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Cameron y Mas: sueños o pesadillas compartidas

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Me desperté anoche en Londres en medio de un espeso sueño con la dislexia de Cameron como telón de fondo. ¿O era Artur Mas? ¿Arthur More?, como le conocen en estas tierras. No lo tengo claro. Las trayectorias que siguen Reino Unido y Cataluña se empiezan a parecer demasiado. Dos sueños o dos pesadillas entrelazadas.

El fenómeno nacionalista de fondo que viven Cataluña y Reino Unido no es nada nuevo. Una parte importante de los catalanes nunca se ha sentido cómoda en su relación con España. Los ecos del viejo franquismo todavía retumban en la Ramblas. Tampoco los británicos con Europa. Los sueños del viejo imperio les llenan de un orgullo con el que no siempre es fácil ceder poder e integrarse con el viejo continente.

La crisis que atraviesa Europa no ha hecho sino amplificar las identidades nacionales. Las banderas tienden con frecuencia a ocultar los problemas de las personas. No hay evidencia a la vista pero, ¿y si fuera de España, o de Europa, nos fuera mejor?, se preguntan en Barcelona o Londres.

Cameron y Mas no se conocen, o no me consta. Pero tienen debilidades similares. No son fuertes políticamente pero están jugando con fuego, confundiendo política domestica con política de Estado. Son muy dependientes de minorías que les condicionan las políticas más esenciales de sus respectivos países.

Tras la jugada maestra de Mas de convocar elecciones anticipadas y perder 12 escaños, ahora depende a vida o muerte de sus amigos radicales de ERC. Su líder, Junqueras, le vigila por detrás, y si Mas no aprieta hacia la independencia, Junqueras le tira de las orejas. Mas no tiene precisamente las manos libres, y sin embargo las consecuencias de sus acciones pueden ser letales para el futuro de su país.

Cameron, paradójicamente, está en un Gobierno de coalición con el partido más proeuropeo del Reino Unido, el partido liberal de Nick Clegg. Sin embargo, un grupo minoritario pero en ascenso dentro del partido de Cameron, es muy antieuropeo y le exige que cambie el status de la relación de su país con la UE y que convoque un referéndum. Además el partido por la independencia del Reino Unido (UKIP) está en ascenso. Son, como en el caso de ERC, los auténticos independentistas, que amenazan con quitar demasiados votos a Cameron en las elecciones de 2015 y dar la victoria a los laboristas.

Ni Cameron ni Mas son, a mi juicio, hombres de Estado. En lugar de hacer un ejercicio pedagógico y responsable, se sitúan al frente de movimientos y tendencias populares que, no por mayoritarias, tienen por qué ser las mas convenientes para sus países. La hoja de ruta que han presentado no es nada realista y es además poco honesta ¿De verdad piensa Artur Mas que, dada la emergencia económica que vive España en estos momentos, puede el Gobierno de Madrid, cualquiera que sea su color, tener como prioridad el derecho a decidir de los catalanes, cuando dicho proceso incluirá forzosamente un cambio constitucional con elecciones generales incluidas? ¿Piensa Cameron que Europa, acechada por los mercados y débil por una crisis que la divide entre el norte y el sur, de verdad va a priorizar sus demandas sobre las más esenciales ante la crisis? Actúan como si fueran autónomos, pero saben que son muy dependientes de otros factores que no controlan.

Por último, el paralelismo que más me divierte. Mas está en Europa y sueña con poder quedarse si logra materializar su sueño independiente. Cameron también quiere, eso dice, seguir en Europa, pero ambos han dibujado una hoja de ruta que les conduce, con altas probabilidades, hacia su salida. Si, como quiere Mas, Cataluña logra independizarse, casi nadie duda a estas alturas de que saldría de la UE y una potencial entrada estaría condicionada por la voluntad positiva de todos los miembros, incluida España. Mala pinta. Por otro lado, el referéndum que ha anunciado Cameron para 2017 tiene buenas posibilidades de ganar el sí a la salida de Europa. Es probable que Cameron no logre una relación muy distinta con condiciones diferentes a las que ahora tiene con la UE y además no olvidemos que el anti-europeismo, sobre todo mediático, está por las nubes en el Reino Unido. Bueno, y tampoco anda mal en Cataluña.

- Pero, oiga, ¡Esto es fish and chips! Yo le había pedido escalibada. No me ha debido de entender bien...

Y entonces desperté de mi sueño.