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Ivanka Trump, niña de papá

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Ivanka Trump estaba contenta cuando habló en la Convención Nacional Republicana el pasado mes de julio. Su voz era alegre y brillante. Sonreía y emitía risitas casi inaudibles cada vez que el público aplaudía y vociferaba. Sí, sus palabras estaban haciendo el efecto deseado, y sí, su padre estaría satisfecho.

Complaciente

La señora Trump habló deprisa, incluso muy deprisa en algunos momentos (hasta 261 palabras por minuto). Hizo frases largas, de hasta 20 palabras, muy largo para el idioma inglés, y pausas cortas de unos 0.16 segundos. Seguro que no quería aburrir a la audiencia, especialmente en estos tiempos de limitada capacidad de atención. O tal vez no quería robarle a su padre, la gran estrella de la noche, tiempo de escenario.

La percepción que esta forma de hablar proyecta es la de un hablante complaciente. Un hablante que quiere agradar al oyente y que, al mismo tiempo, está dispuesto a ceder y adaptar sus mensajes a lo que a la audiencia le gusta o le deja de gustar. Una persona que se autosupervisa (self monitor, en inglés).

Las campañas políticas se nutren de autosupervisión. Excepto esta, en la que los comentarios sin filtrar del candidato parecen ser la norma. Lo habitual es que el político se mantenga alerta para detectar las reacciones del público y darse cuenta de cómo está recibiendo sus mensajes. De esta forma, el político cumple el principio de la comunicación pública que dice: "Se trata de ellos (los oyentes), no de mí".

Sin embargo, en la actuación de Ivanka Trump lo que oímos fue a una hija hablando para su padre, que estaba tras las cortinas y no sentado entre el público. Habló de su grandeza, de sus edificios "icónicos", de su poder y sus valores. Y pronunció las palabras "mi padre" 25 veces en 15 minutos [audio], más de una vez por minuto.

Vamos, que su foco era "nosotros" (el candidato y los suyos) y no "vosotros" o "ellos" (los oyentes). Por lo tanto, la señora Trump faltó al primer principio de la comunicación política.

Dinámica

La señora Trump sonó entusiasta y dinámica. La amplia diferencia en su voz entre el tono más alto (508 Hz) y el más bajo (148 Hz) proyectó la impresión de que es una persona más de acción que de pensamiento. Pero, dado que su tono no bajó demasiado hacia los graves, percibimos a una persona no demasiado proclive a asumir riesgos.

Cuando una mujer con una voz sana, como la señora Trump, produce un tono por debajo de los 145 Hz, existe la posibilidad de que su voz se desestabilice y pierda brillo y timbre. En consecuencia, esta mesura nos hizo percibirla como muy consciente de sí misma. Quería parecer y sonar perfecta, como la hija perfecta del "candidato del pueblo", como llamó a Donald Trump en su discurso.

En lugar de persuadir a la audiencia de que su padre era el mejor candidato, simplemente lo anunció, con la esperanza de que, como siempre le pasa a ella, el mero anuncio de sus deseos los convierta en realidad.

Empoderada

La hija del señor Trump sonó empoderada de una manera típicamente elitista. La forma en la que enfatizó las palabras que quería destacar mostró una persona acostumbrada a pedir y a que se le conceda. Si una solo tiene que levantar un dedo (o la voz) para que le sirvan una limonada cuando tiene sed, no es probable que desarrolle demasiadas habilidades de persuasión. ¿Para qué?

Así que, cuando dijo cosas como "siendo presidente, mi padre cambiará las leyes laborales que se instauraron..." [audio], "pero mi padre lo ha hecho realidad en su compañía..." [audio] o "una presidencia Trump transformará la economía..." [audio], su tono sonó más como el de los anuncios de los grandes almacenes que como la llamativa presentación de un candidato.

En lugar de persuadir a la audiencia de que su padre era el mejor candidato, simplemente lo anunció, con la esperanza de que, como siempre le pasa a ella, el mero anuncio de sus deseos los convierta en realidad.

A menudo, los niños dicen: "El coche de mi padre es más grande". Ivanka proclamó el mundo justo, equitativo y equilibrado que el presidente Trump conseguirá [audio]. La señora Trump puede pertenecer al 1% del 1%, pero eso no quita que tenga sus propias (y progresistas) ideas.