Carles Gámez

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Porno & Chic

Publicado: 24/12/2012 08:05

"Luchan corazón y cuerpo dentro de Emmanuelle..." Cantaba lánguidamente José Guardiola a propósito de la heroína cinematográfica que partió en busca del placer sin límites y exotismo chic. La versión del que fuera nuestro crooner nacional quedó finalmente en anécdota y relleno para curiosidades musicales mientras la película, Emmanuelle (Just Jaeckin, 1974) inauguraba la temporada alta de erotismo soft que ha llegado hasta nuestros días, hasta convertirse en una tendencia, tan pegajosa como equívoca: El porno chic. La pornografía rebozada con un toque de distinción glamurosa.

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Sylvia Kristel protagonista e icono sexual de la serie Emmanuelle.


Un erotismo de pechos desnudos, collar de perlas y sillón de mimbre de importación que la modelo holandesa Sylvia Kristel convirtió en una de las imágenes fetiche de la década de los setenta. La burguesía abrazaba la causa libertina con envoltorio estético de página de magazín Lui y línea aérea, Paris-Bangkok, como destino hedonista. El pompis como objeto de atención artística empapado de aprendizaje y mística oriental. Casi cuarenta años después, otra heroína, la protagonista de 50 sombras de Grey, protagonizaba la misma coartada: Pornografía soft para lectores de e-book aliñada con bondage y partituras de Bach y Chopin. Variedades sexuales para mayores sin reparos. Fantasías Crazy Horse para desayuno de funcionarias.

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Moda y publicidad y sus vasos comunicantes, los dos territorios donde el llamado porno chic ha encontrado sus embajadores reales. Entre los pioneros, el fotógrafo Helmut Newton que puso el mundo de la moda en un paisaje de fantasmas sexuales, habitado por modelos convertidas en amazonas desnudas y armadas de tacón alto. Newton, que será imitado por otros -aunque sin tanta fortuna estética- destapaba la caja de los tabúes para el mundo de la costura. Al otro lado del horizonte fotográfico, Terry Richardson, aportaba a este universo porno chic suficientes grados de vulgaridad para alejarse de los estereotipos del buen gusto sobre los que había recorrido Newton y darle de paso otra vuelta de tuerca a la erótica de la moda. Glamur ordinario en papel satinado. Por añadir otros nombres a esta pasarela lubrificada, la imaginería porno-pop de un creador como David Lachapelle y su corte de celebrities escapadas de un show de Las Vegas. El kitsch como paisaje lírico.

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Al fotógrafo Helmut Newton se le considera el "padre" de la tendencia Porno Chic. Fotografía cortesía Taschen.


No parece de momento que esta ola reinante de libertinaje estiloso oporno chic se vaya a detener en las orillas del pudor y la discreción. Editoras y fotógrafos de moda recurren al imaginario del sexo y la pornografía como reclamo y valor iconográfico. Sólo hay que repasar las campañas publicitarias de un creador como Tom Ford para darse cuenta de los difusos y promíscuos límites entre las orillas del buen gusto y el mal gusto. La pornografía como fuente de inspiración continúa siendo un buen negocio para el marketing de la moda y la publicidad, y nadie tiene intención de poner el freno de mano, aunque de vez en cuando, algunos de los mensajes desafinen y se escapen de ciertos códigos éticos-estéticos.

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Fotografía de Ellen von Unwerth del libro The Story of Olga. Cortesía Taschen.


En plena era del You Porn, donde la pornografía resulta tan doméstica como la compañía de tu gato y el placer, al alcance de la mano, estas imágenes sulfurosas no deberían producir tanto runrún, si uno no es, supongamos, camarera de la Virgen de los Dolores o el ama de llaves del Cardenal Rouco Valera. Quizás el impacto que siguen generando haya que buscarlo en sus fabricantes, las grandes casas de lujo y sus vehículos, las revistas de moda y belleza o las propias webs de las marcas. Un poder de seducción que editoras como Carine Roitfeld y fotógrafos como Mario Testino, Ellen von Unwerth o Steven Meisel -sus campañas para Calvin Klein- han llevado hasta los limites (porno) gráficos. Otro tema es su consistencia y firmeza al paso del tiempo. Como el propio medio donde se nutren y desarrollan, la moda, su carácter efímero, acaba señalando la biografía de muchas de estas imágenes y campañas.

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Helmut Newton. Serie Un mundo sin hombres. Cortesía Taschen.


Cada cierto tiempo, los tam-tam anuncian la bajada de popularidad de esta tendencia fluctuante y resbaladiza, el porno chic, mientras proclaman el alza de otros valores para el mundo de la moda y la publicidad. Sólo hay que echar una mirada a algunos de los últimos spots para darse cuenta de que el erotismo, ya sea versión chic o trash, forma parte de la misma naturaleza de la moda. Y esta no puede prescindir de su ADN.

 
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