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Un intelectual europeo sentado en una terraza

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Un intelectual europeo, sentado en una terraza de una ciudad europea, pregunta a su colega, un intelectual egipcio, por la situación actual de la revolución.

Menos mal que no utilizó el término "primavera árabe", porque el intelectual egipcio le tiene fobia a esa etiqueta.

El egipcio es un hombre que va a los detalles, no es de respuestas generales. La última conversación que mantuvieron los dos estuvo relacionada con la infancia, y empezó a contarle muchos detalles relacionados con la situación de los niños marginados bajo el poder de los Hermanos Musulmanes.

Contó cómo se les detiene ilegalmente, se les tortura y algunos incluso son encontrados muertos y tirados en alguna carretera.

Recordó lo que escribió un amigo suyo, abogado, hace unos días en Facebook: "Parte de estos niños llegan a veces a ser acusados frente a la Fiscalía. Pasan el tiempo allí jugando y corriendo entre los despachos. Uno de ellos lloraba mientras le decía al fiscal: Tío, yo no quiero ir a la cárcel, me quiero ir con mi madre".

Los ojos del intelectual europeo brillan, no se sabe si por la emoción o por un rayo de sol que le deslumbra.

El intelectual egipcio sigue hablando, saltando de un asunto a otro. Llega hasta los últimos enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en una zona marginal del país y cómo la policía atacó al día siguiente el funeral de las víctimas que salía de la Catedral de El Cairo. Habló de estos enfrentamientos entre musulmanes y cristianos frente a la sede principal de la Iglesia copta, que duraron más de 12 horas y que dejaron otros tres muertos que se añadieron a los cinco asesinados el día anterior.

Un poco de silencio y el intelectual europeo dice: "Claro, la religión es la lacra de vuestra región".

Tenía toda la razón, pero quizás olvidó definir qué religión. ¿Se trata de la religión en general o de un tipo de religión? ¿O el modelo del Islam político? ¿O el modelo del Islam importado de la zona del Golfo? Olvidó también decir quién es el responsable de alimentar esta lacra.

El intelectual egipcio siguió con la conversación pero en su cabeza, en silencio, sin pronunciar palabra.

No sabía cómo tratar este asunto, así que se alejó de las causas históricas que alimentaron esta lacra: el colonialismo, las invasiones extranjeras más recientes, el control del capital occidental sobre los recursos de la zona y su papel fundamental en la interrupción del proceso natural de desarrollo social y económico de los países del norte de África y de Oriente Medio.

Se quedó pensando solo en los ejemplos más sencillos de apoyo directo a este modelo religioso retrógrado y enemigo del progreso. Empezando por los documentos, conocidos hace muchos años, sobre el apoyo y la financiación que dio la embajada británica en El Cairo, en la primera mitad del siglo XX, a los Hermanos Musulmanes para enfrentarse y frenar a las dos fuerzas políticas que los británicos consideraban un peligro: Al Wafd, la fuerza liberal nacional, y la izquierda.

Ignoró el ejemplo tradicional del apoyo que recibieron Bin Laden y las fábricas de yihadistas en los años 80 y 90 para combatir en Afganistán. Pasó de largo muchos años y numerosos detalles hasta llegar a los últimos dos años. De nuevo, el apoyo claro de los poderes de Europa y de Estados Unidos a las fuerzas islamistas para frenar las revoluciones en la zona. Apoyo a fuerzas antidemocráticas y el reconocimiento de resultados falsos de elecciones y de referéndums, solo para garantizar los intereses europeos y norteamericanos en la región.

Se acordó de Irak y de cómo las fuerzas de ocupación fabricaron un Estado sectario, establecido sobre un equilibrio que no existe entre religiones, en vez de construir un Estado democrático como decían que iban a hacer. Se olvidó de Siria, pues siempre lo consideró un caso complicado entre los islamistas y el régimen. ¿Y Malí? ¿Qué pasa con Malí? ¿Qué pasa con la intervención armada allí? ¿Acabará con la lacra de la religión o la aumentará?

Estaba a punto de volver a hablarle a su colega intelectual europeo sobre los niños marginados y las situaciones que viven sus familias, lo que les obliga a dejarles en la calle, y de por qué los islamistas los ven como posibles enemigos. Iba a contarle sobre el niño al que intentaron alejarle de la primera línea de los enfrentamientos, a finales de 2011, y empezó a darles patadas -a los mayores- mientras lloraba y gritaba: "Yo no me quedo atrás, atrás es de cobardes".

Iba a contarle esto sin decirle que el régimen islamista tiene una orientación fascista, porque sabe que a los europeos no les gusta reconocer que hay modelos fascistas que existen todavía fuera de sus fronteras, pero el intelectual europeo rompió el silencio, tomó su copa de vino, se acercó al egipcio y le dijo: ¡Salud!

(Querido lector, no me acuses de envidioso pues sé que lo soy)