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Dilo sin roaming: la UE, Premio a la Concordia

21/06/2017 13:32 CEST | Actualizado 21/06/2017 13:37 CEST

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Ser el espacio más avanzado política, económica y socialmente del Planeta, haber garantizado la paz durante décadas, estar a la cabeza de la lucha contra el cambio climático y ocupar el primer lugar entre los donantes de Ayuda Oficial al Desarrollo no está nada mal. Incluso merece la pena que se reconozca. Y aunque ser profeta en tu propia tierra se considera algo casi imposible, le acaba de suceder a la Unión Europea, aunque solo sea para variar.

La concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2017 a la UE es una buena noticia que no tiene por qué aplacar las críticas a la Unión -bastantes veces merecidas y, desde luego, normales y legítimas en democracia-, pero que sí ayuda a poner las cosas en su justos términos. Bruselas no hace todo bien, pero lo que se ha conseguido tras sesenta años de unidad europea es algo más que meritorio y está muy por encima de las expectativas de los padres fundadores.

En una época en la que el populismo, el racismo y la xenofobia han hecho de la UE su principal enemigo, y con razón, los europeos hemos empezado a reaccionar y a defender con el voto lo que tanto nos ha costado construir: la democracia, la libertad y la convivencia que son señas de identidad de la Europa unida. Ahí están las victorias de los candidatos europeístas en Austria, Holanda y Francia para demostrarlo. Pero también el avance de los partidos británicos que están contra el Brexit o la versión dura del mismo.

Al final va a ser que los federalistas europeos no éramos tan ingenuos como nos decían los sabios del lugar.

Quiero entender que la decisión del Jurado al otorgar a la UE el Premio a la Concordia va en esa misma dirección de realzar la importancia de lo conseguido. A pesar de la crisis económica, del desempleo y la desigualdad, de la crisis de la refugiados, de la posible salida del Reino Unido, o quizás por todo ello, el mejor y casi único instrumento que tenemos los europeos para vivir mejor, para solucionar los problemas grandes y pequeños, para hacerlo en decenas de idiomas, para compartir un futuro multilateral y cooperativo del Mundo con el resto de países, para promover la concordia, es la Unión que nos hemos dado.

Por eso, los que hemos apoyado la candidatura de la UE al Premio –entre los que modestamente nos encontramos Nicolás Sartorius o yo mismo desde la Fundación Alternativas, acompañando a promotores como el Movimiento Europeo y eurodiputados como Jonás Fernández- tenemos no tanto que felicitarnos como trasmitir la excelente noticia a nuestros conciudadanos europeos desde España, un país que puede y sabe valorar la importancia de la Unión ahora que conmemora los 40 años de las elecciones del 15-J.

Incluso podemos hacerlo llamando o escribiendo mensajes a nuestros amigos en cualquier lugar de la UE ahora que, gracias a la decisión de esa nuestra democracia multinacional, ha desaparecido el roaming, mientras leemos que la canciller Merkel habla de un Presupuesto para la Eurozona y de una posible reforma de los Tratados tras las elecciones de septiembre.

Al final va a ser que los federalistas europeos no éramos tan ingenuos como nos decían los sabios del lugar.