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La boda de los muertos

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Era pasada la medianoche. En el taxi que me llevaba desde el centro de El Cairo hacia casa. Tomó el camino que normalmente no me gusta que tome, el camino por mitad de los cementerios, por la que se conoce como "la ciudad de los muertos".

En Egipto hay dos "ciudades de los muertos"; la primera, la histórica, está en el Sur, en Luxor. Era donde se enterraban a los reyes en la época de los faraones, en una de las orillas del Nilo, mientras en la otra estaba la ciudad de los vivos, donde se encontraban estos reyes -vivos- rodeados de las casas de los pobres.

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La ciudad de los muertos moderna de El Cairo. Foto: archer10 (Dennis) - Flickr.

La segunda "ciudad de los muertos" es más moderna, tiene pocos siglos. Creció bastante en los años 60 y fue aumentando en las décadas posteriores. No creció tanto a nivel de tamaño, sino en el número de habitantes.

A nivel de espacio, la ciudad se quedó fija, aunque esté dividida en varias zonas. La zona principal siempre ha estado al margen de la ciudad, protegida por la lejanía y por el monte grande, Al Mokatam. Allí, desde el siglo XIX, empezaron a refugiarse los delincuentes comunes o aquellos que escapaban de hacer el servicio militar obligatorio.

También queda protegida por la propia estructura de los cementerios musulmanes de la ciudad. Estos prefieren construir sus tumbas dentro de un espacio parecido a un patio o a una habitación. Las podríamos llamar las "casas" pequeñas de los muertos de cada familia.

Con el proyecto de desarrollo nacional de Naser y debido a la construcción y a una demanda de mano de obra del campo en la ciudad, comienza a habitarse esta "ciudad de los muertos" con los vivos. Con los más pobres y los más marginados. Son los que viven al margen de la ciudad intentando robar la electricidad para tener al menos una bombilla encendida.

La ciudad de los vivos crece también, y bastante, así que se rodea a los muertos poco a poco. Los tienen en su útero. Y el mismo monte que antes daba miedo es poblado con las casas de la clase media y los chalés de los ricos que miran desde arriba esta ciudad oscura que, según algunas estadísticas, está habitada por un millón de personas.

El taxi cruza la calle principal de los cementerios por la noche. Todo está oscuro. Los habitantes de esta zona siempre se refugian a esas horas dentro de sus "casas/tumbas".

Nunca me atreví a entrar en esas calles de tierra que salen de la calle principal. Solamente he observado desde la ventanilla del coche algunos perros callejeros, unas pocas luces, una mujer sentada frente a una tumba, algún funeral o ropa tendida.

De repente, esa otra noche hace solo unos días, había mucha luz y mucho ruido que salían de uno de los callejones. El taxi comienza a ir más lento, nos fijamos y ¡es una boda!

Mucha luz, música que sale de unos altavoces fijados en el mismo callejón y gente que rodea a una bailarina muy gorda de danza del vientre, mientras baila y celebra con ella la boda.

El taxista para el coche y nos quedamos unos minutos observando esta celebración, esta boda en medio de la muerte.

La pregunta del taxista es la misma que la mía: ¿Están muertos o están vivos?

Solo con este tipo de escenas entiendes el acompañamiento de la vida y de la muerte en la vida de los egipcios. Entiendes cómo en medio de la muerte y los enfrentamientos de la revolución la gente creaba chistes políticos de tono erótico. Cómo surgían relaciones nuevas después de llevar a alguna víctima al hospital de campaña.

Durante los días más sangrientos de la revolución, había jóvenes que se refugiaban en alguna de las casas de amigos que rodean la plaza Tahrir, para hacer el amor y luego volver otra vez a los enfrentamientos. Quizás cayese después alguno de ellos, ella o él, al recibir una bala.
Y permanece la pregunta del taxista y la mía: ¿Están vivos o muertos?