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Brays Efe Headshot

De cómo me convertí en Paquita Salas

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PAQUITA SALAS
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Paquita Salas empezó como un vídeo de Instagram de solo 15 segundos.

Anna Castillo y yo estábamos una tarde en casa de Javier Calvo y Javier Ambrossi a punto de ver Gran Hermano. En aquel momento Calvo estaba haciendo sketches para Instagram y ya habíamos coprotagonizado uno anterior que había tenido cierto éxito entre nuestros amigos: La lasaña.

Calvo me dio unas gafas de sol con adornos tropicales embadurnadas en purpurina y nos pusimos a inventarnos mil frases que mezclaban lo surrealista y lo neorrealista, tipo "ella es actriz que se ha hecho cursos", frases imposibles de decir que habíamos oído más de una vez. Ambrossi manejaba la cámara del iPhone y Anna era mi representada, a la vez que jefa de eléctricos sosteniendo una lámpara, y Calvo era la secretaria.

Ella es PAQUITA SALAS y es LA REPRESENTANTE. Capítulo 1. Con @braysefe, @nanitita, @javviercalvo. Cámara @soyambrossi. #PaquitaSalas

Un vídeo publicado por Javier Calvo (@javviercalvo) el

Aproximadamente medio año después estábamos rodando ese mismo vídeo como el inicio del primer capítulo de Paquita Salas, una serie de cinco capítulos de 25 minutos de Flooxer.

Esa misma noche se nos ocurrieron infinidad de frases y situaciones que apuntaban a que, sin duda, Paquita Salas, la representante tenía madera de serial. Flooxer se había puesto en contacto con los Javis anteriormente para proponerles algo y, de repente, todo encajó y Paquita empezó a tomar forma como una serie con presupuesto.

Conforme los guiones y las tramas iban cogiendo peso, el personaje iba pidiendo otras cosas. Pedía no ser tan paródico, ser lo más natural posible.

Al principio Paquita iba a ser yo, con mi barba y mi ropa pero con esas gafas tropicales y un lápiz en la mano, que es sin duda un detalle de mujer poderosa, muy Aída Nizar y muy Diario de.... Pero conforme los guiones y las tramas iban cogiendo peso, el personaje iba pidiendo otras cosas. Pedía no ser tan paródico, ser lo más natural posible para que la gente lo pudiera tomar más en serio y empatizara con él.

Convinimos muy pronto que la barba tenía que ir fuera. Me dejé crecer el pelo y, aunque al principio los Javis se decantaban por la peluca, para cuando llegó el rodaje ya tenía una melena que podía dar el pego. Insistí también mucho en teñirme y, dos decolorados y tres tintes después, conseguimos que se pareciera bastante a la foto de Terelu que habíamos llevado de referencia a la peluquería, y todo quedó correcto.

El look de vestuario de Paquita fue responsabilidad de Ana López. Todos teníamos en la cabeza a una señora de nuestra familia, esa tía que habla mucho en las bodas y que tiene las mejores anécdotas. Para Javier Calvo también era su abuela, en la que estaba inspirado el nombre y que había fallecido no mucho antes. Trajo mucha de su ropa para el rodaje, y era fantástica, toda en perchas, con sus broches ya preparados. Aunque concebimos a Paquita como una mujer basta y algo vulgar, la ropa le daba una cierta clase, barata y llena de polvo, pero clase al fin y al cabo. Especialmente las joyas... sus pendientes, anillos, collares, todos enormes y recargados. Y sus fulares.

Además, debajo de la ropa visible llevaba siempre un sujetador que daba cierta ilusión de pecho femenino y, sobre mi ropa interior, llevaba una pieza que se llamaba "la trucadora": una braga de color carne con una pieza metálica que ponía todo en su sitio. Si a todo lo dicho le sumas las medias y los tacones, Paquita ya se movía distinto, como se mueven todas las mujeres que van día a día apretadas y cargadas de asuntos.

Aunque concebimos a Paquita como una mujer basta y algo vulgar, la ropa le daba una cierta clase, barata y llena de polvo, pero clase al fin y al cabo.

Otro asunto importante fue la depilación: en todos los trajes de Paquita veíamos las piernas, los brazos y el escote (y, en algunos, algo más...), así que tuve que depilarme las piernas, los brazos y el pecho con cera. Fue una situación realmente chocante, sentir que todas las mujeres van mínimo todos los meses a un lugar así para depilarse y poder alcanzar lo que es considerado su "estado normal" fue toda una revelación... La depilación fue una transacción impersonal, dolorosa y profundamente deprimente. Pocas veces había valorado tanto mi privilegio.

Con ese trabajo previo, todas las mañanas me afeitaba concienzudamente a pelo y a contrapelo y llegaba al set donde tenía una hora y media de procesos. Pablo Morillas me marcaba, cardaba, lacaba y peinaba todo lo posible todas las mañanas (y alguna tarde), para darle ese peinado de peluquería de barrio que ha hecho pensar a tanta gente que llevaba peluca. Ese flequillo que yo sentía emparentado con el de Joan Rivers me dio muchísimo poder. Su ayudante, Daniel, me cubría con base y me maquillaba del modo más natural posible.

En la primera prueba total de vestuario, peluquería y maquillaje, me aventé y me vi al espejo y me costó verme a mí, aunque allí estaba, detrás de todo eso. Entonces Mariona Terés, cuyo personaje empieza en el capítulo dos, entro en la sala e hizo contacto visual conmigo, y vi perfectamente que sintió que había hecho contacto visual con una persona desconocida. Tres segundos después cayó en la cuenta de que era yo, pero en ese momento yo ya era Paquita.
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Puedes ver los capítulos de Paquita Salas en Flooxer.com