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Vivir es la salida

29/05/2017 07:32 CEST | Actualizado 29/05/2017 07:32 CEST
Getty Images/EyeEm

El suicidio es objeto de abrumadoras estadísticas, pero, principalmente, es causa de dramas personales y familiares incomparables. Baste pensar en el desgarro de unos padres, en su sentimiento de culpa, en las preguntas que les obsesionan, sin hallar respuesta, tras la pérdida de una hija o de un hijo. Es precisamente la adolescencia una etapa de elevado riesgo. Tanto como para que el suicidio sea la primera causa de mortalidad en Europa en estas edades. Así se recoge en el reciente informe de la Organización Mundial de la Salud Acelerador de la acción global en favor de la salud de los adolescentes.

La detección de estos grupos de riesgo y la puesta en marcha de medidas específicas para ellos fue una de las prioridades marcadas en lo que hoy ya es un Plan de prevención del suicidio y de manejo de la conducta suicida de la Comunitat Valenciana, que viene a acabar con el silencio que ha sido inherente a esta realidad durante muchos años. Un proyecto pionero en España que, como ejemplo, contempla protocolos para menores, mujeres en situación de violencia de género, personas sin hogar o mayores. La prevención, la detección precoz y la intervención conforman los tres ejes principales que, cada uno con su correspondiente grupo de trabajo, fueron abordados con carácter previo.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2014 las personas que se quitaron la vida en todo el Estado duplicaban en número a los fallecimientos por accidente de tráfico.

Si trabajar juntos es trabajar mejor, más aún en un problema de salud pública en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales. Por tanto, excede el ámbito de la sanidad y requiere la implicación de personal de bienestar social, asociaciones, familiares y, en suma, la de toda la sociedad. Y se hace necesaria esta colaboración porque el suicidio es una causa de muerte que se puede evitar. En esa convicción ya se planteó la necesidad de este plan dentro de la Estrategia Autonómica de Salud Mental 2016-2020. No se trata de un cumplimiento político ni administrativo. Se trata de buscar soluciones viables a los problemas concretos. Sin duda, el que nos ocupa lo es, y de gran magnitud.

Los datos avalan esta calificación. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2014 las personas que se quitaron la vida en todo el Estado duplicaban en número a los fallecimientos por accidente de tráfico. Un total de 3.910 fallecían en estas circunstancias. La tasa de suicidios en la Comunitat Valenciana es de 6,99 casos por cada 100.000 habitantes. Inferior a la media de 7,76, pero casi un fallecimiento diario por esta causa en 2015. En total, 348 personas.

El objetivo común es, obviamente, reducir el número de suicidios. Este plan puede ser un óptimo mecanismo para ello a través de la detección precoz del riesgo suicida, las actuaciones en el ámbito sanitario, una mayor coordinación con otros agentes implicados, la formación de los profesionales y la apuesta por la investigación epidemiológica. Entre las actuaciones más relevantes están el Plan de Gestión del Riesgo y el llamado 'código suicidio'.

El primero es una nueva herramienta terapéutica individualizada con pautas entre el paciente, por un lado, y su red de ayuda por otro (familiares y personas de su entorno) para que le sirvan de guía en situaciones de riesgo. Respecto al segundo, el código se activará en casos de personas con riesgo bajo-medio con el compromiso de prestar la atención necesaria en un máximo de 72 horas.

En síntesis, la elaboración de este plan supone, además de ser una iniciativa inédita hasta ahora en España, un punto de inflexión que mejorará la prevención de la conducta suicida y la atención en el futuro inmediato. Vivir es la salida. Ese es el mensaje.