Hace cuatro años dudábamos si seríamos capaces de superar la derrota, hoy nos preguntamos si estaremos a la altura del triunfo.
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Un gol, o dos, o tres puede alzarle a la gloria, pero una mala actuación puede despeñarle al abismo.
Del Bosque por fin es íntegramente de los nuestros, no sólo hasta el final de esta batalla. Ahora, psicológicamente, somos más fuertes.
El miércoles viviremos un duelo entre la tradición y la modernidad, entre la sobriedad y el glamour.