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El gesto, la palabra (De Ellen Page, cortes y visibilidades)

19/02/2014 07:06 CET | Actualizado 20/04/2014 11:12 CEST

"Estoy cansada de esconderme y estoy cansada de mentir por omisión". Ellen Page, actriz, saliendo del armario y declarándose lesbiana con un discurso hermoso. Tan cierto, tan verdad. Ellen Page, la emoción, haciéndose libre al hacerse visible, haciendo de su visibilidad la libertad de otros. La libertad, el bienestar y la felicidad se construyen responsablemente; se construyen, también, de gestos y palabras. Una palabra, un gesto, como el eco, pueden multiplicarse.

"Mejor que los homosexuales se corten un poco estos días de los Juegos y luego sigan con sus vidas". Estas palabras no debieron estar nunca en boca de quien ostentaba la representación de todos los atletas de este país que desfilaron en Sochi. Contravienen, además, el espíritu olímpico: "Toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte sin discriminación de ningún tipo". El abanderado del equipo olímpico español en los Juegos de Invierno tenía que haberse cortado.

Ellen, moviéndose inquieta mientras habla y sonriendo, satisfecha, orgullosa, agradece el trabajo del activismo, el esfuerzo de cada día de quienes dedican su vida a hacer mejor la vida de otras personas, ayudando a los jóvenes a hallar su propia voz. La voz de la libertad.

Las excusas, bienvenidas, de Javier, llegaron después; quiero pensar que ignoraba que las leyes rusas están machacando al colectivo LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales); que ignoraba que, con motivo de los Juegos de Sochi, se ha producido una protesta global contra la LGTBFobia rusa. Quiero pensar que ignoraba que, desde la inauguración de los Juegos, en una escalada de violencia y represión, más de sesenta personas, muchas de ellas activistas que protestaban sin cortarse, han sido detenidas en Sochi.

Una mujer denunciando los muchos estereotipos punzantes sobre masculinidad y feminidad, tan joven y tan sabia, convencida de que sus palabras pueden ayudar a otras personas jóvenes a tenerlo más fácil: "El mundo sería mucho mejor si se aceptaran las diferencias". Aceptar las diferencias, la diversidad, a la larga salva vidas. Como la suya, la de Ellen, que también ha conocido el sufrimiento: el precio de la homofobia, sufrimiento y muerte.

A buen seguro en Sochi a los atletas que pertenecen al colectivo de la diversidad sexual y de género les cortarán de raíz su espontaneidad, su derecho a ser, el derecho del que, sin cortarse, podrán hacer gala los atletas bien vistos por la homofobia de Putin.

"Hay demasiados jóvenes sufriendo acoso, demasiados suicidios. Hay que cambiar esto. Por favor, sigan cambiando el mundo". Sigamos, Ellen.

Una palabra o un gesto pueden abrir ventanas o cercenar derechos; un gesto, una palabra, sirve, cala: el gesto, la palabra, como obligación personal y responsabilidad social. Un gesto o una palabra pueden abanderar.

Los derechos de las personas LGTB deben ser la bandera de todos los derechos en Rusia, algo a defender, una causa en la que nos empeñemos todos, sin cortarnos, porque ese empeño es el empeño en la defensa de los derechos humanos. Sin cortapisas.