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¡Por fin buenas noticias! Las medusas no están aumentando (aún) a escala global

14/01/2013 08:34 CET | Actualizado 27/02/2015 14:36 CET

Las buenas noticias no abundan en las portadas de los medios, y menos aún en la sección de medio ambiente, así que me alegra particularmente poder informar de una buena noticia con la que he abierto mi aportación científica al año 2013.

Se trata de resultados, que mis colaboradores y yo hemos publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA, que muestran que las proliferaciones de medusas no están aumentando a nivel global, sino que experimentan oscilaciones, síncronas a escala global, con un período de unos 20 años. No son precisamente brotes verdes, pero algo es algo.

El verano pasado las medusas nos dieron un nuevo respiro, pero hace algunos años las medusas alcanzaron abundancias preocupantes, afectando a los bañistas en nuestras playas, tanto en las costas de Japón (donde las proliferaciones de medusas gigantes como las de la foto se vienen registrando desde hace un siglo), como en el Mediterráneo, donde las medusas son un problema recurrente en algunas zonas, como el Mar Menor. En otras latitudes sus impactos fueron aún peores, ya que las especies implicadas causan daños y lesiones serias, pudiendo incluso causar la muerte, y afectaron el funcionamiento de infraestructuras importantes, como plantas nucleares o desaladoras, atascando las tomas de agua para refrigeración.

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Las profileraciones de medusas gigantes (Nemopilema nomurai), que llegan a pesar una tonelada y a medir hasta 2 m de diámetro, revientan las redes de los pescadores en Japón. Foto: Sin-ichi Uye, Universidad de Hiroshima, Japón.

De hecho, en la última década tanto los medios de comunicación como una parte importante de la literatura científica apuntaba a que las proliferaciones de medusas estaban aumentando globalmente. Estos aumentos se presentaban como un síntoma de la degradación de los océanos. Pero, ¿están realmente aumentando las proliferaciones de medusas?

A medida que iba creciendo el clima de opinión, en un tête-à-tête entre la comunidad científica y los medios de comunicación, que apuntaba a que las medusas estaban aumentando globalmente, me fue preocupando el hecho de que los artículos científicos en que se basaban esas opiniones no contenían ningún análisis riguroso de las evidencias. De hecho la alarma en torno a un aparente aumento global de las proliferaciones de medusas se ha basado en gran parte parte en la extrapolación a partir de algunos estudios de zonas donde las medusas parecían estar aumentando. Hasta ahora, sin embargo, no se había llevado a cabo un análisis riguroso de los datos disponibles en relación a cambios en poblaciones de medusas en el océano.

A fin de dejar de lado esta creciente especulación y realizar el análisis riguroso necesario, puse en marcha, junto con Rob Condon (Dauphin Island Sea Lab) y Monty Grahan (Univ. of Mississipi), un consorcio de expertos en organismos gelatinosos, climatología, oceanografía, análisis de cambios en el océano y socioeconomía bajo los auspicios del Centro Nacional de Análisis y Síntesis Ecológico (NCEAS), un centro adscrito a la Universidad de California, Santa Barbara, con financiación la National Science Foundation de EE UU. Este grupo de trabajo se reunió con regularidad durante los últimos tres años para llevar a cabo el estudio.

Nuestro primer paso fue cuestionar el paradigma del aumento global de medusas, que se consolidaba en la literatura científica y la opinión pública como cierto sin el mínimo análisis cuantitativo exigible. El grupo recopiló todos los datos disponibles de cambios en el tiempo de poblaciones medusas en todo el mundo, para proporcionar la primera evaluación formal de si los datos disponibles apoyan la hipótesis de que las proliferaciones de medusas están aumentando. El conjunto de datos se remontaba a más de 200 años atrás en el Mar Adriático y contenía 1.140 años de observaciones sobre la abundancia de medusas. Los resultados del estudio acaban de ser publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

La principal conclusión fue que, globalmente, las poblaciones de medusas experimentan oscilaciones síncronas con sucesivos períodos de ascenso y caída, incluyendo una fase ascendente en la década de 1990 y principios de 2000 que contribuyeron a la percepción actual de un aumento global de la abundancia de medusas. La fase anterior de aumento global de poblaciones de medusas, que se produjo en la década de 1970, pasó casi desapercibida, probablemente debido a que había menos investigadores interesados en este tema, menos conciencia de problemas ambientales a escala global y, la ausencia de Internet, que dificultaba el que se pudiese compartir información.

Los datos también aportan un débil indicio de que las poblaciones de medusas podrían estar comenzando a aumentar, ya que el mínimo más reciente en la serie de tiempo fue superior al mínimo anterior. Esta tendencia leve, sin embargo, se contrarresta por la observación de que no hay diferencia en la proporción de las poblaciones de medusas que han aumentado frente a las que han disminuido con el tiempo. Por lo tanto, la confirmación de si estamos viendo el comienzo de una nueva tendencia de aumento en poblaciones de medusas a escala global tendrá que esperar algunos años hasta comprobar si un nuevo mínimo en la serie devuelve la línea de base a su posición histórica o continua elevada con respecto a esta.

Los ciclos naturales de largo plazo, típicamente implicando 20 años, no son un fenómeno nuevo en la naturaleza. En Norteamérica, las cigarras aparecen de forma masiva cada 17 años, los anillos de crecimiento de los árboles muestran ciclos de varias décadas, y la concentración de oxígeno y la cantidad de plancton en el océano también oscila a escala de 20 años. Es posible, sin embargo que las presiones de origen humano, como el cambio climático, la sobrepesca y otras, estén introduciendo cambios sobre esta señal periódica, que haga variar la línea de base. Este podría ser el caso de las proliferaciones de medusas, aunque los datos disponibles en la actualidad no permiten afirmarlo. Entre tanto, la demostración de que las poblaciones de medusas sincrónicamente muestran oscilaciones síncronas a escala global debería dirigir las investigaciones a intentar identificar los procesos que controlan estas oscilaciones.

Aunque hemos encontrado escasas evidencias de un aumento global de las medusas, hay regiones del mundo donde estas proliferaciones sí parecen haber aumentado, como son el Mar de Japón, las regiones del Atlántico Norte y algunas regiones del Mar Mediterráneo. En estas regiones es necesario identificar qué factores pueden estar favoreciendo los aumentos de medusas. Hace algunos meses identificábamos el aumento de estructuras artificiales como uno de estos factores posibles, que pueden favorecer el asentamiento de los pólipos de los que provienen muchas especies de medusas, de lo que también di cuenta en este blog.

Si las oscilaciones globales en las poblaciones de medusas que se han producido durante cientos de años persisten, seguirán produciéndose fases de aumento en la abundancia de medusas en el futuro. La sociedad debe prepararse para gestionar estos nuevos episodios, ya que cada nueva fase ascendente nos encuentra más expuestos, porque interactuamos con mayor intensidad y en nuevas formas con el hábitat de las medusas. Al menos ahora contamos con una base sólida desde la cual evaluar los cambios futuros en las poblaciones de medusas.

Este proyecto, que está llegando a su fin, me ha hecho reflexionar sobre la necesidad de actuar con el máximo rigor a la hora de evaluar cambios en nuestro entorno. Parece una perogrullada cuando se habla de ciencia, pero lo cierto es que la ola de pesimismo sobre el deterioro de la biosfera y de los océanos en particular, nos lleva muchas veces a aceptar como ciertos problemas que quizás no lo sean tanto. Estos problemas globales tienen, por alguna razón (les encanta machacarnos con titulares negativos y catastrofistas), un eco tremendo en los medios de comunicación, que eleva la visibilidad de los supuestos problemas y los colocan en la agenda política y de prioridad para la financiación, creando un bloque de retroalimentación al que a veces contribuimos los científicos.

En el mes de abril me han invitado, en la Universidad de Rhode Island, en EE UU, a dar una conferencia (en un acto de homenaje a un colega muy querido fallecido este año) que he titulado Auditando las Siete Plagas del Océano, en la que estoy ordenando mis reflexiones sobre estos casos... ya os contaré a qué conclusiones llego.

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