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Ferias y Furias

25/02/2014 07:46 CET | Actualizado 26/04/2014 11:12 CEST

Tanto se habla sobre el arte contemporáneo que cuesta trabajo buscar un comienzo para la reflexión, cada vez más diversa y amplia. Tanto como personas pueda haber en este primer mundo que hayan incorporado el arte como un lenguaje asumido. La democratización de la producción y la crítica son un hecho. Parecen estar al alcance de todos y para todos. ARCO es el ejemplo. La feria, independientemente de su función puramente mercantil, provoca cada año una reflexión al respecto necesaria e inútil a partes iguales.

Es tanta la cantidad de personas que se acerca a la producción artística, tan grande el trasiego a través de internet de contenido audiovisual, que el arte se está quedando sin discurso porque hace una alusión constante y repetitiva a sí mismo. Como si la vida de la que debe nutrirse se quedara corta para este batallón de creadores en búsqueda constante del más difícil todavía. Muchos son los que opinan que se ha perdido la calidad en aras de la cantidad. Yo no voy a juzgar algo tan abstracto. Simplemente entiendo que la democratización de casi todo produce ésto, que es lo más parecido a la representación del momento concreto. De ahí la vuelta a los clásicos modernos como valor seguro. Todo se comisaría y se conceptualiza. Supongo que en un intento de poner orden al maremagnum de nombres y obras al que estamos expuestos. El programa SOLO DÚO es el ejemplo más claro de ésto: dos únicos artistas por stand para hacerse visibles en este zoco de a miles de euros.

Supongo que la intervención del laureado Ferran Adrià es digna de mención. Sus pinturas y bocetos, después de haber pasado por el Drawing Centre de Nueva York o Somerset House de Londres oficializan a nivel nacional su indudable maestría creativa como alquimista de alimentos. La cocina consagrada definitivamente como disciplina artística. Algo está cambiando y como dice Carlos Cruz-Díez: Estamos viendo el fin de una civilización y el comienzo de otra.

Se habla de rigor y arte formal como tónica general en ARCO 2014 y puede que en líneas generales así haya sido, pero no nos engañemos. Lo que ha provocado colas y ha llenado los telediarios, publicaciones y redes sociales ha acabado siendo un espectáculo de topless, "observación irónica y lúdica que alude a lo prohibido hace años en España" según su autor Yann Leto. Pura mercadotecnia que hará que, bien o mal, se hable de él durante un tiempo y que el público haya acudido más alegremente.

Epatar, provocar, entretener y vender son leyes de esta época sin duda, aunque el mundo de las galerías y ferias se empeñe en preservar el halo de sofisticación al que estaban acostumbrados. Ese glamour que les permite pensar que sigue siendo apto sólo para unos pocos capaces de caminar sobre las aguas.

Creo que podría afirmar que el arte como fin en sí mismo hoy contribuye al puro entretenimiento y disfrute sin más. Como medio, sin embargo, puede suponer una suerte de proceso mental, cambio de actitudes, comportamientos, esquemas y roles, tanto para los que lo producen como para los que asisten a ese proceso creativo, permitiendo mantener esa componente tradicional del arte: educativa y al tiempo transgresora. Yo, al final, me quedo con eso. Lo demás no me convence NA DA.

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