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8 de marzo: Feminismo y Presupuesto

07/03/2017 12:55 CET | Actualizado 08/03/2017 07:23 CET
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Manifestación en Madrid contra la violencia machista

No hay unanimidad pero sí amplia coincidencia en fijar la caída del Muro de Berlín como el inicio de la era de la globalización. El muro de la discriminación de las mujeres por el hecho de serlo, lejos de derrumbarse, se mantiene firme y la globalización de esta intolerable injusticia se remonta al principio de los días. Este 8 de marzo se erige en un referente de la solidaridad internacional contra la desigualdad. La convocatoria de un paro globalizado de mujeres ha de servir para tomar impulso en esta lucha. Parar con la firme voluntad de no dejar de moverse. En octubre de 2016, tras la masiva marcha que movilizó Argentina contra la violencia machista, la organización Ni una menos propuso este acto de unidad con alto valor reivindicativo. Ese es el espíritu de esta fecha. Nada hay que celebrar cuando, por ejemplo, en el Día Internacional de la Mujer, la brecha salarial entre hombres y mujeres ha aumentado hasta el 30% en España, según la Encuesta de Estructura Salarial (ESS) del 2014, última disponible. En cifras, 25.727 euros frente a 19.744. Para hacerse una idea más gráfica, una mujer en nuestro país debería trabajar 109 días más que un hombre para percibir el mismo sueldo ¿Cabe autodenominarse una sociedad democrática y avanzada cuando se convive con este agravio? Pocas preguntas más retóricas.

En todo caso, dejarse llevar por los datos conduciría a un desaliento, que no es una opción cuando de pelear por la igualdad se trata. Obviarlos sería esconder cuál es la magnitud de la injusticia cuando no de la barbarie. No hay última víctima en la violencia de género. Solo penúltima. ¿Hasta cuándo la violencia contra las mujeres? Las estadísticas estremecen. Pensar que detrás de ellas hay vidas truncadas, futuros arrebatados, familias rotas o niños y niñas huérfanos, estremece mucho más. Basten tres referencias temporales. En torno a 1.400 mujeres asesinadas en la última década. 55 mujeres asesinadas el año pasado. 16 mujeres asesinadas en los dos primeros meses de este año y dos niños. La peor cifra en catorce años. Hace mucho tiempo que los adjetivos se agotaron. Otro tanto que las condolencias son insuficientes.

El Gobierno central del Partido Popular se ha dedicado a recortar recursos para la lucha contra la violencia y para las políticas a favor de la igualdad.

Hace tiempo también que ese Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que con la insistencia propia de este drama social se reclamó desde el partido socialista, debería ser mucho más que esa declaración de intenciones que a día de hoy sigue siendo. De nada sirven las condenas institucionales después de cada asesinato de una mujer sin presupuesto adecuado. No hay que olvidar que el Gobierno central del Partido Popular se ha dedicado a recortar recursos para la lucha contra la violencia y para las políticas a favor de la igualdad. En sus últimas Legislaturas, la disminución de las partidas ha sido del 26%. Cuando, más que nunca, se deberían anteponer los hechos a las palabras, lo que se antepone es la hipocresía política a las soluciones reales.

Hechos como los que se han puesto en marcha hace más de un año desde el Gobierno del cambio de la Generalitat Valenciana, donde también se incluyen las medidas de la Conselleria de Sanitat Universal i Salut Pública de la Comunitat. Así, todos sus centros sanitarios han sido declarados "Espacios seguros y libres de violencia de género". Se han distribuido 15.000 guías rápidas sobre el protocolo de actuación sanitaria frente a estos casos. 4.000 profesionales sanitarios han participado en planes de formación. Además, se han repartido 50.000 autoevaluaciones para que las propias mujeres, a través de un sencillo test, tomen conciencia sobre si están en situación de víctimas o no de sus parejas. La violencia no siempre es visible o reconocible, pero no por ello deja de ser violencia. No es cuestión de apabullar con cifras, pero sí de reforzar desde las instituciones públicas todos los mecanismos de prevención. De entre ellos, y dentro de las competencias de la Consellería, el cribado universal de violencia de género a mujeres mayores de catorce años en atención primaria resulta pieza fundamental. El aumento del 182% en un año, de 29.000 mujeres en 2015 a 82.000 en el pasado año es un dato elocuente de la proactividad de la Conselleria en esta materia.

La envergadura del reto es tal que todo esfuerzo es insuficiente. Sin embargo, el inmovilismo y, por supuesto, los recortes para hacer frente a la violencia de género por parte del Gobierno central delatan que no es una prioridad si no se trata como tal. Únicamente desde el aumento de los medios económicos y desde el feminismo se puede hacer frente con garantías a esta barbarie y alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres. No hay caricatura, ofensa, crítica o desprecio que nos aparte del camino del feminismo como ariete en este lucha de las mujeres por sus derechos y por la democracia paritaria que no es otra cosa que la democracia real. El 8 de marzo es un día para salir a la calle, una jornada de reivindicación, pero todos los demás son igual de importantes para luchar contra el terrorismo machista que nos mata, la diferencia de salario que nos discrimina, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo o para hacer visibles los cuidados y las atenciones que nos sobrecargan como si carecer de empleo fuera sinónimo de no tener trabajo.

Si no se contribuye desde todos los ámbitos, ni se acabará con la desigualdad ni con la violencia machista. Si no se destinan fondos suficientes, las mujeres no estarán debidamente protegidas. Es precisa y obligatoria una respuesta contundente, un Pacto de Estado que vaya más allá de una declaración de intenciones. Y para eso, es imprescindible el feminismo y el aumento de los Presupuestos. Esto es lo que la ministra de Sanidad debería poner sobre la mesa. Este 8 de marzo es una ocasión inmejorable para ello.

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