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  <title>Manu Berastegui</title>
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  <updated>2013-05-24T23:32:55-04:00</updated>
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    <name>Manu Berastegui</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Manu Berastegui</subtitle>
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    <title>El valor de Tío Jess</title>
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    <published>2013-04-03T02:02:32-04:00</published>
    <updated>2013-04-03T04:21:16-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Hizo un cine muy malo, pero lo pasó en grande y le dedicó toda su vida a su gran pasión. Su legado para las siguientes generaciones es la osadía para hacer lo que más deseaba hacer sin dejar que naderías insignificantes como la falta de dinero, de un buen guion o la conciencia de la falta de talento, le detuviera.]]></summary>
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        <name>Manu Berastegui</name>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/"><![CDATA[En la &uacute;ltima edici&oacute;n de los Goya, entre los seleccionados para la categor&iacute;a de cortometraje documental, hab&iacute;a uno que se titulaba <em>T&iacute;o Jess</em>. Es un homenaje sobrio y admirado de dos directores j&oacute;venes, Hugo Stuven y V&iacute;ctor Matellano, a Jes&uacute;s Franco, un director hiperprol&iacute;fico que ha conseguido labrarse una leyenda y crear una obra respetada a base de... &iquest;de qu&eacute;?<br />
<br />
En el corto, en silla de ruedas, fumando sin parar mientras dirige dos pel&iacute;culas a la vez y bandea las dificultades que le plantea el reparto, repite una y otra vez que a &eacute;l su cine la parece una mierda. Una opini&oacute;n que seguramente compartir&aacute; cualquier espectador que mantenga una m&iacute;nima objetividad no enturbiada por esa admiraci&oacute;n esnob que ha conseguido ganarse como autor de culto... diab&oacute;lico. <br />
<br />
No soy uno de esos friquifans que se ha visto todo el cine de Jess Franco, ni de esos intelectualoides modernillos que comentan los valores underground de su cine. Y no puedo evitar preguntarme cu&aacute;l es el valor que se le atribuye. Podr&iacute;a ser su capacidad de supervivencia, su resistencia, o su eficacia para "optimizar recursos", sac&aacute;ndole todo el jugo a localizaciones, equipo y actores.<br />
<br />
Al cabo de un rato de reflexi&oacute;n, dos t&eacute;s y una manzana (sigo a dieta), concluyo que su valor es su valor. Su valor (de validez) es su valor (de valent&iacute;a).<br />
<br />
Es frecuente que ante un proyecto de cierta envergadura, y una pel&iacute;cula lo es, uno se paralice, asustado por la responsabilidad y se aferre a tablas de salvaci&oacute;n que puedan ayudar a mantener la seguridad del proyecto. Franco era todo lo contrario. Siguiendo la tradici&oacute;n de otro maestro del cine cutre, Ed Wood, obedec&iacute;a a una m&aacute;xima: tengo cuatro duros y ganas de hacer una peli... A por ella. Y se lanzaba sin detenerse a darle m&aacute;s vueltas.<br />
<br />
Hizo un cine muy malo, pero lo pas&oacute; en grande y le dedic&oacute; toda su vida a su gran pasi&oacute;n. Ojal&aacute; todos pudi&eacute;ramos hacer lo mismo.<br />
<br />
Ese ha sido su legado para las siguientes generaciones, la osad&iacute;a para hacer lo que m&aacute;s deseaba hacer sin dejar que nader&iacute;as insignificantes como la falta de dinero, de un buen guion o la conciencia de la falta de talento, le detuviera. Esa  osad&iacute;a que han recogido sus continuadores con un aire de iron&iacute;a posmoderna en t&iacute;tulos tan fascinantes como <em>K&aacute;rate a muerte en Torremolinos</em> o <em>La matanza can&iacute;bal de los garrulos lis&eacute;rgicos</em>, pero que en &eacute;l era pura desfachatez. Y no es poca cosa.<br />
<br />
<center><HH--236SLIDEEXPAND--289603--HH></center><br />
<br />
<br />
<center><HH--236SLIDEEXPAND--289606--HH></center>]]></content>
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    <title>Disney en el Real</title>
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    <published>2013-01-25T01:00:00-05:00</published>
    <updated>2013-03-26T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[No, no es que el Teatro Real se haya visto obligado a programar La Sirenita o Pinocho para cubrir los huecos que le deja la crisis. El Disney que ocupa el escenario del teatro de la ópera de Madrid dista mucho de sus polícromas producciones infantiles. De hecho el color brilla por su ausencia en este estreno mundial de El americano perfecto (The Perfect American) que Mortier encargó a Philip Glass para la New York City Opera y se ha venido tras él hasta aquí, y ha visto la luz esta semana. Una gozada en toda regla. Gracias Morti.]]></summary>
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        <name>Manu Berastegui</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/"><![CDATA[No, no es que el Teatro Real se haya visto obligado a programar <em>La Sirenita</em> o <em>Pinocho</em> para cubrir los huecos que le deja la crisis. El Disney que ocupa el escenario del teatro de la &oacute;pera de Madrid dista mucho de sus pol&iacute;cromas producciones infantiles. De hecho el color brilla por su ausencia en este estreno mundial de <em>El americano perfecto</em> (<em>The Perfect American</em>) que Mortier encarg&oacute; a Philip Glass para la New York City Opera y se ha venido tras &eacute;l hasta aqu&iacute;, y ha visto la luz esta semana. Pero vamos por partes.<br />
<br />
Siempre es emocionante asistir al nacimiento de una obra de arte. Y, en el caso de un espect&aacute;culo teatral, es <em>muy</em> emocionante estar presente en ese momento m&aacute;gico en que el esfuerzo y el talento de un grupo numeroso y variado de personas, que tienen en com&uacute;n su dedicaci&oacute;n al arte, se sincronizan en un perfecto engranaje para alumbrar una obra com&uacute;n nueva.<br />
<br />
Viendo el otro d&iacute;a el ensayo general no pude evitar pensar en la idea de la obra de arte total, la <em>Gesamtkunstwerk</em> que dir&iacute;an los alemanes y los <em>gafapastas</em>, pero que Dios no permita que yo utilice, ese evento art&iacute;stico en el que confluyen y colaboran diversas formas de creaci&oacute;n. En <em>El americano perfecto</em> hay poes&iacute;a, m&uacute;sica, luz, dibujo, escultura...<br />
<br />
<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-24-JAVIERDELREALEFE.jpg"><img alt="2013-01-24-JAVIERDELREALEFE.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-24-JAVIERDELREALEFE-thumb.jpg" width="570" height="738" /></a><br><small>Foto: JAVIER DEL REAL / EFE</small></center><br />
<br />
<br />
El espect&aacute;culo se apoya en unos pilares muy s&oacute;lidos. Para empezar la <em>novella</em> de Peter Stephan Jungk, recientemente publicada por Turner Noema, y que recomiendo a cualquiera que alguna vez haya sospechado que el creador de <em>Blancanieves</em> ten&iacute;a un lado menos colorido y encantador; o sea, a todo el mundo. Lamentablemente, la &oacute;pera deja fuera algunos episodios interesantes como la performance sangrienta que le dedica el extrabajador obsesionado con vengarse, pero mantiene el esp&iacute;ritu general, la mayor parte de la narraci&oacute;n, incluidos algunos pasajes fascinantes como la aparici&oacute;n de la ni&ntilde;a disfrazada de b&uacute;ho que no sabe qui&eacute;n es Disney, lo que saca de quicio a pap&aacute; Walt; o una inefable conversaci&oacute;n de &eacute;ste con un aut&oacute;mata de Lincoln que el autor aprovecha para especular, sin demasiada sutileza, sobre las tendencias pol&iacute;ticas del fabricante de sue&ntilde;os. <br />
<br />
El espacio esc&eacute;nico de Dan Potra es tan atractivo que podr&iacute;a ser una obra en s&iacute; mismo. Uno siente el deseo de entrar en ese espacio cil&iacute;ndrico que delimita la maquinaria mastod&oacute;ntica de la que cuelgan dos proyectores disfrazados de c&aacute;maras cuya silueta recuerda la cabeza de Mickey Mouse y que proyectan animaciones monocromas y siniestras sobre telas que caen y luego arrancan los actores, y que giran al mismo tiempo que aquellas. Una instalaci&oacute;n espectacular que me habr&iacute;a encantado <em>habitar</em> unos instantes.<br />
<br />
<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-24-EFEJAVIERDELREAL2.jpg"><img alt="2013-01-24-EFEJAVIERDELREAL2.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-24-EFEJAVIERDELREAL2-thumb.jpg" width="570" height="394" /></a><br><small>Foto: JAVIER DEL REAL / EFE</small></center><br />
<br />
<br />
Y qu&eacute; decir de la m&uacute;sica de Philip Glass. O la adoras o te pone de los nervios. Yo la ador&eacute; desde que me puso de los nervios la primera vez que vi <em>Koyaanisqatsi</em>, aquella pel&iacute;cula que distorsionaba el tiempo hasta ponerte de los nervios. Y la fui adorando m&aacute;s y m&aacute;s a medida que conoc&iacute;a sus otras &oacute;peras, sus trabajos con Bob Wilson, m&aacute;s recientemente sus bandas sonoras... Me da igual si es o no minimalista (algo que al compositor le repatea que digan de su m&uacute;sica), si es serialista o es poco seria. A m&iacute; me arrastra a un estado en el que me gusta estar. Y en este caso es perfecta para la historia que cuenta. En particular el segundo acto tiene momentos de una enorme belleza, musical y esc&eacute;nica.<br />
<br />
Todos los int&eacute;rpretes est&aacute;n bien. No me siento capacitado para hacer una valoraci&oacute;n m&aacute;s profunda. Pero ese coro <em>Intermezzo</em> dirigido por Andr&eacute;s M&aacute;spero no deja de darme alegr&iacute;as. Y la Orquesta Sinf&oacute;nica de Madrid, que dirigi&oacute; Dennis Russell Davies puede con todo lo que le echen.<br />
<br />
Vamos, una gozada en toda regla. Gracias Morti.<br />
<br />
<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-24-EFEJAVIERDELREAL.jpg"><img alt="2013-01-24-EFEJAVIERDELREAL.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-24-EFEJAVIERDELREAL-thumb.jpg" width="570" height="790" /></a><br><small>Foto: JAVIER DEL REAL / EFE</small></center><br />
<br />
<br />
<strong>Coda.</strong> &iquest;Por qu&eacute; es todo en blanco y negro?<br />
<br />
El mismo fin de semana vi <em>Tempestad</em> dirigida por Peris Mencheta en las Naves del Matadero y <em>Maridos y Mujeres</em> dirigida por &Agrave;lex Rigola en La Abad&iacute;a. En ambos espect&aacute;culos los actores van obstinadamente vestidos en blanco y negro (y sus correspondientes grises) con pinceladas de rojo rabioso. El negro sobre todo dominaba el vestuario. Recuerdo que cuando yo hac&iacute;a dise&ntilde;o para el teatro alguien me dijo: "Si no se te ocurre nada, ponlo negro".<br />
<br />
Cuando empez&oacute; <em>El americano perfecto</em> se me encogi&oacute; el ombligo al ver que todo era en blanco y negro. Afortunadamente, a medida que avanzaba el espect&aacute;culo fueron apareciendo algunos colores que disiparon mis dudas sobre la posibilidad de que estuviera sufriendo una forma rara de daltonismo que solo me afectaba al mirar a un escenario.<br />
<br />
&iquest;Es que no se os ocurre nada?]]></content>
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    <title>Amores que hieren, canciones que curan</title>
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    <published>2012-12-17T01:00:00-05:00</published>
    <updated>2013-02-15T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Siempre me han encantado las canciones tristes, en particular las que hablan de amores contrariados, imposibles, tormentosos. Creo sinceramente en el poder curativo de esas canciones que, al inundarnos del horror del desamor expresado por otros, nos permiten tomar distancia de nuestro propio dolor y mitigarlo.]]></summary>
    <author>
        <name>Manu Berastegui</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/"><![CDATA[Siempre me han encantado las canciones tristes, en particular las que hablan de amores contrariados, imposibles, tormentosos. Posiblemente se deba a una naturaleza irremediablemente melanc&oacute;lica y a un esp&iacute;ritu enamoradizo desde la m&aacute;s temprana edad (aunque los amores de esos tiernos a&ntilde;os no fueran m&aacute;s que figuras proyectadas en la pantalla del cine del colegio o visiones fugaces idealizadas), y puede que tambi&eacute;n una inclinaci&oacute;n natural al melodrama sobrealimentada por la literatura rosa de posguerra, a la que fui muy aficionado, y los dramones cinematogr&aacute;ficos de toda &iacute;ndole vistos en el blanco y negro de la televisi&oacute;n de entonces. Melodrama... Una preciosa palabra que encierra dos de las expresiones m&aacute;s bellas del alma humana: el teatro y la m&uacute;sica. Drama con m&uacute;sica. Si ya por separado se bastan para conmover, unidas tienen una fuerza que llega a ser hasta peligrosa...<br />
<br />
Perd&oacute;n, que me disperso. Otro d&iacute;a hablaremos del melodrama con m&aacute;s calma.<br />
<br />
La cosa es que no tard&eacute; en conocer el uso terap&eacute;utico de ciertas canciones (tambi&eacute;n el del Optalid&oacute;n, pero esa es otra historia) en las que uno pod&iacute;a encontrar el relato de sus desgracias contado mil veces y de mil maneras diferentes, pero que, curiosamente, siempre encajaba a la perfecci&oacute;n con su situaci&oacute;n. O m&aacute;s exactamente, con la fantas&iacute;a personal de su situaci&oacute;n. <br />
<br />
<img alt="2012-12-12-101_canciones.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-12-12-101_canciones-thumb.jpg" width="150" height="230" / style="float: left; margin:10px" > Todo esto ha cristalizado en un libro que sale a la calle en estos d&iacute;as, <em>101 Canciones para cortarse las venas</em>, y que no es otra cosa que una selecci&oacute;n de los temas musicales que me han acompa&ntilde;ado en las horas amargas posteriores a las rupturas amorosas, a los deseos irrealizables o a los rechazos crueles. Bueno, o sencillamente en horas bajas en las que necesitaba aturdirme con un copazo y un acompa&ntilde;amiento musical adecuado.<br />
<br />
A pesar de que en las &uacute;ltimas semanas he encontrado alguna resistencia a esta teor&iacute;a, creo sinceramente en el poder curativo de esas canciones que, al inundarnos del horror del desamor expresado por otros, nos permiten tomar distancia de nuestro propio dolor y mitigarlo. Y, en el peor de los casos, apelan a nuestro lado masoquista y nos proporcionan el placer inconfesable de regodearnos en el sufrimiento. No creo que el victimismo sea una buena actitud para todos los d&iacute;as, pero las inmersiones ocasionales en la autocomplacencia consciente y responsable es muy gratificante. En otras palabras, &iexcl;que mola revolcarse en el barro de vez en cuando! Ah&iacute; est&aacute;n los balnearios para demostrarlo.<br />
<br />
<img alt="2012-12-12-heartini.JPG" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-12-12-heartini-thumb.JPG" width="270" height="227" / style="float: right; margin:10px" ><br />
Coplas, boleros, rancheras, tangos, baladas italianas, <em>chansons</em> francesas y algunos temas cl&aacute;sicos del pop y el rock forman parte de esta selecci&oacute;n en la que quedan fuera arias de &oacute;pera, flamenco, fado y otros g&eacute;neros no menos efectivos por falta de espacio. No en el libro, que pod&iacute;a haber tenido las mismas p&aacute;ginas que la <em>Enciclop&aelig;dia Britanica</em>, sino en mi capacidad y mi conocimiento.<br />
<br />
Las he ordenado en bloques por g&eacute;nero musical y relaci&oacute;n de proximidad cultural, pero se me ocurre que pod&iacute;a haberlas ordenado por reacciones ante el desamor, de manera que el &laquo;enfermo&raquo; pudiera localizar enseguida el remedio que m&aacute;s se ajuste a sus s&iacute;ntomas.<br />
<br />
<img alt="2012-12-12-lafoto7.JPG" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-12-12-lafoto7-thumb.JPG" width="270" height="227" / style="float: left; margin:10px" >Hay canciones de indiferencia fingida, como <em>I'm not in Love</em> de 10CC, que se empecina en negar la evidencia del amor y el dolor con una deliciosa ingenuidad; de furia asesina, en las que la venganza es la clave y que abundan en la copla andaluza, como en <em>Cinco farolas</em> donde se reclama que le quemen la boca con carbones encendidos al traidor; por el contrario, hay otras que se ofrecen v&iacute;ctimas de un sacrificio cruento, como en <em>Sombras nada m&aacute;s</em>, cuyos primeros versos dicen &laquo;Quisiera abrir lentamente mis venas, mi sangre toda verterla a tus pies...&raquo;; las hay, y quiz&aacute; sean las m&aacute;s atroces, de una resignaci&oacute;n sobrecogedora, como <em>Eres mi mar&iacute;o</em> o el blues <em>Don't Explain</em>, en las que la v&iacute;ctima acepta el enga&ntilde;o mansamente; otras reflejan un orgullo desmedido muy sano, como en el bolero <em>Sabor a m&iacute;</em>, que asegura al que ha decidido abandonar a su pareja que nunca podr&aacute; librarse de su huella, como una maldici&oacute;n... o un contagio.<br />
<br />
Hay para todos los gustos. Que cada cual elija la suya.<br />
<br />
<blockquote><strong>Puedes <a href="http://big.assets.huffingtonpost.com/LaCopla.pdf" target="_hplink">descargarte aqu&iacute; en PDF <em>La Copla</em></a>, el cap&iacute;tulo 1 de <em>101 Canciones para cortarse las venas</em>, mientras escuchas algunas de las canciones del libro: </strong><br><br><iframe src="https://embed.spotify.com/?uri=spotify:user:elhuffpost:playlist:2RsjjaJSgDQDQ2cNtDJ1SN" width="570" height="650" frameborder="0" allowtransparency="true"></iframe>. </blockquote><br />
<br />
<em>Ilustraciones: Manu Ber&aacute;stegui.</em>]]></content>
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    <title>Sticking the thread (Pegando la hebra)</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1643634</id>
    <published>2012-07-05T04:14:21-04:00</published>
    <updated>2012-09-03T05:12:07-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Lo que me ha asombrado ha sido las ganas de hablar con desconocidos que me he encontrado en Nueva York. No me ha quedado más remedio que preguntarme si tendrán una expresión equivalente a "pegar la hebra".]]></summary>
    <author>
        <name>Manu Berastegui</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/"><![CDATA[He estado unos d&iacute;as en NYC.<br />
<br />
Verlo as&iacute; escrito resulta un poco petardo, lo s&eacute;. Pero esa es la verdad. He estado unos d&iacute;as en Nueva York, que los listos llaman NYC, como si fuera un se&ntilde;or llamado Nicol&aacute;s, o Nicholas, con el que tienen tanta confianza que le llaman por su diminutivo familiar.<br />
<br />
De NYC todos sabemos que es la capital del capitalismo. La Babilonia de la moda, la arena de las finanzas y el v&oacute;rtice del teatro musical. Y que sale mucho en las pelis y las series de televisi&oacute;n.<br />
<br />
Por eso todos me entender&iacute;an si hablara de las alcantarillas que humean (s&iacute;, incluso, &iexcl;oh, sorpresa!, en pleno verano), de los mejores <em>dry martinis</em> del mundo (ahora los que m&aacute;s me gustan son los <em>vodkatinis </em>sucios. Insuperables, con ese perfume de aperitivo tabernario que suaviza los filos de su aire sofisticado) o de los bocadillos de pastrami que Woody Allen entre otros ha conseguido convertir en un objetivo de las excursiones tur&iacute;sticas casi tan imprescindible como la se&ntilde;ora verde de la antorcha siempre en alto que les regalaron los franceses.<br />
<br />
Tambi&eacute;n podr&iacute;a comentar la ola de calor que he vivido all&iacute;. Un fen&oacute;meno atmosf&eacute;rico que para muchos est&aacute; indisolublemente unido a la imagen de Marilyn Monroe. Por la canci&oacute;n <em>Heat wave</em> que MM cantaba en Luces de Candilejas (<em>There's No Business Like Show Business.</em> Walter Lang, 1954) y por esa chica sin nombre de <em>La tentaci&oacute;n vive arriba</em> (<em>The Seven Year Itch</em>. Billy Wilder, 1955) que se defiende de los rigores del verano neoyorquino a golpe de ventilador prestado y guardando la ropa interior en la nevera hasta que pillan un Rodr&iacute;guez (un Tom Ewell en este caso) con aire acondicionado.<br />
<br />
Pero no es nada de eso lo que m&aacute;s me ha llamado la atenci&oacute;n en este viaje a esa ciudad que todos conocemos aunque no hayamos viajado nunca a ella. Lo que me ha asombrado ha sido las ganas de hablar con desconocidos que me he encontrado continuamente. Hasta tal punto que no me ha quedado m&aacute;s remedio que preguntarme si los norteamericanos tendr&aacute;n una expresi&oacute;n equivalente a nuestro popular "pegar la hebra". Porque eso es lo que he hecho sin para estos d&iacute;as.<br />
<br />
He pegado la hebra con una pareja gay de jubilados que parec&iacute;an llevar todos sus ahorros encima en forma de todo tipo de ornamentos de orazo macizo, y que, despu&eacute;s de contarme que viv&iacute;an divinamente en Delaware tras muchos a&ntilde;os de servicio al Gobierno en Washington, me contaron los musicales que m&aacute;s les hab&iacute;an gustado de las &uacute;ltimas temporadas, ya que van cada dos por tres a la capital del imperio a ver teatro.<br />
<br />
He pegado la hebra con dos encantadoras hermanas viudas que viven en New Jersey y tienen la ligeramente paranoica man&iacute;a de sentarse en el teatro una detr&aacute;s de otra para poder estar las dos en el pasillo. Una de ellas, la de atr&aacute;s que compart&iacute;a fila conmigo, me pregunt&oacute; al cabo de un buen rato de conversaci&oacute;n qu&eacute; tal me iba el negocio de la reparaci&oacute;n de tejados en Espa&ntilde;a. Ante mi desconcierto, tardamos unos minutos en deducir que era una confusi&oacute;n con la traducci&oacute;n de libros de la que le hab&iacute;a hablado (<em>roofs... books...</em>). Muy caballerosamente, yo atribu&iacute; la confusi&oacute;n a mi imperfecto ingl&eacute;s. Ella a su o&iacute;do selectivo... como una tapia. La hermana de delante se parti&oacute; de risa sin volver la cabeza. Yo me qued&eacute; pensando en lo divertida que me resultaba esa imagen del obrero especializado en reparaci&oacute;n de tejados aficionado a los musicales de Broadway. Muy Village People.<br />
<br />
En el m&iacute;tico restaurante Sardi's he pegado la hebra con un abogado que ahora vive en Florida, cuya hija le hab&iacute;a dicho que en el viaje de negocios a NYC (<em>Hi again, Nick!</em>) no dejara de ver el musical <strong><em>Wicked</em></strong> y se dispon&iacute;a a seguir su consejo, despu&eacute;s de cenar regando la comida generosamente con sucesivas copas de brandi que le hicieron delirar que, por mi acento, yo parec&iacute;a de Pittsburgh y que, a partir de entonces, no admitiera ning&uacute;n otro origen y defendiera tenazmente haber nacido y crecido en la Ciudad de los Puentes.<br />
<br />
Y he pegado la hebra con un encantador taxista tibetano, un camarero hispano y un dependiente brasile&ntilde;o de Sack's con intenciones poco claras. Si llegan a ser claras del todo, tiene hombre para toda la vida.<br />
<br />
As&iacute; han pasado estos d&iacute;as. <em>Sticking the thread</em> sin parar. Aprendiendo muchas cosas de muchas gentes. En particular, que todos en todas partes tenemos muchas ganas de hablar y, tal vez en menor medida, de escuchar. Y que sigue siendo uno de los mayores atractivos de viajar.]]></content>
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    <title>Contra la moda: Mujeres frías, hombres sudorosos</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/manu-berastegui/contra-la-moda-mujeres-fr_b_1573389.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1573389</id>
    <published>2012-06-06T18:01:00-04:00</published>
    <updated>2012-08-06T05:12:10-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Por el bien de las relaciones hombre-mujer, cambiemos las modas. Yo, desde luego, me apunto al escote halter, que favorece un montón.]]></summary>
    <author>
        <name>Manu Berastegui</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/manu-berastegui/"><![CDATA[Soy muy consciente de que el t&iacute;tulo que encabeza estas l&iacute;neas puede llevar a la confusi&oacute;n de creer que el tema de esta reflexi&oacute;n concierne a las relaciones horizontales de las parejas heterosexuales. Y de que, posiblemente por eso, est&aacute; usted leyendo estas l&iacute;neas. Siento decepcionar a los lectores que se hayan asomado aqu&iacute; bajo el efecto de esa ilusi&oacute;n. Nada m&aacute;s lejos de mi intenci&oacute;n que entrar en terrenos en los que, por respeto a la intimidad e inexperiencia personal, patinar&iacute;a con toda seguridad. (Aunque nada asegura que no patine, y con varias piruetas, en cualquier otro tema que tenga la desfachatez de abordar).<br />
<br />
Sin embargo, entre los muchos campos en los que se libran las batallas de la diferencia de g&eacute;nero, casi siempre creados artificialmente, hay uno en concreto que nunca me deja indiferente: la moda.<br />
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Se&ntilde;alar a estas alturas que la moda nos ha sometido como seres sociales a torturas de todo tipo, a caprichos injustificables de los que apenas tardaremos una d&eacute;cada en abominar despu&eacute;s de habernos plegado a ellos no solo con fruici&oacute;n sino hasta con fanatismo, seguramente ser&iacute;a por un lado repetitivo y por otro in&uacute;til, ya que estamos dise&ntilde;ados para seguir repitiendo los errores y los horrores que la moda nos dicte. As&iacute; es la naturaleza humana.<br />
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Pero hace tiempo que me obsesiona un sindi&oacute;s de la etiqueta que contribuye al desencuentro de los g&eacute;neros y hasta a su enfrentamiento abierto. Consideremos la indumentaria que los usos y costumbres occidentales contempor&aacute;neas consideran de recibo en una "ocasi&oacute;n formal", es decir, desde una cena con el jefe a la boda de un familiar.<br />
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Para la mujer, un atuendo formal supone una variada gama de tejidos ligeros, vaporosos, semitransparentes. Escotes generosos en pecho y espalda, ba&ntilde;era, palabra de honor y otra serie de nombres sugerentes que describen diversos grados de exhibici&oacute;n d&eacute;rmica. Hombros al aire, tirantes espagueti, aberturas en las faldas y escotillas de todo tipo para dejar que el aire y las miradas circulen libremente. Es decir, un nivel inmediatamente superior a la desnudez total. Perfecto. Hasta aqu&iacute; todo bien. Me gusta la idea y secundo la moci&oacute;n sin reservas.<br />
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Pero &iquest;qu&eacute; se le exige al var&oacute;n en la misma situaci&oacute;n? &iquest;Alguien se ha parado alguna vez a contar las capas de tejido que debe llevar un hombre vestido formalmente? Pues si no se les hab&iacute;a ocurrido, o les da pereza, que lo comprender&iacute;a, lo voy a hacer yo.<br />
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Dejemos por el momento la parte inferior del cuerpo, porque podr&iacute;a decirse que la ropa interior y el pantal&oacute;n son equivalentes a la ropa interior femenina y la falda correspondiente, si bien al var&oacute;n se le niega el privilegio de utilizar materiales fresco y ligeros.<br />
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Para la parte superior nada libra al hombre de llevar, como m&iacute;nimo, camisa y chaqueta. La corbata puede ser opcional, aunque hemos visto demostraciones beligerantes x por parte de personas supuestamente progresistas de la importancia que se le puede dar a ese trozo de tela. En todo caso, contemos solo la camisa y la chaqueta. La camisa normalmente consta solo de una capa de tejido, en el supuesto de que no sea de esmoquin y lleve pechera, jaretas o cualquier otro perejileo. Pero, &iexcl;ay!, la chaqueta... La chaqueta masculina lleva por lo menos el tejido exterior, la entretela que le da cuerpo y el forro. Adem&aacute;s, hay que contar con los bolsillos interiores (dos capas m&aacute;s) y las hombreras (de guata, de gomaespuma... siempre bien calentitas). <br />
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Por si esto no ha hecho ya romper a sudar a los m&aacute;s duros corazones, quiero hacer un repaso de las capas que lleva el "var&oacute;n formal" alrededor del cuello. El cuello de la camisa son dos capas de tejido y, en una camisa de vestir, para darle cuerpo, una de entretela. Pero adem&aacute;s, el cuello va vuelto. O sea, el doble. Y lo mismo puede decirse del cuello de la americana. Tres capas y doblado. Seis capas de tejido alrededor del cuello. Si le a&ntilde;adimos la en ocasiones inevitable corbata, se suman otras tres. Nueve capas de tejido que pueden incluir la lana, la abrigad&iacute;sima seda y el chisporroteante poli&eacute;ster. &iexcl;SOCORRO!<br />
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Todo esto contribuye a lo que yo llamo "el s&iacute;ndrome del var&oacute;n acogotado" que se caracteriza por la falta de movilidad natural, un pliegue preocupante en el ga&ntilde;ote x y una coloraci&oacute;n facial que va pasando a lo largo de la velada del rosa encendido al granate congestionado. Si el evento incluye adem&aacute;s comida abundante, bebidas de mayor o menor graduaci&oacute;n, caf&eacute;, copa, puro y cha-cha-ch&aacute;, el aspecto apopl&eacute;tico (y tal vez hasta la apoplej&iacute;a misma) est&aacute; garantizado.<br />
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Se comprender&aacute; la profunda admiraci&oacute;n que siento, y exijo a todos, por los hombres que son capaces de ir bien vestidos sin parecer que se est&aacute;n rustiendo en un horno de convecci&oacute;n.<br />
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Y esta diferencia entre el atuendo formal de hombres y mujeres no es un tema banal, ya que tiene consecuencias serias. Es imposible que una pareja heterosexual (en el mundo gay es distinto. Todos se quitan la camiseta al mismo tiempo en un ejercicio de sincronizaci&oacute;n t&eacute;rmica admirable.) disfrute al mismo tiempo de la temperatura del lugar al que asisten juntos. He presenciado aut&eacute;nticas batallas campales entre hombres y mujeres por el nivel del aire acondicionado o de la calefacci&oacute;n y la defensa de las ventanas abiertas. Ellas (pr&aacute;cticamente desnudas) siempre heladas. Ellos (abrigados como para sobrevivir en la tundra) siempre acalorados. Ellos abriendo las ventanas desesperados. Ellas cerr&aacute;ndolas mientras se ci&ntilde;en a los hombros un rectangulillo de tela, precioso eso s&iacute;, que no abriga m&aacute;s que un sello de cinco c&eacute;ntimos. Una y otra vez. Hasta que se llega a un inevitable deterioro de la relaci&oacute;n que amarga el evento.<br />
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Por el bien de las relaciones hombre-mujer, cambiemos las modas. Yo, desde luego, me apunto al escote <em>halter</em>, que favorece un mont&oacute;n.]]></content>
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