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Comentario pacífico sobre la violencia

Publicado: 11/03/2013 07:06

¿Recordáis a Pere Puig? Os voy a hablar de él.

Hasta finales de diciembre de 2010, Pere Puig trabajaba en una empresa de construcción en Olot. Los dueños de la empresa -un señor y su hijo- se negaron a pagarle el sueldo durante unos meses bajo la excusa de la crisis. Al final, le dieron un cheque por el dinero retrasado y le despidieron. El 15 de diciembre de 2010 fue a cobrarlo en una sucursal bancaria y descubrió que el cheque no tenía fondos. Al parecer, los trabajadores de la sucursal se rieron de él y le exigieron una deuda que tenía pendiente.

Cogió un rifle, entró en una cafetería donde estaban desayunando el padre y el hijo, dueños de la empresa, y disparó a los dos. Después se dirigió al banco e hizo lo mismo con el director de la sucursal y con la trabajadora que le había atendido.

Nos olvidamos de Pere Puig. Pero volví a acordarme de él y busqué su caso en Internet. Buena parte de lo publicado sobre este suceso intenta insinuar que es un loco. O recalca su imagen como individuo aislado e inestable. ¿Quién de nosotros puede mantenerse equilibrado cuando le despiden, no cobra lo que le deben y además tiene deudas?

La acción de Puig tuvo lugar un 15 de diciembre. Dos días antes del suceso del famoso Mohamed Bouazizi, el joven tunecino que se inmoló provocando la mal llamada "primavera árabe".

Bouazizi no fue el primero en ejercer este tipo de violencia -aunque fuera contra sí mismo- debido a la rabia y a la indignación social. Algunos lo hicieron antes de él, en Túnez o en Egipto. Estos actos de protesta en forma de violencia individual terminaron por encender revoluciones. Es decir, acabaron por convertirse en algún tipo de violencia colectiva, social.

Sé que esto no encaja con el imaginario colectivo al que le gusta denominar, a las dos revoluciones mencionadas anteriormente, revoluciones pacíficas. La revolución nunca ha sido una acción pacífica, mucho menos las dos mencionadas.

Después de Pere Puig, ocurrieron en España algunos sucesos parecidos de violencia individual por parte de personas que no veían ninguna salida para poder salvar sus vidas y no encaminarse hacia la miseria. Es verdad que no eran actos tan sangrientos como el hecho por Puig. Pero el poder mediático y político insistió en no dar importancia a este tipo de actos, que pasasen desapercibidos, y si se hablaba de ellos que fuera para tacharlos de actos de individuos aislados y locos.

¿Son locos? ¿Son casos aislados de ciertos enfermos? ¿No tienen nada que ver con el desastre social que existe actualmente en España? ¿No tienen nada que ver con la indignación de una gran parte de la población? ¿No serán reacciones contra un poder que ignora a la gente y su sufrimiento? ¿No será la señal de un sentimiento creciente de que la protesta, las manifestaciones o las huelgas ya no afectan a este poder que actúa como si todo fuera bien y las cosas estuvieran mejorando?

Son preguntas para que cada uno las responda o reflexione sobre ellas como quiera.
Pero no puede negarse que este tipo de actos van en aumento y se están extendiendo entre nuevas franjas sociales.

¿Hacia dónde pueden derivar estos actos? Hasta el momento, la historia nos ha enseñado dos caminos: Una revuelta o revolución popular con objetivos políticos muy claros, y en este caso la clase gobernante -no solamente el partido gobernador- no quedará en pie. O el otro camino es el del caos y la violencia colectiva incontrolable. En este caso no quedará nada en pie, nada.

¿Qué le parece señor Rajoy?

¡Aunque no sé por qué le pregunto! Sé que está actuando como cualquier gobernante cuando se encuentra al final de su vida política. Normalmente, en esa etapa, los gobernantes antes de hundirse completamente no leen la prensa. Solo leen lo que escriben los amigos y los aduladores.

 

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