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París, 2ºC, 100 años

01/12/2015 07:06 CET | Actualizado 30/11/2016 11:12 CET

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Foto: EFE/YOAN VALAT

Estudiar historia era, para mí y para la mayoría de estudiantes de secundaria, algo tremendamente aburrido. Recuerdo que en una ocasión, como buen niñato contestón le pregunté a mi profesor para qué servía memorizar una sucesión de fechas y reyes. La contestación os sonará: "Estudiamos historia para que no se vuelva a repetir". Magnifica sentencia, pero como todos sabemos, "la historia se repite; la primera vez como tragedia, la segunda como farsa". Ahora bien, me gustaría que mi profesora tuviera razón. Por eso miro hacia el pasado al pasado antes de hablar del presente, de la conferencia de París, que es lo que nos ocupa.

A día de hoy todo el mundo conoce la historia de la guerra fría. La generación anterior tenía pesadillas sobre misiles intercontinentales destruyendo ciudades, contaminando ríos y acuíferos, generando lluvia radiactiva... Esa generación fracasó en sus intentos de detener esa locura. Los tratados alcanzados por Carter y Brezhnev fueron ignorados, las movilizaciones en todo el mundo, reprimidas, y solo la caída de la Unión Soviética detuvo la carrera armamentística.

Sí, fracasaron. Fracasaron porque las armas nucleares siguen existiendo, están ahí, no preparadas para ser disparadas como hace unos años, pero siguen ahí, como un dragón dormido.

2ºC

Sin duda, el gran reto de nuestra generación, el equivalente a detener la proliferación de armas nucleares, es detener cambio climático. Para alguien que desconozca el tema, esto puede parecer una exageración. Es difícil entender el delicado equilibrio en el que se encuentra nuestro ecosistema, y cómo tan solo 2 ºC podrían alterarlo. Este dato es importante, se oirá mucho esta semana y, con suerte, en los próximos cien años.

En 2009, en Copenhague se celebró la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático en la que no se llegó a ningún acuerdo vinculante sobre las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Sin embargo, se acordó que era necesario limitar el calentamiento global a 2ºC. ¿Qué significa esto? Es sencillo, siguiendo modelos matemáticos es posible predecir como evolucionara el clima en los próximos años (clima, no tiempo). En ellos podemos observar que

continuando con el actual ritmo de emisiones de GEI, en el mejor de los casos (variables más ventajosas) la temperatura media del planeta para el año 2100 habrá aumentado 3ºC; en el peor, 6ºC. ¿Qué ocurriría en el caso de un aumento de tan solo 2ºC? Nada bueno: miles de especies (sobre todo marítimas) no se podrían adaptar, con la consecuente alteración de los

ecosistemas, ya que afectaría a la base de la cadena trófica, aumentaría el nivel del mar, aumentaría la frecuencia de inundaciones. Muchas zonas de cultivo desaparecerían o se relocalizarían (otra crisis migratoria)... Y lo más importante, sería irreversible. Si en 2100 la temperatura aumenta 2ºC debido a los gases de efecto invernadero, la temperatura seguirá aumentando aunque paremos estas emisiones. Todas estas predicciones han sido publicadas en los últimos años por cientos de científicos y han sido sintetizadas en un informe por el grupo de trabajo intergubernamental sobre cambio climático (IPCC, dependiente de la ONU).

"Vamos a sentarnos y hablar"

Aunque quizá no lo recordemos, durante la Guerra fría, hubo varios intentos de poner fin a la carrera armamentística por ambas partes. Los tratados SALT son la prueba de ello. Porque cuando las cosas se ponen realmente feas, lo más sensato que se puede decir es "vamos a sentarnos y hablar". La cumbre de Paris no es algo nuevo, los países miembros de la ONU se han sentado a hablar innumerables veces, la mayoría de las veces solo han hecho eso, hablar. Otras se han cosechado éxitos como el Protocolo de Kioto. En París se va a buscar un sucesor al protocolo de Kioto, que expiró en 2012, un acuerdo que comprometa a todos los países a adoptar unas medidas que eviten que la temperatura del planeta aumente 2ºC en cien años. Ese es el objetivo que decidirá si la cumbre es un éxito o un fracaso, si somos capaces de ceder en términos nacionales y económicos, si podemos aceptar un pequeño sacrificio por nuestra próxima generación y por este planeta, que hasta ahora es el único en el que podemos vivir. En París nos jugamos mucho y no podemos fracasar.