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10 rasgos de las personas emocionalmente fuertes

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Gary John Norman via Getty Images
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Históricamente, la fortaleza emocional se ha interpretado de forma errónea como una falta de emociones y sentimientos. Hasta hace muy poco, se consideraba que las emociones eran lo opuesto a la razón. Cuando se habla de fortaleza emocional, nos imaginamos una armadura de insensibilidad que se presenta como una resistencia superior e inquebrantable.

En realidad, la fortaleza emocional no tiene nada que ver con la fuerza, tiene mucho más que ver con la resistencia, que no es lo mismo. A medida que el campo de la psicología positiva se ha ido interesando más por este tema en los últimos 15 años, ha quedado clara una cosa: lo que cuenta no es el nivel de caos que experimentemos, sino cómo respondemos a él. Estas son las características de las personas emocionalmente fuertes:

1. Irradian más paz que poder.

Las personas emocionalmente fuertes no se caracterizan por poseer los rasgos básicos del poder, la agresividad o el dominio. Saben que el poder de verdad reside en estar en su lugar de control. La paz interior es la fuerza más resistente, inquebrantable e indestructible. La gente tiene la necesidad de irradiar poder cuando cree que no lo tiene.

2. Están dispuestos a sentir dolor.

La mayoría de las personas pasan su vida intentando huir de las emociones. Se refugian en distintas relaciones, dinero, sexo, belleza o en un deseo de parecer socialmente superiores. Sin embargo, las personas emocionalmente fuertes tienen esa fortaleza porque se permiten a sí mismas sentir lo que necesitan. Perdemos el control cuando nos negamos a sentir algo o cuando suprimimos sentimientos, ya que, entonces, se acaban expresando de maneras más traicioneras.

3. Aceptan equivocarse.

Las personas emocionalmente fuertes confían en sí mismas y saben que no necesitan tener razón siempre para ser inteligentes, útiles, interesantes o respetables. La necesidad de tener siempre razón es igual a la de no ser cuestionado. Esta última es similar al miedo de que equivocarse destruya alguna parte esencial de tu persona o del modo en que te perciben los demás.

4. No se centran en los obstáculos, sino en cómo atravesarlos.

Si ven obstáculos en el camino, los interpretan como una señal para buscar un camino distinto, al contrario que mucha gente, que se paraliza y se queda atascada porque piensa que esas trabas suponen el fin del camino.

5. Quieren más respeto que atención.

El deseo natural de ser querido y aceptado por el grupo (la tribu) siempre acaba manifestándose, superficialmente o no. Las personas infelices tratan de conseguirlo intentando ser socialmente superiores. Sin embargo, lo que hacen las personas emocionalmente fuertes es intentar ganarse el respeto de los que les rodean.

6. No buscan anular sus sentimientos por medio de la lógica.

Aunque no entiendan o no estén de acuerdo con sus sentimientos, los aceptan. Asumen que los sentimientos no son racionales, así que no se sirven de la lógica para acabar con ellos porque saben que no funciona.

7. No intentan anular a otras personas resaltando sus imperfecciones para mermar su resistencia.

No miden ni cuantifican la valía de los demás; y como no tratan a las personas en función de sus habilidades o posibles logros, también se aceptan a sí mismos independientemente de lo que puedan conseguir dentro de la sociedad.

8. Saben que para cambiar su vida también ellos tienen que cambiar.

Aceptan la responsabilidad de todo lo que les pasa. Consideran que cada experiencia va acompañada de un feedback. No echan la culpa a otros para restarse responsabilidad, no se quejan porque saben que lloriquear por una injusticia no resolverá nada.

9. Son capaces de identificar sus necesidades -emocionales, físicas y de cualquier tipo- y compartirlas con los demás.

No entienden el hecho de hablar sobre sus necesidades como una forma de incomodar a alguien, ya que no consideran los sentimientos de nadie más válidos que los suyos. La actitud contraria -abstenerse de compartir los sentimientos por miedo a lo que piensen los demás- es un rasgo característico de los niños a quienes se ha inculcado que las necesidades de sus padres están por encima de las suyas y que lo que piensen otras personas de ellos es más importante que sus propios sentimientos.

10. Creen que el fracaso y las críticas son cosas de las que aprender y no señales de que no valen.

Como no buscan la aprobación de otras personas, pueden aprender del fracaso y de las críticas y son capaces de rendirse cuando es oportuno. No se basan en suposiciones morales. Se ayudan de estos tropiezos para crecer, como hacen con todo.

Este artículo fue publicado originalmente en Soul Anatomy. Para más información, visita su perfil de Facebook y Twitter.

El post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros

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