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¿Y por qué no sale Alemania del euro?

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Lo ha propuesto el polémico filántropo George Soros, en una entrevista en el Financial Times. Para Soros, o bien Alemania lidera de verdad Europa, en plena tempestad, y asume el riesgo de navegar o naufragar junto a sus vecinos o mejor que se marche. Naturalmente explica Soros que él prefiere la primera opción.

Cuando todo el mundo hace apuestas sobre la posible o probable salida de Grecia, Grexit, y les imagina engrasando las máquinas de dinero para volver a imprimir dracmas, no dejaría de ser paradójico que fuera su principal adversario del norte el primero en abandonar el eurobarco. Si bien esta hipótesis es poco probable, lo que sí está claro es que la actitud alemana en la crisis del euro es un escollo fundamental que impide su solución.

A menudo centramos en Merkel nuestras criticas, pero el fenómeno es mucho mas complejo. Como bien explicaba José Ignacio Torreblanca hace poco, hay una maraña de instituciones (Parlamento, Banco Central Alemán y Tribunal Constitucional Alemán) y opinión públicada (diario Bild, por poner el ejemplo más claro) que condicionan el margen de maniobra de Merkel.

El denominador común de todos ellos es el impacto del nuevo nacionalismo alemán y la voluntad de hacer valer sus intereses nacionales en Europa, incluso a costa de que ello perjudique manifiestamente a sus vecinos del sur. Para nososotros esto representa un problema grave: nunca Alemania ha sido tan fuerte económicamente y el resto tan débil y tan dependiente de su liderazgo desde la II Guerra Mundial.

Los alemanes de entonces y los de ahora son bien distintos. Tras la guerra, arrastraron un gran complejo de culpa. Sus líderes desarrollaron una política hacia sus vecinos de absoluto europeísmo, dejando a menudo en un segundo plano su interés nacional. El apelativo de locomotora de Europa hacía referencia no solo a su fortaleza sino también a su capacidad para tirar del bienestar del resto de europeos. De hecho, aunque la creación del euro les ha sido beneficiosa, en el momento de su instauración les supuso un gran esfuerzo renunciar a su querido Marco, el único símbolo nacional que sobrevivió al nazismo.

Algunos alemanes que subsistieron a la guerra se han ido muriendo, y otros han ido perdiendo espacio y representatividad. Las palabras del sabio ex canciller Helmut Schmidt alertando sobre este peligroso liderago alemán son muy clarificantes: Pero Schmidt, de 93 años, esta cada vez mas solo, incluso entre sus correligionarios socialdemócratas.

Las duras condiciones que Alemania impone a los países rescatados, su negativa a aumentar su demanda domestica para incentivar las economías del sur, la hoja de ruta austera, sin un contrapunto para fomentar el crecimiento, y los irreales plazos para recortar el déficit, abocan al continente a la ruina.

De hecho, cada vez que hay una decisión (ocurre pocas veces) que alivia la presión sobre la deuda española, desde Alemania se proponen torpedearla. El único banco central que se ha opuesto al anuncio de Draghi de comprar bonos de países como España o Italia ha sido el alemán. Y en el Bundestag ya han comenzado a movilizarse algunos diputados para tratar de dejarla sin efecto.

A Alemania se le está yendo de las manos su propio fenómeno de normalización colectiva. Las naciones normales persiguen su interés nacional, pero cuando son demasiado fuertes corren el riesgo de condicionar el futuro del resto, empujandoles incluso a la catástrofe. Como alertó el ex vicecanciller Fischer, quizás Alemania pueda crear la quiebra del orden europeo por tercera vez en su historia.

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