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Indolente

02/02/2013 10:03 CET | Actualizado 03/04/2013 11:12 CEST

Para mi, una manera de ser instaurada en personalidades estancas que no sienten ni frío ni calor y que, por tanto, ni buscan ni encuentran, ni luchan ni sufren, ni gozan en exceso.

Ese no-riesgo es un espacio vacío, una falta de de ilusión e, incluso a veces, una triste indiferencia hacia lo ajeno. En su propia definición y según nuestros valores adquiridos no puede ser positivo, porque el hombre en esencia, se supone que existe por la consecución de objetivos. El deseo nos mantiene vivos, o eso dicen. También la lucha por los ideales, la realización personal y defensa de derechos y valores que afectan a nuestros semejantes. Crecimos con ese ejemplo y nos encontramos con personas que "se mojaron" hasta la muerte por su religión, por su familia, por defender una etnia o por un simple deseo de justicia. En una palabra: que no se quedaron "viéndolas venir" (¡qué gran frase!).

Lo he dicho muchas veces y lo reitero: vivimos en el espacio/tiempo de usar y tirar. Y las ideologías son una parte más de este entramado.

Pero, ¿quién nos dice a nosotros que éso es lo correcto? ¿Y en qué medida? ¿Implicarse en qué y para qué? ¿Con qué fin? ¿Qué determina que estamos en lo cierto? ¿Qué grado de felicidad provoca éso y qué grado de insatisfacción? ¿La comodidad de la no-implicación es tan negativa realmente o simplemente pertenece a un cambio de era que debemos asumir?

Todas estas son preguntas que me hago porque mi esencia como Belén Conesa, cartagenera de nacimiento, educada en la religión católica y en la sensación caótica, cosmopolita según la definición de Pablo del Val, sagitario de pura cepa, cerdo para los chinos, vital y un tanto temperamental... El término choca frontalmente con lo que espero de mí misma y de los demás, pero a veces me doy cuenta que este concepto como tantos otros es relativo, mensurable, dependiente del carácter de cada cual y hoy por hoy ciertamente candente.

Valoro también que tal característica debe producir paz para el que lo "disfruta" aunque desde mi punto de vista, nunca una satisfacción profunda y plena. Aunque también entiendo que nada ni nadie debe tenerlo en términos absolutos y la indolencia no puede ser total, porque siempre habrá un cartón que reciclar, un beso que dar o un vecino del que compadecerse porque se le inundó el baño.

Habrá quien no muera por amor ni por cualquier otro motivo. Habrá quien acabe dando la razón a todo el mundo porque no sepa posicionarse de forma definida. Incluso quien no se pare a pensar en qué tipo de país estamos generando y qué les espera a los que vienen detrás.

¿Pero es todo éso motivo suficiente para echarlos a la hoguera del olvido? Puede que sí o puede que no. Yo probablemente sí (y aquí me río) porque pienso -mejor dicho- siento que un cierto coraje y criterio define a las personas y algunas incluso han pasado a la historia por tenerlo. Lo admiro aunque ya no abandero la tiranía del posicionamiento concreto. Me debo estar haciendo mayor.

Cada vez más concedo al espacio vacío del gris, al menos, el beneficio de la duda, porque ya lo dice un famoso dicho infantil, sabio y acertado: "YO SOY YO y TÚ ERES TÚ. ¿Quién es más tonto de los dos?"

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