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La gran Botella

11/09/2013 07:42 CEST | Actualizado 10/11/2013 11:12 CET

Un discurso delirante merece un análisis a la altura.

Lo que más le duele a una foniatra cuando escucha el discurso de Ana Botella en Buenos Aires defendiendo la candidatura de Madrid 2020 son esos ataques glóticos tan característicos de nuestra querida Alcaldesa (nuestra: 'of the Madrileños'; querida: de quien la quiera). Y lo que más le duele a una fonetista generativa chomskiana son sus ataques a la acentuación y al ritmo del idioma inglés -fonos y fonemas aparte: eso es peccata minuta-.

Supongo que, además, a maquilladores, a presentadores de TV que se han peleado contra el teleprompter hasta conseguir leer disimulando, a profesores de pilates y especialistas en medicina general e interna, escuchar este discurso les ha dolido por todos los demás ataques en los que no voy a entrar.

Tensión

La Voz del Poder ha tratado ya en muchas ocasiones el asunto de las glotalizaciones. Las hacen muchos hablantes, es cierto, pero en el caso de la Señora Botella se deben a su altísimo grado de tensión. Señora Alcaldesa: ¿usted sabe el daño que le hace a sus pliegues vocales empezando cada enunciado con una glotalización así [audio]? ¿No nota cómo se le enronquece la voz? Eso es por forzarla tanto. Relájese y hable más grave, le vendrá bien. Seguro que cuando vuelve del SPA tiene la voz más cálida.

El caso es que un espectador no experto en fonética ni en foniatría escucha esa voz y se plantea -visto en Twitter- ¿qué le pasa a esta mujer? Y yo aún diría más: ¿cómo es que una persona cuyo trabajo se basa en la comunicación pública se pone tensa cuando habla en público? ¿No debería ya estar acostumbrada? Y aquí es cuando me viene el dolor de la coach de comunicación en público: ¿por qué no se entrena para hacerlo bien? Me van a decir que lo ha hecho, claro, pero ya sabes, los altos cargos, una agenda superapretada, solo puede dedicarle dos horitas, con una pausa para relajarse o coffee break, y el resto del tiempo hablando con su hija por el whatsapp y pensando en el color de la laca de uñas que le va a pedir a la estetisién.

El caso es que, sí, una vez más, la Alcaldesa está tensa. En el saludo [audio], su voz supera los 360 Hz -recordemos que la voz más habitual en mujeres maduras está en torno a los 198 Hz-. La media del discurso queda alrededor de los 345 Hz. Y esto es igual que los motores: cuantas más revoluciones, más agudo es el sonido. Hablando en plata, la Alcaldesa está pasada de vueltas. Too much coffee, Mrs. Bottle? ¿Alguna otra sustancia? Esta actitud laríngea tiene también que ver con que no se sabe muy bien qué decir o -es evidente- cómo decirlo. O que no se encuentra el renglón en la pantalla del teleprompter. Alcaldesa, hay que atender en clase... ¡y practicar!

Un cordero amigo

Doña Ana no parece tener muy buen oído para el inglés. Lo peor es, sin duda, el manejo del ritmo y de los acentos. Es verdad que el ritmo de este idioma es muy diferente al del español. Me explico: se dice que el español tiene isocronía silábica -todas las sílabas duran más o menos lo mismo-, mientras que el inglés tiene -isocronía acentual-. O para que lo entiendan los miembros de la delegación española sin auriculares: 'English is stress-timed; Spanish is syllable-timed'. O sea, para que suene a inglés-inglés las sílabas que no llevan acento no se deben pronunciar apenas, y en ellas la vocal debe perder su sonido característico. Esto provoca que, además, se acorten, y por eso existen vocales largas y tensas -las que suenan como las españolas- y vocales cortas y relajadas -no tenemos de ese tipo en español, sí existen en portugués y en el catalán de Barcelona, por ejemplo-. Esto hace que cuando escuchamos a un hablante nativo de inglés nos parezca a los españoles que "se come" sílabas y que habla muy rápido.

Dado que la Regidora de Madrid no domina las peculiaridades de la fonética inglesa, convierte 'nuestra amistad' -'our friendship' pretendida- en 'nuestro cordero amigo ' -'our friend sheep' [audio]-, simplemente por acentuar la vocal que no debía. Y así, tantos otros ejemplos: el 'francamente' dicho como si estuviera llamando a un tal 'Frankly' [audio], tiempos verbales tan mal pronunciados que la sintaxis resultante es errónea, inserción de [e] donde no la hay...

No es necesario decir nada más. Este discurso habla por sí solo de las cualidades comunicativas y de la personalidad de la Señora Alcaldesa, ¿o no?