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La estación de la luz y la búsqueda de la felicidad

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Este verano mi familia me regaló por mi cumpleaños, entre otros libros, un ejemplar en español de Historia de dos ciudades de Charles Dickens (1812-1870), de cuyo nacimiento se celebra este año precisamente el 200 aniversario.

De hecho lo había leído hace poco en versión original, pero no pude resistirme a abrirlo de nuevo y releerlo, porque contiene el arranque más potente de entre todos los libros que he leído.

El libro empieza con el texto (que traduzco libremente del original inglés):

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos,

era la edad de la sabiduría, era la edad de la estupidez;

era la época de la confianza, era la época de la incredulidad,

era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad;

la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación;

Todo estaba a nuestro alcance, no teníamos ningún futuro

...

Al releerlo no puedo pensar otra cosa que ese texto, escrito en realidad para describir los tumultuosos tiempos -también de crisis- que llevaron a la revolución francesa, nos interpela directamente para que despertemos del estupor en el que la crisis nos ha sumido y nos decidamos a tomar las riendas de nuestras vidas, para que esta sea la estación de la luz o nos dejemos arrastrar hacia la oscuridad.

La señora Merkel, la Unión Europea, el Banco Central Europeo, el señor Rajoy y la señora Cospedal y otros responsables autonómicos no pueden ser, con sus "ajustes", una cofradía de flautistas de Hamelín que nos lleven, hipnotizados, directamente a un futuro que supone el regreso a nuestro pasado más oscuro.

Hemos de recuperar la confianza de que en nuestra mano está poder determinar nuestro futuro, o cuanto menos, que vale la pena luchar para intentarlo.

¿Queremos elegir la estación de la luz, la sabiduría, la confianza y la esperanza o preferimos la desesperación de la oscuridad que nos anuncian para este otoño?

¿En qué dirección se sitúa esa luz (que no debe ser la que hay al final del túnel...)? ¿Cuál es el sentido de nuestras vidas?

La clave a esta pregunta nos la da también un texto único, poderoso, la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

La Declaracion de Independencia de los Estados Unidos es una joya literaria, que debiera ser declarada patrimonio de la humanidad, pues a toda ella va dirigida. En particular, contiene una afirmación poderosa sobre el sentido de la vida, que se recoge en su segunda frase, que dice:

"We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their creator with certain unalienable rights, that among these are life, liberty and the pursuit of happiness".

(Traducido literalmente: Mantenemos que las siguientes verdades son evidentes: que todas las personas han sido dotadas por su creador de una serie de derechos inalienables, y que entre éstos están el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad)

Creo que deberíamos pararnos a considerar esa última afirmación, que todos estamos dotados del derecho a buscar la felicidad, y eso mismo deberíamos hacer, pero, ¿en qué dirección se encuentra la felicidad? ¿qué es la felicidad?

La felicidad es un intangible, subjetivo, pero que se puede cuantificar, mayormente a partir de declaraciones personales sobre nuestro nivel de satisfacción. Se han propuesto medidas de felicidad que vengan a reemplazar a otras medida de desarrollo humano. Una de ellas es el índice del planeta feliz, que mide la eficiencia ecológica con la que conseguimos nuestro bienestar.

Os sugiero que visitéis la página web donde se describe este índice y que os toméis unos minutos para cumplimentar el cuestionario que permite calcular vuestro propio nivel de felicidad.

El mío no salió muy bien, porque aunque razonablemente satisfecho, viajo demasiado en avión, por lo que consumo energía (¡y comida!) en exceso... ¡He de ponerme serio a reducir mi huella ecológica!

Lo más interesante es que esta, y otras investigaciones muestran que la relación entre la felicidad y la capacidad económica (medida como el PIB per cápita de las naciones) es muy débil, y que solo existe esta relación cuando comparamos países muy pobres. En esencia, una vez alcanzado un nivel básico de recursos, la felicidad aumenta con el aumento en riqueza siguiendo una ley de retornos decrecientes.

Estos resultados no hacen otra cosa que reafirmar mi definición favorita de qué es la felicidad, por Channing Pollock, quien la definió como "una estación intermedia entre lo excesivo y lo demasiado poco".

Lamentablemente, ahora toca luchar con uñas y dientes por asegurarnos que no nos dejamos deslizar por el tobogán que nos están sirviendo hacia lo demasiado poco.

Luchemos por hacer de esta la estación de la luz, la sabiduría, la confianza, la esperanza y busquemos, y encontremos, la felicidad.