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Carta a mis amigos catalanes

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Os visito felizmente a menudo, casi siempre en Barcelona. Me siento bien allí. Por vuestra modernidad y buen gusto, vuestra afición culinaria y sobre todo por vuestra generosidad, tan alejada de los estereotipos.

Cada vez que voy tengo clara una cosa: cualquier idea es falsa salvo que hemos logrado un sistema por el que tenéis reconocida vuestra cultura e identidad de forma amplia. Tanto en vuestra sociedad, en los ámbitos más cotidianos, como en las instituciones que os gobiernan.

El franquismo os hizo mucho daño. También al resto de españoles. Nuestra generación no lo vivió, pero nos imaginamos lo que tuvo que ser. Pocas cosas deben ser peores que sentirse perseguido por ser uno mismo.

Ha llovido mucho desde entonces. La modernidad, la descentralización, la entrada en la UE y la extensión de la cultura y la educación han multiplicado exponencialmente nuestras identidades sociales, que son ahora más plurales que nunca. Es un reduccionismo pensar que alguien puede ser hoy sólo catalán o español. Yo mismo me considero -no necesariamente en este orden-: un poco vasco, otro poco de Madrid, un poco español, otro poco de Londres y también europeo. Me considero además de izquierdas y soy un poco gourmet.

Pertenece al pasado oponer las identidades y pretender almacenarlas en compartimentos estanco. Si me permitís una broma, como alguien ha sugerido, la reacción del president Mas a la marcha de Eurovegas a Madrid no podría, desde luego, haber sido más española: ladrillo, ladrillo y ladrillo.

Queridos amigos catalanes, si de algo estoy seguro es que compartimos una era de decadencia y desmoronamiento, en donde casi todo lo que hemos heredado de nuestros padres está seriamente dañado en nuestro país.

En Cataluña también hay corrupción, los partidos se han cerrado a los ciudadanos y en las cajas de ahorros ha habido fiesta para unos pocos. También hay desahucios cada día en Barcelona, los jóvenes tienen un problema de falta de esperanza y también a vosotros Merkel os mira por encima del hombro. Por mucho que estéis en el norte de España, sois también sur de Europa.

Nuestros problemas son muy parecidos y creo que sería un error afrontarlos por separado. Separarnos, sería, estoy seguro, el triunfo de unos pocos. El de los que piensan que catalanes y el resto somos muy distintos y nos llevamos mal. Si es un problema de dinero, yo nunca me he separado de un amigo por no ponernos de acuerdo.

Estoy convencido de que soñando juntos, llegaremos más lejos. Pero eso también lo tenéis que pensar vosotros.