ngela funcionar&iacute;a el efecto Pepe Sacrist&aacute;n y se aprovechar&iacute;a la ocasi&oacute;n para subsanar el absurdo de que una actriz de su talla, despu&eacute;s de cuatro nominaciones, a&uacute;n no hubiera resultado premiada. La propia Candela Pe&ntilde;a -que llevaba tres a&ntilde;os sin trabajar- debi&oacute; ser una de las m&aacute;s sorprendidas: ella hab&iacute;a insinuado en los d&iacute;as previos que le parec&iacute;a exagerado un Goya por un trabajo que le hab&iacute;a llevado tres d&iacute;as. Pero es evidente que sus compa&ntilde;eros le adoran y este Goya fue una preciosa manera de decirle hasta qu&eacute; punto la echaban de menos. Y, tambi&eacute;n, era la &uacute;nica oportunidad para que no se fuera de vac&iacute;o la gran pel&iacute;cula de Cesc Gay <em>Una pistola en cada mano</em>, v&iacute;ctima de su coincidencia en el mismo a&ntilde;o con cuatro pel&iacute;culas muy potentes que le hab&iacute;an impedido figurar en las principales candidaturas.<br />
<br />
Algunos de los momentos m&aacute;s graciosos -e inquietantes- de la retransmisi&oacute;n se produc&iacute;an cada vez que en el plano aparec&iacute;a Juan Antonio Bayona al lado de su hermano gemelo, asombrosamente parecido. Ser&iacute;a genial que en unos pr&oacute;ximos Goya en los que Bayona estuviera nominado, fuera candidata Ic&iacute;ar Bolla&iacute;n, que tambi&eacute;n tiene una hermana gemela id&eacute;ntica. Si los organizadores les sentaran a los cuatro juntos, esa foto pasar&iacute;a, sin duda, a la historia. <br />
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<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2013-02-18-Capturadepantalla20130217alas22.11.50.png"><img alt="2013-02-18-Capturadepantalla20130217alas22.11.50.png" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-02-18-Capturadepantalla20130217alas22.11.50-thumb.png" width="570" height="336" /></a><br><small>Los hermanos Bayona. FOTO: Gala retransmitida por RTVE.</small></center><br />
<br />
<br />
Estos Goya se van a recordar por algunas otras cosas: por las recreaciones par&oacute;dicas de <em>Bienvenido Mr Marshall</em> y las pel&iacute;culas candidatas; por el empe&ntilde;o de los realizadores de TVE en no enfocar el rostro del ministro Wert cuando se dec&iacute;a lo que &eacute;l detestaba o&iacute;r; por el sensacional mon&oacute;logo de Concha Velasco al recoger el Goya de Honor; por el gesto de Bayona bajando al patio de butacas para entregar el Goya a Mar&iacute;a Vel&oacute;n -inspiradora del personaje de Naomi Watts- o por los delirantes momentos que nos regalaron las estrellas del mundo chanante (Juli&aacute;n L&oacute;pez, Carlos Areces, Joaqu&iacute;n Reyes, Ernesto Sevilla), que compensaron la ausencia de Santiago Segura, la gran figura c&oacute;mica de los Goya del 2012. Y, desde luego, estos Goya tambi&eacute;n corren el riesgo de recordarse por <a href="http://www.huffingtonpost.es/2013/02/17/error-lectura-premios-goya_n_2707856.html" target="_hplink">el error cuando se ley&oacute; el premio a la canci&oacute;n original</a>. Carlos Santos y Adriana Ugarte anunciaron que el ganador era el m&uacute;sico Pablo Cervantes por la canci&oacute;n de <em>Los ni&ntilde;os salvajes</em> y que el premio lo recog&iacute;a otra persona. Cuando varios miembros del equipo de <em>Los ni&ntilde;os salvajes</em> se dirig&iacute;an al escenario entusiasmados, los entregadores rectificaron y dijeron que, en realidad, la ganadora hab&iacute;a sido la canci&oacute;n de <em>Blancanieves</em>. Carlos Santos y Adriana Ugarte asumieron el ins&oacute;lito error pero es preciso aclarar que ellos no tuvieron la culpa. Justo antes de entrar al escenario, les entregaron tres sobres. Uno de ellos correspond&iacute;a a la categor&iacute;a de m&uacute;sica original -que entregaban en segundo lugar y que iba a leer Carlos Santos- y los otros dos a la de la canci&oacute;n, que era el primero que Adriana ten&iacute;a que leer. En uno de estos dos sobres, lacrado, figuraba el nombre del ganador a la mejor canci&oacute;n. En el otro, abierto, aparec&iacute;a qui&eacute;n recoger&iacute;a el premio en el caso de que la ganadora fuera <em>Los ni&ntilde;os salvajes</em>, cuyo candidato no hab&iacute;a asistido a la gala. Pero nadie de la organizaci&oacute;n les explic&oacute; a los entregadores el porqu&eacute; de los dos sobres de la mejor canci&oacute;n ni el protocolo que se segu&iacute;a cuando en la sala no estaba el ganador. Envuelta en las prisas y la tensi&oacute;n del momento, Adriana ley&oacute; el primer sobre que ten&iacute;a a la vista -el que estaba abierto- y eso provoc&oacute; tanto la lamentable confusi&oacute;n como el intento de ironizar sobre ello en ese mismo instante. Tampoco ayud&oacute; mucho el que a &uacute;ltima hora los organizadores tuvieran que cambiar el compa&ntilde;ero de Adriana en la entrega: Carlos Santos sustituy&oacute; al actor previsto que, por cierto, era el inicialmente destinado a leer el premio a la mejor canci&oacute;n -mientras Adriana le&iacute;a el de la m&uacute;sica-, tal y como se hizo en los ensayos previos a la ceremonia. Ser&iacute;a muy injusto que esta maravillosa actriz arrastrara el sambenito de ser "la que meti&oacute; la pata" en los Goya. Conf&iacute;o en que no suceda como con Carde&ntilde;osa y Arconada, dos de los mejores futbolistas espa&ntilde;oles de todos los tiempos a los que a&uacute;n les persiguen dos errores puntuales que nadie ha olvidado. Porque, adem&aacute;s, en el caso de Adriana, ni siquiera el error fue suyo. <br />
<br />
Pero, sobre todo, la gala del 2013 ser&aacute; memorable por su estupendo retrato de las mejores luces del cine espa&ntilde;ol. Resulta muy reconfortante reparar en el grupo de las ocho pel&iacute;culas con mayor presencia en la ceremonia: <em>Blancanieves</em>, <em>Lo imposible</em>, <em>Grupo 7</em>, <em>El artista y la modelo</em>, <em>Las aventuras de Tadeo Jones</em>, <em>El muerto y ser feliz</em>, <em>Hijos de las nubes</em> y <em>Una pistola en cada mano</em>. El talento, el coraje, la capacidad de riesgo, el af&aacute;n de abrir nuevos caminos, el compromiso y la diversidad de estilos, propuestas, presupuestos g&eacute;neros y generaciones que se concentran en ese conjunto de pel&iacute;culas destruyen muchos prejuicios y resultan muy reveladores del enorme poder&iacute;o que podr&iacute;a tener el cine espa&ntilde;ol. Si sus enemigos y rivales no fueran tan poderosos. <br />
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<center><HH--236SLIDEEXPAND--281504--HH></center>]]></content>
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    <title>Ya era hora, Pepe</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/luis-alegre/ya-era-hora-pepe_b_2687002.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2687002</id>
    <published>2013-02-17T04:13:11-05:00</published>
    <updated>2013-04-18T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Esta noche se entregan los Premios Goya del cine español. Nadie duda que José Sacristán recibirá una gran alegría. Hay razones contundentes para que el suyo sea un Goya tan cantado.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Esta noche se entregan los Premios Goya del cine espa&ntilde;ol. Nadie duda que Jos&eacute; Sacrist&aacute;n recibir&aacute; una gran alegr&iacute;a. Hay razones contundentes para que el suyo sea un Goya tan cantado: Sacrist&aacute;n lo borda en <em>El muerto y ser feliz</em> y, despu&eacute;s de 26 a&ntilde;os de premios, &eacute;l no hab&iacute;a sido candidato ni una sola vez. <br />
<br />
Pepe Sacrist&aacute;n es uno de los actores espa&ntilde;oles m&aacute;s admirados y todo un mito en lugares como Argentina. Ha cruzado &eacute;pocas muy variadas de la vida de Espa&ntilde;a y de su cultura, en las que siempre ha disfrutado de un protagonismo muy revelador. Cuando hace tres a&ntilde;os, en las Jornadas de Cine de La Almunia de Do&ntilde;a Godina, se dedic&oacute; un monogr&aacute;fico al cine de la Transici&oacute;n se pens&oacute;, con raz&oacute;n, que Pepe era el mejor <a href="http://www.florianrey.com/" target="_hplink">premio Flori&aacute;n Rey</a> posible.<br />
<br />
Era muy raro que hasta ahora sus compa&ntilde;eros de la Academia del Cine Espa&ntilde;ol -que &eacute;l contribuy&oacute; a fundar- no le hubieran distinguido de ning&uacute;n modo. Fernando Fern&aacute;n-G&oacute;mez nunca entendi&oacute;, por ejemplo, que entre las numerosas candidaturas a los Goya de <em>El viaje a ninguna parte</em> no figurara el formidable trabajo de Pepe. Pero Pepe tambi&eacute;n ha heredado de Fern&aacute;n-G&oacute;mez ese l&uacute;cido escepticismo que le permite relativizar todo lo que merece la pena ser relativizado. Los premios son de esas cosas por las que no conviene darse mucho mal. Si a Pepe le preguntan por la displicencia de la Academia, &eacute;l responde con mucha gracia: "S&iacute;, a m&iacute; tambi&eacute;n me extra&ntilde;aba que no me nominaran, pero lo atribu&iacute;a a que, desde que existen los Goya, me he dedicado, sobre todo, al teatro. Hasta que repar&eacute; en que tampoco me hab&iacute;an nominado nunca a los premios del teatro espa&ntilde;ol".<br />
<br />
El Goya por la pel&iacute;cula de Javier Rebollo va a ser una manera, tambi&eacute;n, de lavar la mala conciencia que los profesionales espa&ntilde;oles sienten con &eacute;l. &iquest;Pero c&oacute;mo es posible que nunca le hayamos premiado? Eso es lo que muchos se habr&aacute;n preguntado mientras se&ntilde;alaban su casilla en el formulario de los Goya. Eso es lo que muchos pensar&iacute;an cuando en enero recibi&oacute; el premio Jos&eacute; Mar&iacute;a Forqu&eacute; por <em>Madrid, 1987</em>, de David Trueba. Resulta curioso que &eacute;l, que ha protagonizado tanto cine popular, haya sido aclamado "oficialmente" por dos pel&iacute;culas tan extra&ntilde;as, arriesgadas, atractivas y salvajes.<br />
<br />
Hace unas semanas Pepe represent&oacute; en el Teatro Principal de Zaragoza <em>Yo soy Don Quijote de la Mancha</em> y compart&iacute; muchos ratos con &eacute;l. Le conoc&iacute; en el verano del 84, en el Parador de Sos del Rey Cat&oacute;lico, unos minutos despu&eacute;s de haber conocido a Luis Berlanga. Se rodaba <em>La vaquilla</em>. Le hice una entrevista y luego convivimos durante casi un mes en aquel rodaje que tantas alegr&iacute;as me dio. Entre otras, tratar a un tipo como &eacute;l, culto, cin&eacute;filo, generoso y excelente charlista. En el oto&ntilde;o de ese a&ntilde;o vino a Zaragoza con Assumpta Serna a presentar <em>Soldados de plomo</em>, su debut como director. Fue otro d&iacute;a clave: Alejo Lor&eacute;n, el cineasta de Caspe, nos llev&oacute; al Plata, el caf&eacute; cantante sobre el que Alejo dirigi&oacute; un corto. Era la primera vez que yo me asomaba a ese lugar del que tan a menudo no he querido salir. Pepe escuchaba boquiabierto a Mary de Lis y Marga Castillo: siempre proclama que &eacute;l es una tonadillera frustrada.<br />
<br />
Pepe desliza que &eacute;l y yo somos "hermanos en Fern&aacute;n-G&oacute;mez". Fernando, esa obsesi&oacute;n, siempre ha sido la estrella de nuestras charlas. Sobre todo, cuando coincid&iacute;amos en las fiestas que Fernando convocaba en su casa para celebrar su cumplea&ntilde;os y la Nochevieja, esas noches que tanto extra&ntilde;amos. "Estoy en segundo de Fern&aacute;n-G&oacute;mez", dice Pepe. <br />
<br />
A Pepe le encanta hablar de todo lo que le ha marcado a fuego en esta vida. Pepe naci&oacute; en Chinch&oacute;n en 1937, en plena Guerra Civil. Tiene 75 a&ntilde;os pero son asombrosos. Su padre Venancio fue un comunista al que conoci&oacute; en la c&aacute;rcel cuando era un ni&ntilde;o. Pepe fue uno de los muchos espa&ntilde;oles que sufri&oacute; hambre calamidades y saba&ntilde;ones. Durante a&ntilde;os comparti&oacute; habitaci&oacute;n con sus padres, su hermana y otros dos parientes en un piso con derecho a cocina. Pepe admite que tiene paladar de pobre: todo le sabe bueno, tal vez porque creci&oacute; con la certeza de que era un lujo cualquier alimento que se pod&iacute;a llevar a la boca. En los primeros a&ntilde;os 60 interpret&oacute; en el teatro <em>Cal&iacute;gula</em>, al lado de Jos&eacute; Mar&iacute;a Rodero, quien, en una escena de la funci&oacute;n, se com&iacute;a un muslo de pollo. Pero, en realidad, Rodero fing&iacute;a que se lo com&iacute;a y se limitaba a acerc&aacute;rselo a los labios: ese muslo de pollo era la &uacute;nica comida de Pepe. Pepe, para subrayar la importancia de tener claras las prioridades, recuerda una frase de uno de su pueblo, el se&ntilde;or Tom&aacute;s: "Lo primero es antes". Y, en aquella &eacute;poca, la prioridad n&uacute;mero uno era la pura supervivencia. Pepe era comunista pero casi todos los directores que le dieron trabajo eran franquistas: Lazaga, Ozores, S&aacute;enz de Heredia. Pepe es un tipo muy agradecido y tiene buena memoria: si a alguien se le ocurre ahora maltratar a esos cineastas, &eacute;l saca las u&ntilde;as. Pepe siente un pinchazo cada vez que ve un libro del C&iacute;rculo de Lectores: &eacute;l fue uno de los primeros vendedores a domicilio de esa empresa, un empleo que le sac&oacute; de bastantes apuros. Pepe siempre lleva consigo la peque&ntilde;a libreta de hojas cuadriculadas en la que, a finales de los a&ntilde;os 50, escrib&iacute;a frases que le&iacute;a en un libro en el que Stanislavski detallaba su m&eacute;todo de interpretaci&oacute;n. De vez en cuando, las relee, quiz&aacute; para no olvidar ad&oacute;nde quer&iacute;a llegar cuando a&uacute;n no era nadie. <br />
<br />
El otro d&iacute;a, en Zaragoza, el taxista que nos cogi&oacute; en la estaci&oacute;n de Delicias le reconoci&oacute; de inmediato y le solt&oacute; algo que resume muchas sensaciones: "Hombre se&ntilde;or Sacrist&aacute;n, qu&eacute; honor llevarle en mi taxi. Ya s&eacute; que le van a dar a usted el Goya. &iquest;Sabe qu&eacute; le digo? Que ya era hora".<br />
<br />
<br />
<em>Este art&iacute;culo ha sido publicado originalmente en el diario '<a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a>'. </em>]]></content>
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    <title>Irene Escolar, matrícula de honor</title>
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    <published>2013-02-09T04:04:52-05:00</published>
    <updated>2013-04-10T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Irene Escolar -nieta de Irene Gutiérrez Caba- es un bicho rarísimo. No es nada frecuente encontrar a una chica española de su generación cuya película favorita sea "Eva al desnudo", que tenga como uno de sus libros de cabecera "Las uvas de la ira" y que sepa muy bien quién es Luis Buñuel.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[S&aacute;bado 19 de enero. Biblioteca Mar&iacute;a Moliner de Zaragoza. Entre los que abarrotan esta ma&ntilde;ana la sala de estudio se encuentra una chica de 24 a&ntilde;os muy particular. Se llama Irene Escolar y es actriz. Su presencia en la biblioteca pasa inadvertida. Pero anoche encandil&oacute; al p&uacute;blico del Teatro Principal con su personaje en "De ratones y hombres" y esta tarde volver&aacute; a representar la funci&oacute;n. Irene sac&oacute; un 8,8 en la Selectividad, curs&oacute; dos a&ntilde;os de Periodismo, es biling&uuml;e y ahora estudia Filolog&iacute;a Inglesa en la UNED. El d&iacute;a de San Valero tiene examen de Ejes de la literatura medieval y renacentista inglesa y lleva los apuntes siempre encima. Vi "De ratones y hombres" al lado de Rafael Campos, director del Principal. Rafa, nada m&aacute;s aparecer Irene, exclam&oacute;, perplejo, "&iexcl;&iquest;Pero qui&eacute;n es esta chica?!". <br />
<br />
Irene es nieta de Irene Guti&eacute;rrez Caba, bisnieta de Irene Caba Alba, tataranieta de Irene Alba, sobrina nieta de Emilio y de Julia Guti&eacute;rrez Caba e hija del director de producci&oacute;n Jos&eacute; Luis Escolar y de la script Lourdes Navarro. Cuando, en las escaleras del Principal, descubri&oacute; a su abuela en un panel de fotos antiguas, dio un salto de emoci&oacute;n. Hubiera sido un completo milagro que Irene no hubiese salido actriz. El primero que me habl&oacute; de ella fue su t&iacute;o abuelo Emilio, cuando era una ni&ntilde;a. Luego, Maribel Verd&uacute; me cont&oacute; maravillas de la chica que hac&iacute;a de su hija en "Los girasoles ciegos". Pero, entonces, Irene era ya casi una veterana. A los nueve a&ntilde;os hab&iacute;a interpretado a la hija de Mariana Pineda en la obra de Garc&iacute;a Lorca. Cuando evoca el d&iacute;a de su debut, a Irene a&uacute;n se le arrasan los ojos. <br />
<br />
Irene nunca hab&iacute;a estado en Zaragoza. El domingo le acompa&ntilde;o a ver algunas cosas que no se quer&iacute;a perder: la Seo, el Foro Romano, el Teatro Romano, la Plaza del Pilar y la Bas&iacute;lica. Hace poco se qued&oacute; atrapada en un ascensor con los compa&ntilde;eros de la funci&oacute;n. Pero no tiene miedo de entrar en el ascensor del Pilar y subir 80 metros, al mirador panor&aacute;mico. La vista de la ciudad le impresiona. Comemos en el Tubo, en Vinos Nicol&aacute;s/Casa Herm&oacute;genes. Irene conoci&oacute; el viernes a Herm&oacute;genes y a Carolina y ni se plantea ir a otro sitio en el que no est&eacute;n ellos. Nos encontramos a Paula Labordeta que, con sus hermanas &Aacute;ngela y Ana, hace un magnifico programa en Arag&oacute;n TV, "Pura vida". Y, all&iacute;, mientras devoramos los huevos rotos, hablamos de la vida, de la pura vida.<br />
<br />
Irene es una esponja. Lo absorbe todo y no para de hacer preguntas. Sabe mucho de arte, de historia, de cine, de teatro, de danza, de literatura y de la gente, sobre todo, de la gente. Su profesi&oacute;n de actriz le ha permitido ponerse en la piel de un buen n&uacute;mero de mujeres y profundizar en la condici&oacute;n humana. Se me olvida preguntarle cu&aacute;ntas matr&iacute;culas de honor ha sacado en su vida pero me huele que ser&aacute;n unas cuantas. Sin embargo, es menos pedante que Chiquito de la Calzada. M&aacute;s que de lo que sabe, habla de lo que quiere aprender, con naturalidad y alegr&iacute;a. <br />
<br />
Irene es un bicho rar&iacute;simo. No es nada frecuente encontrar a una chica espa&ntilde;ola de su generaci&oacute;n cuya pel&iacute;cula favorita sea "Eva al desnudo", que tenga como uno de sus libros de cabecera "Las uvas de la ira" y que sepa muy bien qui&eacute;n es Luis Bu&ntilde;uel. Se podr&iacute;a pensar que lo ha tenido f&aacute;cil: ha respirado amor por la cultura desde que estaba en la tripa de su madre. Pero s&eacute; de muchos que han despreciado ventajas parecidas. Ella ha tenido la sensibilidad y la inteligencia de explotar su privilegio para convertirse en una mujer de matr&iacute;cula de honor. <br />
<br />
A menudo cuento el chasco que me llevo todos los a&ntilde;os cuando, antes de una charla sobre cine en un m&aacute;ster universitario, les hago a unos alumnos reci&eacute;n licenciados un test de cultura general. El resultado es desalentador: m&aacute;s del 90% no tiene la menor idea de qui&eacute;n es Berlanga ni sabe identificar al autor de "La casa de Bernarda Alba". Algunos amigos no dan cr&eacute;dito: a Lorca se le estudia en el bachillerato. Pero yo les replico que en el bachillerato tambi&eacute;n se ense&ntilde;an las ra&iacute;ces cuadradas y ellos no sabr&iacute;an resolver una ahora. Para muchos j&oacute;venes espa&ntilde;oles Lorca es como una ra&iacute;z cuadrada para ellos: algo que se aprende para aprobar y luego se olvida. Lorca, por muy presente que creamos que est&aacute;, resulta tan invisible para ellos como para m&iacute;, por ejemplo, lo son las carreras de motos, con todo mi respeto por las carreras de motos. Un universitario de 23 a&ntilde;os me pregunt&oacute; si Viridiana se escrib&iacute;a con b o con v. Y se qued&oacute; tan ancho. Otro caso extremo fue el de un reconocido actor espa&ntilde;ol que fue a saludar a los actores de la representaci&oacute;n teatral de "El verdugo" -adaptaci&oacute;n de la joya de Berlanga y Azcona- y les grit&oacute; entusiasmado y sin ninguna iron&iacute;a "&iexcl;&iexcl;Pero qu&eacute; funci&oacute;n: esta historia podr&iacute;a dar para una gran pel&iacute;cula!!". Llevamos casi tantos a&ntilde;os de democracia como los que dur&oacute; el franquismo y habremos de admitir que uno de nuestros grandes fracasos ha sido ser incapaces de integrar con fluidez la cultura en las inquietudes cotidianas del espa&ntilde;ol medio. Somos muy ignorantes, yo el primero, aunque unos m&aacute;s que otros y cada uno a su manera. Algunos sostienen que a un cierto tipo de incultura tambi&eacute;n contribuye la dispersi&oacute;n de conocimientos y distracciones de nuestro tiempo y que los j&oacute;venes saben mucho de otras cosas. Eso es tan verdad como que no hay excusa posible para que un universitario no acierte el pintor de "Las se&ntilde;oritas de Avignon". Luego, claro, est&aacute;n las excepciones. Hace poco conoc&iacute; a Diego, el hijo de 14 a&ntilde;os del gran Gervasio S&aacute;nchez, y me pareci&oacute; un chaval impactante. El profesor Guillermo Fat&aacute;s insin&uacute;a algo con lo que no puedo estar m&aacute;s de acuerdo: el nivel de la inmensa mayor&iacute;a de los j&oacute;venes es baj&iacute;simo pero los que salen buenos son deslumbrantes. Y hay que tener mucha suerte para tropezarse con alguno de ellos.<br />
<br />
No nos enga&ntilde;emos: los que estamos todo el rato hablando de Bu&ntilde;uel y "Viridiana" somos una secta. Y, el otro d&iacute;a, me llev&eacute; una gran alegr&iacute;a al comprobar que la deslumbrante Irene Escolar pertenec&iacute;a a ella.<br />
<br />
Este art&iacute;culo se public&oacute; originalmente en el diario <em>El Heraldo de Arag&oacute;n</em>.]]></content>
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    <title>Luis Buñuel y Liberty Valance</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/luis-alegre/luis-bunuel-y-liberty-valance_b_2525346.html"/>
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    <published>2013-01-27T04:20:09-05:00</published>
    <updated>2013-03-28T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Una anécdota falsamente atribuida a Luis Buñuel vuelve a insinuar que la estricta verdad, a veces, está muy sobrevalorada. John Ford lo deslizaba en El hombre que mató a Liberty Valance: "Cuando la leyenda supera a la realidad, publica la leyenda". Qué nos van a contar en Aragón, la tierra de La Dolores de Calatayud, Los amantes de Teruel y la mismísima Virgen del Pilar.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[La an&eacute;cdota me la cont&oacute;, hace muchos a&ntilde;os, Jos&eacute; Antonio Labordeta. La estrella de la historia era Luis Bu&ntilde;uel. Acababa de estrenar una de sus obras maestras y el mundo se hab&iacute;a rendido a su inmenso talento. Un d&iacute;a vino a Zaragoza a ver a su madre. Viv&iacute;a en el Paseo de la Independencia 29, en el mismo edificio de HERALDO. Entonces, al lado de esa casa, Bu&ntilde;uel se encontr&oacute; con un antiguo compa&ntilde;ero de los jesuitas, al que hac&iacute;a siglos que no ve&iacute;a. Su amigo le salud&oacute;, euf&oacute;rico: "&iexcl;Hombre Luis, qu&eacute; alegr&iacute;a verte! &iquest;Pero qu&eacute; haces por aqu&iacute;? Oye, que me he enterado de lo de tu pel&iacute;cula. Ya la he visto: mu flojica &iquest;eh?".<br />
<br />
Jos&eacute; Antonio acab&oacute; el relato y se parti&oacute; de risa conmigo. El chascarrillo era un retrato muy divertido de algunos rasgos que se suelen asociar a la personalidad aragonesa: la simpat&iacute;a, la "autenticidad", la franqueza a bocajarro pero cari&ntilde;osa y esa tendencia irreprimible a quitarle importancia, abaratar o, directamente, despreciar a las cosas y personas m&aacute;s valiosas que nos rodean. Adem&aacute;s, esa historieta nos permit&iacute;a re&iacute;rnos de nosotros mismos, algo muy saludable que hab&iacute;a que hacer a las primeras de cambio. Al contarla resultaba imprescindible emplear, con la entonaci&oacute;n precisa, la expresi&oacute;n "mu flojica", tan castiza: si en lugar de "mu flojica" se dec&iacute;a "muy floja", la historia perd&iacute;a buena parte de su encanto.<br />
<br />
La an&eacute;cdota se jale&oacute; mucho en algunos restringidos ambientes. Pero Jos&eacute; Luis Borau me revel&oacute; que la figura de ese episodio no era Luis Bu&ntilde;uel sino Jos&eacute; Mar&iacute;a Forqu&eacute;, el director zaragozano responsable, entre otras muchas pel&iacute;culas, del cl&aacute;sico <em>Atraco a las tres</em>. En una cena, Forqu&eacute; le dijo a Jos&eacute; Luis: "Vuelvo poco a Zaragoza y no s&eacute; para qu&eacute;. El otro d&iacute;a que fui me par&oacute; un amigo por la calle para decirme que mi &uacute;ltima pel&iacute;cula era muy mala". <br />
<br />
Una tarde, en una charla, coincid&iacute; con Borau y Labordeta. Borau le aclar&oacute; al Abuelo que el rey de la an&eacute;cdota era Forqu&eacute;. Labordeta se ech&oacute; a re&iacute;r: "Ya lo s&eacute;, Jos&eacute; Luis. Pero es que con Bu&ntilde;uel tiene mucha m&aacute;s gracia". La travesura de Labordeta me pareci&oacute; inofensiva y genial. Forqu&eacute; era un buen cineasta pero no ten&iacute;a, ni de lejos, el glamour de Bu&ntilde;uel. Si la historia se hubiera contado con Forqu&eacute; no habr&iacute;a tenido gracia ni alcance, no hubiera quedado. Esa historia funcionaba de maravilla como espejo de algunos de nuestros m&aacute;s cacareados clich&eacute;s porque su protagonista era alguien tan potente, indiscutible e ic&oacute;nico como Luis Bu&ntilde;uel. <br />
<br />
A Borau, ni&ntilde;o grande y deslumbrante, le encantaba sobreactuar sus cabreos y fing&iacute;a que se sub&iacute;a por las paredes si alguien en su presencia contaba la an&eacute;cdota con Bu&ntilde;uel. Un d&iacute;a le suger&iacute; que si esa historia hab&iacute;a triunfado era tambi&eacute;n porque nos parece muy veros&iacute;mil que le sucediera a Bu&ntilde;uel, al margen de que realmente le hubiera sucedido o no: la inmensa mayor&iacute;a de los ilustres aragoneses hab&iacute;a sufrido su momento <em>muflojicaeh?</em>. Entonces, Borau me dijo: "Ah, ahora que caigo, a m&iacute; tambi&eacute;n me pas&oacute; algo parecido. En la cafeter&iacute;a Las Vegas de Zaragoza un se&ntilde;or me pregunt&oacute; si yo era el productor de <em>Camada negra</em>. Cuando le dije que s&iacute;, el se&ntilde;or me solt&oacute;: 'Pues vaya pel&iacute;cula tan fea'. Y se fue". Me re&iacute; bien a gusto: Borau acababa de reivindicar la grandeza de la an&eacute;cdota. Es verdad que, en los &uacute;ltimos tiempos, a Borau se le ha celebrado mucho desde las instituciones aragonesas. Pero c&oacute;mo olvidar algunos peque&ntilde;os detalles: la cr&iacute;tica tal vez m&aacute;s dura que padeci&oacute; <em>Furtivos</em> -la obra por la que quiz&aacute; ser&aacute; recordado- se public&oacute; en Zaragoza; Jos&eacute; Luis se enter&oacute; por casualidad de que le hab&iacute;an dedicado una calle en su ciudad; y <em>Leo</em>, con la que gan&oacute; el Goya, estuvo a punto de no estrenarse en Zaragoza -&eacute;l, incluso, se mostr&oacute; dispuesto a alquilar la sala- y, cuando lo hizo en un cine pr&oacute;ximo a la calle de la infancia de Borau, no fue a verla casi nadie. <br />
<br />
Yo, por descontado, sigo recreando la historia con Bu&ntilde;uel, aunque, como tributo a Forqu&eacute; y a Borau, la completo con sus propias an&eacute;cdotas. A veces desvirt&uacute;o la narraci&oacute;n por mi cuenta y en lugar de con "Muy flojica, &iquest;eh?" la acabo con un "Muy flojico lo suyo, don Luis". Incluso, entre mis amigos, llamamos "muyflojicodonluisismo" al s&iacute;ndrome vinculado a ese chascarrillo, primo hermano, por cierto, del "paquetantismo": "&iexcl;&iexcl; Pa qu&eacute; tanto&iexcl;&iexcl;" es lo que exclam&oacute; el t&iacute;o Romualdo de Alloza cuando Joaqu&iacute;n Carbonell le present&oacute; en el pueblo a Miguel Pardeza y se dedic&oacute; a enumerar los m&uacute;ltiples m&eacute;ritos del futbolista. <br />
<br />
En Arag&oacute;n no somos los &uacute;nicos entusiastas de esa especie de chovinismo inverso que, sin estar re&ntilde;ido con la exaltaci&oacute;n desaforada de muchas de nuestras cosas, resulta muy llamativo. El vicio est&aacute; muy pegado, en general, a la idiosincrasia espa&ntilde;ola y de otros muchos lugares. Lo que ocurre es que esa displicencia hacia la excelencia, ese af&aacute;n por bajar los humos y poner los pies en la tierra y esa cercan&iacute;a desmitificadora parecen enquistados en un lugar donde somos tan pocos, en el que buena parte tenemos ra&iacute;ces en un pueblo y donde resulta tan f&aacute;cil reconocernos las costuras. Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal lo clav&oacute; cuando una vez me dijo: "En Zaragoza se piensa que no puede ser realmente importante alguien a quien te puedas encontrar en cualquier momento por el Paseo de la Independencia".<br />
<br />
La historia maquillada originalmente por Jos&eacute; Antonio Labordeta insin&uacute;a una vez m&aacute;s que las mentiras o las medias verdades no solo pueden ser m&aacute;s emocionantes y divertidas que la estricta verdad sino, tambi&eacute;n, m&aacute;s esenciales, m&aacute;s hondas, m&aacute;s poderosas, m&aacute;s sugerentes, m&aacute;s de verdad. Y, sobre todo, pueden provocar en mucha mayor medida la identificaci&oacute;n de la gente. Esa es la ra&iacute;z de los mitos, de las leyendas, de la ficci&oacute;n. John Ford lo deslizaba en <em>El hombre que mat&oacute; a Liberty Valance</em>: "Cuando la leyenda supera a la realidad, publica la leyenda". Qu&eacute; nos van a contar en Arag&oacute;n, la tierra de La Dolores de Calatayud, Los amantes de Teruel y la mism&iacute;sima Virgen del Pilar. <br />
<br />
<br />
<strong>Este art&iacute;culo se public&oacute; originalmente en el diario <a href="www.heraldo.es" target="_hplink"><em>El Heraldo de Arag&oacute;n</em></a>. </strong>]]></content>
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    <title>El mito de Carmen</title>
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    <published>2013-01-14T01:00:00-05:00</published>
    <updated>2013-03-15T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Me he encontrado con gente -sobre todo mujeres- que, sin haberla conocido, desprecian el modelo de mujer que representa. Como casi cualquier personalidad realmente interesante, Carmen es compleja, controvertida, insondable, misteriosa y ambigua. Cumple todos los requisitos para ser mitificada.]]></summary>
    <author>
        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Cuando llegu&eacute; a Zaragoza en 1980 Carmen Llera ya no viv&iacute;a en la ciudad. Pero no tard&eacute; en o&iacute;r hablar de ella a mucha gente que conoc&iacute; en esos a&ntilde;os. Todos se refer&iacute;an a Carmen con una fascinaci&oacute;n que saltaba a la vista. Esa mujer hab&iacute;a dejado una huella muy honda. Carmen era la musa de una generaci&oacute;n de aragoneses muy especiales. Carmen era una leyenda. Eso es algo que me qued&oacute; muy claro desde el primer momento. <br />
<br />
En enero de 1986 Carmen Llera salt&oacute; a la fama internacional. A los 31 a&ntilde;os se iba a casar con el escritor italiano Alberto Moravia, 47 a&ntilde;os mayor que ella. Se hab&iacute;an conocido en 1978, cuando Carmen, que estudiaba en Catania, recibi&oacute; el encargo de entrevistar al escritor para <em>Il Giornale di Sicilia</em>. El enlace se celebr&oacute; en secreto, el 26 de enero, al amanecer, en el Campidoglio de Roma. El matrimonio estaba en boca de toda Italia: Moravia era toda una instituci&oacute;n y los italianos tambi&eacute;n hab&iacute;an cedido al embrujo de su joven esposa, a la que llamaban <em>La Ib&eacute;rica</em>. Un periodista escribi&oacute; que la pareja hab&iacute;a desatado "la fantas&iacute;a f&aacute;lica de los italianos". Carmen no se hab&iacute;a cortado un pelo al airear su forma de ver la vida y de entender las relaciones sentimentales. En las entrevistas confesaba cosas como que su vida hab&iacute;a estado dominada siempre "por el principio del placer", que lo que m&aacute;s le hab&iacute;a apasionado de Moravia era "el contacto corp&oacute;reo y sexual", que: "el pecado es un concepto que no entiendo" o que "una mujer no puede llenar su vida con un solo hombre". Esas bombas verbales dividieron a la sociedad italiana -y espa&ntilde;ola- pero contribuyeron a disparar el enorme morbo que su figura provocaba. Por si fuera poco, la escritora Elsa Morante, que hab&iacute;a sido mujer de Moravia durante 20 a&ntilde;os, le dijo, antes de morir: "Eres demasiado bella". La chica arrastraba, c&oacute;mo no, la aureola de ser una gran seductora. Entre sus romances figuraban Klaus Kinski, Bettino Craxi o el l&iacute;der druso Walid Jumblatt. Y, encima, se llamaba Carmen. Casi no pod&iacute;a tener otro nombre. <br />
<br />
En ciertos c&iacute;rculos de Zaragoza sus andanzas se segu&iacute;an con indisimulado fervor. En esos d&iacute;as de 1986, en las cenas de la revista <em>Andal&aacute;n</em> en Casa Emilio, no se hablaba de otra cosa. Gente como Emilio Gast&oacute;n, Jos&eacute; Antonio Labordeta, Emilio Lacambra, Juan Jos&eacute; Carreras (padre e hijo), Gonzalo Borr&aacute;s y Carlos Forcadell hab&iacute;an conocido bien, o muy bien, a Carmen Llera. <br />
<br />
Carmen hab&iacute;a nacido en Tudela en 1954 (o 1953, qui&eacute;n sabe). Estudi&oacute; en Pamplona en un colegio de monjas y luego en un instituto. Se cas&oacute; a los 17 a&ntilde;os con Luis &Aacute;lvarez, su profesor de Literatura, con el que tuvo un hijo, H&eacute;ctor. En 1972 vino a Zaragoza y se matricul&oacute; en Filosof&iacute;a y Letras. Enseguida confraterniz&oacute; con la gente m&aacute;s brillante del Arag&oacute;n de la Transici&oacute;n: intelectuales, artistas, profesores universitarios, periodistas o pol&iacute;ticos, buena parte de ellos asociados a la tr&iacute;ada <em>Andal&aacute;n</em> -PSA (Partido Socialista de Arag&oacute;n)- Casa Emilio. Pero tambi&eacute;n conoci&oacute; de forma muy estrecha a Enrique Tierno Galv&aacute;n, Alejandro Rojas Marcos, Garc&iacute;a Trevijano o Adolfo Marsillach. Su mejor amiga era la periodista Margarita Barb&aacute;chano. Con Carmen como pretexto, Margarita podr&iacute;a escribir una fenomenal cr&oacute;nica de esa &eacute;poca. Ser&iacute;a un buen retrato de un clima social, cultural, pol&iacute;tico y, desde luego, moral. En aquellos a&ntilde;os los vientos del Mayo del 68 no hab&iacute;an logrado tumbar a la Espa&ntilde;a profundamente rancia, enlutada, reaccionaria, intolerante, reprimida, machista y puritana. En ese ambiente, Carmen era una revolucionaria de primera categor&iacute;a.<br />
<br />
Alberto Moravia muri&oacute; en 1990. Carmen trabaja desde entonces en la Fundaci&oacute;n Moravia y ha continuado su actividad como escritora. Algunos de sus libros son relatos m&aacute;s o menos camuflados de su vida. En mayo de 2011 Carmen <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2011/05/21/actualidad/1305928805_850215.html" target="_hplink">public&oacute; una carta en un peri&oacute;dico</a> en la que defend&iacute;a abiertamente a su amigo Dominique Strauss-Kahn, el expresidente del FMI, acusado de violencia sexual. Carmen escrib&iacute;a que su amigo no era un hombre cruel, primitivo o s&aacute;dico y que la violencia no formaba parte de su cultura. Y a&ntilde;ad&iacute;a: "Ama el sexo. &iquest;Y qu&eacute;?". Esa es mi Carmen. <br />
<br />
La Transici&oacute;n est&aacute; en el aire desde hace tiempo. No s&eacute; si esa es la raz&oacute;n secreta por la que, &uacute;ltimamente, Carmen Llera se me aparece a menudo en conversaciones con amigos que la trataron. Todo empez&oacute; cuando, hace un a&ntilde;o, Andr&eacute;s Cuartero nos habl&oacute; de ella a Ant&oacute;n Castro y a m&iacute;. Ant&oacute;n insin&uacute;a que el personaje dar&iacute;a para una gran novela. Muchos la recuerdan como una buena chica, simpatiqu&iacute;sima y arrolladora. Emilio Lacambra refiere a menudo la noche en la que Carmen conoci&oacute; en su restaurante al cantante cubano Silvio Rodr&iacute;guez. Eloy Fern&aacute;ndez Clemente coincidi&oacute; con ella una sola vez: le toc&oacute; a su lado en un autob&uacute;s pero cedi&oacute; su asiento a uno de los que pugnaban por viajar pegados a ella. Gonzalo Borr&aacute;s, que - como Guillermo Fat&aacute;s o Carlos Forcadell- la tuvo de alumna, no ha olvidado el d&iacute;a que acudi&oacute; a clase de Historia del Arte con su hijo de dos a&ntilde;os, de pelo rubio y rizado. Se sent&oacute; en la primera fila y as&iacute; sigui&oacute; la clase, con el ni&ntilde;o en brazos. Gonzalo la evoca como una joven con alma de l&iacute;der y da una clave de su personalidad: "Lo que m&aacute;s le atra&iacute;a a Carmen era la gente ins&oacute;lita, diferente. Rechazaba lo anodino, lo mediocre". Forcadell brinda otra pista fundamental: "Carmen sufr&iacute;a grandes carencias emocionales desde ni&ntilde;a. Eso explica muchas cosas". Gonzalo recuerda una ma&ntilde;ana de los a&ntilde;os 90 en la que entraron en su aula para pedirle que interrumpiera un momento la clase: Carmen estaba de visita en la Facultad y quer&iacute;a saludarle. <br />
<br />
Me he encontrado con gente -sobre todo mujeres- que, sin haberla conocido, desprecian el modelo de mujer que representa. Como casi cualquier personalidad realmente interesante, Carmen es compleja, controvertida, insondable, misteriosa y ambigua. Cumple todos los requisitos para ser mitificada pero, tambi&eacute;n, para resultar condenada. Nos vuelve locos juzgar a los dem&aacute;s. Y eso es lo que nos pierde. Carmen, vuelve, anda.<br />
<br />
<em>Este art&iacute;culo ha sido publicado originalmente en el diario 'El Heraldo de Arag&oacute;n'</em>. ]]></content>
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    <title>El ídolo de Pablo</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2370581</id>
    <published>2012-12-31T08:11:47-05:00</published>
    <updated>2013-03-02T05:12:02-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Un día de 1996 Albert Pla me telefoneó: "Busca a un rapero de tu ciudad que se llama Kase O. Tendrá unos 15 años. He escuchado una maqueta suya y ese chico es un genio. Me gustaría hacer algo con él". No resultó fácil dar con Kase O.]]></summary>
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        <name>Luis Alegre</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/luis-alegre/"><![CDATA[Mi sobrino Pablo tiene 17 a&ntilde;os. En su cuarto, en un lugar principal, hace tiempo que se puede ver una foto que se hizo con Cani y un p&oacute;ster de Violadores del Verso. Es una buena s&iacute;ntesis de sus dos grandes pasiones, el f&uacute;tbol y el rap. Cani es el mayor superclase que Arag&oacute;n ha dado al f&uacute;tbol desde Lapetra y <a href="https://www.facebook.com/KaseOficial" target="_hplink">Kase O</a>, el l&iacute;der de Violadores del Verso, es uno de los creadores aragoneses m&aacute;s talentosos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Mi sobrino revela un gusto excelente.<br />
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Pablo juega al f&uacute;tbol y, hace un par de a&ntilde;os, form&oacute; un grupo de rap, "Mal fario", para el que compone letras con las que nos deja boquiabiertos en Nochebuena. <br />
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Kase O, nombre de guerra de Javier Ibarra, fue a&uacute;n m&aacute;s precoz: a los 13 a&ntilde;os era uno de los cr&iacute;os m&aacute;s interesantes del f&uacute;tbol aragon&eacute;s y ya hab&iacute;a grabado una maqueta que estaba deslumbrando en los ambientes del hip hop. Kase O viv&iacute;a en su barrio de La Jota y jugaba en el equipo de Vadorrey. Su hermano mayor, al que llamaban Brutal, le hab&iacute;a pegado el veneno del rap. Mi sobrino vive al lado de La Jota y tambi&eacute;n es rapero por contagio de su hermano mayor, Adri&aacute;n. Parec&iacute;a inevitable que Kase O fuera el &iacute;dolo de Pablo.<br />
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Un d&iacute;a de 1996 Albert Pla me telefone&oacute;: "Busca a un rapero de tu ciudad que se llama Kase O. Tendr&aacute; unos 15 a&ntilde;os. He escuchado una maqueta suya y ese chico es un genio. Me gustar&iacute;a hacer algo con &eacute;l". No result&oacute; f&aacute;cil dar con Kase O. Casi ech&eacute; un bando en los medios donde yo colaboraba y cont&eacute;, sobre todo, con la complicidad de Pl&aacute;cido Serrano en Radio Zaragoza. Pregunt&eacute; por &eacute;l a Mat&iacute;as Uribe, Javier Losilla y Gonzalo de la Figuera. Al final logr&eacute; hablar con su encantadora madre. Luego Javier viaj&oacute; a Barcelona para conocer a Albert, asistir a la grabaci&oacute;n de su disco y colaborar con &eacute;l en <em>Alboraya</em>. <br />
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Hac&iacute;a poco que el Javier Ibarra futbolista se hab&iacute;a llevado un buen sofoco. Los ecos de su poder&iacute;o como delantero hab&iacute;an llegado hasta el Real Zaragoza y fue llamado para el cadete. Para &eacute;l, forofo del Zaragoza desde la cuna, jugar en el equipo de su ciudad era lo m&aacute;ximo. Pero su estancia en el cadete fue muy poco agradable: ninguno de sus compa&ntilde;eros le dirigi&oacute; la palabra en los tres primeros d&iacute;as. &Eacute;l era muy t&iacute;mido y muy de barrio y en ese equipo abundaban los ni&ntilde;os bien. El cuarto d&iacute;a decidi&oacute; no volver. Ah&iacute; se trunc&oacute; una gran ilusi&oacute;n de su infancia. La historia del f&uacute;tbol no lo s&eacute;. Pero, desde luego, la historia del rap siempre agradecer&aacute; aquella renuncia.<br />
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A los 14 a&ntilde;os Kase O compuso <em>Soy de Arag&oacute;n</em>, una canci&oacute;n asombrosa, sobre todo si se repara en la edad del autor. La letra respira conciencia social y pol&iacute;tica y aragonesismo de la mejor especie. Cuando la descubri&oacute; Jorge Melero, hijo del escritor Jos&eacute; Luis Melero, enseguida hizo que la escuchara su padre, aun a riesgo de que sufriera un infarto de alegr&iacute;a. Pepe Melero debi&oacute; pensar que Kase O podr&iacute;a ser el Labordeta del rap o el Bob Dylan ma&ntilde;o del siglo XXI.<br />
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<center><iframe width="570" height="428" src="http://www.youtube.com/embed/CRf80dWO7uI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br />
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Kase O era muy radical y muy underground. Con L&iacute;rico, Hate y R de Rumba, amigos de su hermano, form&oacute; un grupo para el que eligieron un nombre a la altura: <a href="http://www.violadoresdelverso.org/" target="_hplink">Violadores del Verso</a>. Ahora nos hemos acostumbrado, pero en los comienzos esa expresi&oacute;n sonaba como el apodo de su hermano, brutal. Hace unos domingos, en las p&aacute;ginas de <a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a>, Javier confesaba a Picos Laguna algo fant&aacute;stico: hab&iacute;an sido muy osados bautizando as&iacute; a la formaci&oacute;n pero luego &eacute;l, si los vecinos le preguntaban c&oacute;mo se llamaba su grupo, no se atrev&iacute;a a pronunciar ese nombre y respond&iacute;a "Doble V". Llegaron a publicar un disco como Doble V pero la marca de whisky se mosque&oacute; y volvieron a Violadores del Verso. Con ese nombre se convirtieron en una referencia del hip hop y fueron aclamados por millones de adolescentes y j&oacute;venes del mundo entero. Eva Puy&oacute; evocaba a Kase O en su libro <em>Ropa tendida</em>. Mis sobrinos Pablo y Adri&aacute;n pon&iacute;an sus canciones una y otra vez. Kase O disparaba las palabras, como si fueran balas. Sus rimas estaban cargadas de intenci&oacute;n y de rabia. Pero tambi&eacute;n de lucidez y de una delicadeza rom&aacute;ntica muy rara y muy adictiva. <br />
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Violadores del Verso ha hecho un par&oacute;n como grupo pero sus miembros han demostrado que saben volar solos. Hate public&oacute; <em>Doble vida</em> y esta misma semana L&iacute;rico ha presentado <em>Un antes y un despu&eacute;s</em>. Kase O sac&oacute; <em>Jazz Magnetism</em>, una impresionante fusi&oacute;n de jazz y hip hop, y ahora rumia un disco de rap duro que tal vez salga en 2013. Pero alg&uacute;n d&iacute;a volver&aacute;n a caminar juntos.<br />
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Este a&ntilde;o he compartido con Kase O y su deliciosa novia libioespa&ntilde;ola Muna Alsharif un par de ratos muy simb&oacute;licos: una noche con Albert Pla y otra noche con David Bustamante en el restaurante Casa Emilio, despu&eacute;s de su concierto en el Pilar. El segundo encuentro no era nada obvio y por eso tuvo mucha gracia. David vino acompa&ntilde;ado de su hermano, fan total de Kase O. En un momento dado, pill&eacute; a David en un rinc&oacute;n susurr&aacute;ndole a su hermano: "Recu&eacute;rdame una canci&oacute;n de Kase O, que se la canto ahora mismo". David siempre trata de agradar a la gente con la que est&aacute; y, de esa manera, &eacute;l procuraba rendirle tributo a un m&uacute;sico que, aunque se encontraba en sus ant&iacute;podas, contaba con toda su admiraci&oacute;n. No logr&oacute; entonar la canci&oacute;n pero s&iacute; que, en el sal&oacute;n Labordeta de Casa Emilio, <a href="http://web.stagram.com/p/302945380770900666_177008193" target="_hplink">se hizo una foto con Kase O</a> que colg&oacute; en Facebook. Esa foto desat&oacute; en las redes las previsibles reacciones airadas de los talibanes de Kase O. Pero un tuit era realmente divertido: "Acabo de ver una foto de Bustamante y Kase O juntos. Lo del fin del mundo empieza a tener sentido".<br />
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Javier se acaba de dar una vuelta de dos meses por Colombia y Per&uacute;. Se fue solo, a su aire, para saber c&oacute;mo es eso de convivir con la soledad y el anonimato lejos de casa. Ha resultado ser un viaje inici&aacute;tico, que le ha revolucionado la cabeza. Pero no pudo evitar que le reconocieran y le hicieran cantar en lugares remotos a los que hab&iacute;a llegado su ins&oacute;lito duende. Feliz Navidad, co. <br />
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Este art&iacute;culo se public&oacute; originalmente en el diario <em><a href="http://www.heraldo.es/" target="_hplink">El Heraldo de Arag&oacute;n</a></em>.]]></content>
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