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  <title>Santiago Velázquez</title>
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  <updated>2013-05-18T17:30:26-04:00</updated>
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    <name>Santiago Velázquez</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Santiago Velázquez</subtitle>
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    <title>La señorita Prim, en busca de la vida sencilla</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.3258313</id>
    <published>2013-05-18T04:20:47-04:00</published>
    <updated>2013-05-18T04:25:32-04:00</updated>
    <summary><![CDATA['El despertar de la señorita Prim', de Natalia Sanmartin Fenollera, es una historia luminosa, escrita con suma delicadeza, que cuenta la llegada de Prudencia Prim a un pequeño pueblo misterioso donde el tiempo se ha remansado, la ferocidad del mundo moderno ha quedado apartada.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
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    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[<blockquote><strong>Natalia Sanmartin Fenollera: "La tradici&oacute;n es muy importante en todos los &oacute;rdenes".</strong></blockquote><br />
<br />
Nos hemos citado en un hotel c&eacute;ntrico de Madrid un d&iacute;a primaveral de mayo para hablar de su novela, <em><strong>El despertar de la se&ntilde;orita Prim</strong></em>, un c&aacute;ntico a la vida sencilla y a la importancia de los valores cl&aacute;sicos de la belleza, la armon&iacute;a y el t&eacute;rmino medio. <br />
<br />
Natalia Sanmartin Fenollera llega puntual, vestida con unos jeans oscuros, una blusa gris y unas manoletinas planas en leopardo. Esta gallega nacida en La Estrada, Pontevedra, en 1970, luce una sonrisa sincera y amable que no pierde ni un instante durante toda la entrevista, y eso que tiene la agenda cargada de citas y encuentros con los medios de comunicaci&oacute;n. Confiesa con cierta iron&iacute;a que todo esto va en contra de su manera de entender la vida, pero no le queda m&aacute;s remedio que compaginar la intensa promoci&oacute;n del libro con su agotador trabajo como jefa de opini&oacute;n en <strong><a href="http://cincodias.com/" target="_hplink"><em>Cinco D&iacute;as</em></a></strong> donde ejerce como periodista desde hace m&aacute;s de una d&eacute;cada. <br />
<br />
Redactada a lo largo de dos a&ntilde;os, <em><strong>El despertar de la se&ntilde;orita Prim</strong></em> es su primera novela, una historia luminosa, escrita con suma delicadeza, que cuenta la llegada de Prudencia Prim a un peque&ntilde;o pueblo misterioso donde el tiempo se ha remansado, la ferocidad del mundo moderno ha quedado apartada y sus habitantes andan en busca de una vida sencilla y rural. <br />
<br />
En apenas un mes ha vendido ya los 10.000 ejemplares de la primera edici&oacute;n. Gracias al denodado esfuerzo de su agente, <strong>Palmira M&aacute;rquez</strong>, a quien conoci&oacute; a trav&eacute;s de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Blanca_Riestra" target="_hplink">la escritora <strong>Blanca Riestra</strong></a>, la novela la ha publicado Planeta en Espa&ntilde;a y en la pasada feria de Frankfurt sus derechos fueron vendidos para ser traducida a seis idiomas y distribuida en m&aacute;s de 70 pa&iacute;ses. <br />
<br />
<center><img alt="2013-05-12-NataliaSanmartindef02_AutorSantiagoVelzquez.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-05-12-NataliaSanmartindef02_AutorSantiagoVelzquez.jpg" width="570" /><br><small>La escritora y periodista Natalia Sanmartin en un hotel de Madrid. Foto: S.V.</small></center><br />
<br />
<br />
<strong>Es llamativo que una primera novela haya tenido tanto &eacute;xito previo a su lanzamiento, &iquest;era lo primero que escrib&iacute;as?</strong><br />
Tengo escritos cuentos y alg&uacute;n ensayo menor pero, en realidad, es mi primera novela. En la decisi&oacute;n de sentarme y escribir <a href="http://danielheredia.com/palmira-marquez-acepto-a-un-escritor-si-me-gusta-lo-que-escribe-creo-en-ello-y-veo-en-el-un-autor-de-futuro/" target="_hplink">tuvo mucho que ver mi agente, <strong>Palmira M&aacute;rquez</strong></a>, que es como una especie de hada madrina, m&aacute;gica, entusiasta, apasionada de la literatura y que entendi&oacute; muy bien el libro desde el principio, pese a que yo ten&iacute;a muchas dudas de que se comprendiese correctamente. Ha hecho un trabajo excelente con Planeta y con el resto de las editoriales internacionales. Recuerdo la angustia y la inquietud que sufr&iacute; cuando le envi&eacute; el libro. Fue una tarde eterna y al final me envi&oacute; un mensaje donde me dec&iacute;a: "Maravilloso". Y ah&iacute; arranca todo.<br />
<br />
<strong>&iquest;Crees que las expectativas que se han generado con esta primera novela te podr&iacute;an pesar para un pr&oacute;ximo libro?</strong><br />
Ahora mismo no pienso en una pr&oacute;xima novela. Hago las cosas cuando estoy preparada para hacerlas, ni antes ni despu&eacute;s. Y en este momento tengo muchos frentes abiertos que tengo que ir gestionando: mi trabajo en el peri&oacute;dico, la promoci&oacute;n de la novela, las traducciones que saldr&aacute;n el a&ntilde;o que viene... Escribir requiere reflexi&oacute;n, tiempo y silencio.<br />
<br />
<strong>En el libro se dice que los hombres escriben para ambos sexos, mientras que las mujeres dirigen sus libros a las mujeres. &iquest;A qui&eacute;n va dirigida esta novela?</strong><br />
A todo el mundo. Hoy existe una distinci&oacute;n muy marcada entre la literatura masculina y femenina. Las editoriales saben que la mayor&iacute;a de los hombres leen ciencia ficci&oacute;n e historia, y las mujeres novelas de ficci&oacute;n. Se da la paradoja de que en el siglo de la igualdad la literatura parece estar m&aacute;s polarizada que nunca.<br />
<br />
<strong>Lo cierto es que las mujeres leen m&aacute;s que los hombres, o eso dicen las estad&iacute;sticas.</strong><br />
Eso es cierto. Las mujeres leen m&aacute;s. De hecho es extraordinario ver la cantidad de blogs, p&aacute;ginas webs y publicaciones dedicadas a la literatura hechas por y para mujeres. Tambi&eacute;n es verdad que las mujeres y los hombres tenemos sensibilidades distintas y nos acercamos a la literatura de forma distinta, lo cual no significa que sean cosas excluyentes, ya que nuestra visi&oacute;n de la realidad es totalmente complementaria.<br />
<br />
<strong>&iquest;C&oacute;mo has conseguido compaginar la creaci&oacute;n de la novela con tu trabajo como periodista? </strong><br />
Escribiendo los fines de semana y en vacaciones, y no siempre. Ha habido meses en que no he tocado el libro, porque estaba en otras cosas o simplemente porque estaba agotada. Por eso me ha llevado dos a&ntilde;os. No s&eacute; cu&aacute;nto habr&iacute;a tardado si me hubiera dedicado de lleno a escribirla. <br />
<br />
<strong>&iquest;C&oacute;mo surge esta historia?</strong><br />
No soy de esos autores que planifican y estructuran las novelas. Simplemente ten&iacute;a la idea de lo que quer&iacute;a contar y la visi&oacute;n del mundo que quer&iacute;a construir. Para ello, cre&eacute; dos personajes: ella, la se&ntilde;orita Prim, que es el prototipo de la persona preparada, altamente cualificada, moderna, con las cosas claras, muy pasional y sentimental. Y &eacute;l, el hombre del sill&oacute;n, que representa el lado racional, el amor por la tradici&oacute;n y el pensamiento. Y en torno a ellos surgi&oacute; el pueblo, San Ireneo de Arnois, que es un trasunto de aquellos pueblecitos de la vieja tradici&oacute;n europea, y que he ubicado en el norte de Francia, que puede representar el centro de Europa. A partir de ah&iacute; todo el proceso tiene algo de m&aacute;gico, y es que todo eso que se dice de que los personajes cobran vida es verdad. Hay algo fascinante en esa idea, que sosten&iacute;a <strong>J.R.R. Tolkien</strong>, de que el autor se convierte en un peque&ntilde;o dios, un creador de su propio mundo, de unas normas y unas reglas que cuando las pones a funcionar van solas. Yo quer&iacute;a contar una historia que invitase a la reflexi&oacute;n, a recuperar tesoros del pasado, a buscar ciertas respuestas en la tradici&oacute;n. La tradici&oacute;n, para m&iacute;, es muy importante en todos los &oacute;rdenes, y en el caso de la literatura es fundamental.<br />
<br />
<strong>&iquest;Cu&aacute;nto hay de Natalia Sanmartin en la se&ntilde;orita Prim?</strong><br />
Hay bastante m&aacute;s de m&iacute; en el hombre del sill&oacute;n que en Prudencia Prim, aunque en la se&ntilde;orita Prim hay esa sensibilidad hacia la belleza y la delicadeza, ese gusto por las cosas sencillas, que son muy m&iacute;as.<br />
<br />
<strong>&iquest;Qu&eacute; autores te han marcado o influido como lectora?</strong><br />
Hay muchas influencias literarias y de pensamiento en el libro. Me gusta mucho, por ejemplo, la literatura inglesa del siglo XIX, <strong>Jane Austen</strong>, sobre todo,<strong> Elizabeth Gaskell</strong>, <strong>Wilkie Collins</strong>, <strong>Charlotte Br&ouml;nte</strong>... Tambi&eacute;n hay gui&ntilde;os a <strong>Elizabeth Von Arnim</strong> y a <strong>Salinger</strong>. Del pensamiento, destacar&iacute;a a <strong>John Henry Newman</strong>, <strong>C. S. Lewis</strong>, <strong>Ronald Knox</strong>, <strong>Chesterton</strong> y, desde luego, toda la patr&iacute;stica, esos textos de los primeros siglos de los Padres cristianos, que son maravillosos. <br />
<br />
<strong>&iquest;Se te ha pasado por la cabeza dejar el trabajo y dedicarte de lleno a escribir?</strong><br />
Esas cosas siempre se te ocurren, pero por el momento voy poco a poco. Me gusta mucho mi trabajo en <em>Cinco D&iacute;as</em> y es muy absorbente. Lo que quiz&aacute; me gustar&iacute;a es tener m&aacute;s tiempo, eso s&iacute;.<br />
<br />
<strong>T&uacute; que trabajas en un peri&oacute;dico econ&oacute;mico, dime, &iquest;cu&aacute;ndo crees que saldremos de la crisis?</strong><br />
Esa es una pregunta muy dif&iacute;cil. Estamos viviendo una etapa muy dura. Hay algunas se&ntilde;ales de luz que empiezan a verse a nivel macroecon&oacute;mico, pero tardar&aacute;n en tener sus efectos en el empleo. Soy realista, creo que todav&iacute;a nos queda mucho, aunque estamos en el camino.<br />
<br />
<br />
<a href="http://images.huffingtonpost.com/2013-05-14-eldespertardelasenoritaprimebook9788408113430.jpg"><img alt="2013-05-14-eldespertardelasenoritaprimebook9788408113430.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-05-14-eldespertardelasenoritaprimebook9788408113430-thumb.jpg" width="570" height="866" /></a>]]></content>
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    <title>Herman Melville, marinero en tierra</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/herman-melville-marinero-_b_2551905.html"/>
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    <published>2013-01-30T04:11:42-05:00</published>
    <updated>2013-03-31T05:12:01-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Publicó Moby Dick con 32 años y el fracaso fue tan rotundo, las críticas tan malas, que su carrera literaria, potencialmente tan grande como la novela que acababa de dar a la imprenta, quedó truncada. Nunca se agotaron los 3.000 ejemplares que se publicaron de la primera edición y muchos de ellos se perdieron en un incendio del almacén de su editor en 1853.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[El d&iacute;a despu&eacute;s de su muerte, el <em>New York Times </em>public&oacute; este breve obituario: "Herman Melville muri&oacute; ayer en su residencia del Este de Nueva York, en el 104 de la calle 27, de un fallo card&iacute;aco, a la edad de 72 a&ntilde;os. Fue el autor de <strong><em>Taip&iacute;</em></strong>, <strong><em>Om&uacute;</em></strong> y <strong><em>Moby Dick</em></strong>, y otras historias de marineros, escritas en sus primeros a&ntilde;os. Deja mujer y dos hijas". Era el 29 de septiembre de 1891 y, pese a los denodados esfuerzos de Melville por ser considerado uno de los mejores novelistas de su tiempo, muri&oacute; pr&aacute;cticamente en el desconsuelo del anonimato. <br />
<br />
Public&oacute; <strong><em>Moby Dick</em></strong> con 32 a&ntilde;os y el fracaso fue tan rotundo, las cr&iacute;ticas tan malas, que su carrera literaria, potencialmente tan grande como la novela que acababa de dar a la imprenta, qued&oacute; truncada. Nunca se agotaron los 3.000 ejemplares que se publicaron de la primera edici&oacute;n y muchos de ellos se perdieron en un incendio del almac&eacute;n de su editor en 1853. Para el a&ntilde;o 1886, <strong><em>Moby Dick</em></strong>, la novela m&aacute;s ambiciosa jam&aacute;s concebida por un escritor norteamericano hasta el momento, estaba descatalogada. <br />
<br />
<center><img alt="2013-01-25-MobyDick_elbibliofiloenmascarado.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-25-MobyDick_elbibliofiloenmascarado.jpg" width="500" height="300" /><br><small>Ilustraci&oacute;n de Moby Dick. Fuente: <a href="http://www.bibliofiloenmascarado.com/" target="_hplink">El bibli&oacute;filo enmascarado</a>.</small></center><br />
<br />
<br />
Antes de esto, Melville tuvo una vida de muchas vicisitudes. A la muerte del padre, un iluso con escaso talento que andaba siempre buscando un golpe de fortuna y que acab&oacute; arruinado y en bancarrota, la familia debi&oacute; abandonar Nueva York y trasladarse a Albany, lo que oblig&oacute; a los hijos a dejar de estudiar. Herman, el tercero de ocho hermanos, tuvo que dedicarse a distintos oficios. Trabaj&oacute; en un banco y despu&eacute;s como maestro rural. A los 19 a&ntilde;os, sin saber qu&eacute; hacer con su vida, un poco al estilo de su <strong>Ismael</strong>, el narrador de <strong><em>Moby Dick</em></strong>, decidi&oacute; echarse el macuto a la espalda y hacerse a la mar. Estuvo como mozo de camarote en un barco mercante que cubr&iacute;a la ruta Nueva York y Liverpool, y luego como ballenero, viajando por los Mares del Sur y las islas de la Polinesia. Durante los cuatro a&ntilde;os que estuvo en el mar, adquiri&oacute; todas las experiencias que le servir&iacute;an para componer sus novelas: <strong><em>Taip&iacute;</em></strong>, <strong><em>Om&uacute;</em></strong>, <strong><em>Mardi</em></strong>, <strong><em>Redburn</em> </strong>o <strong><em>Chaqueta Blanca</em></strong>, con las que logr&oacute; adquirir cierta fama, debido al exotismo y la fantas&iacute;a de sus historias.<br />
<br />
Melville era hiperb&oacute;lico y evasivo, animad&iacute;simo conversador y gran amante del whisky y el caf&eacute;, que le gustaba torrefacto, bien molido y servido justo antes de hervir. Era tan prol&iacute;fico y r&aacute;pido escribiendo que comet&iacute;a numerosas faltas de ortograf&iacute;a. Apenas correg&iacute;a y mientras escrib&iacute;a <a href="http://www.mobydick.org/" target="_hplink">le gustaba encerrarse en el segundo piso de su casa de los Berkshires</a>, adonde se retir&oacute; con su mujer e hijos despu&eacute;s de estar viviendo en Nueva York durante tres a&ntilde;os, para estar lo m&aacute;s cerca posible de su admirado <strong>Nathaniel Hawthorne</strong>. Cuando a&uacute;n viv&iacute;a en la gran metr&oacute;poli, ante el asombro de su suegro al escribir dos novelas en 6 meses, le envi&oacute; una carta en la que reconoc&iacute;a que eran libros que hac&iacute;a "por dinero, oblig&aacute;ndome a hacerlos como otros hombres son obligados a serrar madera". Ten&iacute;a muy claro que su vocaci&oacute;n era ser escritor, y para ganarse la vida con ello era consciente de que hab&iacute;a que profesionalizarse, es decir, tom&aacute;rselo en serio y ponerse plazos. Al leer una cr&iacute;tica sobre su novela <strong><em>Redburn</em></strong>, dej&oacute; escrito: "Yo, el autor, s&eacute; que es basura, y lo escrib&iacute; para poderme comprar algo de tabaco".<br />
<br />
<center><img alt="2013-01-25-HermanMelvillehacia1861.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-25-HermanMelvillehacia1861.jpg" width="400" height="544" /><br><small>Herman Melville hacia 1861. Fuente: <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Herman_Melville" target="_hplink">Wikipedia</a>.</small></center><br />
<br />
<br />
De Melville nos han quedado algunos retratos en los que vemos a un hombre de luengas, lev&iacute;ticas barbas, ojos claros y mirada ausente, siempre bien apuesto y elegante, con trajes gruesos, camisas blancas y pajaritas de la &eacute;poca. Esta elegancia, sin embargo, contrasta con la opini&oacute;n que ten&iacute;an de Melville sus propios familiares y amigos, quienes le tildaban de desali&ntilde;ado con "cierta heterodoxia en los asuntos de la lencer&iacute;a", como dijo <strong>Hawthorne</strong> con cierta malicia, haciendo referencia a su poca propensi&oacute;n a mudarse la ropa interior. <br />
<br />
Empez&oacute; a escribir a los 26 a&ntilde;os y s&oacute;lo dedic&oacute; doce, de los 72 a&ntilde;os de su vida, a la escritura. A los 38, desenga&ntilde;ado y frustrado por la incomprensi&oacute;n que generaban sus obras, se dedic&oacute; a esbozar algunos versos que iba componiendo a escondidas, acto del que no quer&iacute;a que nadie se enterase, tal como solicitaba con apremio su mujer a su madrastra en una carta: "Te pido que no se lo cuentes a nadie". <br />
<br />
Los largos meses que pas&oacute; con marineros a bordo de los balleneros, hicieron de &eacute;l un hombre con inclinaciones a la "adhesividad" (t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por <strong>Walt Whitman </strong>para hablar de la homosexualidad), lo que seg&uacute;n algunos de sus ex&eacute;getas fue la causa de que tuviera serios encontronazos con su esposa <strong>Lizzie</strong>, con quien hab&iacute;a tenido cuatro hijos. Por cierto, los dos primeros, <strong>Malcolm</strong> y <strong>Stanwix</strong>, murieron en circunstancias extra&ntilde;as: se dice que el primero se peg&oacute; un tiro en la cabeza a la edad de 18 a&ntilde;os, aunque los m&eacute;dicos forenses cambiaron la versi&oacute;n, por una cuesti&oacute;n social, afirmando que Malcolm hab&iacute;a muerto por accidente. El segundo, <strong>Stanwix</strong>, muri&oacute; solo en un hotel de California a los 35 a&ntilde;os, despu&eacute;s de una vida repleta de fracasos.<br />
<br />
Es extraordinario pensar que Melville coincidiera con <strong>Poe</strong> o <strong>Whitman </strong>en la Nueva York ca&oacute;tica de aquella &eacute;poca y que compartieran p&aacute;ginas de algunos semanarios, aunque nunca llegaron a conocerse. En un viaje de cuatro meses en el oto&ntilde;o de 1849, Melville debi&oacute; de coincidir en las calles de Londres con <strong>Dickens</strong>, a quien admiraba profundamente, pero la mala fortuna impidi&oacute; que llegaran a encontrarse. A su idolatrado <strong>Nathaniel Hawthorne</strong>, el autor de <em><strong>La letra escarlata</strong></em>, lo conoci&oacute; en una excursi&oacute;n al Monument Mountain, donde les sorprendi&oacute; una tormenta que les oblig&oacute; a buscar cobijo entre las rocas. All&iacute; estuvieron hablando m&aacute;s de dos horas, y all&iacute; se produjo el descubrimiento rec&iacute;proco de los dos autores. Hasta tal punto fue as&iacute; que Melville le dedic&oacute; <strong><em>Moby Dick</em> </strong>"como prueba de mi admiraci&oacute;n por su genio".<br />
<br />
Algunos de sus libros posteriores, obras absolutas de la creaci&oacute;n literaria de todos los tiempos, como <strong><em>Bartleby, el escribiente</em></strong>, <strong><em>Benito Cereno </em></strong>o la p&oacute;stuma <strong><em>Billy Budd</em></strong>, pasaron desapercibidas. Esta &uacute;ltima no se descubri&oacute; hasta 1924, despu&eacute;s de pasar m&aacute;s de 30 a&ntilde;os guardada en una coqueta panera de hojalata, donde su mujer,<strong> Lizzie</strong>, hab&iacute;a colocado los manuscritos in&eacute;ditos.<br />
<br />
A Melville se le considera el precursor de la novela moderna, por sus indagaciones en el mon&oacute;logo interior, por su ruptura con los esquemas de las novelas cl&aacute;sicas, por la elaboraci&oacute;n de laber&iacute;nticas ficciones, pero tambi&eacute;n por saber anticipar el absurdo y el sinsentido del mundo y las ciudades modernas, donde el hombre pierde sus atributos y se convierte en un pelele del sistema social, lo que le convierte en el antecesor directo de <strong>Kafka</strong>. Tambi&eacute;n es el creador de un personaje que ha pasado al imaginario colectivo, el <strong>capit&aacute;n Ahab</strong>, mito literario que est&aacute; a la altura de <strong>Don Quijote</strong>, <strong>Hamlet</strong>, <strong>Sherlock Holmes</strong> o <strong>Rask&oacute;lnikov</strong>, por poner algunos ejemplos.<br />
<br />
<center><img alt="2013-01-25-GregoryPeckenMobyDickdeJ.Houston.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-25-GregoryPeckenMobyDickdeJ.Houston.jpg" width="292" height="347" /><br><small>Gregory Peck en el papel del capit&aacute;n Ahab, en la versi&oacute;n de John Huston. Fotograma de la pel&iacute;cula, v&iacute;a <a href="http://www.cinissimo.com/nueva-version-de-moby-dick-%C2%BFpor-que-%C2%BFpara-que/ " target="_hplink">Cinissimo</a>.</small></center><br />
<br />
<br />
A comienzos de 1863, Melville y su esposa dan por concluida su vida en el campo y regresan a Nueva York. Esta decisi&oacute;n se debi&oacute; al ahogo financiero de la familia y a la imposibilidad de Melville de devolver un cr&eacute;dito que hab&iacute;a pedido a&ntilde;os atr&aacute;s para comprar su casa. Como sus libros no le daban ning&uacute;n tipo de beneficio y su sensaci&oacute;n de fracaso iba en aumento, Melville decidi&oacute; buscar trabajo. Tard&oacute; tres a&ntilde;os en encontrar un puesto en el Servicio de Aduanas en los muelles del r&iacute;o Hudson, donde cobraba cuatro d&oacute;lares al d&iacute;a, seis d&iacute;as a la semana. All&iacute;, en una caseta con poco margen para la comodidad, se dedicaba a verificar mercanc&iacute;as y a cobrar tributos. De vuelta en su casa, le sacaba horas a la noche para componer poemas. Estuvo as&iacute; 20 a&ntilde;os hasta que, debido a los dolores cr&oacute;nicos que le acosaban, dej&oacute; de trabajar. Ya en los &uacute;ltimos meses de su vida comenz&oacute; a escribir una de las novelas cortas m&aacute;s bellas de la historia de la literatura, <strong><em>Billy Budd</em></strong>, pero no le dio tiempo a verla impresa. La muerte se lo llev&oacute; por delante el 28 de septiembre de 1891, en la casa prestada de su hermano en Nueva York. Muri&oacute; de un paro card&iacute;aco, en la m&aacute;s estricta soledad y en el m&aacute;s ignominioso de los anonimatos.]]></content>
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    <title>Antonio Muñoz Molina, en voz baja</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2013:/theblog//3.2395389</id>
    <published>2013-01-06T04:22:58-05:00</published>
    <updated>2013-03-07T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA["Hay una gran parte del trabajo literario que no es deliberado. Cuanto más trabajas en esto, más cuenta te das de lo poco que sirve la experiencia. Si no tienes una iluminación, una ocurrencia, una música que te lleve, no tienes nada. Y eso puede venir o no venir".]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[<blockquote><strong><em>"No ganar el Cervantes fue un alivio".</em></strong></blockquote><br />
<br />
Mientras espero junto a la puerta de su casa observo la bicicleta con la que <strong>Antonio Mu&ntilde;oz Molina </strong>(&Uacute;beda, 1956) va de un sitio a otro por Madrid. Faltan apenas tres d&iacute;as para que acabe el a&ntilde;o 2012 y hace un fr&iacute;o helador en la ciudad. Ya dentro, mientras aguardo a que venga el escritor, ojeo lo que hay en el sal&oacute;n confortablemente amueblado: un cuadro con un waterpolista de <strong>Miguel Macaya</strong>, uno de los pintores de los que habla en su &uacute;ltimo libro, <strong><em>El atrevimiento de mirar</em></strong> (Galaxia Gutenberg), una figura de un llamativo <strong>Mickey Mouse</strong>, unos cuantos libros en una estanter&iacute;a cercana donde reposa una m&aacute;quina de escribir <strong>Underwood</strong> que fue propiedad de <strong>Arturo Barea</strong>, y una mesa de centro donde hay libros de arte, una edici&oacute;n en ingl&eacute;s del <em>Ulises</em> de <strong>James Joyce</strong>, una edici&oacute;n de bolsillo de <em>Madame Bovary </em>y un n&uacute;mero reciente de <em>The Economist</em>. <br />
<br />
Al cabo de un minuto aparece. Lleva pantal&oacute;n gris, camisa azul y una chaqueta de punto marr&oacute;n, con unos pu&ntilde;os largos que avanzan m&aacute;s all&aacute; de las mu&ntilde;ecas y que hacen resaltar las manos delicadas, de finos dedos largos como de pianista. Tiene una mirada afable, bonachona, enmarcada por unas cejas densas y una barba entrecana reci&eacute;n repasada. Habla en voz baja, con mucho sentido com&uacute;n y sin ning&uacute;n tipo de prisas, un remoto acento andaluz modula sus palabras. A medida que va pasando el tiempo, el sal&oacute;n se llena de una calidez invernal propia de la luz de ese sol de Madrid de diciembre que se cuela crudamente por las ventanas. Empezamos.<br />
<br />
<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-03-20130102MuozMolinaporSantiagoVelzquezdef1.jpg"><img alt="2013-01-03-20130102MuozMolinaporSantiagoVelzquezdef1.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-03-20130102MuozMolinaporSantiagoVelzquezdef1-thumb.jpg" width="570" height="314" /></a><br />
<br><small>El escritor en el sal&oacute;n de su casa. Foto: S.V.</small></center><br />
<br />
<br />
<strong>En la introducci&oacute;n del libro dices que has aprendido a escribir sobre arte gracias a Proust, Baudelaire y Robert Hughes. De este &uacute;ltimo en concreto has dicho que tiene la rara virtud de escribir sobre arte y que adem&aacute;s se le entienda todo. &iquest;Por qu&eacute; es tan dif&iacute;cil encontrar autores que reflexionen sobre arte con tanta claridad?</strong><br />
Sobre el arte hay muchos malentendidos que todo el mundo acepta, y en la mayor parte de los casos los responsables son las personas que forman parte del mundo del arte. Muchas veces se quejan de que lo que ellos hacen no interesa mucho, pero por otra parte se enfadan si mucha gente se interesa por ellos. Es una cosa muy parad&oacute;jica. El arte tiende a quedarse en c&iacute;rculos cerrados, y eso hace que las galer&iacute;as no sean sitios muy simp&aacute;ticos en los que entrar. Y muchas veces lo que ocurre es que el lenguaje que utilizan los cr&iacute;ticos de arte es muy cr&iacute;ptico, y no veo por qu&eacute; tienen que hacerlo as&iacute;.<br />
<br />
<strong>Bueno, en tu libro hay un ensayo, <em>La vocaci&oacute;n de Juan Genov&eacute;s</em>, que parece m&aacute;s un relato.</strong><br />
S&iacute;, ese y el de <strong>Miguel Macaya </strong>son distintos, porque proceden de encuentros con los artistas y eso implica otro tipo de cercan&iacute;a y de escritura. No hay nada en el mundo del arte que no pueda ser explicado con claridad y compartido por mucha gente. Estoy convencido de que el arte, al ser el resultado de una pulsi&oacute;n humana muy fuerte, al igual que la literatura, puede ser comprendido y explicado y puede ser contagiado. Para ello hay que usar la escritura como una lupa.<br />
<br />
<strong>En un mundo como el actual, donde las im&aacute;genes predominan sobre la palabra, en esta cultura del espect&aacute;culo como la ha definido Vargas Llosa, &iquest;qu&eacute; papel puede desempe&ntilde;ar la pintura, que es un arte que parece estar abocado a un elitismo de galer&iacute;a y gente entendida?</strong><br />
Lo que no comprendo es que <a href="http://elpais.com/diario/2011/01/22/babelia/1295658733_850215.html" target="_hplink"><strong>Vargas Llosa </strong>est&eacute; denunciando la trivializaci&oacute;n de la cultura </a>y al mismo tiempo sea un apasionado de los toros, &iquest;no? Esos discursos apocal&iacute;pticos no me los creo. No creo que ahora estemos peor que hace un siglo. En Espa&ntilde;a hace cien a&ntilde;os hab&iacute;a cerca de un 60% de analfabetismo, &iquest;hab&iacute;a m&aacute;s inter&eacute;s entonces que ahora por la cultura? No me lo creo. Respecto al papel que la pintura puede desempe&ntilde;ar, yo creo que tiene un lugar cada vez m&aacute;s relevante. En un mundo en el que es tan f&aacute;cil estar en contacto con cualquier reproducci&oacute;n, el encuentro con la obra de arte, en vivo, es m&aacute;s chocante, es algo &uacute;nico. Ver una obra en vivo exige una cosa muy importante: la atenci&oacute;n contenida y enfocada. <br />
<br />
<strong>De todos los artistas de los que hablas en el libro, &iquest;con cu&aacute;l de ellos te quedar&iacute;as?</strong><br />
El libro es fruto de varios encargos en el tiempo y ah&iacute; no est&aacute;n todos lo que m&aacute;s me gustan. No est&aacute;, por ejemplo, <strong>Mark Rothko</strong>, que a m&iacute; me gusta much&iacute;simo. Pero yo creo que podr&iacute;a ser <strong>Goya</strong>, ya que resume muchas cosas. En el curso del arte moderno, Goya es probablemente un eje fundamental. Tiene una cosa que es universal: su manera de mirar, su atrevimiento, su innovaci&oacute;n, y no hay forma de escapar de esa mirada. Adem&aacute;s, Goya representa la figura del ilustrado espa&ntilde;ol que es deportado por la barbarie, que acaba en el exilio y que se encuentra perdido entre dos mundos. Y tiene esa cosa extraordinaria del viejo f&eacute;rtil, del viejo temerario, que es lo que tiene el &uacute;ltimo <strong>Tiziano</strong> o el &uacute;ltimo <strong>Monet</strong> o el &uacute;ltimo <strong>Beethoven</strong>. Esa libertad absoluta de creaci&oacute;n de la ancianidad. <br />
<br />
<strong>T&uacute; conociste a Philip Roth y le hiciste una entrevista para <em>El Pa&iacute;s Semanal</em>, &iquest;qu&eacute; te llam&oacute; la atenci&oacute;n de &eacute;l?</strong><br />
Yo estaba demasiado nervioso en esa entrevista. Publiqu&eacute; un librito en Seix Barral, en una edici&oacute;n que se llama <em>&Uacute;nicos</em>, un texto que part&iacute;a de unos diarios que me pidieron en la revista E&ntilde;e, y ah&iacute; cuento la parte que no contaba en la entrevista que publiqu&eacute;. Fue un encuentro en Nueva York, donde yo no estaba muy suelto, se me atascaba el ingl&eacute;s, &eacute;l es un hombre imponente y muy serio, y estaba distante aunque fue amable, pero es que adem&aacute;s se junt&oacute; con que a m&iacute; la novela que hab&iacute;a originado la entrevista, <em>La conjura contra Am&eacute;rica</em>, no me gust&oacute;. Creo que fue una oportunidad perdida para tener una verdadera conversaci&oacute;n con &eacute;l, y hablar de literatura y de autores, pero en fin...<br />
<br />
<strong>&iquest;Qu&eacute; opinas de su anuncio de que no va a escribir m&aacute;s novelas?</strong><br />
Uno no sabe nunca si va a escribir m&aacute;s novelas. Si escribes honradamente, no tienes garantizada la pr&oacute;xima novela, porque no sabes si se te va a ocurrir una historia. Hay casos, como te dec&iacute;a antes, en que en la vejez tienes un momento de producci&oacute;n exaltada. Piensa en <strong>Monet </strong>que, ya anciano, en los a&ntilde;os 20 cuando su pintura no interesaba, segu&iacute;a pintando a pesar de tener los ojos con cataratas. Y luego hay casos contrarios. Por ejemplo, <strong>Faulkner</strong> se encall&oacute; con <em>Una f&aacute;bula</em>, una novela pomposa y desastrosa. Le pas&oacute; a <strong>Falla </strong>con la <em>Atl&aacute;ntida</em>. Mi pregunta es: <strong>Philip Roth</strong> decide que no va a escribir nunca m&aacute;s, pero qu&eacute; pasar&iacute;a si a Philip Roth le surge una historia extraordinaria, &iquest;no la va a escribir? Yo creo que s&iacute;. <a href="http://www.abc.es/20121109/cultura-libros/abci-philip-roth-retira-201211092227.html" target="_hplink">Decir lo contrario es un acto de soberbia extraordinaria</a>. <br />
<br />
<strong>&iquest;Piensas que a ti te podr&iacute;a pasar eso, quedarte sin ideas, sentir que est&aacute;s agotado?</strong><br />
No lo s&eacute;. Lo que s&iacute; s&eacute; es que durante largos periodos no tengo necesidad de escribir ficci&oacute;n. Necesitas un reposo. Hay una gran parte del trabajo literario que no es deliberado. Cuanto m&aacute;s trabajas en esto, m&aacute;s cuenta te das de lo poco que sirve la experiencia. Si no tienes una iluminaci&oacute;n, una ocurrencia, una m&uacute;sica que te lleve, no tienes nada. Y eso puede venir o no venir. Es algo que no lo sabe nadie, ni siquiera Philip Roth.<br />
<br />
<strong>En tu caso, &iquest;tardas mucho en concebir una novela?</strong><br />
S&iacute;. Generalmente, las novelas tardan mucho en fraguarse, y muchas veces hay un primer impulso pero luego hay otros muchos materiales que llevan tiempo en la cabeza. Lo decisivo es la parte anterior a la escritura. La escritura es el desenlace. <br />
<br />
<strong>&iquest;Eso significa que antes de ponerte a escribir ya tienes todo en la cabeza?</strong><br />
No, para nada. Lo que tengo es un punto de partida poderoso, una serie de fulgores distintos. Y dejo margen siempre a la improvisaci&oacute;n. Escribir te sirve para averiguar m&aacute;s que para transmitir lo que ya sabes.<br />
<br />
<strong>A veces has comentado que eres capaz de escribir en cualquier sitio: una cafeter&iacute;a, un parque, un hotel... &iquest;Tambi&eacute;n con las novelas puedes escribir en cualquier lugar o necesitas un espacio concreto?</strong><br />
S&iacute;, lo que puedo escribir en la cafeter&iacute;a es el arrebato, el momento en que se me ocurre algo con lo que no contaba y entonces tengo que escribirlo. Es el material de base para luego reelaborarlo. En realidad, es una mezcla de todo. Trabajo con cuaderno y con port&aacute;til. Las peque&ntilde;as ocurrencias nunca sabes cu&aacute;ndo te van a venir. Hay otra parte que requiere una rutina, un reposo. Yo recuerdo que <a href="http://www.letraslibres.com/revista/libros/la-noche-de-los-tiempos-de-antonio-munoz-molina" target="_hplink">muchas ocurrencias fundamentales para <em>La noche de los tiempos </em>las tuve cuando no estaba escribiendo</a>. Por ejemplo, yendo por un mercadillo en Nueva York me encontr&eacute; con una m&aacute;quina de escribir Smith Corona, y entonces pens&eacute; que esa m&aacute;quina la ten&iacute;a que tener ella, porque ella tiene una ambici&oacute;n literaria. Eso me permite intuir e imaginar con mucha m&aacute;s fuerza. Lo mismo me ocurri&oacute; con unas maletas de los a&ntilde;os 30 en un mercadillo de Portobello Road, en Londres, adonde me llev&oacute; mi hija. Y recuerdo que estaba escribiendo esta novela y era verano en Madrid, y me dijo Elvira (<strong><a href="http://www.elviralindo.com/" target="_hplink">Elvira Lindo</a></strong>, su mujer): "V&aacute;monos a la playa. Aqu&iacute; hace mucho calor". A m&iacute; me gusta estar en Madrid en agosto, la ciudad est&aacute; muy tranquila, y adem&aacute;s yo estaba en un momento de la novela en que la historia avanzaba r&aacute;pidamente. Y nos fuimos a Conil, y all&iacute; pens&eacute;: "&iquest;Y si a esta pareja le doy una semana en la playa? Esta pareja que est&aacute; encontr&aacute;ndose clandestinamente en habitaciones de hoteles...", y as&iacute; se me ocurri&oacute; darles un asueto verdadero para su relaci&oacute;n, aunque pens&eacute; mezquinamente: "Esto me va a suponer trabajar m&aacute;s" (se r&iacute;e).<br />
<br />
<strong>&iquest;Qu&eacute; queda de aquel Mu&ntilde;oz Molina que empez&oacute; a escribir en los 80?</strong><br />
Creo que queda el amor apasionado por la literatura, por el oficio, por el trabajo, por la lectura y por estar observando las cosas y querer contarlas. La &uacute;nica diferencia es que cuando publiqu&eacute; mi primera novela, <em>Beatus Ille</em>, pensaba que aquello resultaba tan laborioso y tan dif&iacute;cil porque precisamente era la primera novela, y resulta que no. Yo pensaba entonces que aquello era muy complejo porque estaba haciendo dos cosas al mismo tiempo: escribir la primera novela y aprender a escribir novelas. Despu&eacute;s me di cuenta de que no se aprende a escribir novelas, se aprende a escribir una novela mientras la est&aacute;s escribiendo y cuando la acabas ya no sirve de nada, tienes que volver a empezar de cero en la pr&oacute;xima. <strong>Philip Roth </strong>dec&iacute;a una cosa muy certera: "Cada vez que empiezo una novela me veo enfrentado con el amateur que hay en m&iacute;".<br />
<br />
<strong><em>El jinete polaco </em>lo publicaste con 35 a&ntilde;os, &iquest;c&oacute;mo fue aquel periodo de escritura?</strong><br />
Fue una &eacute;poca dura. La gestaci&oacute;n del libro fue muy complicada porque era el resultado de varios fracasos sucesivos. Empec&eacute; a escribir una novela y no me sal&iacute;a, empec&eacute; otra y tampoco y luego otra, y tampoco. Y de pronto surgi&oacute; algo que es lo que justifica la vida como escritor. Un d&iacute;a, en mi casa de Granada, vi con un destello de lucidez que esas tres novelas hab&iacute;an fracasado porque eran la misma novela. Tuve que reelaborar y reajustar todo: la historia del militar, la historia de la familia en la posguerra y la historia del fugitivo por Europa y Estados Unidos. Y con todo aquello empezaron a saltar chispas.<br />
<br />
<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-03-20130102muozmolinaengranada1987def2.jpg"><img alt="2013-01-03-20130102muozmolinaengranada1987def2.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2013-01-03-20130102muozmolinaengranada1987def2-thumb.jpg" width="570" height="331" /></a><br />
<br><small>Mu&ntilde;oz Molina en 1987 cuando public&oacute; <em>El invierno en Lisboa</em>. Fuente: <a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/" target="_hplink">web del autor</a>.</small></center><br />
<br />
<br />
<strong>Cuando empezaste a publicar en 1984, con apenas 28 a&ntilde;os, &iquest;pensaste que podr&iacute;as ganarte la vida escribiendo?</strong> <br />
Nadie que ame de verdad la literatura puede hacer ning&uacute;n proyecto en este sentido. T&uacute; aspiras a terminar algo, tienes que superar el maleficio de lo inacabado, eso es lo primero. Despu&eacute;s aspiras a que lo lea alguien y despu&eacute;s a que se publique. &iquest;A qu&eacute; aspiraba yo? Yo quer&iacute;a publicar y ser le&iacute;do, pero si soy sincero, no aspiraba a dejar de trabajar en la oficina del Ayuntamiento en que estaba porque organizaba conciertos y actividades culturales que me gustaban, y realmente a lo que aspiraba era a tener una mejor posici&oacute;n y un mejor salario, supongo que eran unas expectativas l&oacute;gicas dada mi situaci&oacute;n. A m&iacute; tardaron mucho en pasarme las cosas, teniendo en cuenta mi afici&oacute;n y el tiempo que yo le dedicaba a escribir. Pero cuando empezaron a pasarme, todo ocurri&oacute; muy r&aacute;pido. En 1985 <strong>Gimferrer </strong>me dice que va a publicar mi primera novela y tres a&ntilde;os despu&eacute;s me dan el Premio Nacional de Literatura por <em>El invierno en Lisboa</em>, imag&iacute;nate. No me dio tiempo a amargarme, es todo tan azaroso...<br />
<br />
<strong>Cuando estabas escribiendo <em>Beatus Ille</em>, antes de esa llamada de Gimferrer, &iquest;ten&iacute;as expectativas de publicaci&oacute;n?</strong><br />
En esa &eacute;poca yo escrib&iacute;a a m&aacute;quina y cuando ahora veo todos esos folios me quedo asombrado al pensar de d&oacute;nde sacaba tanto tiempo para escribir todo aquello. Me quedo asombrado y no lo s&eacute;... Es como una necesidad, como una fatalidad. Otra cosa es que yo hubiese acabado la novela y no se hubiera publicado. &iquest;Habr&iacute;a escrito m&aacute;s novelas? &iquest;Habr&iacute;a tenido el coraje para seguir llenando los cajones con novelas in&eacute;ditas? Pues no lo s&eacute;, la verdad. No se trata s&oacute;lo de tener constancia, sino de que si no publicas dif&iacute;cilmente te libras de lo que has escrito, dif&iacute;cilmente das pasos adelante, est&eacute;ticamente hablando. En todo proyecto est&eacute;tico hay un empe&ntilde;o de constancia y de tiempo.<br />
<br />
<strong>Tu nombre suena a menudo como posible Premio Nobel, &iquest;te ves ganando este premio en alg&uacute;n momento de tu vida?</strong><br />
Me interesa ser muy claro en este sentido: eso es una cosa muy corruptora. Los seres humanos tenemos la tendencia de colocar nuestras expectativas un poco por encima de aquello que tenemos, con objeto de jodernos la vida, &iquest;no? Lo he visto en otras personas y lo he visto en m&iacute; mismo, y me ha parecido muy triste. Lo he visto en gente, no s&oacute;lo en escritores, que tienen m&aacute;s de lo que jam&aacute;s habr&iacute;an llegado a so&ntilde;ar y a&uacute;n siguen teniendo un poso de amargura porque todav&iacute;a les falta algo que les impide saborear y disfrutar de lo ya logrado. El ejemplo m&aacute;s claro que tuvimos en Espa&ntilde;a fue el de <strong>Camilo Jos&eacute; Cela</strong>. Hab&iacute;a conseguido el Premio Nobel y estaba empe&ntilde;ado en ganar el Premio Cervantes, &iquest;para qu&eacute;? <br />
<br />
<strong>&iquest;Y te ves ganando el Cervantes?</strong><br />
<a href="http://antoniomu&ntilde;ozmolina.es/" target="_hplink">Yo escrib&iacute; en mi blog</a> que no ganar el Cervantes hab&iacute;a sido un alivio. Fue una cosa sincera, porque es una cosa muy solemne, que te quita mucho tiempo, que tienes que dar much&iacute;simas entrevistas y en verdad fue un alivio, y me alegr&eacute; mucho de que se lo dieran a <strong>Caballero Bonald </strong>y no a m&iacute;. Uno no puede estar pensando en eso.<br />
<br />
<strong>Yo creo que el Cervantes te llegar&aacute; m&aacute;s tarde o temprano...</strong><br />
Bueno, pues que llegue, pero lo que creo es que un escritor tiene que establecer (o al menos esa es mi idea) una relaci&oacute;n en voz baja con cada lector. No puedes ser un escritor de p&uacute;lpito, ic&oacute;nico. Yo tengo una idea m&aacute;s privada, m&aacute;s anglosajona, de lo que tiene que ser el escritor y la literatura. Lo que no quiero es tener 70 a&ntilde;os y estar entristecido cada mes de octubre. Me parece pat&eacute;tico, pero es que a la larga te acostumbran a eso, porque las personas somos as&iacute;.<br />
<br />
<strong>&iquest;Qu&eacute; piensas de aquella recomendaci&oacute;n que daba Hemingway a los escritores j&oacute;venes que dec&iacute;a: "Frecuenta a los autores consagrados"?</strong><br />
No creo en eso, yo recomendar&iacute;a mejor que leyeran a los autores consagrados. Pero s&iacute;, claro, tratar a escritores te puede servir. A m&iacute;, por ejemplo, tratar a escritores latinoamericanos del boom me ha servido para reforzar mi idea de que el escritor no puede ser una especie de proc&oacute;nsul de su pa&iacute;s. Hace unos a&ntilde;os fui a Cartagena de Indias y vi la apoteosis de <strong>Garc&iacute;a M&aacute;rquez </strong>y no me gust&oacute;: el presidente, los discursos, la patria, la rimbombancia, todo eso. Esa experiencia me dej&oacute; muy marcado y tuve claro que yo eso no lo quer&iacute;a para m&iacute;.<br />
<br />
<strong>&iquest;Alg&uacute;n d&iacute;a escribir&aacute;s tus memorias?</strong><br />
Yo he usado a menudo mi propia vida como material narrativo, y escribir unas memorias no lo descarto, pero en todo caso me gustar&iacute;a hacer un libro muy corto, aunque nunca se sabe.<br />
<br />
Ha pasado hora y media, y cuando nos vamos a despedir, ya en el peque&ntilde;o vest&iacute;bulo de la casa, donde hay una estanter&iacute;a con libros, Mu&ntilde;oz Molina me ense&ntilde;a los dos tomos de la biograf&iacute;a de <strong>Faulkner </strong>escrita por <strong>Joseph Blotner </strong>que eran propiedad de <strong>Onetti</strong>. Uno de ellos, se lo regal&oacute; el propio Onetti en una visita que le hizo en su piso de la avenida de Am&eacute;rica hace 22 a&ntilde;os, y el otro, tiempo despu&eacute;s de su muerte, la mujer de aquel, <strong>Dolly</strong>. Son dos libros gruesos, grandes, de tapas duras, y Mu&ntilde;oz Molina pasa sus dedos por las hojas envejecidas de los tomos. "La pena que tengo es haber sido tan t&iacute;mido y no haber vuelto a su casa por miedo a importunarlo", me dice.]]></content>
</entry>

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    <title>Lorenzo Silva, una conversación</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/lorenzo-silva-una-convers_b_2250833.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2250833</id>
    <published>2012-12-15T04:12:43-05:00</published>
    <updated>2013-02-13T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA["La primera novela que escribí la quemé, pero me pareció un acto excesivo. La quemé en una barbacoa y me dio pena, porque ahora me gustaría leer aquello. Era un plagio y por eso la quemé. Lo único que merecía la pena de la novela era la parte plagiada, y aquello me supuso una frustración considerable".]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[<blockquote><strong><em>"En mi plan vital no estaba el ganarme la vida escribiendo".</em></strong></blockquote><br />
<br />
Han pasado casi dos meses desde que <strong>Lorenzo Silva </strong>(Madrid, 1966) ganara el <strong>Premio Planeta 2012 </strong>con <em>La marca del meridiano</em>, la nueva entrega de sus guardias civiles <strong>Bevilacqua</strong> y <strong>Chamorro</strong>. He quedado con &eacute;l en la sede de Planeta a la hora de la comida, en Madrid, en un mediod&iacute;a fr&iacute;o y despejado, para hablar de literatura, de sus libros y de la situaci&oacute;n actual del pa&iacute;s. Acaba de llegar de Barcelona en su coche propio, donde reside actualmente, y regresa al d&iacute;a siguiente. Mientras subimos en el ascensor le pregunto por la vor&aacute;gine de entrevistas y encuentros con periodistas y lectores. Me dice que est&aacute; feliz, que lo lleva bien pero que est&aacute; algo agotado. En cualquier caso, esto mejor que las 12 horas diarias que pasaba trabajando como abogado en una multinacional hace muchos a&ntilde;os, donde para escribir ten&iacute;a que robarle horas a la noche o a las vacaciones.<br />
<br />
<center><img alt="2012-12-06-LorenzoSilva_fotoSVJ1.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-12-06-LorenzoSilva_fotoSVJ1.jpg" width="570" height="369" /><br><small>Foto: S.V.</small></center><br />
<br />
<br />
<strong>&iquest;Con qu&eacute; novela se queda de la saga de Bevilacqua y Chamorro?</strong><br />
Yo siempre me quedo con la &uacute;ltima, lo que no quiere decir que no aprecie las anteriores. La serie va reuniendo historias diferentes, con tonos diferentes. En <em>La marca del meridiano </em>yo quer&iacute;a que el protagonista, Bevilacqua, dejase aflorar sus sentimientos, cosa por la que he recibido algunas cr&iacute;ticas, ya que se supone que los tipos duros no tienen sentimientos. Tambi&eacute;n es una novela en la que est&aacute; muy presente la realidad m&aacute;s inmediata de Espa&ntilde;a, y hay a quienes no les gusta porque piensan que eso hace ef&iacute;mera una historia.<br />
<br />
<strong>S&iacute;, de hecho hay alguna cr&iacute;tica que tacha la novela de historia ef&iacute;mera en la que has querido dar un repaso a todos los temas de actualidad: el paro, la crisis, el nacionalismo, la corrupci&oacute;n y hasta las l&iacute;neas a&eacute;reas de bajo coste...</strong><br />
S&iacute;, as&iacute; es. Ha sido la peor cr&iacute;tica que he encontrado y <a href="http://lorenzo-silva.blogspot.com.es/" target="_hplink">me ha parecido honesto incluirla en mi blog</a>. Pero no comparto esa visi&oacute;n. A m&iacute; me parece, por ejemplo, que el linchamiento de Gadafi, que ocurre el 20 de octubre de 2011, es un acto profundamente simb&oacute;lico que probablemente se proyectar&aacute; en el futuro. Ocurre lo mismo con <em>Breaking Bad</em>, una serie muy reciente que va por la quinta temporada, y que a m&iacute; me parece ya un cl&aacute;sico. El novelista debe apostar por episodios de la realidad inmediata que tengan la capacidad de trascender. Hay cosas sobre las que nunca escribir&iacute;a como un Madrid-Barca o una Bel&eacute;n Esteban. Siento que esas cosas no se van a convertir en cl&aacute;sicos.<br />
<br />
<strong>Una cosa que se preguntan muchos lectores de la saga: &iquest;qu&eacute; hay de Lorenzo Silva en el brigada Bevilacqua?</strong><br />
Realmente no tanto. Compartimos una generaci&oacute;n y una cierta extracci&oacute;n socio-econ&oacute;mica y dir&iacute;a que cierta sensibilidad, pero llegado un punto, no tengo muy claro qui&eacute;n le presta a qui&eacute;n. Yo, por ejemplo, tengo prestada una sensibilidad de Bevilacqua que no ten&iacute;a, por ejemplo, hacia las cuestiones de seguridad, desde c&oacute;mo est&aacute; configurado un aeropuerto hasta qu&eacute; se hace con la prisi&oacute;n preventiva en Espa&ntilde;a. Otra cosa que me ha trasladado es el inter&eacute;s hacia el servidor p&uacute;blico. Tampoco yo ve&iacute;a a la autoridad con empat&iacute;a, y ahora cuando veo una manifestaci&oacute;n en la que se l&iacute;an a palos, soy capaz de empatizar con los dos, con los manifestantes y con los polic&iacute;as. Me pongo debajo del casco y me pongo en el lugar del que est&aacute; recibiendo una orden. <br />
<br />
<strong>Yo te entrevist&eacute; all&aacute; por el a&ntilde;o 2000 y recuerdo que trabajabas a&uacute;n en una gran compa&ntilde;&iacute;a como abogado. En aquel momento no te ganabas la vida como escritor, &iquest;llegaste a pensar que alg&uacute;n d&iacute;a podr&iacute;as vivir de ello?</strong><br />
Yo siempre he tenido la determinaci&oacute;n de llegar a ser escritor, pero en aquella &eacute;poca, en la que acababa de ganar el <strong>Premio Nadal</strong>, no lo ten&iacute;a muy claro, la verdad. Lo que ocurre es que la determinaci&oacute;n es una parte muy importante, pero no siempre cierra el c&iacute;rculo. El c&iacute;rculo lo cierran siempre los dem&aacute;s. Yo no contaba con esto, como no cuento con nada. El lector no te debe nada, eres t&uacute; el que tienes que seducirlo. Lo que has hecho antes da igual. Te la juegas en cada novela, como dec&iacute;a <strong>Chandler</strong>. En estas cosas que no dependen de ti, soy muy estoico. Y, si te soy sincero, en mi plan vital no estaba el ganarme la vida escribiendo. Yo invert&iacute; mucho tiempo y muchos esfuerzos en una formaci&oacute;n que ahora mismo tengo en barbecho. <br />
<br />
<strong>Ya no ejerces como abogado, &iquest;no?</strong><br />
No, ya no ejerzo, aunque alguna vez me he puesto la toga para defenderme a m&iacute; mismo.<br />
<br />
<strong>T&uacute; publicaste tu primera novela, <em>Noviembre sin violetas</em>, en una editorial peque&ntilde;a y sufragaste parte de ella, &iquest;c&oacute;mo fue aquella experiencia?</strong><br />
Bueno, s&iacute;. Era una edici&oacute;n en la que el editor pagaba parte y t&uacute; pagabas otra parte contra anticipos, pero no qued&eacute; muy contento, y al final resolv&iacute; aquel contrato de mala manera. Hay editores que viven al d&iacute;a, y yo quise liberar ese libro que ten&iacute;a pillado por contrato, y al final lo liber&eacute; casi <em>manu militari</em>. Ves, ah&iacute; s&iacute; me sirvi&oacute; ser abogado (se r&iacute;e). Pero no soy rencoroso, para nada. Cuando est&aacute;s empezando en esto, te cuesta mucho encontrar a alguien que conf&iacute;e en ti. Cuando lo encuentras, aunque sea en condiciones muy modestas, tienes la sensaci&oacute;n de si el libro existe o no. Yo ten&iacute;a la duda de si ese libro exist&iacute;a realmente o no. Por una parte, era una novela que ya pod&iacute;a publicar, y nunca me he arrepentido de hacerlo. <br />
<br />
<strong>Pero hay una gran diferencia entre aquella primera novela y las que vinieron despu&eacute;s, &iquest;no? Me refiero al estilo, a la voz y al propio lenguaje, mucho m&aacute;s barroco, m&aacute;s adjetivado, m&aacute;s influido por autores como Onetti.</strong><br />
Claro, yo era muy joven cuando escrib&iacute; esa novela. En aquella &eacute;poca practicaba la sobrescritura. Hab&iacute;a influencias de <strong>Onetti</strong>, de <strong>Proust</strong>, de <strong>Chandler</strong>, lecturas m&aacute;s o menos digeridas, y por eso creo que el libro se pod&iacute;a publicar, pero no del todo procesadas.<br />
<br />
<strong>Un detalle que me gusta de tus libros es que los feches, y me asombra que haya novelas que has escrito en tres meses, en seis e incluso en uno...</strong><br />
S&iacute;, eso fue <em>El lejano pa&iacute;s de los estanques</em>, que la escrib&iacute; de emergencia, en unas vacaciones en un mes de agosto. Ten&iacute;a que aprovechar el tiempo al m&aacute;ximo, porque yo por entonces trabajaba doce horas diarias y no ten&iacute;a tiempo para escribir.<br />
<br />
<center><img alt="2012-12-06-LorenzoSilvaySantiagoVelzquez.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-12-06-LorenzoSilvaySantiagoVelzquez.jpg" width="570" height="320" /><br><small>Foto: S.V.</small></center><br />
<br />
<br />
<strong>&iquest;C&oacute;mo es tu proceso de escritura? &iquest;Lo tienes claro cuando te pones a escribir o empiezas y te vas dejando llevar por el azar y la improvisaci&oacute;n?</strong><br />
Es un proceso enga&ntilde;oso. Esas fechas que recojo al final de las novelas son las fechas de la escritura. Las otras, las de fermentaci&oacute;n de la historia, no sabr&iacute;a ponerlas. Una novela empieza siendo siempre un germen de una historia o el germen de un personaje. Yo llevo siempre en la cabeza 30 &oacute; 40 g&eacute;rmenes de esos, de historias que te has encontrado, de personajes que conoces, de an&eacute;cdotas, de detalles. Vienen por las v&iacute;as m&aacute;s insospechadas, y hay cosas que guardas durante meses o a&ntilde;os. Pero hay un momento en que un germen de esos madura y dice "soy una novela que debes escribir". Y a partir de ah&iacute; se activa otro proceso que en mi caso es que si yo quiero escribir una historia de ficci&oacute;n tengo que conocerla como si fuera de verdad. Y para conocerla como si fuera de verdad tengo que cont&aacute;rmela todas las veces que sea necesario hasta que la tenga clara en mi cabeza. Eso puede llevarme uno, dos o tres a&ntilde;os, depende de la historia.<br />
<br />
<strong>&iquest;Y vas tomando notas?</strong><br />
No, qu&eacute; va, no tomo notas jam&aacute;s. Lo que se te olvida no tiene importancia. Tienes que acabar recordando las cosas como si alguien te las hubiera contado o t&uacute; mismo las hubieras vivido, incluso con ese grado de incertidumbre que aportan los recuerdos. T&uacute; escribes lo que est&aacute; en tu mente. Cuando ya lo tengo claro, s&iacute; tomo notas, pero para estructurar lo que voy a contar, es el mapa de la novela, los cap&iacute;tulos que va a tener, los personajes, la extensi&oacute;n.<br />
<br />
<strong>&iquest;Y ah&iacute; hay margen para la improvisaci&oacute;n?</strong><br />
Siempre. Siempre hay un personaje que empieza a crecer m&aacute;s de lo que ten&iacute;as previsto. Pero la estructura b&aacute;sica de los hechos para m&iacute; ya es inalterable, sobre todo los finales. Yo concibo los comienzos de las historias a partir de los finales, y los finales los tengo muy claros.<br />
<br />
<strong>&iquest;Has reescrito alguna de tus novelas?</strong><br />
Ya publicadas, no. Pero antes de publicar, s&iacute;. <em>La sustancia interior</em>, por ejemplo, la reescrib&iacute; dos veces, porque era una novela muy complicada para escribirla tan joven.<br />
<br />
<strong>&iquest;Y te has deshecho de alguna?</strong><br />
La primera novela que escrib&iacute; la quem&eacute;, pero me pareci&oacute; un acto excesivo. La quem&eacute; en una barbacoa y me dio pena, porque ahora me gustar&iacute;a leer aquello. Era un plagio y por eso la quem&eacute;. Lo &uacute;nico que merec&iacute;a la pena de la novela era la parte plagiada, y aquello me supuso una frustraci&oacute;n considerable. Por eso actu&eacute; as&iacute;. Ahora mismo tengo cinco novelas in&eacute;ditas, guardadas en el caj&oacute;n, de las que dos son largas y tres cortas.<br />
<br />
<strong>Esa primera experiencia con tu primer libro publicado &iquest;ha sido lo que te ha llevado a crear Playa de &Aacute;kaba?</strong><br />
Lo que me ha llevado a crearla han sido dos cosas: un empe&ntilde;o rom&aacute;ntico y otro empe&ntilde;o pragm&aacute;tico. <a href="http://www.huffingtonpost.es/2012/11/15/lorenzo-silva-ebooks_n_2136809.html" target="_hplink">La editorial la he montado con mi mujer</a>. Mi mujer, despu&eacute;s de una larga experiencia profesional, tanto en la hosteler&iacute;a como en la Administraci&oacute;n P&uacute;blica, fue una de las v&iacute;ctimas de la crisis hace dos a&ntilde;os. Su alternativa era regresar a la hosteler&iacute;a, pero en condiciones nefastas y p&eacute;simas. Ella escribe desde siempre y se plante&oacute; que, mejor que infraemplearse para otro en cosas que ya conoc&iacute;a y que estaban peor que antes, era el momento de hacer una peque&ntilde;a aventura. Por otro lado, hab&iacute;amos hablado varias veces de la cantidad de libros que no tienen quien les quiera. Pero no comparto ese discurso que ve al editor como un se&ntilde;or que s&oacute;lo publica bazofia para lucrarse con ella. El editor es un se&ntilde;or que trabaja por cuenta ajena y que le tienen que salir los n&uacute;meros cada trimestre y si no le salen, quiebra. Y es muy dif&iacute;cil publicar a un escritor desconocido, en un pa&iacute;s deprimido, con pocos lectores y en el que, para remate, la gente se compra cacharros que carga siempre sin pedir permiso a los autores. En este contexto, es normal que los editores no apuesten por libros que no les compensa el viaje. As&iacute; que pensamos que era posible otro tipo de edici&oacute;n, y en ello nos hemos embarcado.<br />
<br />
<strong>&iquest;Pretendes ganar dinero con esto o es una locura quijotesca, como se ha dicho en alg&uacute;n foro?</strong><br />
Hemos fundado una empresa y no una ONG. Es una sociedad limitada en la que tienen que salir los n&uacute;meros. Yo no hago esto para tirar el dinero. Fui auditor de cuentas durante mucho tiempo (se r&iacute;e) y las empresas est&aacute;n para ganar dinero. Se trata de generar un puesto de trabajo en mi familia y de que genere algo m&aacute;s, tampoco es que te vayas a hacer rico. Nuestra editorial es un Mac en la buhardilla de nuestra casa, con programas pagados religiosamente. Hemos producido ya cuatro libros, en ebooks sin DRM (derechos digitales de autor) y en impresi&oacute;n bajo demanda. <a href="http://playadeakaba.com/" target="_hplink">Vamos a publicar cosas minoritarias y de gente desconocida</a>.<br />
<br />
<strong>&iquest;Os est&aacute;n llegando manuscritos?</strong><br />
S&iacute;, much&iacute;simos. Estamos leyendo mucho y tenemos seleccionados ya cinco o seis. Queremos sacar alg&uacute;n t&iacute;tulo de narrativa, pero estamos hablando de que, en t&eacute;rminos generales, sacaremos unos diez t&iacute;tulos al a&ntilde;o, incluida la poes&iacute;a. <br />
<br />
<strong>&iquest;Eres entonces eso de lo que tanto se habla ahora: un emprendedor?</strong><br />
Bueno, soy un emprendido (se r&iacute;e). Pero es que hay que hacer cosas. Qu&eacute; vamos a hacer todos, &iquest;ponernos a llorar y a mirar al rinc&oacute;n?, &iquest;nos vamos a ir todos del pa&iacute;s? Yo entiendo que hay gente que se tenga que ir, y adem&aacute;s me gustar&iacute;a que se fuera mucha gente para ver si de verdad hay en este pa&iacute;s una revoluci&oacute;n de una vez por todas. Espa&ntilde;a se est&aacute; desmantelando, esto es una cat&aacute;strofe. Hay que hacer cosas, y no vale eso de que vamos a reactivar el mercado inmobiliario trayendo rusos o con los permisos de residencia. Vale ya. El pr&oacute;ximo que diga esas cosas habr&iacute;a que pegarle un tiro en la frente. <br />
<br />
<strong>&iquest;Ves salida a la crisis?</strong><br />
Bueno, esto es como una partida de ajedrez. Las negras mueven todos los d&iacute;as. Tenemos las blancas y algo hay que hacer. &iquest;Movemos o no movemos? El que lleva las negras mueve todos los d&iacute;as y adem&aacute;s sabe jugar. Espa&ntilde;a tiene fortalezas y posibilidades. Hemos cometido errores garrafales, como invertir en una parte de nuestra gente a la que no le hemos hecho hueco y la estamos expulsando para que se aprovechen otros. Y hay otra parte de la gente que no la hemos formado, y esa es la que nos estamos quedando. Este es un error enciclop&eacute;dico, c&oacute;smico. Pero creo que estamos a tiempo para salvarlo. No es cuesti&oacute;n de izquierdas o derechas, ni de Madrid o Barcelona, es cuesti&oacute;n de que la gente que est&aacute; al mando tenga dos dedos de frente y se siente a buscar una soluci&oacute;n, pero de verdad. <br />
<br />
<strong>Hace poco Javier Mar&iacute;as escrib&iacute;a lo siguiente en un art&iacute;culo de <em>El Pa&iacute;s Semanal</em>: "Si los escritores renuncian a ser los amos de los mundos que inventan, si se pliegan de antemano a las preferencias de sus clientes y ya no los pueden sobresaltar, si abandonan sus necesarias torres de marfil y se pasan media vida contestando correos y tuits, no les quepa duda: la literatura que nos interesa y deslumbra tendr&aacute; los d&iacute;as contados". &iquest;Qu&eacute; te parece esto? A ti &iquest;te influye la opini&oacute;n de tus lectores?</strong><br />
Bueno, esto es una simplificaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; tenemos que comparar al escritor que jam&aacute;s escucha a los lectores con el escritor que es un lacayo de ellos?, &iquest;es que no hay un punto intermedio? No me parece mal que el escritor escuche a sus lectores y procese lo que le dicen. Lo importante es que tenga claro que el proyecto es del escritor, es su proyecto, y el autor es quien toma las decisiones, no sus lectores, ni su novia, ni su editor, ni sus amigos. A m&iacute; cuando me preguntan, siempre digo lo mismo: escucha a todo el mundo y despu&eacute;s haz lo que te d&eacute; la gana, pero primero escucha. Por otro lado, yo creo que el escritor que no escucha a nadie, el que est&aacute; en la torre de marfil, no existe, y a veces es m&aacute;s influenciable que lo que &eacute;l cree.<br />
<br />
<strong>&iquest;Qu&eacute; le recomendar&iacute;as a quienes est&aacute;n empezando a escribir?</strong><br />
No tengo muchos consejos que dar. A un poeta no sabr&iacute;a qu&eacute; aconsejarle. En todo caso, podr&iacute;a aconsejar a alguien que quiera contar historias. Le dir&iacute;a que lea todo lo que pueda, que aprenda a observar y que aprenda a escuchar, que es lo m&aacute;s dif&iacute;cil de todo. Y, lo m&aacute;s importante, no hay que tener prisa. La impaciencia es matadora para el novelista.<br />
<br />
<strong>&iquest;C&oacute;mo ves el futuro de la literatura?</strong> <br />
La literatura como expresi&oacute;n de la condici&oacute;n humana a trav&eacute;s de la palabra y que se puede compartir entre todas las personas es algo imperecedero. Yo estoy convencido de que siempre habr&aacute; alguien que escribir&aacute; novelas y habr&aacute; quien las lea. A lo mejor no mucha gente, pero seguro que la literatura no desaparecer&aacute;.]]></content>
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    <title>Pío Baroja, un aniversario</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/pio-baroja-un-aniversario_b_2112720.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2112720</id>
    <published>2012-11-16T02:02:13-05:00</published>
    <updated>2013-01-15T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Los retratos de Baroja nos enseñan a un hombre calvo (con apenas 30 años ya lo era), de barba puntiaguda, ancha nariz y grandes orejas, una mirada entre triste y melancólica, pero escrutadora y misteriosa, con una fisonomía de hombre cauteloso y profundo, aburrido, si se nos permite.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[P&iacute;o Baroja vivi&oacute; los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida en Madrid, en la calle Ruiz de Alarc&oacute;n n&uacute;mero 12, en el piso cuarto izquierda, una casa amplia en pleno barrio de Los Jer&oacute;nimos que el escritor <strong>Juan Benet </strong>describi&oacute; con somera precisi&oacute;n: "Un gran sal&oacute;n con tres balcones a la calle, pero de poca luz, con la larga y exenta mesa de roble, un tablero y cuatro patas, el biombo que junto a la puerta creaba un aislamiento respecto a ella, las estanter&iacute;as de libros hasta media altura, los cuadros de Ricardo Baroja, de Arteta, de N&eacute;stor, aquel hundido y mullido y casi sacramental butac&oacute;n, siempre con el molde de su cuerpo y la manta a sus pies". <br />
<br />
A veces resultaba dif&iacute;cil verle pasear por las se&ntilde;oriales calles de aquel barrio arm&oacute;nico y sedante, ya que P&iacute;o Baroja era un hombre con tendencia al sedentarismo, al refugio del hogar y la soledad de la escritura, como demuestran los m&aacute;s de 120 libros que escribi&oacute; a lo largo de su vida. Pero lo cierto es que son memorables sus paseos por los cercanos senderos del Bot&aacute;nico y los parterres de El Retiro, donde se le pod&iacute;a ver en las ma&ntilde;anas desapacibles del oto&ntilde;o, emboscado en su largo gab&aacute;n negro, con la bufanda tap&aacute;ndole la boca y la boina calada hasta las cejas, pensativo y reconcentrado, hosco y vuelto hacia s&iacute; mismo; o sus demoradas caminatas por los paseos de Recoletos y del Prado, o sus recorridos morosos por los numerosos puestos de la Cuesta de Moyano donde buscaba folletines, libros de lance, peri&oacute;dicos y revistas antiguas, grabados y litograf&iacute;as que atesoraba en la biblioteca de su casa y, a medida que ya no cab&iacute;an en ella, los iba enviando a su <a href="http://elpais.com/diario/2005/06/26/cultura/1119736802_740215.html" target="_hplink">caser&iacute;o de Itzea, en Vera de Bidasoa</a>, un caser&oacute;n que hab&iacute;a adquirido en el a&ntilde;o 1912, donde lleg&oacute; a acumular m&aacute;s de 30.000 vol&uacute;menes. <br />
<br />
<center><img alt="2012-11-11-PioBaroja_fuenteDiarioVasco.com.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-11-11-PioBaroja_fuenteDiarioVasco.com.jpg" width="300" height="274"style="float: left; margin:10px"/></center><br />
<br />
<br />
Los retratos de Baroja nos ense&ntilde;an a un hombre calvo (con apenas 30 a&ntilde;os ya lo era), de barba puntiaguda, ancha nariz y grandes orejas, una mirada entre triste y melanc&oacute;lica, pero escrutadora y misteriosa, con una fisonom&iacute;a de hombre cauteloso y profundo, aburrido, si se nos permite, algo as&iacute; como uno de esos mercaderes que se ven en los cuadros de <strong>Marinus</strong> o como un orfebre de la Edad Media, seg&uacute;n le defini&oacute; <strong>Azor&iacute;n</strong>, vestido siempre de negro, con quevedos y boina, un andar entre jorobado y de perro pach&oacute;n, pero saludable y bien alimentado. <br />
<br />
Nacido en San Sebasti&aacute;n el 28 de diciembre de 1872, Baroja estudi&oacute; Medicina en Madrid, ejerci&oacute; de m&eacute;dico en Cestona y regent&oacute; la panader&iacute;a de su t&iacute;a <strong>Juana Nessi</strong>, cuyo marido, <strong>Mat&iacute;as Lacasa</strong>, trajo a Madrid la f&oacute;rmula del pan de Viena, llegando a ser los proveedores de la Casa Real. Al morir sus t&iacute;os, la panader&iacute;a qued&oacute; en herencia de los sobrinos, quienes durante unos cuantos a&ntilde;os estuvieron explotando el negocio en la calle de los Capellanes, junto al convento de las Descalzas Reales, de donde tomaron el nombre las actuales tiendas Viena Capellanes. <br />
<br />
Tras algunos enfrentamientos con los familiares y empleados de la panader&iacute;a, Baroja abandon&oacute; y decidi&oacute; dedicarse, por espacio de unas semanas, a especular en Bolsa. Pero aquello tampoco le convenci&oacute; y con apenas 26 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos tom&oacute; una dr&aacute;stica decisi&oacute;n: <br />
<br />
<blockquote>"La vida burguesa no me produc&iacute;a el menor entusiasmo. Las diversiones, el teatro, los toros, no me gustaban nada. Hab&iacute;a sido m&eacute;dico de pueblo, industrial, bolsista y aficionado a la literatura. Hab&iacute;a conocido bastante gente. El ir a Am&eacute;rica no me seduc&iacute;a. Llegar a tener dinero a los cincuenta a&ntilde;os no val&iacute;a la pena para m&iacute;. Quer&iacute;a ensayar la literatura. Yo comprend&iacute;a que ensayar la literatura dar&iacute;a poco resultado pecuniario, pero mientras tanto pod&iacute;a vivir pobremente, pero con ilusi&oacute;n. Y me decid&iacute; a ello". </blockquote><br />
<br />
As&iacute;, al poco tiempo de escribir esto, public&oacute; su primer libro, <em>Vidas sombr&iacute;as</em>, un conjunto de relatos que supuso el reconocimiento de <strong>Unamuno</strong> y <strong>Azor&iacute;n</strong>, entre otros. Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1900, la tirada del libro, que fue exigua, apenas lleg&oacute; a los 500 ejemplares, la sufrag&oacute; el propio autor, unas 500 pesetas, y la mayor&iacute;a de ellos se perdieron durante los bombardeos de la guerra civil en su casa de la calle Mendiz&aacute;bal, barrio de Arg&uuml;elles, en la que entonces viv&iacute;a. Pero no ser&iacute;a hasta el a&ntilde;o 1902 con la publicaci&oacute;n de <em>Camino de perfecci&oacute;n </em>cuando Baroja se diera a conocer definitivamente.<br />
<br />
Sus autores predilectos eran los grandes del siglo XIX: <strong>Dickens</strong>, <strong>Tolstoi</strong>, <strong>Dostoievski</strong>, <strong>Stendhal</strong>, <strong>Hugo </strong>y <strong>Dumas</strong>, pero tambi&eacute;n ley&oacute; con pasi&oacute;n a <strong>Schopenhauer </strong>y <strong>Nietzsche</strong>, pas&oacute; ol&iacute;mpicamente de <strong>Freud </strong>y de <strong>Marx</strong>, le interes&oacute; la brujer&iacute;a y la nigromancia, y dec&iacute;a de s&iacute; mismo que "era un fauno reum&aacute;tico que le&iacute;a un poco a <strong>Kant</strong>". <strong>Juan Benet </strong>sosten&iacute;a que, a lo largo de toda la vida literaria de Baroja, se hab&iacute;an sucedido en Europa y Am&eacute;rica un buen n&uacute;mero de modas, corrientes y escuelas lo bastante arrolladoras como para haberse visto influido por ellas: entre su juventud y su madurez vio pasar el modernismo, el simbolismo, el dada&iacute;smo, el surrealismo y a autores de la envergadura de <strong>Joyce</strong>, <strong>Proust</strong>, <strong>Kafka</strong>, <strong>Mann</strong>, <strong>C&eacute;line </strong>o <strong>Faulkner</strong>, sin que aquello le hiciera "levantar la cabeza a su paso". <br />
<br />
Hizo de corresponsal para <em>El Globo </em>en la guerra civil de Marruecos, viaj&oacute; por toda Europa, escribi&oacute; para numerosos peri&oacute;dicos nacionales e internacionales. En el a&ntilde;o 1923 sufri&oacute; la mordedura de un perro, que le cost&oacute; estar ingresado en el Instituto Cajal para seguir una cura antirr&aacute;bica. Va publicando sus novelas importantes: <em>La busca</em>, <em>Aurora Roja</em>, <em>Mala hierba</em>, <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em>, <em>Zalaca&iacute;n el aventurero</em>... De esta &uacute;ltima se rod&oacute; una pel&iacute;cula en el verano de 1928 y otra en 1954, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Z6PHDNhJcyQ" target="_hplink">en la que intervino el propio autor y en cuya versi&oacute;n final su voz fue doblada por un actor</a>. Al inicio de la guerra civil sufre un incidente en Santesteban, donde est&aacute; a punto de ser fusilado, pero logra escapar y huir a Francia. <br />
<br />
A Baroja se le ha considerado mis&oacute;gino, &aacute;crata o al menos anarcoide, filofascista, antisemita, rom&aacute;ntico y modernista, y no se le conocen mujeres o amor&iacute;os de relevancia. Su car&aacute;cter hura&ntilde;o y hosco le hizo espantarlas, aunque fue un hombre criado en matriarcado: la madre, la hermana Carmen, las t&iacute;as, desempe&ntilde;aron un papel importante en su vida. Su teor&iacute;a de la novela era bastante sencilla: la ficci&oacute;n requiere de espontaneidad y de observaci&oacute;n. Cre&iacute;a que el aut&eacute;ntico enemigo de la creaci&oacute;n art&iacute;stica era la <em>t&eacute;cnica consciente</em>, y por ello exig&iacute;a completa libertad de acci&oacute;n a la hora de escribir: "Ni en la literatura, ni en el arte, ni en la ciencia, puede haber reglas ni m&eacute;todos para una cosa tan &iacute;ntima y subjetiva como la creaci&oacute;n".<br />
<br />
<img alt="2012-11-11-pio_baroja_hemingway_fuenteElBilbiomano.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-11-11-pio_baroja_hemingway_fuenteElBilbiomano.jpg" width="334" height="275" style="float: left; margin:10px"/><br />
<br />
Era en la casa de Ruiz de Alarc&oacute;n donde estaba ese reloj que <strong>Cela</strong> siempre recordaba, y que figuraba en lo alto de una puerta, con una leyenda que dec&iacute;a: "Todas hieren, la &uacute;ltima mata". En su caso, la &uacute;ltima hora de Baroja se empieza a vislumbrar en 1955, tras el diagn&oacute;stico que le hace el doctor <strong>Mara&ntilde;&oacute;n</strong> de un grave proceso arterioescler&oacute;tico. Unos meses m&aacute;s tarde sufre una ca&iacute;da a las cinco de la ma&ntilde;ana, que le supone la fractura del f&eacute;mur. Su estado general se agrava notablemente. En el mes de octubre de 1956, el d&iacute;a 9, <strong>Ernest Hemingway </strong>le visita y le rinde un respetuoso homenaje, y unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, el 30 de ese mismo mes, P&iacute;o Baroja fallece en su casa de Ruiz de Alarc&oacute;n. Al d&iacute;a siguiente, una comitiva funeraria acompa&ntilde;a al escritor en autob&uacute;s. Se dirigen para sorpresa y esc&aacute;ndalo de muchos, tal y <a href="http://elpais.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx" target="_hplink">como ha recordado recientemente <strong>Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga</strong></a>, al cementerio civil de Madrid, junto al de la Almudena, y es enterrado a las diez y media de la ma&ntilde;ana. Nac&iacute;a ya el mito del artista gru&ntilde;&oacute;n y del pesimista antropol&oacute;gico.]]></content>
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    <title>Hugo Chávez al vitriolo</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/hugo-chavez-al-vitriolo_b_1970457.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1970457</id>
    <published>2012-10-21T04:10:51-04:00</published>
    <updated>2013-03-12T06:03:39-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Huguito es corajudo y bravucón. Para unos, Huguito es un búfalo desatado, un gorila rojo, pura sangre brava. Para otros, un militarote, un populista, un histrión. Todos, sin embargo, coinciden en que Huguito es socialista, feo y libertador.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[Huguito es corajudo y bravuc&oacute;n. Para unos, Huguito es un b&uacute;falo desatado, un gorila rojo, pura sangre brava. Para otros, un militarote, un populista, un histri&oacute;n. Todos, sin embargo, coinciden en que Huguito es socialista, feo y libertador.<br />
<br />
Huguito ha le&iacute;do a <strong>Marx</strong>, o eso dice, y se ha estudiado la vida y milagros de <strong>Sim&oacute;n Bol&iacute;var</strong>, el padre de Venezuela y, por &oacute;smosis, de toda Am&eacute;rica Latina. Huguito es un militar de clase humilde, enardecido revolucionario y fervoroso creyente. Huguito invoca el manifiesto comunista y la vigencia de la fe en la Milagrosa. Para Huguito, <strong>Jesucristo</strong>, el primer socialista. <br />
<br />
A Huguito le gustan los mapas, por eso cuando sale en la televisi&oacute;n siempre va con uno. Hay quien sostiene que Huguito se pierde por los mapas, los mapas pol&iacute;ticos, s&iacute;, los del cole, esos inocentes mapas que siempre agarra con una mano mientras los emborrona con un rotulador rojo, Huguito siempre tan simb&oacute;lico. "Mete zoom", le dice Huguito al camar&oacute;grafo. "Fig&uacute;rense, mis panas, aqu&iacute; est&aacute; Maracaibo", dice se&ntilde;alando un punto en el mapa, "lo que hay que hacer es venir por aqu&iacute; y a la que venimos tenemos que <em>exportar</em> cemento a Caracas y, de esta forma, aprovechamos los viajes del barco", remata ufano, alumbrado por una sabidur&iacute;a divina, Huguito. Una voz, la del vicepresidente del Partido, <strong>Diosdado</strong>, ubicuo donde los haya, farfulla: "En Caracas ya hay cementera, mi comandante". Huguito se encabrona un poco: "Yo s&oacute;lo doy la idea, Diosdado, yo la lanzo y ustedes la desarrollan". Todos aplauden. Huguito es un iluminado. <br />
<br />
Huguito es como un ni&ntilde;o grand&oacute;n, se encabrona con pasmosa facilidad si se le lleva la contraria, bufa como un mamut. Huguito pas&oacute; por la milicia, conspir&oacute; en torno al <strong>Sam&aacute;n de G&uuml;ere </strong>y protagoniz&oacute; un golpe de Estado y un breve exilio en las islas venezolanas. Ahora Huguito es presidente perpetuo de la Rep&uacute;blica y sale en la tele con sus mapitas, tan c&aacute;ndido, tan de andar por casa, tan desvalido que ninguno de sus asesores se atreve a llevarle la contraria o es que, acaso, los asesores saben menos que Huguito. Cada vez que acaba su discurso, ante la plebe encendida, Huguito se repite como un mantra: "Hasta la victoria siempre". Los dem&aacute;s le replican: "Venceremos".<br />
<br />
<center><blockquote class="twitter-tweet" lang="es"><p>Gracias a mi amado Pueblo!!! Viva Venezuela!!!! Viva Bol&iacute;var!!!!!</p>&mdash; Hugo Ch&aacute;vez Fr&iacute;as (@chavezcandanga) <a href="https://twitter.com/chavezcandanga/status/255135239511359489" data-datetime="2012-10-08T02:39:15+00:00">octubre 8, 2012</a></blockquote><br />
<script src="//platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></center><br />
<br />
<br />
Huguito se ha modernizado: <a href="http://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2012/10/13/hugo-chavez-designa-seis-nuevos-ministros-venezuela-traves-twitter/00031350154430944325311.htm" target="_hplink">ahora anuncia los ministros por Twitter</a>, tambi&eacute;n las nacionalizaciones de la banca y de las harineras para hacer las arepas socialistas. <a href="https://twitter.com/chavezcandanga" target="_hplink">Huguito esculpe sus glosas en menos de 140 caracteres</a> ("Expr&oacute;piese") y arenga, a trav&eacute;s de la red social del pajarito azul, a los ranchitos que salpimentan las colinas y los valles de Caracas, donde cada vez que llueve las torrenteras de agua arrasan las calaminas de las chabolas y dispersan los rev&oacute;lveres y los cad&aacute;veres del pueblo sufriente; Huguito, el probo de los pobres, <a href="http://elpais.com/diario/2010/10/17/espana/1287266414_850215.html" target="_hplink">otorga cargos en la Administraci&oacute;n a etarras como <strong>Cubillas </strong>y a su esposa <strong>Odriozola</strong></a>. Hace llamados de apoyo a las concentraciones del <a href="http://www.psuv.org.ve/" target="_hplink">Partido Socialista Unido de Venezuela</a> (PSUV), airea en alocuciones inacabables los millones de barriles que destina a los pa&iacute;ses afines (Bolivia, Cuba, Argentina) y proclama su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica llanera en los plat&oacute;s cutres de <strong><em>Al&oacute;, Presidente</em></strong>, donde utiliza lapiceros con goma de borrar y guijarros a modo de pisapapeles. Huguito siempre tan campechano y tan pedestre.<br />
<br />
Huguito, que es de ascendencia humilde y de familia sin recursos, acaba de ganar las elecciones de nuevo y, con su esfuerzo y su honradez en el Gobierno, &iexcl;oh sorpresa!, ha hecho que el ominoso clan familiar <a href="http://www.razon.com.mx/spip.php?article23855" target="_hplink">acumule un patrimonio de casi 140 millones de d&oacute;lares </a>en los Estados Unidos, donde parece ser que la familia de Huguito dispone de cinco cuentas bancarias en instituciones financieras del Imperio (&iexcl;ser&aacute; posible!), casi 140 millones de billetes que llevan garabateados el rostro de <strong>George Washington</strong> y no el de <strong>Sim&oacute;n Bol&iacute;var </strong>(&iexcl;oh, qu&eacute; patra&ntilde;a!). El hermano <strong>Adelis</strong> encabeza la lista con 90 millones de d&oacute;lares, seguido de <strong>Ad&aacute;n Ch&aacute;vez</strong> (gobernador del estado de Barinas) con 18.<br />
<br />
Lo m&aacute;s emotivo o conmovedor es que la mam&aacute; del ilustre presidente, <strong>Elena Ch&aacute;vez</strong>, tan trabajadora y tan plebeya, tiene en su cuenta m&aacute;s de 16 millones del odiado billete verde. Los otros hermanos poseen el resto. &iquest;Ser&aacute; posible tama&ntilde;a injuria? &iquest;Qu&eacute; corporaci&oacute;n o grupo de militares o endiablados pol&iacute;ticos del malvado Imperio se esconden detr&aacute;s de esta perversa y capitalista ignominia? &iquest;Se nos habr&aacute;n convertido el comandante Huguito y toda su familia en una panda de escu&aacute;lidos de esos que tanto critican?<br />
<br />
<center><HH--236SLIDEEXPAND--254756--HH></center>]]></content>
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    <title>Razones poéticas para la no independencia de Cataluña</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/razones-poeticas-para-la-_b_1889451.html"/>
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    <published>2012-10-08T06:15:40-04:00</published>
    <updated>2012-12-08T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Porque me gustan los cuentos de Sergi Pàmies y los relatos electrizantes de Quim Monzó. Porque me fascinó el descubrimiento de Ausiàs March, y la sabiduría enciclopédica de Gimferrer, y los versos de su 'Mascarada'...]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[Porque me gustan los cuentos de <strong>Sergi P&agrave;mies </strong>y los relatos electrizantes de <strong>Quim Monz&oacute;</strong>. Porque me fascin&oacute; el descubrimiento de <strong>Ausi&agrave;s March</strong>, y la sabidur&iacute;a enciclop&eacute;dica de <strong>Gimferrer</strong>, y los versos de su <em>Mascarada,</em> pero tambi&eacute;n porque aprend&iacute; en <em>El cuaderno gris </em>del brillante y zumb&oacute;n <strong>Josep Pla </strong>y en su <em>Advenimiento de la Rep&uacute;blica</em>, y porque me sacudieron los poemas de <em>Las personas del verbo </em>de <strong>Gil de Biedma</strong>; pero tambi&eacute;n por el pan tumaca y la butifarra, y las playas de L&acute;Estartit, en la Costa Brava, donde pas&eacute; un verano memorable con mis padres y mi hermano en el a&ntilde;o 1990, y porque all&iacute;, en Gerona, tambi&eacute;n tengo familia. Porque me encanta pasear por las cuadr&iacute;culas de Barcelona y admirar la imponente y et&eacute;rea Sagrada Familia, porque <strong>Gaud&iacute;</strong> te hace so&ntilde;ar, y <strong>Tapi&eacute;s</strong> te hace apretar el labio, y porque <strong>Dal&iacute; </strong>te turba y <strong>Picasso</strong> te embelesa, y <strong>Mir&oacute;</strong> te da risa, porque est&aacute; esa catedral del f&uacute;tbol que es el Camp Nou; porque me encanta el vitri&oacute;lico supositorio de la Torre Agbar, y el lagarto del Parque G&uuml;ell, y esa belleza sobrenatural y ultraterrena que es el cementerio de Montju&iuml;c, con sus augustos panteones y sus tumbas salpicando las laderas de la monta&ntilde;a, como una arquitectura digna de <strong>Piranesi</strong>. Porque all&iacute;, en Barcelona, viv&iacute; uno de mis mejores viajes con mi novia de entonces (mi mujer de ahora), aloj&aacute;ndonos de pensi&oacute;n en pensi&oacute;n y de hotel en hotel, sin apenas un duro en los bolsillos, y porque nos perdimos por las callejuelas y los d&eacute;dalos del Borne y del barrio G&oacute;tico, la Catedral y Santa Mar&iacute;a del Mar, las Ramblas, con sus farolas y sus mimos, y sus quioscos y sus pajarer&iacute;as. Porque me perd&iacute;an los pintxos vascos de Sagardi y tumbarme en las camas de La Fianna, donde nos tom&aacute;bamos alguna copa; o el hotel Arts y el puerto deportivo; o el Hotel Palace, donde qued&aacute;bamos con los periodistas para hacer entrevistas cuando yo trabajaba en una agencia de comunicaci&oacute;n; y los caramelos artesanales de ese pante&oacute;n del az&uacute;car que es Papabubble. Pero tambi&eacute;n porque me enamor&eacute; de <strong>Teresa</strong> y me dio envidia el <strong>Pijoaparte</strong>, porque viv&iacute;a con pasi&oacute;n los casos de <strong>Pepe Carvalho</strong>, tan jactancioso y comil&oacute;n. Porque me hubiera gustado ir al camping Estrella de Mar de Castelldefels en el que <strong>Roberto Bola&ntilde;o </strong>ejerc&iacute;a de vigilante o verle en los caf&eacute;s de Blanes una tarde desapacible de invierno. Y tambi&eacute;n porque all&iacute; est&aacute;n algunas de las editoriales que m&aacute;s admiro,<strong> Edhasa </strong>y <strong>Destino</strong>, <strong>Minotauro</strong> y <strong>Anagrama</strong> y <strong>Seix Barral</strong>, y la librer&iacute;a La Central (aliviado, por fin, de que haya venido a Madrid), y los sonetos del <em>Solo y dolido </em>de <strong>J.V Foix</strong>, que pude leer en la pulcra y hermosa versi&oacute;n de <strong>Manuel Longares</strong>; y los restaurantes de Cambrils, donde com&iacute;amos en elegantes restaurantes con vistas al Mediterr&aacute;neo en las prolongadas escapadas de un trabajo que hac&iacute;amos en la provincia de Castell&oacute;n hace ya diez a&ntilde;os; y porque me fascinan las teor&iacute;as sobre la innovaci&oacute;n culinaria de <strong>Ferr&aacute;n Adri&aacute;</strong> y de los hermanos <strong>Roca</strong>...<br />
<br />
Pero, sobre todo, porque all&iacute;, en las playas de Barcelona, fue abatido y tocado de muerte <strong>don Quijote </strong>por el <strong>Caballero de la Blanca Luna</strong>, que en realidad era el bachiller Sans&oacute;n Carrasco. Estas son mis razones po&eacute;ticas y personales, que para nada pretenden, Dios me libre, aplacar el apetito fraticida y las ansias de secesi&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;les son las tuyas?]]></content>
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    <title>Thomas Mann: el artista, el burgués y los jovencitos</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/thomas-mann-el-artista-y-_b_1867127.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1867127</id>
    <published>2012-09-16T04:00:09-04:00</published>
    <updated>2012-11-15T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Pomposo y pagado de sí mismo, ancho de espaldas, viciosamente perfecto en su escritura del alemán, siempre serio, la nariz prominente, puntiagudas las orejas y las cejas, con unos ojos escrutadores de mirar implacable.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[Pomposo y pagado de s&iacute; mismo, ancho de espaldas, viciosamente perfecto en su escritura del alem&aacute;n, siempre serio, la nariz prominente, puntiagudas las orejas y las cejas, con unos ojos escrutadores de mirar implacable, m&aacute;s que un escritor merecedor del Nobel, Thomas Mann, con la colilla de un cigarrillo en el extremo de los dedos y la pluma siempre presta a garabatear, parec&iacute;a uno de esos funcionarios antiguos de aduanas o un inspector de polic&iacute;a a punto de tomar declaraci&oacute;n. <br />
<br />
Quienes lo divisaban en las neblinosas ma&ntilde;anas de M&uacute;nich, junto a su mujer Katia, pod&iacute;an ver en &eacute;l su procedencia altoburguesa, su refinamiento y su cultura, su elegancia, pulcramente atildada. Tocado de sombrero, sol&iacute;a vestir oscuros trajes de anchas solapas, con riguroso <em>pocket square</em>, cubiertos por largos abrigos de pa&ntilde;o, y lustrosos botines de piqu&eacute;.<br />
<br />
<img alt="2012-09-08-ThomasMannbyReuters_2.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-08-ThomasMannbyReuters_2.jpg" width="300" height="350"  style="float: left; margin:10px"/><br />
<br />
Thomas Mann naci&oacute; en 1875 en L&uuml;beck. Fue el segundo hijo de un rico comerciante alem&aacute;n, respetado senador de su ciudad, y una brasile&ntilde;a, de f&iacute;sico netamente latino y de origen criollo-portugu&eacute;s, dotada del encanto y el exotismo de una tierra c&aacute;lida y apasionada. Una pareja llena de contrastes que llevar&iacute;an al joven a fluctuar entre los r&iacute;gidos principios del padre, y sus deseos de que el joven Mann prosiguiese la tradici&oacute;n familiar del comercio, y la sensibilidad melanc&oacute;lica y apasionada de la madre, quien fomentaba su imaginaci&oacute;n a trav&eacute;s de la m&uacute;sica y los ensue&ntilde;os de mundos fabulosos. <br />
<br />
Sin embargo, el padre de Thomas muri&oacute; relativamente joven, a causa de una septicemia, cuando &eacute;l contaba quince a&ntilde;os. Esto le permiti&oacute; la posibilidad de realizar sus sue&ntilde;os, ya que la escuela y todo lo relacionado con la empresa le aborrec&iacute;a. Pero antes tuvo que trabajar y, entre otras labores, estuvo empleado como meritorio en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros, copiando a mano los formularios de las p&oacute;lizas mientras, volcado en su pupitre, iba escribiendo su primer relato, <em>Ca&iacute;da</em>, que le proporcion&oacute; el primer &eacute;xito literario.<br />
<br />
Al poco tiempo le dijo a su madre que quer&iacute;a hacerse periodista, "esa profesi&oacute;n un tanto imprecisa", y durante un tiempo estuvo asistiendo a la universidad. En 1896 dej&oacute; todo para irse a vivir con su hermano Heinrich a Italia, donde permaneci&oacute; un a&ntilde;o y medio viviendo entre Roma (en invierno) y Palestrina (en verano). Este hecho fue decisivo en su vida, pues all&iacute; fue donde empez&oacute; a escribir <em>Los Buddenbrook</em>, con la intenci&oacute;n de que fuera una historia familiar &iacute;ntima. En casa de la madre, y en presencia de los hermanos y de sus amigos, a veces les le&iacute;a fragmentos del manuscrito, y todos re&iacute;an y aplaud&iacute;an lo que consideraban un esparcimiento y un prolongado ejercicio de virtuosismo art&iacute;stico del indolente Mann. Poco pod&iacute;an imaginar, sin embargo, los all&iacute; reunidos que esa obra, por s&iacute; sola, ser&iacute;a merecedora alg&uacute;n d&iacute;a del m&aacute;s alto galard&oacute;n literario... <br />
<br />
En 1901 el libro apareci&oacute;, con una tirada de 1.500 ejemplares, en dos tomos, con cubierta amarilla, al precio de doce marcos en total. Pese a las reticencias del editor y a la negativa de Thomas de acortar la novela, el recorrido de &eacute;sta fue lento: nadie quer&iacute;a gastarse tanto dinero en el "hosco producto" de un autor joven y desconocido. La cr&iacute;tica lleg&oacute; a protestar malhumorada si "de nuevo iban a ponerse de moda los mamotretos en dos vol&uacute;menes". Sin embargo, la edici&oacute;n se agot&oacute; en un a&ntilde;o y la editorial decidi&oacute; lanzarla esta vez en un &uacute;nico tomo, al precio de cinco marcos, despu&eacute;s de lo cual el &eacute;xito fue imparable. <br />
<br />
Antes de embarcarse en la redacci&oacute;n de una novela, Mann hac&iacute;a minuciosos preparativos y luego la escrib&iacute;a lentamente, con una morosidad que, sin duda, se nota en la lectura de sus obras, no ten&iacute;a prisas, porque sab&iacute;a que en el arte son malas consejeras. Solo unos ejemplos: <em>Los Buddenbrook </em>tard&oacute; en escribirla casi cuatro a&ntilde;os (la public&oacute; cuando ten&iacute;a 25), <em>La monta&ntilde;a m&aacute;gica</em>, doce, y <em>Confesiones del estafador F&eacute;lix Krull</em>, &iexcl;cuarenta y cinco!<br />
<br />
Despu&eacute;s de la primera novela public&oacute; el <em>Tonio Kr&ouml;ger</em>, a ra&iacute;z de un viaje por Dinamarca y no fue hasta entonces que dej&oacute; de ser para &eacute;l un motivo de turbaci&oacute;n tener que decir que se ganaba la vida como escritor. Viaj&oacute; tambi&eacute;n a Espa&ntilde;a donde el sur andaluz le dej&oacute; indiferente, en tanto que se qued&oacute; prendado del casticismo de Castilla, Toledo, Aranjuez, Segovia y El Escorial.<br />
<br />
Debido a la influencia de los valores burgueses, Thomas Mann aspiraba desde muy joven al matrimonio. Estuvo a punto de casarse con una joven inglesa que conoci&oacute; en una pensi&oacute;n de Florencia pero a &uacute;ltima hora se retrajo por "un sentimiento de que aquello era demasiado prematuro y por ciertos reparos que se refer&iacute;an a la nacionalidad extranjera de la muchacha". Finalmente se cas&oacute; en febrero de 1905 con Katia, a los 30 a&ntilde;os, con quien tuvo seis hijos. Parece ser que el resto de las mujeres pasaron inadvertidas para Mann a lo largo de su vida, pero no as&iacute; los jovencitos con quienes se iba topando en recitales, &oacute;peras, restaurantes y jardines. Es conocida su proyecci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, con claras alusiones a experiencias de atracci&oacute;n homosexual, en <em>La muerte en Venecia </em>(1912), en ese enigm&aacute;tico, bell&iacute;simo efebo de cara p&aacute;lida y perfecta, cabellos rubios y rizados, remota imagen de una escultura griega, llamado Tadzio, que supone la perturbaci&oacute;n y la perdici&oacute;n del honorable Gustav von Aschenbach, alter ego del autor.<br />
<br />
<center><a href="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-16-20120908Thomas_Mann_with_Albert_Einstein_Princeton_1938.jpg"><img alt="2012-09-16-20120908Thomas_Mann_with_Albert_Einstein_Princeton_1938.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-09-16-20120908Thomas_Mann_with_Albert_Einstein_Princeton_1938-thumb.jpg" width="570" height="450" /></a><br><br />
<small>Thomas Mann con Albert Einstein en Princenton, 1938. <a href="http://th.physik.uni-frankfurt.de/~jr/physlist.html" target="_hplink">Autor: an&oacute;nimo</a>. </small></center><br />
<br />
<br />
Thomas Mann era un hombre que toda su vida se movi&oacute; entre ant&iacute;tesis y polos opuestos: el hedonismo y el sacrificio, la indolencia y el trabajo, la vida ajetreada de los c&iacute;rculos sociales y el necesario recogimiento del artista, la salud deseada y la enfermedad atormentada, el individualismo rom&aacute;ntico y el socialismo humanista, la heterosexualidad y la homosexualidad.<br />
<br />
Su vida fue intensa: abandon&oacute; Alemania cuando los nazis se hicieron con el poder, se nacionaliz&oacute; americano y checoslovaco, vivi&oacute; en California, en Kilchberg, cerca de Z&uacute;rich (Suiza), conoci&oacute; a <strong>Einstein</strong>, fue un entusiasta lector de <strong>Tolstoi</strong>, de <strong>Nietzsche</strong> y de <strong>Schopenhauer</strong>, admir&oacute; a <strong>Knut Hamsun </strong>e idolatr&oacute;, estudi&oacute; y se entusiasm&oacute; con <strong>Goethe</strong>, con quien se med&iacute;a constantemente y a quien lleg&oacute; a utilizar como personaje en esa extra&ntilde;a novela titulada <em>Carlota en Weimar</em>. Como cualquier otro hombre, no se libr&oacute; de la tragedia: dos de sus hermanos se suicidaron (una de ellas, Carla, una actriz teatral de poco relumbr&oacute;n, se quit&oacute; la vida en la casa de campo de la madre de Thomas, en Polling, en la Alta Baviera, tras un desenga&ntilde;o amoroso en la que ella hab&iacute;a sido la protagonista. Carla tom&oacute; una fuerte dosis de cianuro y la encontraron derrengada en la casa de la madre, lo que a Thomas, despu&eacute;s de todo, no le pareci&oacute; un gesto demasiado est&eacute;tico, ya que aquel acontecimiento supon&iacute;a un duro golpe para el delicado coraz&oacute;n de la mujer anciana), as&iacute; como su hijo Klaus, un novelista de segundo orden, a quien se le torcieron demasiado las cosas.<br />
<br />
Finalmente, Thomas Mann muri&oacute; a los 80 a&ntilde;os de edad, el 12 de agosto de 1955, v&iacute;ctima de una arteriosclerosis, mientras dorm&iacute;a en un hospital y su mujer Katia velaba su enfermedad junto a la cama. Por lo visto, en la hora en que la parca lo arrebat&oacute;, no movi&oacute; ni cambi&oacute; de posici&oacute;n su cuerpo en reposo. Tan s&oacute;lo volvi&oacute;, casi imperceptiblemente, la cabeza hacia un lado y con aquella "cara de m&uacute;sica" que ten&iacute;a, se qued&oacute; vuelto hacia su mujer, "con el rostro del que escucha, absorto y con gran atenci&oacute;n, lo m&aacute;s familiar y lo m&aacute;s querido".]]></content>
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    <title>Cela versus Venezuela</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/cela-versus-venezuela_b_1692672.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1692672</id>
    <published>2012-07-30T02:09:50-04:00</published>
    <updated>2012-09-28T05:12:10-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Cela, que fue el primer escritor español que entendió que uno podía ganarse la vida de forma profesional dedicándose a la literatura, estuvo en Venezuela en 1953 en un viaje promocionado por el dictador Marcos Pérez Jiménez.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[Cela, que fue el primer escritor espa&ntilde;ol que entendi&oacute; que uno pod&iacute;a ganarse la vida de forma profesional dedic&aacute;ndose en cuerpo y alma a la literatura, estuvo en Venezuela en el a&ntilde;o 1953, en un viaje promocionado por el dictador de la &eacute;poca <strong>Marcos P&eacute;rez Jim&eacute;nez</strong>. &Eacute;ste accedi&oacute; al gobierno por medio de las urnas en 1952, despu&eacute;s de una serie de episodios rocambolescos y un oprobioso fraude electoral que le otorgaron el poder (anteriormente hab&iacute;a participado en el golpe de estado que derroc&oacute; a <strong>R&oacute;mulo Gallegos </strong>en 1948), y en su af&aacute;n por instaurar un nacionalismo que llam&oacute; "Nuevo Ideal Nacional" contrat&oacute; a Cela para hacer propaganda de Venezuela en Espa&ntilde;a, que por entonces viv&iacute;a tambi&eacute;n un contexto cultural bastante intensivo de promoci&oacute;n del franquismo.<br />
<br />
As&iacute; fue c&oacute;mo P&eacute;rez Jim&eacute;nez sufrag&oacute; el viaje que hizo Cela por Venezuela y que ten&iacute;a por objeto que el autor de <em>La Colmena </em>y <em>La familia de Pascual Duarte </em>escribiera una saga de seis o siete novelas que llevar&iacute;a por t&iacute;tulo gen&eacute;rico "Historias de Venezuela". <br />
<br />
Cela estuvo en Caracas y viaj&oacute; por todo el pa&iacute;s, desde los Llanos hasta el Orinoco, pasando por Los Andes, la Gran Sabana y el Salto &Aacute;ngel. Estuvo m&aacute;s de seis meses document&aacute;ndose, hablando con los ind&iacute;genas, con los criollos, con los nativos, tomando notas y esbozando personajes. Se visti&oacute; de liquilique como los llaneros, se contone&oacute; con bailes de joropo, fue a c&oacute;cteles en el Club Para&iacute;so, se pavone&oacute; por el Hotel &Aacute;vila de San Bernardino, uno de los m&aacute;s lujosos de Caracas, y finalmente consigui&oacute; que P&eacute;rez Jim&eacute;nez le recibiera en el Palacio de Miraflores quien, a pesar de haberle hecho el encargo propagand&iacute;stico para atraer turismo e inmigraci&oacute;n europea, siguiendo el modelo exitoso de <em>Brasil, pa&iacute;s del futuro</em> de <strong>Stefan Zweig</strong>, era bastante reacio a alternar con los intelectuales dado su car&aacute;cter hura&ntilde;o y su escasez de oratoria.<br />
<br />
<center><img alt="2012-07-22-CelaenlosllanosDestino.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-07-22-CelaenlosllanosDestino.jpg" width="200" height="240" /><br><small>Cela en los llanos de Venezuela en 1953. Foto: DESTINO. </small></center><br />
<br />
El resultado de aquello fue una novela titulada <em>La Catira</em> (1955), que narra las aventuras de la catira (la rubia) Pip&iacute;a S&aacute;nchez, un personaje de gran nivel, pero no as&iacute; la novela, que est&aacute; repleta de palabrejas, dichos y t&oacute;picos que, por lo visto, despertaron el enconamiento y el disgusto no s&oacute;lo del dictador P&eacute;rez Jim&eacute;nez sino de los propios venezolanos. La novela de Cela, adem&aacute;s, est&aacute; inspirada claramente en <em>Do&ntilde;a B&aacute;rbara </em>de R&oacute;mulo Gallegos, precisamente el pol&iacute;tico que hab&iacute;a sido desterrado del gobierno por el golpe militar (de hecho, el t&iacute;tulo, <em>La catira</em>, procede del nombre de la yegua de Marisela en la novela de Gallegos). Se sospecha que hasta el propio Cela qued&oacute; insatisfecho y consider&oacute; un fiasco literario este encargo propagand&iacute;stico, pero s&iacute; sab&iacute;a que hab&iacute;a elaborado una de las obras m&aacute;s idiosincr&aacute;ticas de la est&eacute;tica del "Nuevo Ideal Nacional" venezolano y que, por lo tanto, hab&iacute;a cumplido su misi&oacute;n. Hubo en Espa&ntilde;a quien, siguiendo a Eugenio de Nora, acus&oacute; a Cela de haberse comportado como "un turista semicegado por el exotismo" de aquellas tierras... <br />
<br />
Por aquel encargo Cela recibi&oacute; tres millones de pesetas de la &eacute;poca (18.000 euros) lo que le vali&oacute; para comprarse un chalet en Mallorca y ofrecer una sonada fiesta isle&ntilde;a. Seg&uacute;n se cont&oacute; en los peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, P&eacute;rez Jim&eacute;nez consinti&oacute; en que se publicara <em>La Catira </em>por "la mala situaci&oacute;n econ&oacute;mica que atravesaba el escritor", pero los cr&iacute;ticos venezolanos menos comprensivos la tildaron de "sucia, inmoral y ofensiva", en tanto que hubo otros que se lo tomaron a guasa y llegaron a publicar cap&iacute;tulos ap&oacute;crifos de <em>La Bachaca </em>(la morena), la nueva novela del sempiterno escritor llanero "Camilo Jos&eacute; Pelas".]]></content>
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    <title>Bukowski: alcohol, mujeres y libros</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/bukowski-alcohol-mujeres-_b_1664632.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1664632</id>
    <published>2012-07-14T04:04:40-04:00</published>
    <updated>2012-09-12T05:12:11-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[A los 50 años de edad Charles Bukowski pudo dedicarse a escribir de pleno. A partir de aquel momento, su vida sexual fue irreprimible. Todo valía para resarcirse de tantos años de abstinencia, y para escribir libros.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[Durante los primeros cuarenta a&ntilde;os de su vida, la vida sexual de <a href="http://bukowski.net/" target="_hplink">Charles Bukowski</a> fue pr&aacute;cticamente nula. De hecho no sali&oacute; con ninguna chica durante su &eacute;poca de estudiante en el instituto ni tampoco en la Universidad. &Eacute;l mismo estaba convencido de que era tan feo que jam&aacute;s una mujer querr&iacute;a salir ni acostarse con &eacute;l. Y no era para menos: durante su adolescencia y su juventud, Hank, como le llamaban familiarmente, fue un tipo alto, desgarbado y corpulento, propenso al aislamiento y a la timidez, de car&aacute;cter hura&ntilde;o y con un terrible problema de acn&eacute;. Ten&iacute;a la cara agrietada por los granos, pero tambi&eacute;n la espalda, los hombros e incluso los p&aacute;rpados, lo que le provoc&oacute; un complejo f&iacute;sico que fue el blanco id&oacute;neo para el escarnio de sus compa&ntilde;eros de clase y el rechazo airado de las muchachas de su edad. No en vano, los profesores del instituto llegaron a pedirle que dejara de ir a clase durante un tiempo por las desagradables p&uacute;stulas que el joven padec&iacute;a con virulencia en su rostro. <br />
<br />
Si a esto le sumamos que la familia de Bukowski era inmigrante y que lleg&oacute; a Estados Unidos procedente de Alemania en los a&ntilde;os de la Gran Depresi&oacute;n, que el padre era un animal que pegaba brutalmente a su hijo por cualquier motivo y que la madre consideraba que la mujer ten&iacute;a que obedecer siempre al esposo, que este siempre llevaba raz&oacute;n y que la funci&oacute;n &uacute;nica de la mujer era la de llevar la casa y criar a los hijos, se entiende que Hank dejara por escrito lo siguiente: "Mi infancia no hab&iacute;a sido f&aacute;cil, as&iacute; que el resto de mi vida no me sorprendi&oacute; tanto".<br />
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En efecto. Parece que todas estas miserias (las palizas del padre, la sumisi&oacute;n de la madre, la pobreza, el sentimiento de saberse un inadaptado, el rechazo de los compa&ntilde;eros) le acabaron por endurecer para todo lo que tendr&iacute;a que venir despu&eacute;s: el alcohol, el vagabundeo, los trabajos miserables, las peleas callejeras, las mujeres locas, la adversidad y la subsistencia m&aacute;s elemental. <br />
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Bukowski empez&oacute; a beber con apenas 17 a&ntilde;os, inducido por su amigo Baldy, hijo de un prestigioso cirujano que hab&iacute;a perdido la licencia por ser alcoh&oacute;lico. El padre de Baldy hab&iacute;a dejado de beber por entonces pero a&uacute;n conservaba numerosos toneles de vino en la bodega. En aquel sitio Baldy invit&oacute; a Hank a probar, le ense&ntilde;&oacute; a poner la cabeza bajo la espita y a trasegar como un cosaco. Al principio, no le gust&oacute; y le repugn&oacute; el olor agrio del vino, pero luego ya no hubo vuelta atr&aacute;s: "Crec&iacute;, me expand&iacute;, med&iacute;a casi cuatro metros, era un gigante. Y me sent&iacute;a maravillosamente. Y la vida era estupenda, y yo era poderoso. Y eso fue todo. Estoy enganchado desde entonces".<br />
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<center><img alt="2012-07-13-noname.gif" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-07-13-noname-thumb.gif" width="418" height="319" /><br><small>Bukowski se inici&oacute; en el alcohol a los 17 a&ntilde;os. Foto: MICHAEL MONTFORT (<a href="http://www.bukowski.net" target="_hplink">http://bukowski.net</a>).</small></center><br />
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Durante su &eacute;poca de estudiante pasaba largas temporadas sin asistir a clase, gastando el tiempo en los bares, pero tambi&eacute;n en la biblioteca p&uacute;blica cercana a su casa, donde descubri&oacute; a <strong>Sinclair Lewis</strong>, a <strong>D. H. Lawrence</strong>, de quien dice que ley&oacute; todos sus libros, a <strong>John Dos Pasos</strong>, a <strong>Sherwood Anderson </strong>y a <strong>Ernest Hemingway </strong>que fue el escritor, junto con <strong>John Fante</strong>, que m&aacute;s le impresion&oacute;.<br />
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Enseguida supo que quer&iacute;a dedicar su vida a la literatura, pero hab&iacute;a un problema: escribir requer&iacute;a tiempo y requer&iacute;a de experiencias vitales de las que poder nutrirse. Esto compaginaba mal con el trabajo, contra el que se rebel&oacute; toda su vida y contra el que dej&oacute; escrito muchos versos, como &eacute;ste: "La verdadera / esclavitud humana / de hombres que no sab&iacute;an / que eran esclavos". <br />
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De ah&iacute; le vino ese vagabundeo infatigable de una ciudad a otra, de un bar a otro, sin m&aacute;s objetivo que vivir situaciones que le sirviesen de material para la escritura: personajes turbios, habitaciones s&oacute;rdidas, estampas de ciudades, l&oacute;bregos tugurios de barriadas marginales, todo val&iacute;a para alimentar el bagaje de la experiencia. Vivi&oacute; a base de rebanadas de pan, de salchichas ahumadas y de manteca de cacahuete. En cierta ocasi&oacute;n, despu&eacute;s de estar cuatro d&iacute;as sin probar bocado, se dio el capricho de comprarse una bolsa de palomitas de ma&iacute;z. Estaban calientes, saladas y grasientas y hac&iacute;a tanto que no com&iacute;a que entr&oacute; en estado de trance en mitad de la calle y se puso a gritar: "&iexcl;Gracias, gracias, gracias!"<br />
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Dilapidaba todo su dinero en bebida y en las carreras de caballos, donde apostaba fuerte y perd&iacute;a con frecuencia.<br />
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<center><img alt="2012-07-13-20120711Bukowskiathiswritingdesk.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-07-13-20120711Bukowskiathiswritingdesk-thumb.jpg" width="403" height="275" /><br><small>Bukowski junto a su m&aacute;quina de escribir. Foto: MICHAEL MONTFORT (<a href="http://www.bukowski.net" target="_hplink">http://bukowski.net</a>).</small></center><br />
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Un d&iacute;a de diciembre de 1969, Bukowski recibi&oacute; una llamada de tel&eacute;fono y alguien al otro lado de la l&iacute;nea le dijo: "Mira lo que se me ha ocurrido, Hank. Si dejas la oficina postal te dar&eacute; cien d&oacute;lares mensuales toda la vida". Bukowski se qued&oacute; noqueado y aturdido. Era John Martin, editor de <em>Black Sparrow Press</em>. Despu&eacute;s de pensarlo durante varios d&iacute;as, le devolvi&oacute; la llamada y respondi&oacute; con un lac&oacute;nico: "Trato hecho". Martin, que cre&iacute;a ciegamente en la genialidad de Bukowski, vendi&oacute; su colecci&oacute;n de primeras ediciones de H. D. Lawrence por 50.000 d&oacute;lares y se comprometi&oacute; con Hank, cual mecenas, de por vida. <br />
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Bukowski hab&iacute;a ido publicando relatos y poemas que enviaba sin parar a cualquier revista o peri&oacute;dico de los Estados Unidos, pero lo que le hab&iacute;a dado cierta notoriedad en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hab&iacute;a sido su columna semanal llamada <em>Escritos de un viejo indecente</em> que hab&iacute;a publicado en el <em>Open City</em> de Los &Aacute;ngeles. Entonces, libre de presiones y libre por fin de la esclavitud del trabajo, se dedic&oacute; con ah&iacute;nco a escribir su primera novela, <em>Cartero</em>, que acab&oacute; en veinte noches. Y entonces, cuando s&oacute;lo hab&iacute;an pasado tres semanas de enero, Hank llam&oacute; a Martin y le dijo: "Ya est&aacute;, ven a buscarla". La novela se vendi&oacute; aceptablemente bien y, con el paso del tiempo, lleg&oacute; a convertirse en el libro m&aacute;s vendido de <em>Black Sparrow Press</em>.<br />
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Por fin, a los 50 a&ntilde;os de edad Charles Bukowski pudo dedicarse a escribir de pleno. Comenz&oacute; a dar recitales, a conceder entrevistas (casi siempre a rega&ntilde;adientes), recib&iacute;a a los periodistas en pantalones cortos, con el torso desnudo y un botell&iacute;n de cerveza en la mano, y las mujeres comenzaron a asediarle. A partir de aquel momento, su vida sexual fue irreprimible: jovencitas extranjeras que ven&iacute;an a adorarle, estudiantes de literatura que quer&iacute;an retozar con &eacute;l, poetisas de segunda fila, alcoh&oacute;licas sin un c&eacute;ntimo en el bolsillo... Todo val&iacute;a para resarcirse de tantos a&ntilde;os de abstinencia, y todo val&iacute;a para escribir libros. Lleg&oacute; a acostarse con tantas chicas que perdi&oacute; la cuenta. De ah&iacute; nacieron t&iacute;tulos como <em>Mujeres</em> o <em>La m&aacute;quina de follar</em>. Luego vinieron el resto de sus libros: <em>Fact&oacute;tum</em>, <em>La senda del perdedor</em>, <em>Hollywood</em>, etc. <br />
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A primeros de 1993 le diagnosticaron leucemia. Pas&oacute; dos meses en el hospital, adelgaz&oacute; y perdi&oacute; agilidad, acab&oacute; encorv&aacute;ndose y se convirti&oacute; s&uacute;bitamente en un anciano rodeado de gatos. Sin embargo, sigui&oacute; bebiendo y escribiendo, hasta que el 9 de marzo de 1994, a los 73 a&ntilde;os de edad, muri&oacute; v&iacute;ctima del c&aacute;ncer. Le enterraron en el cementerio de Green Hills Memorial Park. En la l&aacute;pida quiso que figurase, junto a una figura de un boxeador en guardia, este epitafio: "Ni lo intentes".]]></content>
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    <title>Rodolfo Walsh, una reivindicación</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.huffingtonpost.es/santiago-velazquez/rodolfo-walsh-reivindicacion_b_1642729.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1642729</id>
    <published>2012-07-04T04:03:54-04:00</published>
    <updated>2012-09-02T05:12:16-04:00</updated>
    <summary><![CDATA[Escribía para semanarios obreros y publicaciones clandestinas y es considerado el precursor del Nuevo Periodismo, esa corriente ecléctica que se le atribuye a Truman Capote.]]></summary>
    <author>
        <name>Santiago Velázquez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="en" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/santiago-velazquez/"><![CDATA[La dictadura militar argentina, que tuvo lugar entre los a&ntilde;os 1976 y 1983, dej&oacute; un reguero de cad&aacute;veres, desaparecidos y v&iacute;ctimas, por los que a&uacute;n hoy, 35 a&ntilde;os despu&eacute;s, se sigue juzgando a militares como Alfredo Astiz o a dictadores como Jorge Rafael Videla, quienes en el colmo del retorcimiento se siguen declarando "inocentes pol&iacute;ticos que contribuyeron al logro de la concordia nacional".<br />
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Fueron m&aacute;s de 20.000 las personas desaparecidas o asesinadas por aquellos militares mesi&aacute;nicos y atroces, entre los que se hallaban numerosos periodistas, escritores e intelectuales. Uno de tantos fue Rodolfo Walsh, que fue abatido en la confluencia de dos avenidas de Buenos Aires el 25 de marzo de 1977, justo un a&ntilde;o despu&eacute;s del golpe de Estado y tras publicar su demoledora <em><a href="http://www.literatura.org/Walsh/rw240377.html" target="_hplink">Carta abierta de un periodista a la Junta Militar</a></em>.<br />
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<center><a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:CCD_ESMA.jpg" target="_hplink"><img alt="2012-07-04-walsh.png" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-07-04-walsh-thumb.png" width="570" height="394" /></a><br><small>Dependencias de la ESMA, centro de detenci&oacute;n clandestina en pleno centro de Buenos Aires. Fuente: <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:CCD_ESMA.jpg" target="_hplink">Wikicommons</a>.</small></center><br />
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Entonces Rodolfo Walsh ten&iacute;a 50 a&ntilde;os y hac&iacute;a tan solo seis meses que su hija Mar&iacute;a Victoria, apodada <em>Hilda</em>, de apenas 26 a&ntilde;os de edad, se hab&iacute;a quitado la vida peg&aacute;ndose un tiro en la sien tras un enfrentamiento con m&aacute;s de 150 soldados de la Junta Militar argentina. Con una extra&ntilde;a frialdad impropia de un padre que est&aacute; contando la muerte de su hija, Rodolfo Walsh hab&iacute;a enviado una carta a sus amigos donde relataba c&oacute;mo Mar&iacute;a Victoria, militante ferverosa de Montoneros, organizaci&oacute;n guerrillera de tendencia peronista, antiimperialista y nacionalista, estaba dispuesta a no entregarse viva bajo ning&uacute;n concepto, a&uacute;n a pesar de tener un beb&eacute; de apenas un a&ntilde;o de vida. <br />
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En aquel mes de septiembre de 1976, Mar&iacute;a Victoria llevaba consigo una pastilla de cianuro, algo muy com&uacute;n entre los guerrilleros y paramilitares argentinos, dispuesta a ingerirla en cualquier momento, como hab&iacute;a hecho el periodista Paco Urondo, amigo de la familia. Aquella pastilla era vista como un s&iacute;mbolo postrero contra la barbarie. Pero no hubo de utilizarla. Cuando asaltaron la casa clandestina en la que se hallaba, <em>Hilda</em> se defend&iacute;a desde lo alto de una terraza, y como dej&oacute; escrito Rodolfo Walsh, luc&iacute;a pelo corto, un aspecto enflaquecido y un camis&oacute;n que le quedaba demasiado grande. Tras estar un buen rato disparando con su metralleta contra los soldados que iban a por ella, acab&oacute; por tirarla al suelo, y junto al compa&ntilde;ero con quien estaba en la terraza, levantaron los brazos y a voz en grito exclamaron: "&iexcl;No son ustedes quienes nos matan, somos nosotros quienes elegimos morir!". Entonces se llevaron las pistolas a las sienes y se quitaron la vida delante de todos los soldados. Al entrar en el edificio, los militares encontraron a la nieta de Rodolfo Walsh, de apenas un a&ntilde;o de vida, sentada en su cama, junto a los cinco cad&aacute;veres de los guerrilleros que acompa&ntilde;aban a Mar&iacute;a Victoria. <br />
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Este episodio ilustra la tensi&oacute;n y el dolor con que Rodolfo Walsh vivi&oacute; toda su vida. <br />
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<img alt="2012-07-02-Rodlfo_Walsh.jpg" src="http://images.huffingtonpost.com/2012-07-02-Rodlfo_Walsh-thumb.jpg" width="184" height="254" / style="float: right; margin:10px" >Descendiente de una familia humilde de irlandeses, insobornable de car&aacute;cter, delgado, con el rostro afilado, la frente despejada y gafas de pasta de carey, Walsh se consideraba un guerrillero antes que periodista, y periodista antes que escritor. Lo cierto es que sus reportajes estaban m&aacute;s cerca de la gran literatura que del mero reportaje de actualidad. Su vida como periodista estuvo muy vinculada a su actividad pol&iacute;tica, quiz&aacute; en l&iacute;nea con la concepci&oacute;n sartreana del compromiso del intelectual. Fue nacionalista en su adolescencia, peronista en su juventud, montonero en su madurez y defensor a ultranza durante toda su vida del movimiento obrero en su m&aacute;s pura esencia, aquella que antepon&iacute;a la defensa ecu&aacute;nime del trabajador sin verse en la obligaci&oacute;n "de optar entre la barbarie peronista y la barbarie revolucionaria".<br />
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Rodolfo Walsh, que escrib&iacute;a para semanarios obreros y publicaciones clandestinas, es considerado el precursor del Nuevo Periodismo, esa corriente ecl&eacute;ctica que se le atribuye a Truman Capote, y lo cierto es que <em>Operaci&oacute;n Masacre</em> fue escrita nueve a&ntilde;os antes que <em>A sangre fr&iacute;a</em>. Pero uno duda de que el escritor argentino aceptase tan alto honor leyendo su ep&iacute;logo de <em>Operaci&oacute;n Masacre</em>, donde desconf&iacute;a y pone en solfa las posibilidades del periodismo, pregunt&aacute;ndose si la sociedad necesitaba enterarse de cosas como las que &eacute;l denunciaba. Escrib&iacute;a: "A&uacute;n no tengo una respuesta. Se comprender&aacute;, de todas maneras, que haya perdido algunas ilusiones, la ilusi&oacute;n en la justicia, en la reparaci&oacute;n, en la democracia, en todas esas palabras, y finalmente en lo que una vez fue mi oficio (el periodismo), y ya no lo es".<br />
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Algunos de los integrantes del grupo que lo asaltaron en plena calle, justo el d&iacute;a despu&eacute;s de publicar su famosa <em>Carta abierta de un escritor a la Junta Militar</em>, aseguran que Rodolfo Walsh se parapet&oacute; tras un &aacute;rbol, enarbolando una pistola Walther de calibre 22, y que no dej&oacute; de disparar hasta que fue herido de muerte. Por lo visto, su cuerpo fue exhibido a los secuestrados del campo de concentraci&oacute;n de la ESMA, donde ocurr&iacute;an los m&aacute;s siniestros y cruentos cr&iacute;menes de Argentina. Pero esto pertenece ya al terreno de la ficci&oacute;n o, al menos, al m&aacute;s difuso de la probabilidad, puesto que el cad&aacute;ver de Rodolfo Walsh nunca apareci&oacute;. Lo que s&iacute; es cierto es que muri&oacute; como lo hab&iacute;a hecho su hija, luchando por defender a su pa&iacute;s de la barbarie y la degradaci&oacute;n moral.]]></content>
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