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De sufrimientos y mordazas

18/05/2017 07:28 CEST | Actualizado 18/05/2017 07:28 CEST
EFE

"Cómo gasto papeles recordándote,/cómo me haces hablar en el silencio,/cómo no te me quitas de las ganas/aunque nadie me ve nunca contigo./Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años/sin pasar tú por mí, detenida.

Te doy una canción si abro una puerta /y de las sombras sales tú./Te doy una canción de madrugada,/cuando más quiero tu luz.

Te doy una canción cuando apareces/el misterio del amor,/y si no lo apareces no me importa:/yo te doy una canción.

Si miro un poco afuera me detengo:/la ciudad se derrumba y yo cantando,/la gente que me odia y que me quiere/no me va a perdonar que me distraiga./Creen que lo digo todo, que me juego la vida,/porque no te conocen ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso/sobre mi derecho a hablar./Te doy una canción con mis dos manos,/con las mismas de matar./Te doy una canción y digo: "patria",/y sigo hablando para ti./Te doy una canción como un disparo,/como un libro, una palabra, una guerrilla: /como doy el amor".

Silvio Rodriguez.

A mi desconocida vecina, mi ignorado ciudadano, incluso a mi respetada política de este o aquel partido. A ti, quienquiera que seas –aunque no te conozco, te doy una canción-, me tienes atribulada y preocupada.

A ti, que has puesto el grito en el cielo al conocer el borrador de ley de igualdad social LGTBI y se te ha llenado la boca de mordazas y desconocimiento de mi colectivo, sólo quiero hoy darte una canción y hacerte unas cuantas preguntas -una canción y mi emoción y un poquito de mi rabia-, una canción en la que "patria", te habrás dado cuenta, es mi colectivo y su derecho a hablar, a ser conocido y respetado, respetado y defendido -querido también-, y unas palabras para explicarme y explicarte.

Veo y me apena, mi ciudadana desconocida, mi vecina, mi político, mi quienquiera que seas, que te ha enfadado un texto abierto y de máximos que hemos trabajado mucho y muchas personas –texto que merece en el trámite parlamentario un debate sosegado e integrador-, un texto que solo busca poner fin a tanto odio, tanto dolor, poner fin al sufrimiento de siglos de mi colectivo.

Y hablas con mucha rabia y con torpeza de mordazas sin saber del todo a quién te diriges, vecino, paseante, ciudadana desconocida. No hables de mordazas a quienes tanto las hemos padecido..., ¿quieres que mi colectivo te hable de mordazas y de muerte?

¿Quieres saber del oscuro y doloroso día a día de quien nunca, nunca, pero nunca, habla de su vida en su trabajo porque tiene miedo a perderlo?

¿Quieres conocer a la adolescente que sufre -incluso hasta el suicidio- en su pupitre? ¿Quieres saber del oscuro y doloroso día a día de quien nunca, nunca, pero nunca, habla de su vida en su trabajo porque tiene miedo a perderlo?

¿Quieres salir de noche sintiendo pánico a que te peguen? ¿Quieres que te insulten con el insulto de siglos que tanto duele y tanto estigmatiza...? Ese insulto que entra hasta el fondo y se acumula al desprecio del padre, a la sospecha cargada de reproches de quienes más te importan, ¿eso quieres?

¿Quieres que te hable de mi amiga, mi querida amiga que acabó en el suelo llorando no por las patadas sino por el miedo y por el dolor de no poder ser lo que de verdad es?

Te puedo presentar a aquel hombre de 86 años que se pasó la vida sujetándose las manos para que no se le escapara la pluma, reprimido y aterrado en aquellos tiempos horrendos de legislación represiva -éramos vagos y maleantes, éramos, ay, peligrosos sociales-, tiempos de insultos y palizas, de vejaciones, de frenopáticos y electrochoques, de destierros, de matrimonios forzados, tiempos de humillaciones. Tiempos de mucho susto y de mucho dolor.

¿Quieres que te diga todo lo que el colectivo de la diversidad sexual, de género y familiar sabe sobre mordazas? ¿Te hablo, te hablamos de nuestras mordazas de siglos, añejas mordazas mezcladas con nuestra sangre y nuestras lágrimas?

Si hay un colectivo que conoce el valor de la libertad de expresión, ese es el colectivo LGTBI, que no solo ha visto siempre su voz cercenada, sino que sigue viendo limitada y limitada -además, de forma reiterada- su posibilidad de visibilizarse en casi todos los ámbitos de la vida.

Si hay un colectivo valiente que alza su voz en 72 países y por hacerlo, es encarcelado, es nuestro colectivo. Si hay un colectivo que por ser lo que es -por ser- y por amar como ama –por amar- puede ser condenado a muerte en 8 estados en este mismo siglo XXI, es este colectivo, este que está necesitado precisamente de una libertad de expresión lo más extensa posible. Este colectivo que detesta las mordazas.

En este año, celebramos el 40 aniversario de la primera manifestación del Orgullo: en una Barcelona en blanco y negro y todavía en plena ilegalidad, salieron a la calle -valientes y un poco asustadas- muchas personas de mi colectivo gritando libertad y exigiendo su derecho a amar y su derecho a ser. ¿Es a estas valientes a quienes hablas de mordazas?

Mi quienquiera que seas, párate a pensar en lo que te he escrito. Yo, mientras tanto, te doy una canción y digo "patria", y sigo hablando para ti, te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla: como doy el amor. Y te digo, mi quienquiera que seas, no te atrevas a hablarnos de mordazas.