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'Atroz Kids'

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Juan Imedio ya lo hizo antes en Canal Sur. Julia Otero ya lo hizo antes en TV3. Me refiero al formato de niños preguntando como adultos sobre asuntos que los adultos responden como niños. Lo que no recordaba haber visto, hasta ahora, era la perversión del formato hasta la entrevista a políticos en (pre)campaña que amadrina Ana Rosa como la abuelita de España en 26J. Quiero ser presidente (Telecinco). La de anoche fue la segunda entrega, esta vez protagonizada por Pedro Sánchez, tras el estreno de la semana pasada con Pablo Iglesias -ese candidato betatester de cualquier nuevo formato telesivo (quería haber escrito 'televisivo' pero aprovecho para dar las gracias a mi torpeza dactilar por este neologismo que no podría haber venido más al caso: "TELESIVO". Gracias, cansancio vital por regalarme estos momentos de lucidez involuntaria).

26J. Quiero ser presidente. Qué título tan sinsustancia, cuando podrían haber jugado con otro de los programas insignias de la cadena y haberlo bautizado como Atroz Kids (y sí; Jesús Vázquez ya lo había hecho antes. Él también, lo mismo que Juan Imedio, lo mismo que Julia Otero). Porque la idea del formato es exactamente la misma, solo que con la diferencia de que en el programa musical para retoños padecíamos las consecuencias de inocentes criaturas obligadas a ver y escuchar una y otra vez grandes hits del flamenquito y en Atroz kids descubrimos lo pernicioso que es para la infancia el consumo habitual de Las Mañanas de Cuatro.


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(Este niño dice ver a a diario Las mañanas de Cuatro y pretende ser presidente del Gobierno)

No se quedan ahí las inquietantes similitudes entre Atroz Kids (el programa anteriormente conocido como 26J. Quiero ser presidente) y La voz kids: en ambos -emitidos a partir de las 22:00, en un horario que se considera para público adulto- se produce una retorcida simulación por la que los espectadores se supone que disfrutan de un entretenimiento adulto; bien sea política bien sea música cuando, en realidad, están gozando de una infantilización de su criterio, que se abarata ante burdas imitaciones, faltas de profundidad y madurez; lo ideal para la hora de cenar.

Atroz Kids (lo mismo que su predecesor musical) es un juego de imitaciones, de versiones descafeinadas del original que permiten la digestión fácil y, además, favorecen el perdón de la audiencia, que disculpa en los niños cosas que no toleraría en un adulto en televisión. Niños como escudos humanos para formatos ramplones, en lo musical y en lo político, que de otro modo no se sostendrían en pie.

Pero hay algo más, una cosa más: Atroz Kids es un claro ejemplo de la tendencia de estas elecciones de verano: una tendencia que entierra las de temporadas electorales otoño/invierno cuando el centro era el territorio a disputar. Una tendencia que deja atrás las modas primaverales de hace solo unas semanas, cuando la socialdemocracia parecía lo más de lo más, el espacio a conquistar. Pues no. Visto lo visto (entre otras cosas, esta segunda entrega de Atroz Kids), de lo poco que me queda claro es que la gran lucha en esta campaña electoral es por hacerse con el patrimonio de lo cursi. No hay nada más transversal: ni el centrismo ni la socialdemocracia: lo cursi es lo que más nos une, nos ocupa y pugna por salir. Y los cuatro partidos mayoritarios, en esta segunda temporada electoral, han decidido sacar lo cursi que hay en nosotros y obligarnos a votar desde lo kitsch: los niños, las sonrisas, el 'a favor', los gatos, los corazoncitos, los valles floridos, las puestas de sol, el pensamiento positivo... y todo lo que aún no se nos ha ocurrido pero que está por llegar. Que no nos pase nada. ¡El mineralismo cursi va a llegar!

Hasta mañana. Hasta el 26J. Y más allá.