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Pedro Sánchez, 'quam pulchrum!'

29/07/2014 07:14 CEST | Actualizado 27/09/2014 11:12 CEST
ANDREA COMAS/REUTERS

Pedro Sánchez va a cambiar el partido que cambiará España. Los militantes socialistas le han ratificado como secretario general para acometer esta difícil tarea que él está convencido de poder llevar a cabo con éxito. Además, lo hará por la izquierda, el más difícil -y oportuno- todavía.

Pulcritud

Cuidadoso, Pedro Sánchez pronuncia las equis y las eses con precisión. Sus vocales son exactas. El oyente le importa: habla para que le entienda y aparece mirado, atento.

Su imagen le preocupa porque sabe que con ella transmite un estilo: la chaqueta de pana no hace falta para ser de izquierdas. Ni la coleta, por supuesto. Y su imagen se apoya en su habla. Su liderazgo de izquierdas atildado y pulcro se materializa en su articulación clara y sosegada. Es culto, educado, pero no es el clásico niño-bien-madrileño-estilo-calle-Serrano, no. Él respeta la isocronía silábica -ritmo característico del español peninsular-: no se come sílabas, pronuncia todas las consonantes, incluso aquellas que por su posición podrían quedar tan relajadas que casi no se oyeran -como en el caso del muy usual 'ao' en lugar de 'ado'-. Tampoco cae en el estilo fonético de la entre comillas clase obrera: en ningún momento el sonido 'j' ocupa el lugar de una 's' ante consonante velar -[k], [g]-.

Disciplina

Obediente, Pedro Sánchez está acostumbrado a controlar su cuerpo. Todo deportista sabe a lo que me refiero -¡niño, espalda recta!-. Cada vez que termina un enunciado cierra los labios, de forma que cada final de frase es tan perfecto como su peinado -aunque una ligera nasalización se percibe en la vocal final-.

Cuando uno es disciplinado hace lo que tiene que hacer y lo que le mandan/asesoran. Como un efecto perverso del speech-training -y probablemente writing-, detectamos en su discurso cadencias que se habían escuchado en otros dirigentes socialistas.

El patrón es el siguiente: cada unidad de significado se compone de unos 8 grupos fónicos -cadena de palabras entre dos pausas inspiratorias-. Al inicio de la unidad, después de los aplausos, los grupos fónicos contienen 10 o 12 palabras, una duración normal. La intensidad es moderada. Después viene uno especialmente corto: son solo 4 palabras. La intensidad de la voz baja al pronunciarlo, y lo acaba de manera abrupta y efectista, con una pausa entre, por ejemplo, el verbo y su complemento -"y voy a contar [pausa] con Eduardo y con José Antonio...". El último enunciado, que se funde con los aplausos, es largo y encendido: 27 palabras con que el nuevo secretario general promete, compañeros y compañeras que el partido que más ha cambiado la sociedad española está preparado para el futuro. Y aquí ya, a voz en cuello.

Sánchez usa también la velocidad como recurso enfático: los enunciados oscilan entre las 375 y las 563 sílabas por minuto. Lo que no hace son grandes inflexiones tonales.

Cumplimiento

Cumplirá, él confía en que lo hará, lo sabe porque lo tiene apuntado en su cuaderno de objetivos: ganar las primarias internas, ser ratificado secretario general, cambiar el partido, etcétera. Y hasta ahora, ha cumplido todo lo que se ha propuesto en la vida. Por ejemplo, el doblete de género, compañeros y compañeras, lo mantiene a rajatabla.

Su voz es segura, grave y sin florituras, a pesar de la timidez que ha logrado dominar -o esconder- a base de trabajo y autocontrol. El hablante tímido exhala poco aire al hablar, por no molestar. Esto produce dos efectos en su voz. El primero es que algunas consonantes sordas -como p, t, k o z- se producen con vibración laríngea: "gradias de gorazón" [audio] en lugar de "gracias de corazón". Para pronunciar una consonante sorda es necesario que se acumule una cantidad de aire en la faringe que provoque la apertura de los pliegues vocales. Si no hay suficiente aire, no se podrá acumular, los pliegues no se abrirán, y la consonante sonará con vibración laríngea, o sea, sonora.

El otro efecto es que al elevar la intensidad presiona los pliegues vocales con tanta fuerza que su voz suena tensa y esa vena protruye en su cuello como claro síntoma de un esfuerzo exagerado. Al final del discurso la voz se fatiga y pierde brillo. Si su laringe fuera menos fuerte, este comportamiento le provocaría gallos.

Cambio

Estos rasgos proyectan una personalidad trabajadora y disciplinada pero poco dinámica y poco creativa. Su pensamiento es rápido y flexible: es capaz de reaccionar ante los escasísimos errores que le ocurren al leer el discurso del tele-prompter. Se lo ha preparado tanto que en ocasiones se atreve a aparta los ojos de las discretas pantallas. Entonces dice algo que no iba ahí, se ha perdido pero enseguida se encuentra, corrige y continúa leyendo, con las cadencias que se demostraron buenas allende los mares y que tanto se ha entrenado para replicar. Con la diferencia de que él no se arriesga: la cualidad de su voz, a diferencia de la de Obama, es estable. Pedro Sánchez no cambia su voz para marcar una parte importante, no susurra ni enronquece, no se aleja del camino recto marcado en su cuaderno.

Continúa. Veremos si cambia algo.