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'Ius soli sportivo', el partido de los invisibles

27/12/2015 09:59 CET | Actualizado 26/12/2016 11:12 CET

Lello nació en Nápoles. Su padre es italiano, su madre de Marruecos. Su familia nunca le inscribió en el registro civil. Ahora tiene 23 años y es legalmente invisible.

La historia de Lello no es la única, muchos de sus compañeros de equipo se encuentran en la misma situación. Lello, Adam y Maxime son las voces del Loro di Napoli, un nuevo documental que cuenta la historia del Afro-Napoli United, el equipo de los invisibles.

Afro-Napoli United nace en 2009 en Nápoles, cuando un grupo de amigos napolitanos y senegaleses que se reúnen semanalmente para disputar partidos amistosos, decide ir más allá y aprovechar lo mejor del fútbol. Es entonces cuando Antonio Gargiulo, Sow Hamath e Watt Samba deciden concretar un sueño: usar el fútbol como elemento de integración, y demostrar que a fútbol se puede y se sabe jugar independientemente del color de piel o la nacionalidad. El objetivo es claro, combatir la discriminación y favorecer la convivencia.

"Somos un equipo internacional que representa a la actual Nápoles, donde la presencia de inmigrantes es ya una parte activa de la ciudad", sostiene su presidente Gargiulo. Los futbolistas provienen de Senegal, Costa de Marfil, Nigeria, Cabo Verde, Níger, Túnez... Muchos de ellos no trabajan, hay quien ha perdido el empleo hace poco, a algunos les cuesta todavía entender el italiano. Otros, en cambio, están perfectamente integrados en la sociedad italiana. Viven en los barrios del centro histórico, en el conocido barrio español, una zona con grandes dificultades sociales y una pésima reputación, pero que todavía conserva la esencia de la Nápoles de los mil colores.

El Afro-Napoli empezó jugando torneos amistosos en los campos de la periferia norte de la ciudad. Ganaba, siempre. Hasta que cinco años después, su presidente y fundador Antonio Gargiulo decidió ir más allá del fútbol amateur y llamó a la puerta del fútbol profesional. La FIGC (Federación Italiana de Fútbol) se convirtió así en su peor rival. Permiso de trabajo, registro civil, certificado de residencia. Papeles indispensables que la mayoría de sus jugadores no tenían y que los convertían en invisibles. Sin papeles no se puede jugar a fútbol, al menos en un campeonato profesional.

Maxime hace siete años que no ve a su madre. Ella vive en Costa de Marfil, se escriben cartas continuamente. Maxime empezó viviendo en una barraca a las afueras de Napoli. Vivía legalmente, pagaba el alquiler, pero a los ojos del Estado era como si no estuviese. El propietario no quería hacerle contrato, y sin contrato, no hay residencia. Sin residencia, no hay partido. Gracias a la tenacidad y ayuda de su presidente y equipo, Maxime ha encontrado una nueva casa, con contrato y permiso de residencia inclusive. Ahora sueña con jugar algún día en la Serie A, algunos equipos italianos se han interesado en él. Maxime ha decido continuar en el Afro-Napoli. Adam, en cambio, es uno de los más jóvenes, tiene 21 años. Nació y creció en Nápoles, su madre también es de Costa de Marfil. Él habla un napolitano perfecto. Nunca fue inscrito en el registro civil, como Lello, fue al colegio, y no tuvo ningún problema hasta que quiso jugar en el fútbol profesional. Para el Estado no existen. Todavía, a día de hoy, existen a medias, y lo hacen gracias a una ley que se aprobó en abril de este mismo año y que les da un "ius soli sportivo". Esta medida permite inscribir a menores extranjeros residentes en Italia -que vivan al menos desde los 10 años-, en las sociedades deportivas y federaciones nacionales. Una medida que les devuelve la visibilidad para poder jugar, pero que en ningún caso se la otorga en otros ámbitos.

En el documental Loro di Napoli podemos conocer sus historias y el problema con el que se encuentran muchos inmigrantes al intentar jugar a fútbol o practicar cualquier deporte profesional. Tienen talento, pero les falta un trozo de papel, el valor de la identidad. Un partido contra el normativismo que el Afro-Napoli empezó perdiendo, pero que finalmente logró ganar en 2013 cuando consiguió inscribirse en la tercera categoría regional, el eslabón más bajo en el fútbol italiano, superando así el reto de poder jugar antes incluso de ganar. Afro-Napoli United es sin duda el presente y la enésima demostración de cómo las leyes y la política son mucho más lentas que la realidad.

A propósito, deportivamente hablando: el Afro-Napoli United continua ganando y va camino de seguir creciendo y sorprendiendo. Aunque el partido más largo, contra la burocracia, todavía lo están jugando.