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Amadísima Saritísima

08/04/2013 21:34 CEST | Actualizado 08/06/2013 11:12 CEST

Uno de mis primeros trabajos en Caracas fue escribirle unas entradillas a Sara Montiel para un especial en el canal de televisión donde era guionista de telenovelas. La Sara Montiel que hacía giras en esos años ochenta tenia la peculiaridad que no podías catalogarla como folclórica, tipo Jurado o Pantoja, ni como gran cantante a lo Raphael, sino como una mezcla única de diva con pasado hollywoodense y sex symbol de un tiempo extraño, reprimido pero que permitía esa sublime creación erótica que era Sara, la gran Sara.

Escribí mas o menos eso y ella escuchó cómo la voz en off lo decía antes de iniciar su actuación. Yo estaba allí, imaginándome que ella lo escucharía, mandaría detener la grabación y pediría conocerme, pero no fue así. Al termino de la grabación subió a un coche, envuelta en las plumas de su atuendo, bajo el tremendo calor de Caracas, y marchó. Muchos años después, la gran Sara, imponente, envuelta del humo de su tabaco, me escuchó contarle esta historia y cogiendo mi cara entre sus manos sentenció: "Siempre supe que esas palabras eran tuyas".

Vino una noche a Crónicas Marcianas y lo que iba a ser un repaso sobre su alocada relación con el chismorreo de finales de los noventa terminó en una delirante conversación sobre esas leyendas que Sara construía sobre su propia leyenda. En esa entrevista aseveró que minutos antes de subirse al Porsche donde perdería la vida, James Dean la invitó y ella declinó porque tenia que acostarse temprano y ya se había bebido el vaso de leche con el que se preparaba a dormir. También contó que cuando llegó al estudio de la Metro para el rodaje de "Veracruz", era habitual que las grandes actrices "heredaran" su camerino a las que consideraban sus continuadoras. Sara nos dijo que a ella la escogió Marlene Dietrich y que vino hacia ella, cogiendo su rostro entre sus manos y le dijo "Sara, tu serás mi heredera y mi camerino te pertenece porque es verde, como tus ojos y mi verde te traerá mucha suerte". Te lo decía con esa voz profunda, esos ojos que no envejecían, ese rostro encerrando la sabiduría de los grandes faraones. Porque Sara empezaba a darse cuenta que estaba convirtiéndose en la última de una especie.

Nos regresamos juntos en la furgoneta del programa, ella empezó a hablar de sus recuerdos de Barcelona, "la ciudad mas golfa y encantadora después de Los Ángeles", mirándome con esos ojos aceituna, para nada cansada por las horas que eran. Yo le dije que "Esa mujer" era mi película favorita de su filmografía y ella me respondió: "Es que eres muy culto", porque es su película dirigida por Mario Camus y escrita por Antonio Gala. "Yo me trance con los productores, les dije: quiero que la película la escriba Antonio y si no la escribe Gala, no contéis conmigo", me dijo. Y entonces, como leyéndome la mente, repitió el "Fuera, fuera de aquí" que marca una de las escenas culmen de esa película.

Es cierto que ver "La Violetera", sobre todo en navidades, es una maravillosa tradición, pero Sara debió ser muy inquieta y viéndose atrapada en ser leyenda, eso no era suficiente. Por eso es muy de agradecer que Fangoria la invitara a formar parte de su video, que la MTV la llamara para ser imagen de España para esa generación, que se casara con aquel hombre cinéfilo y cubano y nos regalara una de las portadas del Hola de este milenio mas divertidas y Super Saritisima. Sin embargo, a muchos de sus estudiosos este ultimo acto de su vida les disgustaba. Pero Sara jamás bajo la cabeza, nunca se mostró mal ni avergonzada, estaba allí acometiendo un papel que incluso le divertía.

Terenci Moix jamás perdió la admiración por ella y junto a él acudí a cenar con ella al Ritz de Madrid. Nos contó que toda la banda sonora del "Ultimo Cuplé" se grabó en un mismo día en un bajo de la calle Casp en Barcelona. "Pero... ¿todas las canciones, Sara? ¿en un mismo día?", le incitaba Terenci. "Todas, no teníamos nada de presupuesto. Le decía al maestro, ya tenemos una, vamos a por la siguiente y así lo hicimos todo". El propio Terenci tenia un hábito de recontar lo que él llamaba "las grandes hazañas de Super Sara en la historia" y eran anécdotas que Sara le había contado y reiterado a lo largo de muchos años.

En una de ellas, Sara, casada con Anthony Mann en Hollywood, tiene una empleada de servicio que canta una bellísima canción mientras lava las escaleras. Sara le pregunta: "Hebrea (por la fisonomía de la empleada), ¿que canción es esa que cantas?" y la empleada tímidamente le dice "Es mía, señora". "¿Como te llamas, hebrea?" y la empleada siempre tímida le responde: "Barbra, señora, y la canción se llama People". Y acto seguido Sara llama a su marido y exige que contrate a la empleada como cantante. Y así Sara Montiel era la descubridora de Barbra Streisand.

Sara Montiel deja una carrera extraordinaria que incluye sus películas pero también la elaborada construcción de su mito en vida. Eso solo lo puede hacer una grande.

Muerte de Sara Montiel: fotos de su vida

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