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El homenaje a Tito en el Clásico ensombrece a Martino

25/10/2013 07:12 CEST | Actualizado 24/12/2013 11:12 CET

El pasado miércoles se supo el lema que el Camp Nou presentará en el habitual mosaico de cada Clásico. "Força Tito!" (¡Fuerza Tito!), leerán los millones de aficionados al fútbol que televisen el enésimo Partido del Siglo.

Hay algo de oxidado en la imagen que el coliseo barcelonista mostrará. No por el mensaje, sino por el objetivo y el momento. Muchos aplaudirán la idea como muestra de los valores distintivos del club, tan de moda desde UNICEF. No les falta razón. Seguro que Tito agradecerá el apoyo del aficionado, sincero por completo, pero con el homenaje también se desprende una especie de vuelta al pasado que ensombrece la tarea del actual cuerpo técnico.

En su precipitada llegada, Gerardo Martino fue el primero en honrar las aportaciones de Vilanova y su legado. Al fin y al cabo, la carta Martino no deja de ser una medida de urgencia para cubrir un caso excepcional en los banquillos europeos desde Gérard Houllier y su corazón. Consciente, el Tata quiso contar con los asistentes de Vilanova en distintas funciones y fue muy cuidadoso en los hábitos del equipo para no convertir su aterrizaje en una revolución. Incluso en el Gamper de agosto tuvo palabras de ánimo para su predecesor.

Vilanova fue el encargado de capitanear la primera temporada post-Guardiola después de la traumática salida del entrenador de los 14 títulos. Y la aventura no le podría haber ido mejor. Primera vuelta de récord y máxima puntuación histórica para conseguir la pasada Liga. Simplemente insuperable.

Pero la vida golpeó con fiereza su salud y con ella la estabilidad barcelonista, ya de por si en eterno tambaleo. Tres meses después de su salida, el soci recuerda agradecido el paso del ampurdanés por el banquillo, pero a la vez es consciente que la magnitud indomable del club les obliga a seguir adelante.

Tras un cuarto de Liga ya disputado, el macrorecuerdo a Vilanova del próximo sábado ante el Real Madrid parece un ancla en alta mar con la nave a toda máquina y señala a Martino como asaltante al timón catalán.

Conocer el pasado es una muestra de fortaleza presente, pero que un día tan señalado a nivel futbolístico y social (ambas ciudades parecen desiertas a la hora del partido) se aproveche para enaltecer al exentrenador, parece demasiado artificial y oportunista. Los homenajes, en la intimidad, suenan mejor.