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  <title>Mónica Leiva</title>
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  <updated>2013-05-21T06:06:30-04:00</updated>
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    <name>Mónica Leiva</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Mónica Leiva</subtitle>
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    <title>Salir de la hipocresía</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1650738</id>
    <published>2012-07-08T04:03:36-04:00</published>
    <updated>2012-09-06T05:12:05-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[La mayoría de conflictos del mundo no interesan a las sociedades democráticas. Nigeria, Birmania, Sudán del Sur, Somalia, Noreste de Pakistán, Tailandia... ¿A quién le importa lo que allí suceda?]]></summary>
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        <name>Mónica Leiva</name>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/monica-leiva/"><![CDATA[Recuerdo bien aquel d&iacute;a. Guiaba por el fantasmag&oacute;rico casco viejo de la ocupada poblaci&oacute;n palestina de Hebr&oacute;n a un grupo de j&oacute;venes observadores catalanes. En un momento de nuestra visita, un ni&ntilde;o de no m&aacute;s de ocho a&ntilde;os se nos acerc&oacute; y pregunt&oacute; amablemente de d&oacute;nde &eacute;ramos. "Necesito vuestra ayuda, por favor", dijo. Como tarea para la escuela, ten&iacute;a que pintar diferentes banderas del mundo y quer&iacute;a que pint&aacute;semos para &eacute;l la espa&ntilde;ola y la europea. No se apart&oacute; del grupo hasta conseguirlo. El ni&ntilde;o tom&oacute; entonces el papel en el que hab&iacute;amos garabateado torpemente las banderas y se coloc&oacute; a un par de metros por delante nuestro, de cara al grupo. "&iquest;Son estas vuestras banderas?", grit&oacute;. Ni si quiera esper&oacute; respuesta. Ante nuestro asombro, hizo a&ntilde;icos el dibujo y los lanz&oacute; con furia contra nosotros al tiempo que, visiblemente molesto, nos daba la espalda y se perd&iacute;a corriendo entre las callejas contiguas al control militar israel&iacute; de Bab al Baladie. Dos adultos que presenciaron la escena se disculparon por el modo en qu&eacute; el peque&ntilde;o hab&iacute;a expresado su enfado y su frustraci&oacute;n con Occidente, pero el mensaje hab&iacute;a llegado alto y claro.<br />
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La mayor&iacute;a de conflictos del mundo no interesan a las sociedades democr&aacute;ticas. Nigeria, Birmania, Sud&aacute;n del Sur, Somalia, Noreste de Pakist&aacute;n, Tailandia... &iquest;A qui&eacute;n le importa lo que all&iacute; suceda? Decenas de miles de civiles mueren y sufren a causa de la violencia pol&iacute;tica (y por lo tanto, evitable) durante lustros, incluso d&eacute;cadas, sin que lleguen incluso a ocupar medio minuto en nuestros boletines informativos. La indiferencia social por la deriva de esos conflictos es tal, que ni siquiera deben molestarse nuestros dirigentes en mostrar la m&aacute;s m&iacute;nima compasi&oacute;n. Lo mismo ocurre con la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de la pobreza, la salud medioambiental, las pr&aacute;cticas intervencionistas o el comercio de armas. La p&eacute;rdida de cientos de miles de vidas se ha convertido en un coste "asumible" para defender nuestro modo de vida actual y nuestros privilegios en el orden mundial. Puede incomodarnos que as&iacute; sea, pero lo cierto es que, como sociedad, no hacemos lo suficiente por cambiarlo. <br />
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<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2012-07-05-1000082_IMG.JPG"><img alt="2012-07-05-1000082_IMG.JPG" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-07-05-1000082_IMG-thumb.JPG" width="570" height="427" /></a><br><small>Un ni&ntilde;o palestino pasa por delante de un control militar israel&iacute; en la poblaci&oacute;n cisjordana de Hebr&oacute;n, ante la mirada de un grupo de visitantes europeos. Foto: M&Oacute;NICA LEIVA, febrero de 2003.</small></center><br />
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En su c&eacute;lebre art&iacute;culo de 1934, <em><a href="http://es.scribd.com/doc/11571826/Las-Cinco-Dificultades-Para-Decir-LA-VERDAD-Berthold-Brecht" target="_hplink">Cinco obst&aacute;culos para decir la verdad</a></em>, Bertolt Brecht escribi&oacute;: "Si en nuestra &eacute;poca es posible que un sistema de opresi&oacute;n permita a una minor&iacute;a explotar a la mayor&iacute;a, la raz&oacute;n reside en una cierta complicidad de la poblaci&oacute;n, complicidad que se extiende a todos los dominios". Atr&aacute;s qued&oacute; el oscuro siglo XX con sus guerras mundiales, sus genocidios, sus matanzas, sus limpiezas &eacute;tnicas y sus ideas fuertes. Atr&aacute;s qued&oacute; tambi&eacute;n el optimismo que nos invadi&oacute; tras la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y la convicci&oacute;n de poder garantizar, por fin, la paz y la justicia mundial. Y sin embargo, la reflexi&oacute;n del poeta y dramaturgo alem&aacute;n sigue plenamente vigente. El &uacute;nico modelo que cre&iacute;mos v&aacute;lido -el de la democracia liberal, el de los derechos civiles y humanos-, nos ha fallado. El liderazgo global se ha mostrado incapaz de poner coto a nuestro lado m&aacute;s voraz, al ascenso de nuevas ideas fuertes, a la "banalidad del mal". Los pueblos libres nos hemos mostrado incapaces de proteger el valor intr&iacute;nseco de la vida y, a pesar del camino recorrido, "la &uacute;nica elecci&oacute;n posible para el hombre" sigue siendo, como dec&iacute;a Albert Camus, "entre ser v&iacute;ctima o victimario".<br />
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Ciertamente, no todo han sido retrocesos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Objetivamente, una proporci&oacute;n mayor de la poblaci&oacute;n mundial vive mejor que hace medio siglo. La transferencia de poder a entidades supraindividuales ha aliviado la presi&oacute;n que recae sobre cada uno de nosotros, ha conseguido algunos logros significativos y muchos retrocesos; todo, al precio de otorgar inmunidad moral (y, casi siempre pol&iacute;tica) a los mandos. En lugar de redimirnos, de sacarnos del paradigma de la <em>Machtpolitik</em>, la creaci&oacute;n de convenciones y la delegaci&oacute;n de poderes ha creado un sistema favorable a los poderes f&aacute;cticos y a las conductas de halc&oacute;n. En la actualidad, con la ONU condenada t&aacute;citamente a la inoperancia, es la OTAN -es decir, Occidente; es decir, nosotros- quien se arroga el papel de gendarme mundial siguiendo unas narrativas de actuaci&oacute;n mayoritariamente ajenas a los criterios de conducta moral. <br />
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Es importante tomar consciencia de esta verdad porque a menudo la visi&oacute;n europea de un orden humano y pol&iacute;tico justo y moral no deja de ser autocomplaciente. Para aquel ni&ntilde;o palestino de Hebr&oacute;n, que se sabe prisionero de la geopol&iacute;tica global, nuestra complacencia con la gran farsa occidental de declaraciones grandilocuentes y pol&iacute;ticas de indiferencia se traduce -asumida, como es, desde la libertad- en una actitud de complicidad. M&aacute;s cuando a menudo viene acompa&ntilde;ada por el germen de la impostura. Sin ir m&aacute;s lejos, la democracia espa&ntilde;ola se ha acomodado perfectamente a los reg&iacute;menes d&eacute;spotas &aacute;rabes -al igual que al israel&iacute;- con los que ha hecho (y sigue haciendo) estupendos negocios, que procuran r&eacute;ditos pol&iacute;ticos y trabajo a los espa&ntilde;oles. &iquest;Nos preocupa la conducta moral de nuestros gobiernos y la consecuencia que sus acciones tienen para otros pueblos? S&iacute; es as&iacute;, abramos un debate p&uacute;blico sobre qu&eacute; papel queremos jugar como sociedad en el mundo. Exijamos transparencia sobre las relaciones pol&iacute;ticas, acad&eacute;micas, militares, armament&iacute;sticas y comerciales que desde Espa&ntilde;a se realizan con reg&iacute;menes no democr&aacute;ticos, o con estados (u otros actores) que incumplen gravemente la legalidad internacional vigente y los derechos civiles y humanos. Exijamos la verdad, porque la verdad, por inc&oacute;moda que sea, nos sacar&aacute; del envilecimiento moral en el que vivimos y nos permitir&aacute; cuestionar las buenas palabras de los que nos representan, forzando una nueva cultura de la responsabilidad. Y si pese a todo decidimos ser victimarios asumamos entonces qui&eacute;nes somos y ahorr&eacute;monos los lamentos del desasosiego. Hasta entonces, no ha de extra&ntilde;arnos que el ciudadano que padece las consecuencias de nuestra anestesiada conciencia moral nos recrimine, con raz&oacute;n, que elijamos vivir en nuestras creencias e ilusiones antes que salir de la hipocres&iacute;a.<br />
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M&oacute;nica Leiva mantiene el blog El div&aacute;n de Ibn Battuta sobre el mundo &aacute;rabe y musulm&aacute;n: <a href="http://www.monicaleiva.net" target="_hplink">www.monicaleiva.net</a>.]]></content>
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    <title>¡Ay de los vencidos!</title>
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    <published>2012-06-12T05:15:02-04:00</published>
    <updated>2012-08-12T05:12:06-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[El heroísmo escasea en los momentos duros. El robo, la traición, el abandono de seres queridos enmedio de la más absoluta histeria y del hambre más voraz, es lo más habitual en plena lucha por la supervivencia.]]></summary>
    <author>
        <name>Mónica Leiva</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/monica-leiva/</uri>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/monica-leiva/"><![CDATA[Es curioso lo que ense&ntilde;an los peores escenarios de guerra, miseria y desolaci&oacute;n. En una ocasi&oacute;n, recuerdo, una madre libanesa sacaba a su hijo en su silla de paseo cada tarde mientras la poblaci&oacute;n de Tiro era asediada, d&iacute;a y noche, por la aviaci&oacute;n y la armada israel&iacute;. Cada vez que un estruendo amenazaba con hacer llorar al peque&ntilde;o, la madre sonre&iacute;a dulcemente y juntaba las manos en un sonoro aplauso, "&iexcl;boum!", haci&eacute;ndole creer que en realidad se trataba de fuegos artificiales. Cualquiera de esas bombas podr&iacute;a haber ca&iacute;do sobre sus cabezas pero, sin otra alternativa que convivir con la amenaza constante de la muerte, esa madre decidi&oacute; ahorrarle al ni&ntilde;o la tremenda angustia de aquellos momentos, venciendo para ello su propio terror. En otra ocasi&oacute;n, le pregunt&eacute; a un vecino palestino de Hebr&oacute;n qu&eacute; pensaba hacer despu&eacute;s de haber perdido por segunda vez parte de su familia y todo cuanto pose&iacute;a: "Celebrar que puedo seguir empezando", contest&oacute;. Todav&iacute;a hoy, al recordarlo, me impresiona la fortaleza interna de aquel hombre, en medio de tanto dolor. <br />
<br />
Con ello, no quisiera transmitir una idea equivocada: el hero&iacute;smo escasea en los momentos duros. El robo, la traici&oacute;n, el abandono de seres queridos enmedio de la m&aacute;s absoluta histeria y del hambre m&aacute;s voraz, es lo m&aacute;s habitual en plena lucha por la supervivencia. Los j&oacute;venes abandonan a sus ancianos; los hermanos luchan desesperadamente por un &uacute;ltimo trozo de pan que llevarse a la boca. Hay quien delata por envidia, hay quien condena al pr&oacute;jimo con tal de salvarse de la quema. Cuando es tu vida o la de otro, es dif&iacute;cil juzgar la decisi&oacute;n que asume cada cual. Eso lo saben bien los alpinistas.<br />
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Todo esto viene al caso porque &uacute;ltimamente vivo con la sensaci&oacute;n de que nuestro privilegiado mundo mental, ese espacio de relativa confianza en la vida del que hemos gozado en Occidente durante d&eacute;cadas, est&aacute; acortando distancias con el del mundo en conflicto, donde las personas conviven con el dolor y la incertidumbre a diario. El ambiente que respiramos es tan asfixiante, los mensajes tan descorazonadores, que el miedo -"ese depredador cruel y voraz" que dec&iacute;a Ryszard Kapuscinski- amenaza con hacerse amo y se&ntilde;or de nuestras vidas. Personas que antes ten&iacute;an una posici&oacute;n resuelta, confiada y generosa ante el futuro, ahora se muestran pesimistas, angustiadas y ego&iacute;stas. Pero, &iquest;qu&eacute; nos est&aacute; pasando? Nuestra escala de valores est&aacute; cambiando, el "s&aacute;lvese quien pueda" se est&aacute; institucionalizando. Es preocupante porque el desprecio por la suerte del otro es el primer s&iacute;ntoma de ese lado nuestro tan primitivo que despierta el miedo m&aacute;s atroz. Y el miedo no trae nada bueno. No ayuda a salir del atolladero, al contrario, s&oacute;lo paraliza y deshumaniza. <br />
<br />
No hay que enga&ntilde;arse: el presente es dif&iacute;cil y el futuro, incierto. Pero no es la primera vez que la humanidad atraviesa un oscuro t&uacute;nel y no cabe duda de que saldremos adelante. Sin embargo, &iquest;qu&eacute; actitud vamos a adoptar frente a las adversidades? &iquest;Vamos a mantener nuestra dignidad o vamos a perderla? Tras sobrevivir a los campos de concentraci&oacute;n, el psiquiatra austriaco Viktor Frankl constat&oacute; en sus memorias (<em><a href="http://markeythink.files.wordpress.com/2011/04/el_hombre_en_busca_de_sentido_viktor_frankl.pdf" target="_hplink">El hombre en busca de sentido</a></em>) c&oacute;mo los prisioneros que perd&iacute;an la fe en el futuro estaban condenados a morir. El ser humano que no mira al futuro se aniquila f&iacute;sica y mentalmente. "&iexcl;Ay de los vencidos!", dijo una vez el caudillo galo Brenno. Y sin embargo, nadie puede derrotarnos sin nuestro consentimiento; nadie puede decidir por nosotros c&oacute;mo nos afrentamos a las dificultades, la humillaci&oacute;n, la injusticia, la pobreza, la derrota, la desesperanza, la enfermedad. Esa libertad de elecci&oacute;n &iacute;ntima, espiritual, constituye estos d&iacute;as nuestra &uacute;nica posesi&oacute;n segura y verdadera. Hagamos buen uso de ella pues. Podemos superar el miedo o sucumbir ante &eacute;l. De nuestra decisi&oacute;n depender&aacute; en &uacute;ltima instancia la fortaleza de nuestros hijos y nietos, de nuestra sociedad, y su capacidad para renacer del peor de los escenarios imaginables en libertad y confianza.]]></content>
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